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Portada - Comentarios - Nacionalismo liberal vs. intervencionismo secesionista

29/09/2008 - José Carlos Herrán

Nacionalismo liberal vs. intervencionismo secesionista

Es factible que los planteamientos esgrimidos por el llamado nacionalismo liberal levanten suspicacias y resquemores entre muchos liberales. Tal situación es debida a una combinación de dos elementos: por un lado, prejuicio al aproximarse a los fundamentos y conclusiones de la teoría; y por otro, que dicha teoría no ha sido contrastada con la realidad de forma explicativa.

El nacionalismo liberal concibe las naciones como subconjuntos de la sociedad civil. Su entidad es evolutiva, cambia constantemente sin que sea posible domar dichos cambios de forma intencional. Las naciones son comunidades políticas donde no sólo se establecen lazos interpersonales en base a una lengua común, un sustrato cultural similar o identificable, e incluso una raza, sino también por el intenso intercambio comercial entre sus grupos definidos.

Las naciones mutan, se escinden y fusionan. Es imposible hablar de naciones puras determinadas por uno o varios elementos de comunión social. La realidad es otra muy distinta, la espontaneidad prima sobre las apreciaciones que individuos concretos, movidos por sus propios juicios, puedan inferir del orden social en el que se desenvuelven.

Todo esto se hace añicos en el momento en que estructuras de dominación con base territorial irrumpen en el proceso social y de mercado. Una cosa es la organización concreta que cierta comunidad, o parte de esta, adopte en la resolución de cuestiones puestas en común, politizadas y hechas públicas, como pueda ser la persecución de los ilícitos o la definición y defensa de la propiedad. Las estructuras de dominación son otra muy distinta. Lo que hoy llamamos Estado no es únicamente organización política, sino también agresión arbitraria sistemática e institucionalizada. En ese sentido enfocamos nuestra crítica y lo introducimos en la reflexión sobre el nacionalismo liberal.

Los Estados se atribuyen competencias que sobrepasan con creces el interés espontáneo de puesta en común, o discusión política, sobre problemas o conflictos concretos de la comunidad. Cuando un Estado pretende su propia pervivencia apuesta por una sociedad cohesionada en torno a lazos de los que sólo la realidad nacional es capaz. Los Estados pueden surgir sobre una base nacional definida; esto facilita las cosas, aunque padecerá de igual manera los cambios futuros. Del mismo modo, los Estados pueden imponerse sobre realidades nacionales mixtas, o diversas, adoptando un patrón concreto, ya sea en cuanto a instituciones políticas, cultura o lengua, que trata de asignar al todo como herramienta de cohesión social. Es ahí donde comienza el desastre.

España, y esa es mi impresión, como otras muchas grandes naciones (hablo en territorio y población) existía mucho antes de que se constituyera sobre ella un Estado. España surgió de forma espontánea; la extensión del castellano y su conversión en lengua española, por su uso común, no se impuso, fue libre y progresivo (preferimos no remontarnos mucho más en el tiempo, no merece la pena). España, al margen de la monarquía o del Estado moderno, existía como nación en su diversidad; refiriéndonos a épocas tan antiguas, con unas comunicaciones difíciles y una forma de vida muy distinta a la actual, inevitablemente la "pureza nacional" prácticamente se reducía a la comarca, cuando no a la aldea.

Las tendencias actuales de secesión nacionalista no se fundamentan en movimientos libertarios que apuesten por la desaparición del Estado español y la vuelta al proceso libre de formación nacional. El nacionalismo anti-español de nuestros días es profundamente intervencionista, y no hablo ya de medidas económicas concretas, sino en su aspiración por construir realidades nacionales a partir de la imposición coactiva de lengua, cultura o creencias populares. Ese rasgo desprestigia cualquier movimiento nacionalista, sea periférico, o centralista. El Estado (todo él, comunidades autónomas y ayuntamientos incluidos) no es o no debería ser quién para tratar de diseñar lo que es un ejemplo evidente del orden espontáneo y el cambio social indeliberado.

 

Opinión de los lectores

Fonseca

Estoy de acuerdo contigo en lo que dices sobre el independentismo, Pero respecto a la nación, como término evolutivo que es ¿no es un poco impreciso asegurar que TODOS los españoles comaprtimos una misma cultura?

¿Nacionalismo liberal? Si, el que cada uno quiera ver. El que se sienta español, genial. El que se sienta catalán, vallisoletano o occidental a secas, también.


Fonseca

jcha

Yo no afirmo que todos los españoles compartan una misma cultura (en sentidos estricto). De hecho, si así fuera, sería un claro ejemplo de ingeniería nacionalista, en este caso, desde el Estado central. Prefiero no entrar en disquisiciones históricas o metahistóricas, pero entiendo que, por una razón u otra, España ha tenido una consistencia, unos hilos, como dice alguno que otro pensador e historiador, que sí permiten afirmarla como nación (diversa, como toda Nación relativamente amplia, dispersa y antigua).
Personalmente no me preocupa demasiado que de forma espontánea esos hilos se deshagan o refuercen, que por intensidad de trato, Gerona o Guipúzcoa, acaben siendo más parecidas a las regiones francesas colindantes y terminen formando una realidad nacional distinta. Lo que me aterra y genera rechazo es la intervención de esos Estados incipientes llamados Comunidades Autónomas y sus intentos por consolidar y legitimar su dominio y expolio sobre las bases de una supuesta regeneración nacional.
Esa decisión de algunos, arbitraria y caprichosa, rompe vínculos y envilece relaciones. La ruptura sería forzada y seguramente violenta, divide a sus poblaciones, sometiéndolas a procesos de inmersión y adoctrinamiento. Es violencia política en su máxima expresión. Desgraciadamente la unidad del Estado español es lo menos malo con lo que debemos enfrentarnos los que defendemos la libertad.
El nacionalismo liberal expone unas conclusiones, teorías y leyes de tendencia que merecen nuestra atención, más si cabe cuando puede llegar a ser excusa de lo que en realidad es un secesionismo intervencionista en toda regla. Ahora, tengamos en cuenta una cosa: al vincular el gasto público con el territorio (lo próximo) y alimentar la idea de que esas necesidades de gasto no se corresponden con los ingresos que efectivamente se generan en dicho territorio, hace que muchos, al margen de la bronca política y sus actos de inmersión, simpaticen con la segregación y la independencia fiscal… en Cataluña, pero poco a poco, también en el resto de comunidades “ricas”. Quizá en eso podamos hallar, tristemente, un conato de paulatina e “inintencional” ruptura de la unidad de España. Todo se verá.
Saludos, y gracias por tu comentario.

Bastiat

José Carlos, me gustaría que abundaras un poco más en el concepto del nacionalismo liberal porque ciertamente no es mi idea ni de lo que es el nacionalismo ni de lo que es su relación con el Estado.

Por un lado yo entiendo que el nacionalismo es en si la puesta en común de un sentimiento grupal que se manifiesta en la homogeneización cultural, social, económica y jurídica que acaba teniendo su máxima expresión en la creación de la superestructura del Estado para llevar a cabo dicha labor. Y dicha labor tiene inexcusablemente una aplicación geográfica delimitada. Y esto ocurre así aunque no se quiera porque las demás naciones imponen sus superestructuras, sus formas organizativas y jurídicas en su territorio que es, en el fondo, la justificación y plasmación de toda nación, la creación de un espacio donde se hace realidad el grupo.

Esto es así sin pretender especificar taxativamente qué valores culturales, sociales y económicos forjan una nación sino que todo ello está íntimamente implicado en la formación de la misma.

Esta matización la hago porque yo si creo en un nacionalismo liberal entendido como la expresión de un grupo humano que tiene como identificación cultural la libertad del hombre, la expresión social de esa libertad, sus relaciones económicas libres protegidas por un cuerpo jurídico y judicial eficaz todo ello representado en un Estado que sea reflejo efectivo de dichas características del grupo y, como consecuencia de ello, con unas misiones y capacidades específicas y limitadas exclusivamente a esa función.

Dicho esto, una cosa es el nacionalismo liberal y otra muy distinta es el nacionalismo indentitario, racial, cultural, colectivista, excluyente, separatista o imperialista, que son variaciones sobre la idea anteriormente expuesta.

Evidentemente en el momento en el que el nacionalismo no liberal genera su superestructura estatal orientada a sus fines particulares usa esos mecanismos para la consecución de esos fines al igual que el nacionalista liberal pero sin las trabas que el liberalismo por definición tienen que imponer a la acción del Estado.

Por tanto, difícil encaje tiene dentro del nacionalismo liberal toda referencia a la actuación del Estado como poder omnímodo porque la principal identificación del liberal es la defensa de la libertad individual.

Gorka

Se apuntan varias ideas, como que si el nacionalismo si fuera liberal, sería aceptable, y se acepta la tesis de que la nación es algo cognoscible y que tiene un derecho, el de secesionarse. Me temo que se están aceptando demasiadas premisas antiliberales. Conviene leer más "The right to ignore the STate" the Herbert Spencer y menos, el ensayo de Huerta de Soto sobre esta materia. Y es que por muchas vueltas que le demos al asunto, el nacionalismo es colectivista, aspira a que una comunidad se dote de un Estado y utiliza la lengua como señal de identidad para construir esa nueva sociedad. Suprime las diferencias en la medida que puede y margina a quienes no comparte la idea de esencial del pueblo.

Bastiat

Gorka... en mi caso, no sé José Carlos, no me voy a leer el libro de Spencer salvo que estuviera traducido y fuera cortito. En mi caso defiendo un nacionalismo liberal con las premisas con las que lo hago mas que nada porque explican lo que es el sentimiento de un grupo humano basado en la defensa de la libertad individual.

Si no lo quieres llamar así, nación, habría que llamarlo de alguna manera. Si se circunscribe a un determinado territorio y no quieres llamarlo país, habría que llamarlo de alguna manera. Y si se generan estructuras, cualquiera que sea por mínima que sea, para hacer realidad efectiva ese sentimiento grupal y no quieres llamarlo Estado habría que llamarlo de alguna manera.

Espero alguna idea al respecto. Porque defender la individualidad dentro de un Estado totalitario queda romántico, peligroso y, sobre todo frustraste.... sobre todo si no se sabe a donde se quiere llegar.

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