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Portada - Comentarios - El dinero, el ocio y la felicidad

05/09/2008 - Juan Ramón Rallo

El dinero, el ocio y la felicidad

La moralina anticapitalista suele proclamar que "el dinero no da la felicidad". No por ser más ricos y tener más bienes, nos dicen, lograremos ser más felices. Por tanto, la organización política, social y económica no debe orientarse a la creación de riqueza, sino a alcanzar otros fines de cariz social. No importa que los ricos sean sistemáticamente expoliados por el sistema fiscal, ya que, en realidad, no necesitan todo lo que tienen para ser felices.

El éxito de la letanía anterior (especialmente entre la gente pobre) se debe, en buena medida, a que generar riqueza es un proceso más complicado que autoconvencerse de que no es necesario crearla para ser felices. Dicho de otra manera, en la inmensa mayoría de los casos, se convierte en una justificación de la pasividad y el fracaso de los más pobres.

Además es una frase que resulta difícil de refutar en pocas líneas, ya que todos conocemos casos de gente rica e infeliz y de gente austera y con una vida plena.

Mi propósito no es afirmar que el dinero necesariamente da la felicidad, sino más bien que en la mayoría de los casos facilita lograrla. Para ello comenzaremos dando una definición praxeológica de felicidad.

Todo ser humano actúa deliberadamente para lograr sus fines, esto es, para pasar de una posición menos satisfactoria a otra más satisfactoria. Para lograr estos fines necesita proveerse de unos medios que le permitan reducir la distancia entre la situación actual menos satisfactoria y la situación futura más satisfactoria.

Definiremos el tiempo durante el que el ser humano satisface sus fines como "ocio", mientras que "trabajo" será el tiempo durante el cual el individuo se provee de los medios necesarios para conseguir sus fines. Dicho de otra manera, las acciones realizadas durante el tiempo de ocio se desean por sí mismas (proporcionan utilidad directa), mientras que las realizadas durante el tiempo de trabajo se desean por acercarnos hacia el ocio (utilidad derivada). Si un determinado trabajo fuera improductivo (no nos acercara al ocio) dejaría de ejecutarse de inmediato.

Obviamente, todo el mundo preferiría vivir en un ocio permanente y no trabajar nunca. Sin embargo, si el individuo minimiza su tiempo de trabajo, sólo podrá lograr fines muy simples. El tiempo de ocio presente tiene su coste de oportunidad: renunciar a un ocio futuro más intenso. Por ejemplo, una persona puede disfrutar echado en la cama todo el día, aunque disfrutaría más si pudiese ser astronauta. Sin embargo, ambos fines son en buena medida incompatibles: si se limita a reposar en la cama, no podrá trabajar en alcanzar su puesto de astronauta y viceversa.

Por consiguiente, el ser humano será tanto más feliz cuanto más duradero e intenso sea su ocio. El paradigma de felicidad sería, precisamente, que un individuo sólo llevara a cabo en cada momento aquellos que son sus fines más valorados.

En este sentido, el dinero es un instrumento muy útil para alcanzar esta permanente felicidad, ya que nos permite alcanzar sin necesidad de trabajar los medios que requerimos para lograr esos fines.

Ciertamente, el dinero no es imprescindible para ser feliz, pero aun en el caso en que las máximas aspiraciones de una persona consistieran en fines muy simples y básicos (comer, dormir y mantener relaciones sexuales), el individuo tendría que trabajar para proveerse del sustento necesario para sobrevivir y poder ejecutar esos fines.

El dinero (o más generalmente la riqueza), por tanto, no sería necesario para alcanzar la felicidad sólo en el caso en el fin prioritario del individuo fuera a su vez una actividad que le proporcionara los medios necesarios para alcanzar otros eventuales fines futuros. Pensemos en el cazador que va a cazar porque es su mayor afición y, además, obtiene carne para cenar o en el profesor universitario que va a dar clase porque es su prioridad en ese momento (y con independencia del salario percibido).

En el resto de los casos, el dinero (o la riqueza) es condición necesaria (pero no suficiente) para seguir incrementando nuestra felicidad, ya que evita que tengamos que perder el tiempo en otras actividades que no nos proporcionan directamente utilidad.

Por supuesto, la mentalidad anticapitalista suele relacionar la necesidad de dinero con una suerte de avaricia ilimitada y de atesoramiento de bienes. El ser humano, nos dicen, no es capaz de consumir tanta riqueza como la que tienen las grandes fortunas. Por este motivo, los anticapitalistas vienen justificando la redistribución de la renta y de la riqueza: los bienes que los ricos despilfarran en sus excesos pueden incrementar mucho la felicidad de los pobres más necesitados.

El economista neoclásico Pigou fue el primero en sugerir que los ricos derivaban menos utilidad de un dólar que los pobres, de modo que la redistribución de la renta aumentaba la utilidad social. Más tarde, Kaldor y Hicks sugirieron que tal redistribución era eficiente, ya que el pobre podía compensar al rico y aun así salir ganando.

Sin embargo, ambas consideraciones desconocen el papel que los ricos conceden a su patrimonio. En primer lugar, los ricos en general no tienen la intención de consumir y despilfarrar compulsivamente su riqueza, ya que probablemente con esos hábitos nunca habrían logrado amasarla (y por eso mismo, los "nuevos ricos" sí suelen arruinarse con celeridad). Lo que les permite la riqueza es vivir sin trabajar y dedicar su existencia a aquello que más les satisface. Por ejemplo, Warren Buffett, el hombre más rico del mundo, apenas ha modificado sus hábitos a lo largo de su vida (sigue viviendo en la misma casa y usando el mismo coche que hace 40 años). Poseer grandes cantidades de dinero no equivale a ser una persona vacía, sin principios o aficiones, sino tener la oportunidad de autorrealizarse y focalizar su vida en aquello que más le satisface.

Es más, los ricos pueden conceder ese "privilegio" a las personas que quieren y aprecian. Y eso nos lleva al segundo punto de por qué ninguna cantidad de riqueza tiene por qué ser suficiente. Las grandes dinastías permiten al patriarca transferir su riqueza (y la oportunidad de no tener que trabajar) a sus hijos, nietos o bisnietos y, en muchos casos, sólo ese gesto y esa expectativa ya son fuente de ocio y felicidad para el patriarca.

Cuanto más dinero amase un individuo, no sólo podrá extender esa oportunidad a mayores y más amplias generaciones (no es lo mismo facilitar el ocio a un nieto que a cien), sino que podrá extenderlo con menor incertidumbre.

Se atribuye al Barón de Rothschild la frase de que "estaría contento si pudiera legar a mis descendientes una cuarta parte de mi riqueza". Con este comentario, Rothschild ponía de manifiesto las dificultades de transferir el capital intergeneracionalmente (inflación, nacionalizaciones, impuestos sobre ganancias y sucesiones y la necesidad permanente de ajustarse a las necesidades de los consumidores). Si sólo iba a poder transferir una cuarta parte (siendo optimistas) del pastel, era necesario que el pastel fuera muy grande.

En definitiva, no es cierto que el dinero no dé la felicidad. En la inmensa mayoría de los casos será una condición necesaria (aunque no suficiente) para ser más felices. Y tampoco es cierto que las redistribuciones de la renta generen incrementos en la utilidad social: no se trata sólo de que las comparaciones intersubjetivas de utilidad sean imposibles, sino que existen razones de peso para creer que con las redistribuciones se condena a una menor felicidad a muchas generaciones presentes y futuras.

 

Opinión de los lectores

Bastiat

Hombre... yo cuando alguien me viene con esas de que los ricos en el fondo no son felices, que viene a ser algo así como lo del cuento de la zorra y las uvas... “están verdes”, siempre les pregunto lo mismo... ¿juegas a la lotería o no?

Normalmente se callan.

Pako

Se te olvidó algo: Warren Buffett es socialista y está a favor de la redistribución de la riqueza y ha hablado de forma muy inteligente en contra del neoliberalismo y a favor de cobrar más impuestos a los ricos como él para reconstuir en los Estados Unidos el Estado del Bienestar que empezó a cargarse Ronald Reagan aconsejado por los Chicago boys.

jonsy gaviota

Se te ha olvidado una forma alternativa de conseguir ocio sin invertir en negocio: el gorrón, esto es, todo aquel que aspira a vivir de la subvención, la pensión, la ayuda pública...

Desde el Kultureta pro-SGAE hasta el último estafador en la pensión de minusvalía, desde el funcionario indolente, hasta el más abyecto privilegiado/becado por pertenecer a la etnia X

El gorroneo es una forma muy viable de llegar al ocio, especialmente con un gobierno empeñado en repartir el dinero de todos a sus amigos

alber

Te ha faltado añadir que teniendo dinero es más fácil no sólo vivir, sino sobrevivir. Me explico, si tienes dinero podrás pagarte una sanidad privada cuando seas viejecito, y por lo tanto, evitar que te "eutanasien" por decreto, que es lo último que se le ha ocurrido al señor ZP. También, si tienes una dolencia grave podrás saltarte las listas de espera (de espera de la muerte) y podrás pagarte un hospital en pamplona, o en Houston o dónde sea menester para que te traten desde el primer momento de esta forma tener más probabilidades de irte al otro mundo. Si tienes dinero podrás enviar a tus hijos a un colegio privado dónde podrán recibir algún tipo de educación útil que les sea de provecho el día de mañana (la calidad de la enseñanza en los colegios públicos es paupérrima hoy en día como todos sabemos). Si tienes dinero podrás vivir en una urbanización con seguridad privada que dificultará que te asalten o te atraquen en tu propia casa o mientras estás a punto de entrar en ella. Si tienes dinero podrás tener un mejor coche que quizá te salve la vida en caso de un accidente. Si tienes.... En fin, ejemplos mil. Yo no sé si todo esto sirve para ser feliz o no, yo creo que sí, pero en cualquier caso, lo que es indiscutible es que aumenta tus probabilidades de seguir vivo durante más tiempo. Y desde luego, mientras nadie me demuestre lo contrario estar vivo es una condición absolutamente necesaria para poder ser feliz.

Maestro

La premisa sine que non para vivir satisfecho, a pesar de lo que caiga, es estar orientado mentalmente. El principal problema de la deprimida sociedad actual es su desorientación. Una mente desorganizada, sin referencias claras y realistas y conductas coherentes con ellas, está permanentemente en conflicto consigo misma, los valores chocan con las conductas, las ideas con el contexto... induciendo al sistema de la personalidad a una pura entropía. Algo así como tener la cabeza centrifugando a 1000 rpm permamentemente. Otro problema lo constituyen el tener demasiado tiempo para pensar en si es o no feliz y el exceso de información-basura e información-adoctrinamiento ideológico que lo agravan.

Duane

Con el debido respeto, creo que ha caído en el mismo error ingenuo que los defensores de la perversidad del dinero, con una lógica que hiere al silogismo, no tanto en la formalidad, que también, sino en que parece construida por alguien ajeno a la sociedad a quien han explicado en cuatro frases cómo funciona el ser humano y sus relaciones.

El argumento central de su discurso es una falacia lógica, un razonamiento circular: está claro que si la satisfacción de un determinado fin necesita de cierta cantidad de dinero, para satisfacer ese fin la persona necesita tal cantidad de dinero.

La felicidad en la edad adulta tiene más que ver con el equilibrio psicológico, la madurez, el saber enfrentarse a las dificultades, el realismo... tampoco sabría definirla, pero estoy convencido de que va por ahí. Una vez satisfechas las necesidades básicas (cosa que se consigue con relativamente poco dinero), la felicidad de cada uno no guarda relación con su capital acumulado.

Defiendo hacer dinero, cuanto más mejor, por muchas razones, entre otras, vivir más, tener más seguridad, mayores posibilidades de elegir, etc. (como se ha dicho por ahí) pero eso no significa en absoluto ser más feliz, lo único que supone es enfrentarse a otro tipo de problemas, y cómo se afronten es lo que determinará el nivel de felicidad. No nos dejemos provocar por los antidinero (mentirosos además), el dinero ni da ni quita lo que no hay, pero me gusta, me divierte y me plantea retos, aunque trataría de divertirme igual si no lo tengo. Lo que no cabe duda es que la riqueza que genera una sociedad libre en sus intercambios comerciales sí que proporciona una mayor felicidad general.

Xavier

Tu teoría sería muy bonita si no fuese porque repugna al intelecto humano.
El principal fallo reside en el hecho de que los recursos que podemos extraer del planeta són limitados, de manera que si no hay límite para la riqueza de un individuao, bien podria ser que el resto de individuos se viesen abocados a la desposesion absoluta.
Por otra parte, es posible que alguien tenga como actividad de los momentos de ocio la creación de desgracia ajena, como el chantaje a gobiernos, la creacion de sociedades secretas que controlen los servicios de inteligencia, la instigación de conflictos para poder financiar a los dos bandos en disputa... luego, cuanto mas riqueza acumule, mas facilidades tendrá para dilapidar el interés general.
Nacionalicemos la banca y desposeyamos a los Rotchilds del mundo que condenan a morir de hambre a millones de personas.

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