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Portada - Comentarios - El campo europeo

10/08/2005 - Alberto Illán Oviedo

El campo europeo

La sequía que padecemos y que parece coincidir con el comienzo de un ciclo seco en la Península Ibérica, un demagogo Ministerio de Medio Ambiente, un inoperante Ministerio de Agricultura, la casi inevitable pérdida de fondos europeos para la agricultura española en especial y europea en general y el no menos desdeñable alarmismo de los grupos ecologistas, han potenciado el victimismo en nuestros agricultores, un victimismo no ajeno a razones pero tan habitual como tedioso. Sin embargo, era inevitable que esta situación se planteara dada la deriva de las políticas europea y española.

La Política Agraria Común, la PAC, es una herramienta maravillosa. Aparentemente, hace razonablemente competitivo el cultivo del olivo en Finlandia o la cría de la vaca lechera en Andalucía. La razón de tan maravilloso truco de magia radica en las ayudas y fondos que reciben nuestros agricultores y que, con criterio político, reducen sus costes o aumentan sus ingresos de forma que el cliente final o los intermediarios tienen la falsa sensación de que están pagando un precio aparentemente adecuado por productos de la tierra.

La realidad es otra bien diferente. La PAC nace en 1962 por la necesidad estratégica de disponer de un suministro interno y seguro de alimentos en Europa. Semejante política, que se opone claramente al libre comercio, ha tenido serias consecuencias, no sólo para los europeos sino para el resto del mundo y en especial para los países del Tercer Mundo. Primero, contenta a un sector, el primario, y a sus simpatizantes. La segunda consecuencia, es que al establecer una política de cuotas, se incrementan las producciones de productos poco eficientes para las condiciones climatológicas o regionales, productos que los agricultores tienen que cultivar cuando la cuota de los más rentables se agota o entrar en el fraude, que no es cosa rara. La tercera, se crean unos excedentes que en el peor de los casos terminan destruyéndose o que irrumpen en el mercado mundial politizando precios y perjudicando a los productores de países cuyos precios, por diferentes razones, son más asequibles para el consumidor final y que proporcionaría a ese productor unos ingresos que el poder político le arrebata.

La razón de esta política tan inadecuada como destructiva es difícil de entender si lo hacemos con criterios razonables pero es fácil si se piensa en términos políticos o de carácter emocional. El colectivo agrícola es fuente de votos, no sólo de los propios agricultores, que en Europa son cada vez menos, sino de ciertos colectivos que ven emocionalmente cercanos al campo y sus problemas, sean o no reales. Por otra parte, países como Francia tienen en los agricultores lobbies muy poderosos que no dudan en organizar huelgas y manifestaciones en cuanto que se sienten amenazados. No es extraño que nuestros grupos políticos, sobre todo los más demagogos o los que no tienen el suficiente valor para hacerles frente, se preocupen de conceder en la medida de sus posibilidades aquellas demandas.

Uno de los mayores logros a los que se puede aspirar en una Europa moderna sería a la desaparición de estas ayudas. Ello generaría seguramente un campo más eficiente, centrado en aquellos productos que puede cultivar y en aquellos que son demandados. Un campo que no tiene que tomar el dinero de los contribuyentes para ser rentable sino que puede depender de sí mismo. Un campo que se basaría en la calidad y no en la cantidad. Ese es el campo al que tenemos que aspirar y no a mantener a unos colectivos con poder que casi nunca representan a los intereses de la mayoría.

 

Opinión de los lectores

A. Manuel

Buenas, queridos amigos. He descubierto esta página en Libertad Digital y me ha sorprendido desde el principio la claridad y coherencia con que se tocan los temas. En referencia a las subvenciones agricolas muestro mi más absoluta coincidencia con la ideas aqui expresadas. Procedo de un pueblo de Badajoz, y veo como los agricultores se pelean en la fila del banco por "arreglar los papeles de la PAC". Muchos trabajan en sus propias fincas o tierras y a la vez cobran el PER. Esto se llama "sopa boba". Aún asi el pueblo se sigue despoblando, pero yo me pregunto: ¿no era uno de los objetivos de la PAC mantener a la poblacion en el ambito rural? Esto indicando también que uno de los principales terratenientes del pueblo recibió en año pasado en torno a 30 millones de euros de la PAC y no vive en el pueblo ni tampoco tiene a ningún empleado fijo. Contratos de 6 meses y al PER. Gracias.

Trancos

¿30 millones de euros por la PAC en un año? Eso no es un terrateniente, ese hombre tiene que ser el propietario de toda la cabaña ganadera española y de la mitad de las tierras agrícolas de toda Extremadura. Seamos un poquito serios, por favor.

Jose

Estoy completamente de acuerdo con usted en que la PAC es una lacra, una barrera al desarrollo de los países del Tercer Mundo y que, además, supone un detrimento para los bolsillos de los contribuyentes. Ahora que, no creo que ningún empresario agrario, porque algunos sí lo somos, pueda sobrevivir mucho tiempo en esta situación actual. Le redacto brevemente: los costes de producción se duplican todos los años, las ayudas no aumentan y las presiones por parte del Gobierno no disminuyen en absoluto. Eso por supuesto no es lo peor, sino el nulo poder que el agricultor tiene sobre el precio final del producto. Sólo puede contentarse con las migajas que algunos deciden repartir. Así, la PAC es un problema, y el mal reparto de las ayudas otro aún mayor.
En el caso de que esas ayudas se supriman, ¿se acabaría con el tejido rural? ¿Por qué los agricultores "serios", no aquellos que invierten las subvenciones en otros negocios más rentables, no somos capaces de encontrar una sólo propuesta que solucione de una vez por todas esta agonía lenta que está destruyendo al campo español?

andres quintero

Sobre ayudas P.A.C./No soy agricultor, sólo quiero vender unas tierras que he heredado. Pero resulta que de pronto entro en el tema de las subvenciones. Años oyendo noticias relacionadas con las ayudas al campo y ahora que quiero vender unas hectáreas de secano resulta que puedo obtener por ellas un precio sensiblemente inferio, por el hecho de que las ayudas o derechos sobre ellas son del aparcero, que estos años al 50% del neto obtenido las cultivaba. Me entrega las tierras pero los derechos son suyos. Puede cobrarlos sin las tierras que le daban derecho a las ayudas. Y yo puedo venderlas y no sé si quien las compre podrá solicitar nuevas ayudas. Lo curioso es que oficialmente me informan así. Y yo me pregunto ¿es lógica esa legislación? Yo creo que no y por eso me pregunto ¿quién me engaña?

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