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Portada - Comentarios - Renovando subvenciones

01/09/2005 - Daniel Rodríguez Herrera

Renovando subvenciones

El gobierno ha aprovechado que aún tenemos el cerebro reblandecido por el calor para colarnos otro estupendo y faraónico plan consistente en que las compañías eléctricas sean obligadas a instalar parques eólicos y solares por doquier. La factura es de cerca de cuatro billones de pesetas aunque, eso sí, distribuido durante varios años hasta 2010. Evidentemente, el coste de semejante disparate energético lo pagaremos todos. No porque el Estado subvencione una parte mínima del plan, sino porque el mayor precio por kilowatio de estas alternativas acabará siendo sufragado por los bolsillos de los consumidores, en un apartado que el gobierno califica eufemísticamente de “aportación de las empresas generadoras”.

A los ecologistas, este despilfarro les parece insuficiente. De hecho, Greenpeace está elaborando un delirante informe que se supone mostrará al público en los próximos meses cuyo objetivo es demostrar que podríamos alimentarnos de energías renovables de forma exclusiva y tener energía de sobra en 2050. Hasta que no esté el texto disponible no se podrá opinar con total certeza, pero llama la atención que la presentación parcial de algunos resultados del mismo realizada a finales de julio huyera de dos problemas esenciales. El coste y la poca confiabilidad de una parte importante de esas energías, la eólica, que falla cuando más la necesitas. Actualmente hay 9.000 MW de potencia eólica instalada, pero en uno de los últimos récords históricos de producción, 38.620 MW el 20 de julio a las 17:38, la producción real de energía eólica se situó en los 2.046 MW.

Aún así, el informe presenta algunas conclusiones, cuando menos, divertidas. Y es que, según sus estimaciones, sería necesario ocupar el 14% del territorio nacional con cultivos y bosques para quemar en las centrales de biomasa, el 37% con centrales solares y el 57% con centrales eólicas aunque sus proyecciones indican que podría simultanearse el terreno de estas últimas con otros usos. Por ejemplo, el de centrales solares. Ignoro si las ciudades caben en este plan, aunque conociendo a sus promotores, posiblemente tengan previsto que nos desplacemos a vivir bajo tierra para que la naturaleza permanezca virgen e intocada por nuestras sucias manos… si excluimos que casi todo el territorio tendrá centrales, claro.

El plan esconde algunas sorpresas. Así, mientras asegura que las ayudas públicas suponen sólo el 2,9% del plan, 680 millones de euros, las exenciones de impuestos llegan a 2.855 millones y las subvenciones a las energías renovables 4.956. Y es que, según un informe de la cámara de los lores, el coste de producción eólica es de 6 céntimos de euro por KWh y el precio al que se vende la energía actualmente en España son 4 céntimos, por lo que alguien va a tener que pagar la diferencia. Usted y yo, ya sea por la factura o por las subvenciones. Los ecologistas salen realmente caros.

Lo único bueno de este plan es que vuelve a poner sobre la mesa el descarado control que ejerce el ejecutivo sobre el sector. Ya nadie podrá argumentar que nuestros problemas energéticos se deben a la maligna liberalización que llevó a cabo el no menos pérfido Aznar. ¿Quién se puede creer que el sector eléctrico es libre cuando desde el gobierno se le impone cuánto y de qué manera deben generar energía? Los problemas aparecen cuando se impone desde arriba una solución y se resuelven cuando somos libres de buscar la mejor alternativa por nosotros mismos. Por esto este plan, como los anteriores, nos aleja de las mejores soluciones a la generación de energía eléctrica.

 

Opinión de los lectores

José María

Jamás entenderé cómo es posible que el CO2 desprendido por una central de biomasa no sea tan "contaminante" como el desprendido por una central de carbón o de gas.

Gorka

Cuando un político decide solucionar un problema, crea otros tantos que tiene que volver a intervenir y así sucesivamente mientras que los errores se multiplican y la gente siente que todo sigue igual o peor. Con el intervencionismo eléctrico, cuando además está trufado de ecologismo, pasa otro tanto de lo mismo. El Gobierno se va a gastar un dineral en prepararnos para Kyoto gracias a la "energía verde". Y será tan verde que como no la pinten de ese color, los pastos en los que se planten (nunca mejor dicho) las centrales solares y eólicas, poca hierba veremos...Y es que las soluciones ecologistas no son precisamente buenas para el medio ambiente. Además de costosas, no solucionan la dependencia que tenemos de electricidad por no haber apostado, al contrario que Francia, por las centrales nucleares. Al menos, nos queda este gran artículo de Daniel que produce escalofríos por la nitidez con la que desmonta los estúpidos planteamientos esquizoides del Gobierno de Zapatero.

agustín

El CO2 es producto final de cualquier proceso de combustión, sea este cual sea. Lo ridículo es que se pretenda controlar el resultado final sin considerar la calidad del proceso con el que se produce. No he visto en ningún sitio exigir un residual de O2 del 3% en los gases de escape, lo que aseguraría una combustión técnicamente más que aceptable, que redundaría en la menor producción posible de CO2 y, no sólo eso, también en el menor consumo de combustible primario y la optimización del coste de producción.
Pero este tipo de exigencias no existen o son difusas. Los términos económicos ahogan los datos técnicos que habría que analizar en primer lugar; riesgos, seguridad del sistema, amortizaciones y renovación de equipos tendrían que ser valorados aparte e integrados en la formulación final del precio al usuario de manera transparente y trazable.

En cuanto a las energías renovables: totalmente de acuerdo con el artículo. Lo de los molinillos es el negocio del siglo y lo del ecologismo rampante una necedad internacional que da lugar a situaciones esperpénticas: no hace mucho oí a un supervisor de una central eólica descomunal (siento no recordar la magnitud del dato), situada en la zona de Detroit, que dos terceras partes de la potencia instalada no se podían emplear por falta de líneas de transporte. Respecto a la energía verde, si se contrata, no hay que ser crueles y pedir a la comercializadora que certifique que se esté produciendo en algún sitio determinado.

En algún momento será interesante constatar cuanta energía verde se comercializa y cuanta se produce; y a que coste final. Porque, este último, no es solamente el que se pueda derivar de la relación de coste propio y subvenciones,dada la volatilidad de la producción de energía eólica (los parques deben de estar por las 2.000 horas de operación al año, poco más), las inefiencias de centrales trabajando a media carga para sostener la fiabilidad del sistema también hay que considerarlas.

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