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Portada - Comentarios - Breves notas sobre pobreza y liberalismo

02/10/2008 - Ángel Martín Oro

Breves notas sobre pobreza y liberalismo

Una de las acusaciones más recurrentes con las que se ataca al liberalismo y a los defensores del libre mercado es la de que no tiene en cuenta a las personas con menos recursos y más desfavorecidas. Esto es así porque, según argumentan, el funcionamiento de una economía capitalista y libre conduce a grandes desigualdades de rentas, donde una parte de la población vivirá con mucho, y otra al borde de la miseria. Y dado que este resultado no se considera bueno, se justifica la intervención del Estado en múltiples campos, con el objetivo de redistribuir la renta y así favorecer a los más pobres.

Sin embargo, desde el punto de vista liberal, este análisis está lejos de ser válido, por varias razones, y la intervención estatal con fines aparentemente solidarios suele tener efectos contraproducentes. O dicho de otra manera, que éste es un caso particular de la crítica general del intervencionismo, por la cual éste fracasa en cumplir los fines que se propone.

En primer lugar, podemos apuntar a la tendencia histórica de los últimos siglos en Occidente, y de otros muchos países más recientemente, en la que la pobreza se ha reducido drásticamente, y los niveles de vida de toda la población, incluidos los menos favorecidos, han aumentado considerablemente, gracias a la aplicación (parcial, todo sea dicho) de los principios económicos liberales.

En segundo lugar, es muy posible que en estos razonamientos intervencionistas se encuentre implícita la falacia del non sequitur, tan presente en la justificación teórica de la intervención estatal en la teoría de los fallos del mercado. Del hecho de que el Estado realiza funciones importantes para la sociedad, se deduce que sólo el propio Estado puede proveer de esos bienes o servicios. En el caso que nos ocupa, se piensa que si no fuera por las instituciones públicas, nadie se ocuparía de los más necesitados. Sin embargo, sí existen alternativas privadas. Es más, en algunos países (como el caso de Argentina), existían organizaciones privadas que llevaban a cabo tareas de acción social de todo tipo. La labor de estos colectivos fue disminuyendo a medida que la intervención del Estado se entrometió en estos asuntos. Es decir, que normalmente el Estado no es un complemento de las actividades de caridad privada, sino un sustituto, ya que se reducen los incentivos de la gente a preocuparse por los más desafortunados.

Otros ejemplos de alternativas privadas de caridad se pueden encontrar en organizaciones religiosas u otro tipo de entidades que sirven a estos mismos fines.

Y en tercer lugar, cabe preguntarse si realmente los programas gubernamentales y la redistribución reducen la pobreza a largo plazo. Esta pregunta la responde negativamente Howard Baetjer, analizando los planes de la Gran Sociedad de Lyndon Johnson en los 60 y demostrando su gran fracaso. Y es que, como dijo Henry Hazlitt: "la doble pregunta que todo plan para aliviar la pobreza debe responder es: ¿cómo se pueden mitigar las penalidades del fracaso y la desgracia sin desincentivar el esfuerzo y el éxito?".

Por último, y aunque no debería hacer falta decirlo, no es que los liberales estemos en contra de los pobres, obviamente, es que creemos que las medidas intervencionistas hacen más mal que bien a los más desfavorecidos y que, como expone George Reisman, el sistema capitalista de libre mercado es el único sistema económico que lleva a un mayor bienestar material para toda la población.

 

Opinión de los lectores

Eugenio Martín Velázquez

Y yo añadiría que jamás los liberales hemos impedido que los amantes de los pobres otorguen todos sus bienes e ingresos a los mismos, lo que no me parece tan liberal es que me quiten con la fuerza mis ingresos para dárselos a los pobres que ellos decidan…..

jcha

Un comentario muy oportuno,
Si seguimos a Hayek en este aspecto podemos afirmar que el orden extenso, dinámico y eficiente que sólo es posible a través del libre mercado se forma cuando no existe la imposición en la persecución de fines colectivos de tipo altruista. Esto no quiere decir que el Liberalismo brinde por el egoísmo, por lo sesgado del argumento, sino que defiende en todo caso que el orden espontáneo que es el proceso social y de mercado, capaz de coordinar y ajustar mejor que cualquier otra alternativa, depende de la libre persecución de fines particulares por parte de los que intervienen en él. Es decir, requiere libertad individual como ausencia de coacción, más allá de formación, igualmente espontánea y evolutiva de unas reglas de recta conducta en forma de moral, Derecho o mero decoro social.
El Estado de Bienestar supone una agresión perpetua sobre esa libertad en la persecución de fines particulares. Encuentra su legitimación en la redistribución de esfuerzos y riqueza en pos de alcanzar objetivos presuntamente comunales, de interés general o maximización del bienestar y la garantización de resultados concretos a grupos de individuos específicos.
En un mercado libre cada uno decide en qué empeñar sus esfuerzos y riqueza. La conducta se disciplina e interiorizan los costes de nuestras acciones. Sentir pena o condescendencia con el desafortunado no es incompatible con el libre mercado, todo lo contrario, como muy bien explicas. La diferencia reside en la libertad con la que se decide emplear recursos propios en ayudar a los demás. Sin el expolio y la redistribución del Estado crecerían las organizaciones y fundaciones al servicio de estas causas. Forma parte de nuestra naturaleza preocuparnos por nuestro prójimo. No tiene porque surgir un Estado Moral que se arrogue el monopolio de la bondad o el altruismo. La Madre Teresa de Calcuta (recurso muy utilizado por economistas austriacos) es el mejor ejemplo de Empresaria. Su objetivo es la caridad, y para ello, libremente, sin expoliar a nadie, captaba recursos y los orientaba en la consecución de sus objetivos…
Bueno, paro ya, jejeje. Un artículo excelente y muy oportuno. Nunca está de más que repitamos con tesón que el Mercado es la forma de interacción y cooperación social más pacífica y que mejores costumbres generas (a lo Montesquieu).
Saludos Ángel!

Javier Hueso

Sobre el caso argentino, es exactamente lo mismo que Russel Roberts señala en su artículo sobre "Caridad" o "Beneficencia", como quiera traducirse, en la "Concise Encyclopedia of Economics". señalando como el aumento de ayudas públicas desde la Gran Depresión ha ido desplazando a la beneficencia privada.

Fabricio Tedel

Y más importante que la asistencia social es el hecho que sin regulaciones la creatividad de la gente pobre aflora al generar ellos mismos riqueza y genera más competencia que beneficia al consumidor.

En resumen más importante que la caridad privada, es el hecho de dar la oportunidad a la gente de desarrollarse por su cuenta y progresar libremente sin castigarlos por superarse cada día.

Véase: El progreso en bicicleta

http://www.letraslibres.com/index.php?art=11154

RAPH

Parece que cuando la gente piensa en capitalismo y libre mercado, sólo piensan en grandes cantidades de dinero y grandes corporaciones. Lo cierto es que yo vivo mi propio micro-libre mercado cuando intercambio libros, comida, tiempo, películas y otros bienes, sin hacer uso del dinero.

Eugenio Martín Velázquez

Utilizar el dinero (oro nunca el papel) es el código de los hombres y mujeres de buenas intenciones porque el dinero se basa en el axioma de que cada uno es dueño de su mente y de su esfuerzo. Cuando se acepta el dinero (oro no ese papel que hoy nos obligan a aceptar) en pago de nuestro esfuerzo propio se hace con la condición de que uno lo podrá cambiar por el producto del esfuerzo ajeno.
Eso es lo que representa el dinero para mí.

Duane

Es un debate perdido en la calle. Cuando se abren los ojos al liberalismo se ve muy claro, pero no es nada intuitivo. El "sentido común" no tiene ninguna duda de que la pobreza se mitiga ayudando a los necesitados. Y en las reuniones de amigos, trabajo, en el bar... es imposible argumentar en contrario.

ECO

Caridad no, justicia social y para ello es necesario el intervencionismo del Estado y una adecuadas política fiscal y redistributiva.

Sin negar las grandes aportaciones que el liberalismo ha hecho en el pasado al progreso y al desarrollo económico es evidente que los mas ortodoxos defensores del liberalismo no provienen de sectores desfavorecidos de la sociedad y por lo tanto son incapaces de comprender la necesidad de las políticas sociales y del intervensionismo del Estado sobre la economía, regulando ,impidiendo abusivas especulaciones, no dando caridad sino promoviendo la justicia social, etc.

Si algo esta poniendo de manifiesto la actual crisis económica es que el liberalismo ha quedado desfasado siendo necesario un adecuado intervencionismo del Estado sobre la economía pues como se esta viendo ni siquiera los liberales se salvan de la misma, la crisis afecta también de diferentes formas al tejido social burgués, muchas empresas esta solicitando la ayuda del Estado para no tener que cerrar, la quiebra de los bancos afecta a todos los ciudadanos, e igualmente la caída de la bolsa.

El principal efecto contraproducente de las políticas sociales es que los burgueses liberales ven reducidos sus beneficios debido a adecuadas y justas políticas fiscales. Las políticas sociales no están enfocadas a crear parásitos sino encaminadas a intentar que ciudadanos que no tienen posibilidad de encontrar por sus propios medios un trabajo puedan tener también una vida digna como cualquier liberal, financiándole la formación, concediéndole ayudas si carece de ingresos , favoreciendo la creación de puestos de trabajo, etc., etc., etc.

No nos mintamos a nosotros mismos, el liberalismo ha aportado a nuestra sociedad grandes logros pero el de la disminución de la pobreza no es un éxito del liberalismo, no es un objetivo a alcanzar por el mismo sino una simple consecuencia de la necesidad que tiene el capitalismo de su principal motor el consumo, esto se ve claramente en los países en vías de desarrollo donde la políticas liberales no logran el desarrollo que era de esperar porque los sectores empresariales de esos países , la burguesía, los liberales buscan para sus productos mercados exteriores y no reparten al no existir adecuadas políticas fiscales los beneficios, contribuyendo a aumentar las desigualdades sociales económicas.


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