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Portada - Comentarios - La irracional guerra contra las drogas

21/08/2008 - José Carlos Rodríguez

La irracional guerra contra las drogas

La persecución de los crímenes sin víctima es, junto con la guerra, la mayor amenaza a la libertad individual. Los delitos de opinión, la prostitución, la inmigración o la tenencia de armas entre muchos otros copan gran parte de las condenas penales. Pero si hay un delito consensuado o sin víctima que descuella sobre los demás por su importancia, este es el del consumo, tráfico y producción de drogas. Cerca de dos tercios de los reclusos en España ocupan una celda por algún delito "contra la salud pública".

Todo el mundo, o casi todo, acepta que debe ser así. Las drogas son perniciosas e infligen un daño moral a la persona que puede ser irrecuperable. Un anuncio que ocupa estos días la pantalla sugiere que el daño comienza pero no acaba en la persona consumidora, sino que se extiende a todas aquellas con las que tiene alguna relación. Si el mal del consumo de drogas es tan claro, ¿cómo oponerse a su prohibición? La razón es que, por un misterio que quizás no se haya explicado plenamente, hay comportamientos que son (aunque no en todos los casos) perniciosos, pero su prohibición resulta más perniciosa que permitir su libre ejercicio.

La guerra contra las drogas ignora esta realidad, pero si se acerca uno a su justificación comprobará que no resiste una mínima apelación a la racionalidad. Para empezar, no hay una relación directa, unívoca y general entre el consumo de una sustancia y la producción de determinados efectos. Antonio Escohotado, en su Historia de las drogas, explica que "tras varias décadas de esfuerzos por lograr una definición 'técnica' del estupefaciente, la autoridad sanitaria internacional declaró el problema irresoluble por extrafarmacológico", por lo que su consejo es "clasificar las drogas en lícitas o ilícitas". Esto supone ceder al Estado la decisión arbitraria (ya que no tiene soporte científico) de penalizar unas sustancias y no hacerlo con otras.

Hay defensores de la legalidad del consumo y tráfico de drogas caen en el error, acaso por contrarrestar la propaganda en su contra, de negar prácticamente todo riesgo asociado al consumo, cuando la cuestión que está en juego no es esa. El problema es que no se puede prohibir un comportamiento por el hecho de que tenga un riesgo, especialmente cuando no se puede valorar de antemano qué riesgo está asociado a ese consumo. Ese conocimiento es relevante para el comportamiento individual, para sumarlo a su criterio de acción, pero no puede incorporarse eficazmente a una legislación, ya que por su propia naturaleza no sería capaz de recoger juicios de relevancia válidos para cualquier circunstancia futura. Prohibir el consumo de drogas no tiene lógica.

La persecución del consumo de drogas, ya sea directamente, ya contra su producción y distribución, requiere grandes recursos en manos del Estado que, de otro modo, se dirigirían contra la comisión de verdaderos delitos. Y la importancia que se otorga a este comportamiento penalizado sirve para justificar todo tipo de atropellos a los derechos de las personas. Un informe de Naciones Unidas de 1988 reconocía que la lucha contra las drogas se está "alejando de los principios generales del Derecho".

El problema no está definido científicamente, pertenece al ámbito de decisión de la persona sobre su propia vida y la lucha contra las drogas provoca verdaderos actos delictivos tanto por parte del Estado como por parte de los proveedores. No hay una lógica en la guerra contra las drogas, pero hay una implicación emocional muy fuerte, como en el caso de las armas. No obstante, estamos hablando de un asunto lo suficientemente grave como para dejar a un lado las emociones, especialmente si están basadas en un juicio erróneo, y abordarlo con racionalidad y sin prejuicios.

 

Opinión de los lectores

agolmar

Con el tiempo he ido estando cada vez más de acuerdo con tu postura, aunque por razones personales (uno tuvo una juventud rebelde y vio algunas cosas horribles) la legalización me pone bastante nervioso. No puedo evitarlo. Argumentos similares en un excepcional reportaje de Reason con entrevistas a tres ex war on drugs warrios: http://www.reason.com/news/show/28276.html

Bastiat

A mi me pasa lo mismo que a Antonio Golmar… Me pongo muy nervioso.

Eso si, aclaro que estoy perfectamente de acuerdo con el argumento de base del artículo. La responsabilidad es de cada uno y si uno quiere destrozar su vida con las drogas o jugándosela con el parapente o con el puenting es cosa suya. Mi nerviosismo surge porque no solemos argumentar demasiado bien eso de la responsabilidad individual. Sobre todo cuando incidimos en ello y queda la cosa algo así como si te la quieres jugar te la juegas pero a mi que no me salpique… Y no resulta precisamente muy popular.

Porque en esencia el asunto de las drogas para que sea un tema sobre responsabilidad personal, individual, ni el estado ni ninguna administración deberían de hacer nada por paliar los efectos de la drogadicción. Eso conlleva a que los drogatas y sus familiares tienen que costearse tanto en el plano económico como en el coste moral y emocional toda la tragedia que supone la droga, algo que debemos recalcar siempre. La droga es mala. Muy mala.

Por ello, cuando hablamos de la legalización de las drogas, de la despenalización, mas exactamente, hacer hincapié en que las consecuencias de tus actos tendrán repercusión para ti y para los tuyos y para nadie mas PORQUE NADIE MAS TE HARÁ EL MAS MÍNIMO FAVOR MAS QUE DESDE LA ACCIÓN CARITATIVA, dificulta enormemente el mensaje sobre la responsabilidad. Y nos pone nerviosos a todos.

Tendremos que asumirlo, indudablemente, pero hemos de encontrar la forma de lanzar el mensaje para que la gente no huya despavorida hacia el regazo de papá Estado para que le libre de todo mal que ellos mismos se están procurando.

Fco. Moreno

Me ha gustado el enfoque del artículo y me ha hecho recordar uno de los artículos más fascinantes (por el enfoque) y lúcidos (por sus conclusiones) que he leído sobre el tema escrito por Antonio Golmar, ver aquí: http://www.libertaddigital.com/opinion/antonio-golmar/si-a-las-drogas-44807/
Eso sí que es un mensaje valioso para persuadir a la gente de que los liberales no estamos locos al sostener un tratamiento más racional y, por tanto, más humano del asunto.

saludos

Un problema del pensamiento liberal es que parte de la consideración de todas las personas como adultos responsables (un problema del pensamiento socialista es negar esa condición a las personas). Pero no todas las personas son adultos responsables: hay también niños y adolescentes. Con ellos hay que tener más cuidado respecto a qué sustancias simultáneamente nocivas y adictivas pueden acceder. No tanto por el daño 'moral' sino por el físico. Tengo un primo heroinómano que empezó a serlo en torno a los 16 años, cuando no estaba en condiciones de hacerse cargo de las consecuencias a medio y largo plazo de la adicción. Después ya no pudo dejarla, ni siquiera seriamente querer dejarla, porque le podía. Ha destruido a su familia y está ahora, a los 45, en la cárcel por un delito cometido para procurarse heroína. Aunque él se creía adulto responsable a los 16, no lo era. Dejó que una sustancia química alterara su sistema neurológico hasta el punto de quitarle la libertad de dejarla. No debería haber drogas duras al alcance de no adultos.

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