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Portada - Comentarios - El timo colosal de la Seguridad Social

16/09/2005 - Fernando Díaz Villanueva

El timo colosal de la Seguridad Social

Uno de los mejores modos de hacerse muchos enemigos en muy poco tiempo es defender en público la supresión de la seguridad social mediante la privatización de los dos servicios esenciales que presta: la atención médica y las pensiones de jubilación. No es extraño. Con el cuento de la Seguridad Social los políticos han hecho su mejor negocio en varios siglos. El sistema ofrece al Estado una terna de poderes difícilmente igualable. Mantener un seguro social implica, por un lado, una fiscalidad altísima que, además, tiene patente para crecer eternamente porque con la salud –nos dicen- no se juega. Semejante atraco tiene como consecuencia principal la creación y enaltecimiento de un elefantiásico aparato burocrático cuyo objetivo será aumentar en número y perpetuarse casi sin límite. Expoliado el ciudadano de una buena parte de su renta y establecido con firmeza el leviatán funcionarial el político recoge entonces el fruto final de todo el invento; una poderosísima herramienta de control social, una inmensa red de clientela que, como un pulpo, asfixia a toda la sociedad y una magnífica coartada para seguir haciendo propaganda sin rubor de las bondades del Estado.

Pero, ¿siempre ha sido así? ¿Cuándo se inventó el Seguro Social y por qué? ¿Se moría la gente abandonada por la calle antes de que a esa lumbrera se le encendiese la bombilla? ¿Se suicidaban los trabajadores mayores de 60 años ante la insoportable perspectiva de su retiro? No. La Seguridad Social es un invento maligno pero relativamente reciente. Antes de que los políticos consiguiesen imponerlo por la fuerza existían mutuas de trabajadores del mismo oficio que ponían en común un fondo para asegurarse la asistencia sanitaria en caso de accidente y algo de dinero para la jubilación. De hecho, y aunque suene irónico, se trata del mismo modelo que siguen ahora los funcionarios públicos, verdadera casta laboral que vive al margen del propio paraíso que ellos gestionan. Lógico, el que mejor puede cuidar de la propia salud es uno mismo destinando una cantidad mensual y gestionando los riesgos de la mejor manera que puede aunque, como es obvio, no sea siempre la más adecuada. El Seguro Social, por el contrario, rompe con el sentido común y obliga a una parte de la población a pagar la asistencia a la otra. Es como si usted, que acaba de comprarse un coche gracias a una combinación de esfuerzo y ahorro, tuviese que aportar un dinero todos los meses para que un individuo que no conoce y que no conocerá en su vida pueda adquirir un automóvil. Muchos dirán que no es lo mismo un coche que la salud. Quizá no lo sea para ellos, pero en la escala de prioridades de muchos un automóvil deportivo tiene mucho más valor que tener a su disposición un podólogo gratis toda la vida. Es una cuestión de preferencias y, en eso, cada uno tiene las suyas.

Pero el sistema no termina su ración de injusticia en la asistencia sanitaria, eso sería pecado venial. Para garantizarse la clientela de por vida los padres del Seguro Social se apoderaron de las pensiones, es decir, los ahorros capitalizados de toda una vida para hacer frente a la vejez. Las pensiones públicas fulminan el concepto mismo de ahorro pues el pagador no ahorra un solo euro, se limita a satisfacer una cantidad para cubrir la pensión de los que hoy están jubilados. Esto, en los seguros privados, tiene un nombre; se llama estafa y los responsables van directos a la cárcel. El Estado, en cambio, lo puede hacer y hasta permitirse recordarnos de tanto en tanto que la pensión no la tenemos garantizada porque no hay caja sino una cañería por donde fluye mensualmente lo que unos pagan y otros reciben. Siendo injusto, cuando la pirámide demográfica es una pirámide propiamente dicha el sistema, mal que bien, funciona. El problema surge cuando la pirámide se invierte o se torna una columna en la que hay tantos habitantes de 30 años como de 60. En esas estamos en casi todos los países de Europa. Pronto tocaremos a un jubilado por trabajador. Entonces, ambos extremos de la cañería vivirán en perenne estado de cabreo. Los unos porque pagan mucho y no le ven mucho sentido a financiar la jubilación a alguien que no sea su padre o su tío. Los otros porque cobran poco, poquísimo, mucho menos de lo que pusieron cuando se encontraban activos. El único que habrá ganado con la transacción será el Estado que tendrá a los dos cogidos por el cuello, sin posibilidad de escapar y sometidos a mil y una amenazas.

¿Cómo puede, entonces, mantener su lozanía un sistema tan injusto, un tinglado que cambia euros por céntimos y que casi nadie se atreve a poner en solfa? En parte por la clientela que crea a su alrededor. A muchos les reconforta saber que reciben mucho más de lo que aportan y para una buena parte de jubilados la pensión es un regalo porque no ahorraron nada cuando estaban trabajando. Al resto, a los que sospechan del timo, se les bombardea con cantidades ingentes de propaganda en la que la palabra solidaridad hace su agosto. Desconfíe, la solidaridad o es voluntaria o no es. El Seguro Social es de suscripción obligatoria luego de solidario tiene poco, de robo, sin embargo, mucho. Si está trabajando no pase por el aro y niéguese a que obliguen a pagar la Sanidad a otros. Si está jubilado reclame su dinero, es lo menos que puede hacer tras toda una vida de sacrificio.

 

Opinión de los lectores

Reboot

Genial el artículo.

Gracias por hacernos recordar lo mucho que nos roban cada mes para pagar gandules y servicios ineficaces que crecen exponencialmente hacia el infinito y más allá.
Al principio era partidario de buscar un "mix" entre subvención pública e iniciativa privada. Pero cada día que pasa me doy cuenta que el estado no debe intervenir, salvo en casos muy extremos y justificados.

La SS es lo que es: Una máquina de generar votos y zampar dinero de nuestros bolsillos. Un canal por donde fluye el dinero y en el que el despilfarro y el "leaking" se hace patente y grotesco.

Alberto Ramirez

En Costa Rica no solo nos sacan dinero con la seguridad social, con la cual inclusive existe un seguro "voluntario" que es obligatorio para trabajadores independientes, sino que hay que mantener al Banco Popular, un banco del estado que se nutre con los salarios de todos los trabajadores, para luego devolvernos el dinero en tristes y devaluados colones. Por lo menos le deberían dar a uno la potestad de decidir si uno quiere esos ahorros en dólares.

Sergio Monzón

Nunca habia leido tantas verdades escritas en tan poco espacio. ¿Por qué tengo que dedicar un 38% de mis ingresos (aparte del IRPF y miles de impuestos mas) para que una profesora de EGB jubilada a los 58 años, que nunca ha cotizado una peseta y cobra íntegramente el sueldo bruto, viva con una pensión de 400.000 pesetas mientras tengo que hacer esfuerzos para que mis hijas estudien en un colegio mayor en Zaragoza? Ademas de ello pago la sanidad de alguno de los millones de inmigrantes y con mis impuestos su educación.

Esto no va por buen camino, porque no es que sea solidario, es que soy un estafado.

Nerieth del Pilar

Estoy de acuerdo. Además igual cosa (no peor cosa) sucede en Colombia, porque el dinero que se aporta no es renta ni capital sino que corresponde a rubros que los ciudadanos de bajos recursos sacan de su destino de alimentación o pago de servicios públicos.

Gerardo

El artículo es claro y no admite contraargumentación. ¿Por que la opinión general, sobre todo de los más perjudicados, es favorable? Creo yo que por la necesidad psicológica de seguridad. Hemos sustituído a Dios por el Estado pero el mecanismo psicológico no ha cambiado. Pero la privatización regulada se va a imponer, ¿no?

Gerardo, funcionario, naturalmente.

Francisco Moreno

LOS 5 SECRETOS MEJOR GUARDADOS DE LA SEGURIDAD SOCIAL
Imaginémonos a un trabajador español que gana bruto 1.000 euros al mes. En su nómina vendrá más o menos esto (simplificando mucho):
Bruto mensual devengado.....1.000 euros
Retención IRPF (15%) ......... -150 euros
Aportación Seg. social (6.3%).. -63 euros
Total a percibir (líquido).......... 787 euros (que es lo que se lleva a su bolsillo o a su cuenta corriente el referido trabajador cada mes, pensando que ya está, ya no va a pagar más al Estado (iluso!!): se olvida de los impuestos indirectos, que todo lo que compre lleva IVA o si es una casa el impuesto de TP, o si paga gasolina o compra tabaco o una cerveza, ahí están los impuestos especiales...El Estado voraz siempre está allí donde el contribuyente saque su billetero).
Pero detengámonos sólo en el impuesto directo, lo que atañe a su salario: El trabajador piensa que lo que le retiene la empresa por IRPF (150 euros) y por aportación a la Seguridad social (63 euros) es su contribución al Estado de su salario como impuesto directo; generalmente piensa que ya ha cumplido al mes como buen contribuyente y ya está (FALSO!!!). Falta otra contribución adicional que hace la empresa en su nombre cada mes (aproximadamente el 32% de su salario bruto).
Lo siguiente que describo es lo que considero el 1er. secreto mejor guardado de la Seguridad Social ante el contribuyente (y nunca suficientemente explicado por el empresario al trabajador):
Cuando un trabajador dice que gana 1.000 euros brutos al mes y, nada más que eso, no es verdad. GANA REALMENTE 1.320 euros (esos 320 euros adicionales de su salario real es la aportación empresarial a la Seguridad social que todo empresario ingresa CADA MES por los 1.000 euros brutos declarados de su trabajador contratado, lo hace en nombre del empleado y es lo que hay que añadir además a esos 63 euros que se le ha retenido en su nómina como aportación a la Seg. social por parte del trabajador. Por tanto cada mes la empresa ingresa religiosamente 383 euros por su trabajador declarado que normalmente piensa que su empresa ingresa tan sólo 63 euros en su nombre (pues es lo único que ve un su nómina), cuando lo que realmente está ingresando su empresa en total son 383 euros cada mes a nombre de Fulanito de Tal. Por tanto, este Fulanito acapara en cotizaciones anuales unos 4.600 euros: que son sus supuestos "derechos" como cotizante que se le suman cada año frente a la Seguridad social).
Como la actual jubilación es a los 65 años, cuando Fulanito se jubile podría muy bien haber trabajado 40 años (NOTA: pueden ser menos años de trabajo, pero aceptamos esto porque no estoy considerando ninguna revisión salarial por IPC, por antigüedad o por simple trabajo bien hecho; ya se sabe, hay que dar carnaza al ignaro "progre" para que pueda sentenciar lo de "por culpa del empresario explotador!") . Bien, imaginemos que trabajando 40 años, a 4.600 euros de ingreso anual a las arcas de la Seguridad social, Fulanito acaba teniendo en cotizaciones a su nombre unos 184.000 euros (no importando que haya contribuido una sola empresa o varias a lo largo de sus sufridos 40 años de trabajo).
Se acaba de jubilar Fulanito y se frota las manos pensando que tiene "derecho" a los 184.000 euros por toda su cotización durante 40 años (recuerdo: aunque la empresa haya sido la que los haya ingresado, lo ha hecho siempre a su nombre y como parte descontada de su salario real, que es = salario bruto + aportación de la empresa a la Seg. social en su nombre). Pues va a ser que no.
Y ahora viene lo que considero es el 2º secreto mejor guardado de la Seguridad Social ante el contribuyente (y nunca suficientemente explicado por el economista al honrado ciudadano):
Mientras el sufrido Fulanito ha trabajado todos estos años, su cotización mensual ingresada en su nombre a la Seguridad social por la empresa que le tiene contratado cada momento (383 euros cada mes, 4.600 euros al año) NO SE CAPITALIZA, es decir, la Seguridad social no lo invierte (por ejemplo: en fondos de pensiones o en bonos del Tesoro o en acciones de Telefónica...). Lo que realmente hace la Seguridad social es gastarlo inmediatamente en pensiones, prestaciones de desempleo y en asistencia sanitaria. Es decir no se crea ningún derecho real para el trabajador Fulanito. Esos 184.000 euros "ahorrados" son como el cuento de la lechera para Fulanito: Aire.
Y ahora viene lo que considero es el 3er. secreto mejor guardado de la Seguridad Social ante el contribuyente (y nunca suficientemente explicado por el penalista a su cliente):
Si yo monto una empresa privada y hago lo mismo que la Seguridad social (aunque sea a pequeña escala) me meten derechito en la cárcel: los sistemas piramidales de aceptación de ingresos sin capitalizar y gastados sin más (aunque sean para fines humanitarios) son un DELITO como una casa!!!
El keynesiano o socialdemócrata aludirá que eso es una excepción pues se hace por parte del Estado y de forma general a toda la población activa (y que no cabe considerarlo como delito). La verdad es que sigue siendo una actividad delictiva, con la única diferencia que es masiva pues alcanza a toda la población trabajadora del Estado (es como el cuento del Traje nuevo del Emperador: como se ha ido extendiendo progresivamente desde la 2ª Guerra Mundial a muchos Estados sociales y asistenciales, todo el mundo lo acepta y se cree, además, que es objetivamente bueno).
Pero sigamos: Fulanito no decae en su fe en el Estado asistencial (ni en sus gestores de cada momento); me dice que ha cobrado por las veces que ha estado enfermo o de baja en los 40 años de trabajo. Esto es una verdad a medias: sí ha tenido contraprestación medico-social pública (con las deficiencias que todos conocemos, salvo hermosas excepciones), pero con lo que ha cotizado, si hubiera pagado (digamos tan sólo la mitad de lo cotizado) en un seguro médico privado seguramente le hubiesen venido a recoger en helicóptero cada vez que lo hubiese precisado. Seamos realistas: lo normal es que, sin Seguridad social, hubiese necesitado tan sólo unos 600 euros al año (es decir unos 24.000 euros en sus esforzados 40 años) por su seguro médico privado (y con un servicio médico razonablemente bueno).
Bien, pero ahora Fulanito es un anciano y está jubilado y me insiste en que va a cobrar una buena parte de esos 184.000 euros en pensiones pase lo que pase (FALSO!!!).
Ahora es momento de hablar del 4º secreto mejor guardado de la Seguridad Social ante el contribuyente (y nunca suficientemente explicado por el Ministerio del "Trabajo" al currante):
La verdad no es así de simple. Recordemos que Fulanito no tiene derechos sino una mera perspectiva a cobrar (y además con condiciones restrictivas: si quiere cobrar su pensión completa, debe haber cotizado un mínimo de 35 años; si quiere cobrar, al menos, la mitad de su pensión, debe haber cotizado un mínimo de 15 años; además hay limitaciones en las bases, siempre para cobrar menos. Recuérdese lo que ha sucedido en Italia y en Alemania recientemente, han elevado la edad de jubilación a 68 años) y, sobre todas las cosas, se precisa absolutamente que haya suficientes trabajadores en activo y que coticen suficientemente para que Fulanito cobre cada mes su pensión. Si la Seguridad social quiebra (nada improbable en caso de mala gestión política, o demasiados años de social-democracia del bienestar) el Fulanito se queda sin nada de nada; no pudiendo reclamar nada al Estado por indemnización, porque su dinero que ha aportado como cotización no ha sido capitalizado (ver secreto nº 2); en ese momento se da cuenta que no eran derechos reales, sino meras "EXPECTATIVAS A COBRAR" (ahora sería Fulanito "Pringao").
Pero imaginemos que Fulanito se jubila y tiene la gran suerte de que no se quiebra la Seguridad social, podrá cobrar una pensión de aproximadamente la mitad de su salario y sólo la tocará cada mes (serán en el mejor de los casos unos 500 euros al mes mientras esté vivo). No podrá rescatar todo lo aportado como sucede generalmente en las inversiones capitalizadas y, por tanto, no podrá comprarse una casa o hacerse su viaje soñado a las islas de la Polinesia después de jubilarse o simplemente reinvertirlo en lo que estime oportuno dadas las rentabilidades de ese momento.
Pero imaginemos otro escenario: que Fulanito se jubila y tiene otra vez la gran suerte de que no se quiebra la Seguridad social pero, lástima, la palma porque 65 años es una edad más o menos razonable para visitar a Dios. Pues en ese caso sus herederos no heredan nada de esos 184.000 euros (como mucho su viuda una pensión mínima; y si sólo quedan sus hijos, nada de nada, que es nada. Eso sí sus hijos deberán, mientras trabajen, cotizar religiosamente a la Seguridad social, y el ciclo se repetirá…).
Fulanito, desde el Cielo, me dice, que no importa, pues todos los sistemas de Seguridad social de las economías keynesianas son iguales (incluida la ejemplar Canadá); Además no se ha probado ningún caso de privatización de la Seguridad social con éxito en la tierra (FALSO OTRA VEZ!!!).
Finalmente está el 5º secreto mejor guardado de la Seguridad Social ante el contribuyente (y nunca suficientemente explicado por el político a su votante):
Existe a mediados de los 80 el ejemplo del sistema alternativo de seguridad social privada del CHILE DEMOCRÁTICO: Se puede hacer progresivamente y de forma alternativa: el trabajador opta por seguir en el público (sin capitalizar) o en el privado (capitalizándose).
Actualmente más del 44% de los trabajadores han optado por el sistema de seguridad privada; es decir seguro médico completamente privado y, lo que resta de cotización (que es la mayor parte) se invierte, y, además, produce buenos intereses y derechos reales para el trabajador (allí empieza a haber muchos Fulanitos "Enteraos").
Francisco Moreno

Carlos Cruz

Coincido con Sergio Monzón en que pocas veces he leído tantas verdades juntas en tan poco espacio. La sanidad pública es un mal que se retroalimenta a sí mismo. A los políticos les interesa aumentar el número de funcionarios para asegurarse de que cada vez haya más aprovechados dispuestos a defender todo el tinglado público, del cual viven. A más funcionarios metidos en el sistema, más votos para que no se privatice nada y todo siga igual (o mejor dicho, peor). Para financiar un sistema mastodóntico público el Estado no tiene más remedio que aumentar los impuestos a los ciudadanos, que así pierden, día a día, más cotas de su libertad. Aparte de que el aumento de impuestos provoca que las empresas huyan del país con la consecuente disminución de la riqueza. Al final todo se convierte en un círculo infernal que puede llegar al colapso total de un país, tal y como le pasó a Argentina en el año 2000.
Está claro que la Sanidad Pública y las pensiones del Estado son un inmenso error con el que hay que acabar. Los políticos nos han engañado como a chinos y ya es hora de que espabilemos y no nos volvamos a dejar engañar jamás. Ya es hora de que los ciudadanos entendamos que los impuestos son un robo inadmisible y una negación de nuestra libertad y de nuestra capacidad para decidir por nosotros mismos. Cuanto menor sea el sector público mejor será para todos.

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