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Portada - Comentarios - Paradojas sobre el Estado mínimo

22/08/2008 - Fernando Herrera

Paradojas sobre el Estado mínimo

Uno de los temas más apasionantes desde el punto de vista liberal (y, me atrevería a decir, general) es si es o no necesaria la existencia de un Estado y, si es el caso, cuál es el tamaño mínimo que este debería tener, tamaño medido, se supone, en competencias.

Sin entrar en disquisiciones filosóficas para las que no creo estar preparado, sí es necesario que, de alguna forma, defina lo que entiendo por Estado, a efectos de dar claridad a las siguientes reflexiones. Para mí el Estado es el ente que es capaz de imponernos el cobro de impuestos, supuestamente a cambio de una serie de servicios, entendidos en sentido amplio. Contrariamente a los otros agentes presentes en el mercado, el Estado puede imponer, y de hecho lo hace, la "adquisición" de sus servicios a todos los ciudadanos. Coherentemente, el Estado se suele considerar como el único monopolista de la violencia, el único que puede ejercerla sin verse sometido a sanción.

La teoría económica neoclásica ha mostrado también su interés por identificar cuáles son aquellos servicios que no se pueden dejar al arbitrio del mercado, por ser productos de determinadas características, los llamados bienes públicos. El conjunto de estos bienes públicos constituiría el contenido del Estado mínimo. Como es sabido, dicha teoría económica descansa sobre unos supuestos y metodologías que le permiten "demostrar" económicamente cualquier cosa que les pueda parecer interesante en un momento dado, por lo que sus resultados no parecen especialmente fiables ni relevantes.

Sí se puede decir que tradicionalmente se han considerado servicios públicos la justicia, la defensa, la seguridad, la sanidad, la educación y otros más. Se puede observar, por tanto, que el contenido del Estado mínimo y la consideración de servicio público son bastante dinámicos.

Desde mi punto de vista, la discusión sobre el Estado mínimo se puede resolver por analogía con la discusión sobre el precio justo. ¿Cuál es el justiprecio de las cosas? La respuesta la sabemos, al menos desde el punto de vista de teoría económica (aunque creo que ya hay referencias a Santo Tomás de Aquino con este tema). El precio justo es aquel que fija el libre mercado: al que voluntariamente el vendedor accede a vender, y el comprador a comprar. Cualquier otro precio es arbitrario, por muy sofisticado que sea el método de cálculo.

Pues bien, la misma solución aplica, a mi modo de entender, al Estado. ¿Cuál es el justi-tamaño del Estado? Pues ni más, ni menos, que el que fija el mercado en cada momento. Cualquier otro tamaño es arbitrario. En definitiva, el tamaño del Estado mínimo quedaría determinado, paradójicamente, por el mercado.

Lo que nos lleva a la segunda paradoja. Entendamos ahora el Estado como monopolio de la fuerza. El Estado es la única entidad aceptada con capacidad para imponer un comportamiento a los individuos. ¿De qué forma puede el mercado disciplinar al Estado, para que éste tenga el tamaño que en cada momento aquel demanda? Es imposible, no lo puede hacer, precisamente porque el monopolio de la fuerza reside en el ente al que se trata de disciplinar.

De esto sigue, de forma inmediata, que el Estado no tiene límites, pues puede hacerse con el control de la sociedad mediante el uso del recurso cuyo monopolio detenta: la fuerza. Parece, por tanto, que lo queramos o no, es incompatible el Estado con el mercado; al menos, es una situación inestable que ha de moverse hacia algún sitio: más intervencionismo, o desaparición del Estado. Aspectos que tanto Hayek como Mises, y Rothbard de forma más radical, tienen claro.

¿Cuál es la solución? Hay que romper el monopolio de la fuerza del Estado. Hay que permitir que aparezcan "competidores" al Estado. Y que el Estado deba competir con estas entidades por satisfacer al ciudadano en los servicios públicos. Si lo hace bien, consigue ingresos (ya no impuestos) y sobrevive; y, si no, tendrá que desmontarse.

En otras palabras, la solución es que el mercado preste los servicios considerados como públicos. Solo así se conseguiría que el "Estado" tenga en cada momento el tamaño que demanda el mercado. Pero, claro, este Estado no es ya tal, es una empresa más en el mercado.

 

Opinión de los lectores

German wachnitz

Estimado Sr. Herrera:
Con sumo interés he leído su artículo publicado por el Instituto Juan de Mariana en el día de la fecha. Encuentro en el mismo dos conceptos que a mi criterio son erróneos, a saber:
1) Por un lado cuando afirma: “el Estado es el ente que es capaz de imponernos el cobro de impuestos”, creo que es este uno de los errores mas graves que contienen nuestras constituciones. Ni los impuestos, ni su monto deberían ser fijados por el gobierno. Los mismos deberían fijarse en la Constitución y prohibirse todo otro tipo de impuestos, gabelas o similares. De esta manera, si esto se complementa con la prohibición constitucional absoluta de endeudarse, se le pondrían severos límites al tamaño del estado y a su crecimiento en el futuro.
2) Por otra parte, quitarle el monopolio de la fuerza tampoco lo veo positivamente, al contrario, me parece muy peligroso. Mas bien me parece interesante la idea de Ayn Rand de prohibirle al estado el Inicio de la fuerza, de manera que la misma solo se aplique como respuesta a actos de fuerza previos (crímenes, tumultos y otros.)
Creo que, junto a otros puntos, es una manera de establecer el estado mínimo, y mantenerlo así por tiempo indeterminado.
Sin mas, felicito a Ud. y por su intermedio al Instituto por la labor esclarecedora que realizan, Atte.,
Germán R. Wachnitz
Eldorado - MISIONES
Argentina
E- mail: rygwachnitz@ceel.com.ar

Bastiat

Lo mas indicado para hacer un análisis acertado suele ser alejarse de los propios perjuicios y tratar, digo tratar, de ser objetivo. No es fácil, pero aparecer en un comentario como impelido por los perjuicios no es lo más adecuado. Si se quiere hacer un análisis de lo que es el Estado no se pueden obviar sus efectos negativos pero es igualmente pernicioso olvidarse de cómo se forma el Estado y, en el fondo, lo que representa.

En el mercado de las ideas del cómo organizarse los grupos humanos han habido muchas formas. Algunos nos hablan del wild west, otros de no sé que tribu de Oceanía, de las sociedades matriarcales o de las costumbres celtas. Todo ello está muy bien pero lo que no me cabe duda es que de todas las que hubieran podido existir actualmente sólo hay unas pocas formas y dentro de ellas variaciones de detalle o de grado. Si nos seguimos por el criterio del mercado está claro que hay unas que han ganado y otras que han perdido. Pero no estamos aquí para hablar de las exitosas sino para tratar de saber si hay alternativas.

Por ello el saber qué es en el fondo del Estado no nos vale con ver su lado mas negativo, perverso y fastidioso sino el saber el porqué existe.

El estado no sólo es un poder sobre todos con el monopolio de la violencia y la capacidad a través de ella de imponer costumbres, religiones, morales o sistemas mas o menos racionales de convivencia pero impuestos. Eso, evidentemente a los liberales no nos gusta, pero eso es sólo la razón por la que el Estado puede ser negativo.

¿Si el Estado no es sólo coacción qué es? Primero para contestar a esa pregunta lo que tenemos que tener claro es que el hombre no es sólo individuos. El hombre es un individuo social. No sólo eso, la verdad es que un individuo asilado, sólo, sin referencias históricas, personales, familiares, grupales al fin y al cabo, es no sólo una rareza sino que nos relega a poco mas que animales en los que no único que nos pone por encima es nuestra gran capacidad de aprender, lo que nos puede asegurar un cierto grado de capacidad de supervivencia siempre que no nos enfrentemos a una alimaña que nos elimine.

El hombre es pues un animal gregario. El grupo en el que nos desarrollamos, desde nuestros ancestros, como refleja Atapuerca, establece varios principios, la unidad del mismo, las relaciones, las escalas de valores en los que se fundamente ofrece mayores garantís de éxito frente a la competencia que el individualismo a ultranza. En el grupo surgen las normas sociales, morales, incluso las religiosas, sustitutos de la ciencia, la ciencia hoy sustituye mágicamente a la religión, y la ciencia pagada aún más. Pero todo ello porque somos seres grupales.

Dentro de cada grupo se establecen, se establecieron, diferentes normas, acuerdos sociales de hecho o, con el avance histórico, de derecho. Esos acuerdos lograron dar preeminencia a las formas de defender a los miembros dentro del grupo y de, en el fondo lo mas importante, de los riesgos que le ofrece la naturaleza y los otros grupos humanos. Con el tiempo la organización, la superior organización hace a unos grupos imponerse al resto, surgen los imperios, y las conquistas. Surgen porque dentro de la naturaleza del hombre existen aspectos emocionales y morales que le impulsan, una vez garantizados los mínimos vitales a la conquista. Si no están garantizados ya es suficiente aliciente para ello, pero es precisamente la ociosidad causa fundamental del desarrollo de sistemas sociales mas complejos en los cuales hay aspectos de la personalidad que precisan manifestarse. Puede ser el arte, la inventiva, el dominio, el reconocimiento.... La sociedad es la suma de todo eso. La sociedad que garantice una mejor administración de esos valores y de esos aspectos de toda y cada una de la personalidad humana tiene mas posibilidades de éxito. No la garantiza, pero si permite que dicha sociedad tenga más probabilidades de persistir.

¿En qué momento surgió el Estado? En el momento en el que un grupo humano establece mecanismos de administración de los valores de sus miembros y de los bienes que todos y cada uno de ellos tienen individualmente.... y...., sobre todo, si, sobre todo, en común.

El estado tiene su principal finalidad la administración de lo común. Establece derechos sobre el uso de los mismos, los administra, establece normas y para su mantenimiento formas de pagarlos. Pero igualmente establece las normas precisas para garantizar la convivencia amoldando los intereses individuales de manera que, en la medida de lo posible, garantizar la igualdad, la añorada igualdad.

Por tanto, lo importante no es qué es el Estado, sino si dentro de él se defienden, al menos desde el punto de vista liberal, mejor o pero los derechos individuales, garantizando la convivencia. Es una cuestión de grado, de tamaño, pero sobre todo, sobre todo, de lo que los miembros de dicha sociedad tengan establecidos como principios fundamentales para que rijan dicha sociedad. Y, en las sociedades democráticas eso es fundamental. En democracia lo verdaderamente importante es lograr actuar a favor de los intereses de grupos ,en principio minoritarios, para que dichos principios, fundamentando la acción en la creencia de la bondad de su ideario, o simplemente intereses crematísticoc o de disfrute del poder por el poder, lo que tiene como manera actuar en democracia. Sólo logrando que la mayoría de un grupo humano desee un Estado limitado, mínimo, se puede lograr.

Piensen Uds. que el mero hecho de desear una determinada organización de la sociedad precisa de un acuerdo mayoritario y, de alguna manera, una estructura superior que identifique a ese grupo humano, que le de cuerpo legal, y que administre esos valores en el territorio en el que dicho grupo humano ha establecido su hogar.

Ferhergón

Muchas gracias por el comentario, Bastiat.
Te aseguro que escribo sin prejuicios de ninguna clase.
Y me temo que sigues sin dar solución a la paradoja planteada.

Juander

"Para mí el Estado es el ente que es capaz de imponernos el cobro de impuestos, supuestamente a cambio de una serie de servicios, entendidos en sentido amplio."
Yo más bien diría que el estado es un salvavidas que el hombre crea para tener donde caer cuando en libertad se haga daño a sí mismo.

eltete

Estoy de acuerdo, el Estado es necesario pero se debe establecer un mecanismo que limite su importancia en la prestación de “servicios considerados como públicos”.

El Estado debe desarrollar una actividad, en la medida que el precio de la prestación sea competitivo, sin privilegio alguno por ser el Estado.

Ello supone unas reglas de juego, transparentes, que potencien el libre acceso de nuevos competidores con el objetivo de potenciar la eficiencia en la prestación; sometidos a las mismas normas, también aquellas que limitan las cuotas de poder o influencia en el mercado.

Si el Estado existe en la medida que presta un servicio eficiente a sus miembros ¿Cómo puede actuar en términos de igualdad el Estado?, ¿utilizará el Estado la información privilegiada que pueda tener para conseguir una ventaja competitiva?; ¿y su poder de presión o coacción?

Pienso que deberíamos distinguir entre Estado, en cuanto organización, la capacidad o potestad que se le reconoce al Estado para desarrollar una actividad cuya finalidad sea la prestación de “servicios considerados como públicos” y la conveniencia o no de que el Estado desarrolle una actividad.

Crear situaciones competitivas siempre, como única solución, para que la productividad y la eficiencia prevalezcan, pero ¿quién determina o define un servicio como público?

No debemos olvidar que una cosa es la titularidad del servicio y otra la competencia para la prestación del servicio, por ejemplo la sanidad, la educación,…

¿Existe la división de poderes?, yo pienso que no; por ello me pregunto ¿podemos decir que el "Estado tenga en cada momento el tamaño que demanda el mercado. Pero, claro, este Estado no es ya tal, es una empresa más en el mercado”?.

Mi problema es que no conozco ningún jefe de departamento que pueda dejar de ser Jefe, tampoco que sus miembros no lo traten como tal; nunca se comportan, tanto Jefe como el resto de los miembros del departamento, en términos de igualdad; una institución como es el Estado o sus entidades dependientes tampoco.

Bastiat

La cuestión, Fernando, es precisamente esa, que veis al Estado como algo negativo, y no como algo consustancial a toda organización social dentro de los grupos humanos.

El problema, por tanto, no es si Estado si o Estado no, sino en cómo organizamos nuestras sociedades en donde el grupo humano al que pertenecemos tenga conciencia de grupo, se identifique como tal y permita su mejor convivencia, desarrollo y prosperidad…. Porque siempre habrá Estado, es decir, siempre habrá alguna forma de organización, de jerarquías incluso, que de cuerpo a ese sentir comunitario.

Y digo todo esto conscientemente. Sólo espero que se haga el análisis adecuado para que no se vea en ello una defensa a ultranza del colectivismo que es sólo una forma más de organización, con la que yo no estoy de acuerdo.

De lo que subyace en todo esto es que dependiendo de cual sea el sentir mayoritario dentro de un grupo humano su organización irá en un sentido o en otro. Si el sentir mayoritario es el socialismo, dicho grupo irá hacia el socialismo, si el sentir mayoritario es el liberalismo dicho grupo se orientará hacia el liberalismo.

Corresponde a los liberales establecer cauces de comunicación con los ciudadanos para hacer llegar el mensaje a la sociedad a la que se pertenece para que las propuestas liberales calen en la sociedad e invertir el gradual proceso de colectivización al que nos encamina el gigantismo del Estado. ¿Somos capaces los liberales de plantear propuestas a la sociedad en ese sentido? ¿Entendemos los liberales el hecho social de manera que comprendamos que el grado de organización, la forma de organización, es consustancial a todo grupo humano? ¿Entendemos los liberales que para avanzar hacia mayores cotas de libertad sólo puede hacerse desde el debate político DENTRO de la política?

No echemos la culpa al Estado, echémonos la culpa a nosotros mismos que no estamos siendo capaces de vender nuestra ideas de manera que sea la opción mayoritaria dentro del sentir de la sociedad. Los partidos no se pierden por que las normas nos perjudiquen, se pierden porque dentro de esas normas somos peores que el contrario. No vale decir que yo quería jugar a las Damas con las normas del parchís porque a mi se me da mejor que el jugar a las Damas…

daviti

Hola a todos, creo que Fernando se está acercando al fondo de la solución, es decir, que los estados empezarán a funcionar mejor cuando empiecen a adecuarse a las leyes del mercado. Y esto significa que tienen que entrar en competencia.

A mi juicio, la competencia no puede establecerse nunca en igualdad con empresas, puesto que el estado siempre ejerce su monopolio de la fuerza contra ellas.

El ajuste se establece entre los propios estados. Mi impresión es que el mundo evoluciona hacia una mercado global de estados. Y para esto es fundamental la movilidad de los "clientes", es decir, de los ciudadanos.

Por lo tanto, cuanta más facilidad tengan los cudadanos para abandonar un país y acogerse a los servicios de otro país que oferte mejor relación calidad/precio, más se precipitará el mundo hacia un verdadero funcionamiento eficiente de los estados. El gregarismo genético de las
personas es la barrera para este paso definitivo, pero el progreso y la globalización van erosionando definitivamente esta barrera.

Paralelamente a esto sería un verdadero salto cualitativo que proliferaran los "estados privados" estilo Mónaco

Jubal

Buen artículo, Fernando.

Pensar que el poder político puede autolimitarse es pecar de ingenuo. Votar crea en la sociedad la ilusión de control sobre la casta política, cuando en realidad, es ésta la que obtiene control sobre la sociedad. El camino hacia la defensa de la libertad pasa no por una entelequia colectiva y colectivista como la "soberanía popular" (expresión con la que los mandarines de turno quieren decir en realidad "soberanía de los políticos"), sino por algo más parecido a la soberanía del consumidor de la que se habla en el ámbito de la economía: que el ciudadano tenga derecho a elegir a qué instituciones públicas apoya con su dinero y a cuáles no. Esto si supondría un cierto grado de control del ciudadano sobre los gestores de lo público: el que paga, decide, dentro de su legítimo ámbito de poder (que es el de la esfera personal, lo que da lugar al mayor grado posible de reparto del poder político y, por tanto, al mayor grado de predominio de la organización social espontánea sobre la organización impuesta; en otras palabra, a los mayores grados de libertad, orden y desarrollo de la organización social). En el sistema actual, por una parte se paga de forma que el que cobra decide y, por otra, de forma separada, al ciudadano se le concede el derecho a votar, inútil, carente de capacidad efectiva de control sobre la casta política, puesto que ha sido cercenado de cualquier capacidad de decisión sobre el dinero sustraído al ciudadano por el político de turno (tanto en lo que respecta a la cantidad sustraída como a los usos y abusos a que los políticos lo destinan). En otras palabras, votar es gratis porque, en realidad, carece de valor (como alguien dijo, "si votar sirviera para algo, estaría prohibido").

Como bien dice Daviti, una mayor movilidad de las personas y el correspondiente aumento de la competencia entre los diversos feudos políticos debería ser un paso en este sentido. No estoy seguro de que podamos ser optimistas a tal respecto (crisis económica, escalada del afán de control del Poder sobre los ciudadanos, etc.), pero sería deseable ir aún más lejos, disolviendo el carácter monolítico del Estado, viendo aparecer instituciones con funciones diversas en su lugar. El resultado ideal sería que se difuminara el carácter de monopolio territorial del Estado y que el ciudadano no tuviera que mudarse para ejercer esa soberanía política individual a la que antes me refería. Es difícil imaginar un mundo así y las dificultades que plantea la diversidad cultural de la Humanidad pueden parecer insalvables a día de hoy, pero toda larga caminata comienza con un paso. Y el paso ineludible que debemos dar para caminar hacia una organización social respetuosa con la libertad es, a mi juicio, comenzar a crear instituciones que obedezcan a dicho principio, para que constituyan la alternativas al vetusto Estado moderno*. Solamente así la mayoría, para la que el pensamiento esta supeditado a la acción y la costumbre, llegará algún día a entender que ser liberal no es tener una determinada tendencia política más en el sucio juego del poder que esquilma nuestros bolsillos y nuestras almas, sino conocer y amar la libertad como principio fundamental de la convivencia civilizada.

* Siguiendo con la comparación económica del párrafo anterior, igual que es la producción de bienes y servicios (ahorro--->inversión--->producción) la que impulsa la economía y aumenta el nivel de vida (y no el consumo, al contrario de lo que falazmente intentan hacernos creer), posibilitando un mayor ejercicio de esa "soberanía del consumidor" al poder acceder a una oferta mayor, el "nivel de vida político" se verá aumentado cuando surjan nuevas instituciones que satisfagan mejor y más respetuosamente las necesidades de las personas en la gestión de lo público, permitiendo que, por fin, el ciudadano pueda ejercer su soberanía también en dicho ámbito.


Apéndice - Píldoras contra la confusión (no ingerir si no se padece tal dolencia):

- La capacidad de realizar juicios morales sobre la bondad o maldad de algo es consustancial al carácter social del ser humano. Que un acto de agresión es malo es un juicio ético fundamental. Porque pensemos que mientras exista el ser humano existirán actos de agresión, no debemos dejar de perseguirlos y de luchar porque se reduzcan lo más posible.

- No toda organización es organización impuesta ni deliberada. La organización de un sistema puede ser, también, espontánea. La interacción entre los elementos del sistema, aunque esté regida por leyes simples, puede dar lugar a sistemas complejos que exhiben un alto grado de auto-organización, tendiendo a regresar al estado inicial tras sufrir una perturbación. Aplicado al sistema "sociedad humana", reducir la organización social a organización impuesta es confundir el hecho social con el hecho político, tomando la parte (el hecho político) por el todo (el social, mucho más amplio).

- El colectivo es siempre más poderoso que el individuo, que no es más que una minúscula gota de agua en el océano de la sociedad. Lo más prudente sería preocuparse por la defensa del individuo ante lo colectivo, y no al revés.

- Los grupos humanos no tienen conciencia de grupo, porque un grupo humano no es un ser con existencia real y una mente que piense, sino una abstracción. Son los individuos los que tienen conciencia de grupo. Un exceso de conciencia de grupo puede ser peligroso para la convivencia y la prosperidad, pues puede llevar al individuo A a ver al individuo B no como persona sino como elemento de otro grupo o subgrupo, y por tanto, tal vez, como elemento extraño y subhumano, que no es sujeto de los mismos derechos fundamentales que el individuo A reconoce para sí.

- Para pensar con claridad es necesario distinguir causa y efecto en la medida en que sea posible. El "sentir mayoritario" no determina de forma unívoca la organización de un grupo social. Más bien tiende a ser al contrario: la forma de organización condiciona fuertemente el pensamiento y la percepción de la realidad de los individuos y, por tanto, el "sentir mayoritario" resultante. Esto es especialmente así en una sociedad organizada desde arriba por una casta de ingenieros sociales con poder, que desean minimizar el uso explícito de la fuerza, y para ello se sirven de los medios de control de masas para bombardear a las personas con la propaganda que moldee su pensamiento y su percepción de la realidad, de lo que está bien y lo que está mal, de lo que es posible y de lo que no, de lo que se puede debatir y lo que no. La reiteración de la propaganda sirve para oscurecer las leyes naturales de la economía y la ética, y sustituir el razonamiento por sucedáneos falaces, que explotan las debilidades y deseos de las masas así controladas y convienen a los propósitos de la casta política.

(- Como corolario de lo anterior, esto debería servir para comprender por qué insisto tanto en que participar en el debate político y aceptar las reglas de Leviatán solo sirve, en el mejor de los casos, para enredarse en una ceremonia de la confusión, mientras que, por el contrario, el camino para cambiar de manera efectiva la forma de pensar de la mayoría pasa por la creación de instituciones alternativas, aunque en principio sus actuaciones solo tengan valor simbólico. Porque hay que entender la naturaleza humana y saber que para esa mayoría, el pensamiento está supeditado a la acción, la costumbre, la percepción de la realidad considerada normal y el sentimiento de "todo-está-bien" asociado a dicha realidad normal y por el que se adapta a la misma.)

- El socialismo es una doctrina política sobre la organización de la sociedad desde el poder político. El liberalismo es la doctrina anti-política sobre los límites de la legitimidad del poder político para imponer formas de organización social contrapuestas a la organización social espontánea y al respeto a la libertad. El ámbito del primero, como el de otras tendencias políticas, es, en el menos incivilizado de los casos, el debate político. El ámbito del segundo es el proceso judicial contra los miembros de la sociedad (pertenecientes a la casta política) que dirigen actos organizados de agresión contra otros miembros de la sociedad (que no pertenecen a dicha casta).

- Las propuestas que los liberales hemos de plantear a la sociedad no son políticas a imponer desde un gobierno, sino instituciones alternativas al vetusto Estado moderno que, a diferencia de éste, cumplan con sus funciones respetando la libertad de los ciudadanos. La adhesión a las mismas será libre, lo que permitirá establecer la relación correcta entre legitimidad y mayoría, pues constituye un error fatal creer que es la mayoría la que da la legitimidad ("si una ley es democrática, es justa"), cuando en realidad (o, al menos, en una realidad civilizada) es la legitimidad la que debe reunir a la mayoría ("solo lo que es justo es ley").

- Los partidos de fútbol (u otro deporte-espectáculo) a veces los gana un equipo, a veces otro (casi siempre ganan los mismos, a decir verdad); pero los que siempre ganan son los futbolistas y demás profesionales. Los que siempre pierden el tiempo, el dinero, la oportunidad de hacer cosas más provechosas y, a veces, hasta la salud, son los espectadores. No obstante, nadie les obliga a hacerlo...

- La libertad no es un juego...

... y el tiempo es demasiado escaso y valioso como para derrocharlo en el análisis de falacias, la disipación de confusiones y el destejido de enredos. Cuando la respuesta obtenida no es fair play (si alguien no tiene nada mejor que hacer, puede repasar precedentes en esta discusión), se sabe que el esfuerzo caerá en saco roto. Entonces es más sabio dejar hablar al silencio. Sirvan estas píldoras solamente como muestra de lo que podría encontrarse, en cada ocasión, detrás la respuesta ausente.

01/09/2008, noche. Silencio.


Bastiat

Quizás puede resultar muy `provechoso para el ego el enlazar una frase tras otras con el único objetivo de justificar el porqué se ha encontrado al malo de la película pero no en encontrar la manera de mejorar lo existente.

La causa de la existencia del Estado no me la dices. Me hablas de la de los efectos de la existencia de un …. como dices… ah! “vetusto Estado moderno”.

Todo eso queda muy bien… el malo es el Estado. Bien. El Estado es ilegítimo…. bueno. ¿y?

¿A qué llamas falacia? Es más.. ¿En dónde he defendido yo la existencia de estas formas actuales de Estado?

Para mi el problema no estriba en si Estado no o Estado si, sino en el cómo los grupos humanos, si, cierto, los humanos, los individuos son los que tienen conciencia de grupo, se organizan y logran minimizar las negativas influencias del Poder, político, militar, judicial, económico, para lograr una verdadera libertad individual.

Indiscutiblemente, y más aún para un liberal, que la libertad de elección del consumidor en un mercado libre es esa forma de libertad que se manifiesta día a día y que al final decide qué sirve mejor al individuo y qué no. Conocimiento que sólo tenemos a posteriori. Podemos hacer predicciones que se cumplan más o menos con el paso del tiempo pero en casos particulares, e incluso generales, las predicciones normalmente sólo son predicciones. ¿Nos ponemos a repasar algunas de la historia del pensamiento político, económico, de la tecnología e, incluso, de la ciencia ficción? No merece la pena, ¿verdad?

Pero lo que sigue sin resolverse es qué sistema de organización de los grupos humanos son los que van a elegir libremente. En el fondo, cuando dices todo lo que dices no estás mas que proponiendo un sistema que a ti te parece el conveniente, el mejor, el que garantice mayores costas de libertad, pero que no es mas que el sistema que TU crees que es el mejor. ¿Tu sistema es el Betamax o el VHS?

Al final el sistema que triunfe será aquel que mayoritariamente elija el mercado. Y en el mundo de las ideas políticas el mercado existe como existe en el mercado de las cintas de vídeo. Y mi opinión puede ir en contra del mercado… ¿te acuerdas del sistema…video2000?

¿Cómo superas no ya el descubrir qué sistema es el mejor sino el aceptar que hay y que siempre habrá una forma de organizarse no decidiendo cual sino por la necesidad de organizarse los grupos humanos?

Me hablas, me habláis siempre de lo malo de lo que hay, pero no sabemos el porqué está. Si, el malo es malo porque coarta, condiciona, influye, domina y sojuzga a todos los ciudadanos. ¿Pero cual es la alternativa?

No me digas que la anarquía porque creo que eso queda fuera de lugar. O hay alguna forma de organización, y entonces lo de la anarquía empieza a resquebrajarse, o no la hay. Y no se si eso es realista. Porque individuos sin normas de comportamiento entre ellos sólo se daría en una situación social parecida a la de los osos… Sólo se juntan para pelearse por una osa que está en celo y con la osa hasta que deja de estar en celo. Lo demás es soledad y autonomía individual. Eso sí, incluso en esos momentos hay normas, el que mas muerde se lleva a la osa.

Y respecto a las píldoras y la confusión: ¿la tuya o la mía?

- La capacidad de realizar juicios morales sobre la bondad o maldad de algo es consustancial al carácter social del ser humano. cierto, sólo que dependiendo de qué sociedad puede haber juicios morales que hagan que haya hechos buenos o malos de distinta manera. ¿O no? Que un acto de agresión es malo es un juicio ético fundamental depende de la sociedad y sus valores ético/morales. Porque pensemos que mientras exista el ser humano existirán actos de agresión, no debemos dejar de perseguirlos y de luchar porque se reduzcan lo más posible. cierto igualmente, conforme a los valores ético/morales que imperen en la sociedad en cuestión y, sobre todo, respondiendo a la siguiente pregunta ¿cómo y qué legitimidad otorgamos al sistema para la represión de esos actos e incluso cómo administramos ese sistema?

- No toda organización es organización impuesta ni deliberada. La organización de un sistema puede ser, también, espontánea. cierto… la familia es una organización espontánea… ¿Te sientes reprimido por tu familia puesto que no has elegido tu nacer en ella? La interacción entre los elementos del sistema, aunque esté regida por leyes simples, puede dar lugar a sistemas complejos que exhiben un alto grado de auto-organización, tendiendo a regresar al estado inicial tras sufrir una perturbación. Aplicado al sistema "sociedad humana", reducir la organización social a organización impuesta es confundir el hecho social con el hecho político, tomando la parte (el hecho político) por el todo (el social, mucho más amplio). Sigues teniendo que definir qué es organización impuesta o en qué momento una organización espontánea se acaba convirtiendo en una organización impuesta. Ciertamente puedes irte de tu familia, muchos lo hacen. Igualmente puedes irte de tu país. Igualmente muchos lo hacen. Pero tanto lo uno como lo otro, la familia y el país, mas concretamente el grupo humano al que perteneces, en el que uno nace, surgió de forma espontánea. ¿O no?

- El colectivo es siempre más poderoso que el individuo, que no es más que una minúscula gota de agua en el océano de la sociedad. Lo más prudente sería preocuparse por la defensa del individuo ante lo colectivo, y no al revés. De esto no te voy a negar ni un espacio interlineal… sobre todo porque aquí estás aceptando, primero, el hecho social del ser humano y, segundo, la necesidad de vivir en un colectivo, eso sí, en el que los individuos estén protegidos… quizás… a través de una organización espontánea con leyes y normas de comportamientos limitativos del poder del colectivo que el propio colectivo asuma como forma propia de organización????? Sería interesante responder a esta pregunta.

- Los grupos humanos no tienen conciencia de grupo, porque un grupo humano no es un ser con existencia real y una mente que piense, sino una abstracción. Son los individuos los que tienen conciencia de grupo. Un exceso de conciencia de grupo puede ser peligroso para la convivencia y la prosperidad, pues puede llevar al individuo A a ver al individuo B no como persona sino como elemento de otro grupo o subgrupo, y por tanto, tal vez, como elemento extraño y subhumano, que no es sujeto de los mismos derechos fundamentales que el individuo A reconoce para sí. Vaya… otra píldora a la que no puedo ponerte ninguna pega. Porque claro, en el momento en el que uno viva dentro de un grupo humano que tiene conciencia de grupo y que se manifiesta en la defensa de los derechos de los individuos estaríamos en el perfecto grupo humano en el que los individuos tienen conciencia de grupo gracias a ese elemento unificador de la defensa de los individuos y que para ello organizan dicho grupo humano para tal fin…. ¿o no?

(- Como corolario de lo anterior, esto debería servir para comprender por qué insisto tanto en que participar en el debate político y aceptar las reglas de Leviatán solo sirve, en el mejor de los casos, para enredarse en una ceremonia de la confusión, mientras que, por el contrario, el camino para cambiar de manera efectiva la forma de pensar de la mayoría pasa por la creación de instituciones alternativas, aunque en principio sus actuaciones solo tengan valor simbólico. Porque hay que entender la naturaleza humana y saber que para esa mayoría, el pensamiento está supeditado a la acción, la costumbre, la percepción de la realidad considerada normal y el sentimiento de "todo-está-bien" asociado a dicha realidad normal y por el que se adapta a la misma.) Todo esto está muy bien. Pasar a la acción. Crear instituciones alternativas, vale, alternativas. De pertenencia voluntaria. Si. ¿Reguladas por el derecho vigente en el territorio en el que te encuentres o con otras?. Digo yo que serán otras normas. Una institución alternativa, hasta cierto punto, es la legislación deportiva. Un club no puede resolver asuntos deportivos fuera de la federación de fútbol. Si lo hace puede ser expulsado. ¿Ese sería el proceder de esas instituciones alternativas? ¿O lo que se busca es que haya divisiones dentro de la soberanía de las leyes y que se permitan jurisdicciones distintas dependiendo, por ejemplo, al grupo religioso o cultural al que uno pertenezca? Sería una opción… y para lograrlo… ¿no sería necesario un cambio en la legislación básica del Estado al que se pertenezca? ¿No se haría eso participando activamente en política, aunque no se llegue a hacer desde el gobierno? ¿No se participaría del Leviatán? HUY, que concepto mas religioso, el demonio…….

- El socialismo es una doctrina política sobre la organización de la sociedad desde el poder político. El liberalismo es la doctrina anti-política sobre los límites de la legitimidad del poder político para imponer formas de organización social contrapuestas a la organización social espontánea y al respeto a la libertad. El ámbito del primero, como el de otras tendencias políticas, es, en el menos incivilizado de los casos, el debate político. El ámbito del segundo es el proceso judicial contra los miembros de la sociedad (pertenecientes a la casta política) que dirigen actos organizados de agresión contra otros miembros de la sociedad (que no pertenecen a dicha casta). Cuando leo y releo esta píldora me pregunto ¿pensará éste que yo pienso cosa distinta? No sé. Lo que si que me diferencia de ti es que llego a la conclusión de que el liberalismo se desarrolla en un ámbito humano, grupo humano, y en él se establecen normas que limitan el poder de la casta gobernante. Es decir, se asume que habrá gobierno y que este esta limitado. Si aceptas estas premisas… ¿en qué estoy confundido?

- Las propuestas que los liberales hemos de plantear a la sociedad no son políticas a imponer desde un gobierno, sino instituciones alternativas al vetusto Estado moderno que, a diferencia de éste, cumplan con sus funciones respetando la libertad de los ciudadanos. La adhesión a las mismas será libre, lo que permitirá establecer la relación correcta entre legitimidad y mayoría, pues constituye un error fatal creer que es la mayoría la que da la legitimidad ("si una ley es democrática, es justa"), cuando en realidad (o, al menos, en una realidad civilizada) es la legitimidad la que debe reunir a la mayoría ("solo lo que es justo es ley"). La mayoría no da la legitimidad. Bien, a parte de que en este momento tienes que definir qué da la legitimidad, tienes al mismo tiempo que asumir que esa legitimidad hay que defenderla dentro de un grupo humano. Y tienes entonces un problema. Si dentro de una sociedad Pepe cree que es legítimo pegar a la propia porque su religión la considera la mitad que un hombre, nadie puede justificar el intervenir en esa agresión mas que desde la legitimidad de defender a la agredida en función de que sea legítima esa defensa. ¿Pero esa legitimidad de apoya en la mayoría o sería la legitimidad del marine que defiende a la pobre mujer vestida con el burka en las calles de Herat rodeado de mulás dispuestos a rebanarle el cuello a costa incluso de su propia vida puesto que el marine lleva encima el M16? No sé… hay que afinar eso de la legitimidad… creo.

- Los partidos de fútbol (u otro deporte-espectáculo) a veces los gana un equipo, a veces otro (casi siempre ganan los mismos, a decir verdad); pero los que siempre ganan son los futbolistas y demás profesionales. Los que siempre pierden el tiempo, el dinero, la oportunidad de hacer cosas más provechosas y, a veces, hasta la salud, son los espectadores. No obstante, nadie les obliga a hacerlo... No….. ¿Y?

- La libertad no es un juego... Cierto. Por eso deberíamos tomarnos más en serio el progresar hacia mayores cotas de libertar en vez de soñar con Leviatanes que nos acosen en las pesadillas y que nos lleven a proponer cosas irrealizables sobre todo cuando se os demuestra la inconsistencia de dichas propuestas.

Lo demás, lo del Fair play… precisamente en honor al fair play, lo voy a dejar pasar.

Un Saludo.

Eugenio Martín Velázquez

Para los liberales no Estado, para el resto lo que el Estado quiera, aunque la experiencia nos dice que nunca a mínimo. El problema es que los liberales siempre sufriremos lo que el que dirige el Estado quiera, aunque la mayoría no le haya autorizado expresamente a todo ello, pues no tenemos ninguna zona que los Estados actuales nos permitan vivir acorde con nuestras ideas.

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