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Comentarios

Portada - Comentarios - Política exterior y defensa nacional

22/09/2008 - Juan Morillo Bentué

Política exterior y defensa nacional

Cada parte o región del planeta está gobernada por una organización estatal, y dado que esta situación no parece que vaya a cambiar en un futuro cercano, la cuestión de las relaciones interestatales (políticas exteriores) toma importancia. Concretamente, nos interesaría dar respuesta a la pregunta de si existe algún criterio liberal para valorar una determinada política exterior.

El objetivo liberal es el de reducir al mínimo el grado de coacción ejercido por el Estado sobre las personas concretas, ya sean nacionales o extranjeras. Para cumplir este objetivo, el principal elemento de una política exterior liberal debe ser la neutralidad o no-intervención. Ningún país puede pretender gobernar y dirigir el mundo o una de sus partes. Su soberanía no puede traspasar sus fronteras. Las intervenciones de unos países sobre otros están injustificadas.

Un motivo que aleja claramente al liberalismo del intervencionismo militar es que al apostar por este último, el Gobierno incrementa la posibilidad de entrar en guerra y fomenta la hostilidad de los países intervenidos. Esto es lo que ha provocado el Gobierno estadounidense en mayor o menor medida al aplicar sanciones económicas; al intervenir y tomar partido en conflictos; al estacionar tropas en decenas de países; y, sobre todo, al tratar de vigilar y "hacer un mundo mejor, libre y democrático" para todas las naciones, convirtiéndose así en una especie de super-estado que busca ejercer y detentar el monopolio de la fuerza sobre todas las regiones del planeta. Con su activismo intrusivo interior y exterior, no deja de poner en peligro la vida de sus ciudadanos. Los presidentes de los Estados Unidos harían bien en escuchar y seguir las ideas de Ron Paul, no-intervencionista convencido, al que muchos consideran el "descendiente directo" de los Padres Fundadores (George Washington y Thomas Jefferson apostaban claramente por el no-intervencionismo unido con la libertad para comerciar y el libre intercambio cultural).

Otro efecto nefasto del intervencionismo militar es la violación sistemática y creciente de derechos individuales y la expansión de la organización estatal. Es decir, la tiranía interior. Se supone que la principal función de los estados es protegernos. Sin embargo, observamos continuamente que no sólo son incapaces de prevenir ataques terroristas sino que, además, utilizan las crisis para ampliar e incrementar su poder a expensas de las libertades y propiedades de sus ciudadanos/súbditos. No dudan en explotar las crisis a fin de proporcionar una poderosa justificación para sus irresponsables acciones políticas, legales, militares y fiscales. Toda guerra es la ocasión más propicia para un Estado para aumentar y ampliar la agresión fiscal contra el propio pueblo. La guerra es, sin duda, el alimento del Estado (Randolph Bourne), ya que gracias a ella los estados incrementan su poder absoluto sobre la economía y la sociedad.

Lo cual no significa que la política exterior liberal sea pacifista. El axioma principal de la teoría liberal propugna que nadie puede agredir la vida o propiedades de otra persona. No defiende el derecho a usar la violencia contra un no-agresor, pero sí el derecho a protegerse de una agresión. La política exterior liberal tampoco es aislacionista. El aislacionismo ciertamente es no-intervencionista, pero implica también el proteccionismo económico nacional. Este elemento es evidentemente contrario a lo defendido por los liberales, que apuestan por unir a las personas de los distintos países del planeta mediante el libre comercio.

Pese a que los casos concretos pueden ser difíciles de evaluar por la falta de información y por su complejidad, la evaluación de una política exterior debería basarse y tener en cuenta los siguientes aspectos:
  1. Seguridad. En qué medida las acciones de un gobierno protegen o ponen en peligro la seguridad de sus ciudadanos.
  2. Libertades individuales. La capacidad de los gobiernos de proveer seguridad sin violar los derechos individuales de sus ciudadanos.
  3. Apertura y prosperidad económica. En qué medida los gobiernos favorecen o dificultan con sus acciones la armonía, la cooperación y la amistad entre los ciudadanos del país y la gente de otras naciones. Los gobiernos deberían reducir los impuestos, el gasto militar y fomentar el libre comercio con otras naciones.

 

Opinión de los lectores

Isidoro

Es bastante cabreante que cada cierto tiempo de hagan artículos de este tema como en aparente olvido de las refutaciones de entidad que pesan sobre él.

El imperialismo es legítimamente liberal: http://www.siracusa20.com/?opc=articulo&id=36

josan

Excelente artículo, Juan.
1. Para los que aún no lo han entendido, la necesidad de superar el Estado no tiene nada que ver con eliminar el conflicto ni la coacción. Tiene que ver con una manera poco práctica de manejar las relaciones sociales y, especialmente, poco ética. Los apologistas del Estado y de las guerras que éste inicia son los particularmente más interesados en extender su propia riqueza y su propio poder a expensas tanto de conciudadanos como de los ajenos.
2. Las guerras de los Estados, incluida la antiterrorista, incrementa la respuesta enemiga a largo plazo aún cuando parece tener éxito a corto plazo. Rebajar la expectativa inmediata de triunfo del enemigo sólo lleva que su respuesta se alargue en el tiempo y aumente su sofisticación y eficacia. Una carrera sin fin en la que los plutócratas del poder militar (y sus proveedores) ganan y los demás perdemos.
3. Las guerras modernas, iniciadas a lo largo del siglo XIX y triunfantes con la PGM y posteriores, aportan la destructividad propia del Estado-pueblo-nación. Ya no son los ejércitos del rey los que se baten contra soldados de otro rey. Son un Todo contra otro Todo. Y dado que dos todos no pueden coexistir, es necesaria la destrucción total. La realidad refuta esta propensión moderna, pero se insiste en ella porque sólo interesa el poder total de quienes se lucran con ello.
Insisto, muy buen artículo y gracias por ello.

jcha

Magnífico artículo!

Isidoro

Este artículo no es sino una vulgar recensión de los argumentos aislacionistas de Ron Paul (posiblemente sea una práctica transcripción de sus argumentos). Pero, pese al rechazo de la etiqueta del aislacionismo y toda la gaita, es algo evidente que la postura de Ron Paul es históricamente dudosa y políticamente risible.

La interpretación de que en alguna parte de la Constitución de EEUU se prohíbe la guerra es pura invención. Apelar a opiniones parciales de los padres fundadores para dar respaldo a una interpretación subjetiva de la Constitución es, además de inútil por lo evidente, rechazable en tanto muchos padres fundadores diferían en diversos asuntos. No es posible, ni de broma, considerar que los EEUU se fundaron sobre el pacifismo y esto se comprueba en tanto a penas unas décadas después de su independencia y la firma de la Constitución EEUU doblaron su tamaño. Los EEUU, acaso en coherencia con una parte que no se suele citar de la carta de despedida de George Washington, son desde el principio una república imperialista que aspira a iluminar a la Humanidad y liberarla. Para esta superioridad moral tenían buenas razones pero con el avance de la técnica y la demografía gozaron además de fuerza para sustentarlas. Fue curiosamente entonces cuando el aislacionismo se evaporó (para volver luego, al modo hegeliano, como parodia histérica) y EEUU afrontó tareas tales como la misma conquista de Nicaragua...

EEUU es un imperio peculiar porque suma razón democrática a una maquinaria militar invencible. Pero, al fin, es un imperio. Y es cierto que al mayor poder e influencia le sigue una mayor esfera de enemigos. Pero tal análisis obvia que los dividendos del imperialismo norteamericano se han traducido, de momento, en al menos dos salvaciones de Europa Occidental frente al totalitarismo alemán y ruso (cosa que también pueden agradecer varios países del Sudeste Asiático y el Extremo Oriente). Ganar al capitalismo liberal nada menos que a dos naciones verdaderamente perdidas como Alemania o Japón no es ninguna tontería y la defensa que se ha dotado a otros países tampoco. Estos dividendos también revierten en los propios EEUU, que puede contar con socios estratégicos y comerciales. Una buena inversión. Y mejor podría ser si EEUU interviniese directamente en África.

La referencia a las guerras previas a la Revolución Francesa como un marco idílico en contraste con uno totalitario con ejércitos nacionales es incomprensible cuando pasa de la licencia poética. Porque según esa argumentación... ¿dónde habríamos de meter cosas como la guerra de los treinta años? Y lo que es más importante: con esa diferenciación entre el antes y el después... ¿se sugiere que podría haber sucedido otra cosa? ¿Qué clase de arrogancia platónica es esa? ¿Alguien puede detener la historia?

Y por supuesto, las sugerencias de algunos a que las guerras son algo así como culpa de mercaderes de la muerte... en fin. De risa.

Todo, en suma, la misma papillita hoppeana y ronpauliana de siempre. ¿Y la originalidad?

josan

El comentario de “Felipe” no es sino una vulgar recensión de los argumentos neoconfascistas de Leo Strauss (posiblemente sea una práctica transcripción de sus argumentos). Pero, pese al rechazo de la etiqueta del neoconfascismo y toda la gaita, es algo evidente que la postura de Leo Strauss es históricamente dudosa, éticamente perniciosa y políticamente risible.

La interpretación de que en alguna parte de la Constitución de EEUU se justifica la guerra es pura invención. Apelar a opiniones parciales de los federalistas y linconlianos para dar respaldo a una interpretación subjetiva de la Constitución es, además de inútil por lo evidente, rechazable en tanto muchos padres fundadores diferían en diversos asuntos. No es posible, ni de broma, considerar que los EEUU se fundaron sobre el militarismo y esto se comprueba en tanto a penas unas décadas después de su independencia y la firma de la Constitución EEUU mantuvieron el ejército más reducido de América y, por supuesto del orbe occidental. Los EEUU, acaso en coherencia con cualquier parte que se cite de la carta de despedida de George Washington, son desde el principio una república aislacionista que aspira a iluminar a la Humanidad con su ejemplo. Para esta superioridad moral tenían buenas razones pero ni el avance de la técnica y la demografía les resultaron suficiente justificación para abusar. los wilsonianos. Fue curiosamente entonces cuando el militarismo wilsoniano se impuso (para quedarse, al modo marxiano, como burla histórica) y EEUU afrontó tareas tales como la misma conquista de Nicaragua con los resultados democratizadores y salvíficos por todos conocidos.

EEUU es un imperio peculiar porque pretende que la razón democrática justifique a una maquinaria militar (tan antiliberal como antidemocrática) invencible. Pero, al fin, es un imperio tanto menos original cuanto más imperio. Y es cierto que al mayor poder e influencia le sigue una mayor esfera de enemigos. Pero tal análisis obvia que los dividendos del imperialismo norteamericano se han traducido, de momento, en un error garrafal en la PGM y en los acuerdos derivados, que llevaron, inevitablementes, al desastre de la SGM y la expansión del imperio soviético. Entre dividendos y pérdidas, los norteamericanos dejaron de capitalizarse en diversas décadas y los demás, mucho más.

La referencia a las guerras previas a la Revolución Francesa como un marco analítico en contraste con uno totalitario con ejércitos nacionales es imprescindible para ubicarse históricamente y poder definir el transcurso histórico calibrando los costes de oportunidad. Es decir, usando la razón y el buen sentido para no tragar pánfilamente toda sacralización del statu quo, querido rec de neocons.

Y por supuesto, la sugerencia de que las guerras son algo así como las parteras de la Historia reproduciendo a Marx, Karl,... en fin. De risa.

Todo, en suma, la misma papillita straussiana y rumsfeldiana de siempre. ¿Y la originalidad?

Coup de Bâton is the village green preservation society

"La interpretación de que en alguna parte de la Constitución de EEUU se justifica la guerra es pura invención."

Bueno, ese es el punto, que ni se justifica ni se deja de justificar. No hay en la Constitución americana nada sobre la moralidad de determinada política exterior o de las guerras salvo el ya conocido trámite de la necesidad de autorización del Congreso para declararlas. Algunos han querido ver en esta norma una especie de cláusula aislacionista. Pues vale, allá ellos.

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