2005 Instituto Juan de Mariana
Instituto Juan de Mariana
Reducir tamaño de letra Aumentar tamaño de letra

Comentarios

Portada - Comentarios - Beneficio empresarial

07/07/2008 - Juan José Mora Villalón

Beneficio empresarial

Cuando una empresa da beneficios significa que los factores productivos han sido utilizados correctamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente.

Juan Pablo II

Es común, en muchos medios de comunicación, caricaturizar a los empresarios como personas sin escrúpulos, ávidas de poder y dinero, que no dudan en explotar y estafar a cuantas personas sea posible a fin de obtener un cuantioso beneficio con el que financiar un ostentoso nivel de vida personal. Estos críticos, no obstante, rara vez se plantean el papel que tiene el beneficio empresarial y la ética del mismo.

En un mercado donde los consumidores eligen libremente los bienes y servicios, la única manera que tienen los empresarios de venderlos es ofertando productos cuya adquisición sea provechosa. Para ello, el empresario debe buscar la satisfacción de las necesidades del consumidor de forma que su producto le complazca más que el de la competencia. Normalmente esto se consigue desarrollando productos que se adapten mejor al consumidor y a un menor precio. El consumidor retribuye al empresario que más se adapta a sus necesidades comprando dichos productos, lo que a su vez eleva su beneficio.

Por tanto, una forma de obtener beneficio tiene su origen en la satisfacción del consumidor. La segunda forma de incrementar el beneficio es mediante la optimización del empleo de los factores productivos en el proceso de obtención de un producto. Así, si se puede obtener la misma cantidad de producto empleando para ello menos recursos, el coste de obtención del mismo habrá sido menor, y por tanto, se incrementará la ganancia de la empresa.

Es por ello que los dos únicos caminos para la obtención de un beneficio, en un mercado libre, son completamente éticos, ya que tienen su origen en la satisfacción del consumidor y el empleo de los recursos productivos de la manera más provechosa posible.

Hay quien podría argüir que mediante el engaño se podría hacer creer al consumidor que un determinado producto tiene unas ventajas inexistentes, y así se obtendría un beneficio inmoral. Si bien es cierto que existen empresarios que pueden utilizar estos medios para enriquecerse, tales mecanismos tienen dos límites. En primer lugar, los contratos de compraventa son de obligado cumplimiento, por lo que si la parte vendedora no entrega el bien o servicio en las condiciones pactadas, el consumidor puede reclamar ante los tribunales la ejecución del contrato o en su defecto, la devolución de lo pagado y posibles indemnizaciones, lo que minoraría el beneficio. En segundo lugar, la búsqueda del beneficio por parte de otros empresarios les motivará a estos últimos a ofrecer productos que sí satisfagan al cliente, sin incurrir en engaños, por lo que la competencia se convierte en un limitador de este tipo de comportamientos no éticos.

Se puede concluir que, cuando el mercado es libre, el beneficio no es sino el resultado de la adaptación de la empresa a las necesidades del consumidor y al empleo óptimo de los recursos productivos.

 

Opinión de los lectores

emigrado

Te ha faltado medio articulo no??

La explicacion de que en un mercado intervenido, donde que y quien es empresa lo determina alguien, llamalo estado, en donde la satisfaccion de las necesidades de los consumidores se sustituye por la necesidad de estar mas cerca del poder.

Y es la explicacion del empresarion español, trepa, tramposo, sin ningun principio y demas calificativos.

Y por ultimo decir, que aquel empresario que trate de competir limpiamente, es decir un empresario posiblemente de exito en un mercado libre, no sobrevive en un mercado intervenido pues su preocupacion es erronea, satisfacer al consumidor en lugar de acercarse al poder.

Podemos aplicar el dilema del prisionero, en el que solo el que traiciona al resto gana.

Y el resultado son los empresarios españoles. Quien crea el monstruo?? El mismo ignorante que crea un poder intervencionista para luchar contra el.

Leo

De acuerdo en todo, menos en la cita que “intenta” defender, apoyar, o respaldar la reflexión.

Utilizas el “Centesimus annus” de Juan Pablo II de 1991, Capítulo IV “La propiedad privada y el destino universal de los bienes” Pág. 35.

Y no estoy de acuerdo, no por la cita que ha extraído, sacada del contexto general, sino porque en dicho documento puede leerse también cosas como estas:


JUSTO ANTES DE LA CITA QUE UTILIZA:
“Se abre aquí un vasto y fecundo campo de acción y de lucha, en nombre de la justicia, para los sindicatos y demás organizaciones de los trabajadores, que defienden sus derechos y tutelan su persona, desempeñando al mismo tiempo una función esencial de carácter cultural, para hacerles participar de manera más plena y digna en la vida de la nación y ayudarles en la vía del desarrollo.
En este sentido se puede hablar justamente de lucha contra un sistema económico, entendido como método que asegura el predominio absoluto del capital, la posesión de los medios de producción y la tierra, respecto a la libre subjetividad del trabajo del hombre (73). En la lucha contra este sistema no se pone, como modelo alternativo, el sistema socialista, que de hecho es un capitalismo de Estado, sino una sociedad basada en el trabajo libre, en la empresa y en la participación. Esta sociedad tampoco se opone al mercado, sino que exige que éste sea controlado oportunamente por las fuerzas sociales y por el Estado, de manera que se garantice la satisfacción de las exigencias fundamentales de toda la sociedad” Pág. 35
73 Cf. Enc. Laborem exercens, 7: l.c., 592-594.

JUSTO DESPUÉS DE LA CITA QUE UTILIZA:
“Queda mostrado cuán inaceptable es la afirmación de que la derrota del socialismo deja al capitalismo como único modelo de organización económica. Hay que romper las barreras y los monopolios que colocan a tantos pueblos al margen del desarrollo, y asegurar a todos —individuos y naciones— las condiciones básicas que permitan participar en dicho desarrollo. Este objetivo exige esfuerzos programados y responsables por parte de toda la comunidad internacional. Es necesario que las naciones más fuertes sepan ofrecer a las más débiles oportunidades de inserción en la vida internacional; que las más débiles sepan aceptar estas oportunidades, haciendo los esfuerzos y los sacrificios necesarios para ello, asegurando la estabilidad del marco político y económico, la certeza de perspectivas para el futuro, el desarrollo de las capacidades de los propios trabajadores, la formación de empresarios eficientes y conscientes de sus responsabilidades (74)”
74 Cf. ibid., 8: l. c., 594-598.


Y TERMINA EL CAPIÍTULO CON CITAS COMO ESTAS:

“El fracaso del sistema comunista en tantos países elimina ciertamente un obstáculo a la hora de afrontar de manera adecuada y realista estos problemas; pero eso no basta para resolverlos. Es más, existe el riesgo de que se difunda una ideología radical de tipo capitalista, que rechaza incluso el tomarlos en consideración, porque a priori considera condenado al fracaso todo intento de afrontarlos y, de forma fideísta, confía su solución al libre desarrollo de las fuerzas de mercado” Pág. 42

“La obligación de ganar el pan con el sudor de la propia frente supone, al mismo tiempo, un derecho. Una sociedad en la que este derecho se niegue sistemáticamente y las medidas de política económica no permitan a los trabajadores alcanzar niveles satisfactorios de ocupación, no puede conseguir su legitimación ética ni la justa paz social (88). Así como la persona se realiza plenamente en la libre donación de sí misma, así también la propiedad se justifica moralmente cuando crea, en los debidos modos y circunstancias, oportunidades de trabajo y crecimiento humano para todos.” Pág. 43
88 Cf. ibid., 18: l. c., 622-625.

Cuando uno lee este documento, y en concreto dicho capítulo, no puede menos que reconocer que Juan Pablo II estaba confuso, muy confuso.


Para quien quiera profundizar en el documento http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus_sp.html

Juan José Mora

Leo, con respecto a la Centesimus Annus, sólo me remitiré a las reflexiones que sobre la misma hizo Rafael Termes, que creo que aclara bastante:

http://www.liberalismo.org/articulo/148/15/economia/mercado/doctrina/iglesia/catolica/

Leo

Juan José,

No creo que Rafael haya conseguido rebatir la tesis central de Rodríguez Braun donde comienza admitiendo el "indiscutible avance en el reconocimiento de la libertad de mercado"... pero que además añade:

"(...) tal como aparece en su versión más renovada en la Centesimus Annus, comparte la tensa ambivalencia del intervencionismo económico más o menos moderado que ha prevalecido durante el siglo XX, porque defiende la libertad pero también justifica su limitación. Este ensayo intentará probar dicha ambigüedad recorriendo con detalle la encíclica que a propósito del centenario de la Rerum Novarum publicó Juan Pablo II en 1991".

Después de todo, la tesis de Rafael Termes y de Rodríguez Braun (ambos liberales) es la prueba más clara y evidente de la confusión, ambigüedad, y/o falta de claridad de Juan Pablo II al respecto.

Juan José Mora

Leo, yo me quedo con esta parte de Rafael Termes:

«Viniendo al tema, recordaré que cuando, hace ya nueve años, en los cursos de verano de la Universidad Complutense, pronuncié una conferencia con el título "La Doctrina social y el espíritu del capitalismo: crónica de un malentendido", me apoyé en la Centesimus Annus de Juan Pablo II, y en la doctrina de los Papas que le precedieron, para demostrar que nada hay en el Magisterio de la Iglesia que se oponga a la defensa de los tres pilares básicos en que se asienta el capitalismo: la propiedad privada, incluso de los bienes de producción; la utilización del mecanismo de los precios como instrumento óptimo para la eficiente asignación de recursos; y la libertad de las personas para que todas ellas, responsables de su futuro, puedan decidir las actividades que deseen emprender, asumiendo el riesgo del fracaso a cambio de la expectativa de apropiarse el beneficio si se produce.»

La Centesimus Annus no es manual económico ni lo pretende ser. Como dice Rafael Termes «basta que nos diga que la economía de mercado, ajena al error antropológico -desaparición del concepto de persona como sujeto autónomo de decisión moral- que el Papa achaca al socialismo, la economía de mercado, si la empleamos bien, es una vía que conduce al "verdadero progreso económico y civil".»

© 2005-2008. Instituto Juan de Mariana. Todos los derechos reservados.