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Portada - Comentarios - Una breve crítica a John Rawls

06/10/2008 - Berta García Faet

Una breve crítica a John Rawls

La pregunta estrella de la filosofía política y, en gran medida, de la ética es la de cómo conseguir una sociedad lo más "justa" posible. Al margen de las respuestas más extravagantes, sectarias y trasnochadas se sitúa la de John Rawls, muy apreciada por los más variados pensadores, por considerarse prudente y humanista; no en vano se invoca, en un grado u otro, desde muchas de las propuestas que se consideran a sí mismas "liberales en lo político" (desde la socialdemocracia moderada hasta los defensores del Estado liberal clásico).

Sin embargo, esta teoría no es tan perfecta como parece; en este artículo criticaré brevemente el resumen (y revisión) de Una teoría de la justicia y de algunas conferencias que hizo el propio Rawls en su artículo Justicia como imparcialidad: política, no metafísica.

Rawls, enunciando su teoría como "una alternativa al utilitarismo", apela a una supuesta idea intuitiva fundamental o general según la cual la justicia se corresponde con la imparcialidad (para lidiar con la pluralidad de moralidades), que a su vez se corresponde con la necesidad de que todos los ciudadanos sean libres e iguales (para que sea posible la cooperación y la justicia).

La primera idea no es especialmente criticable –casi todas las teorías parten de que tiene que haber un marco de convivencia, lo más neutro posible, que debe ser respetado–, pero sí ingenua. Rawls expone que la justicia como imparcialidad es una idea que "se mantiene deliberadamente en la superficie, filosóficamente hablando. (...) En lo que he llamado constructivismo kantiano, intentamos evitar el problema de la verdad y la polémica entre realismo y subjetivismo. (...) Esta concepción debería ser, en lo posible, independiente de doctrinas religiosas y filosóficas controvertidas".

Esta neutralidad de las reglas del juego es muy fácil de proclamar, pero extremadamente complicada, por no decir imposible, de cumplir, y ello por dos motivos básicos. En primer lugar, toda propuesta de reglas del juego incorpora, aun implícitamente, una teoría sobre la sociedad y la creación de riqueza: las reglas del juego que propongamos cambiarán totalmente si creemos que la libertad individual es eficiente o si, por el contrario, confiamos más en la intervención estatal. Toda Constitución (que sería supuestamente el instrumento que aseguraría esa imparcialidad) se basa en al menos una teoría que recomienda sus prescripciones.

En segundo lugar, ese famoso overlapping consensus o consenso solapante que propone Rawls ("un consenso que incluye todas las doctrinas filosóficas y religiosas opuestas que probablemente persistan y ganen adeptos en una sociedad democrática constitucional") tiene no pocos enemigos en la práctica: esas doctrinas filosóficas y religiosas, si son fanáticamente proselitistas, chocarán, porque son concepciones de "un bien", en la línea de Platón, Agustín y de Aquino como el mismo Rawls apunta.

Los fanáticos, si respetan el marco de convivencia, no es precisamente porque crean que es el fruto lógico de la diversidad cultural, religiosa e ideológica, sino porque lo conciben como una especie de "campo de fútbol" en el que jugar pacíficamente (mediante evangelización y persuasión) su partido. Apaciblemente... hasta que lo pierden, claro. ¿Qué sucede cuando algún fanático pierde adeptos en masa? ¿Va a conformarse o, por el contrario, va a crear un conflicto contra el resto de doctrinas o a intentar pervertir esas reglas del juego a su favor?

La segunda idea de la teoría de Rawls sí que me parece muy criticable. Es la de que este contrato por el que se asegura la imparcialidad debe ser "firmado bajo las condiciones apropiadas, (...) que deben situar equitativamente a personas libres e iguales y no deben permitir mayores ventajas de regateo a algunas personas frente a otras".

La idea –ingeniosa, en verdad– de Rawls es la siguiente: ¿cómo asegurar la imparcialidad de las reglas del juego si cada uno de los miembros de la sociedad querrá torcer la ley para su propio beneficio? El problema está, por tanto, en la diferencia de intereses: borremos, pues, esos intereses. Es así como propone la "hipótesis del velo de la ignorancia", según la cual, desde "un punto de vista de, y no deformado por, los rasgos particulares y las circunstancias" (refiriéndose en particular a la riqueza y a las habilidades y talentos innatos), todo el mundo estaría de acuerdo en imponer la estricta igualdad de oportunidades.

La hipótesis del velo de la ignorancia es muy criticable por varios motivos, pero voy a centrarme en tres. En primer lugar, como informa Rawls en su artículo, la hipótesis ha sido criticada con toda la razón, entre otros, por Michael Sandel, que la acusa de ser completamente irreal, porque es absurdo concebir a una persona "despojada de todos sus atributos contingentemente dados (...) suponiendo un tipo de estado supraempírico". Una persona, sin su personalidad, sin sus fines y sin sus sentimientos, no es nada; las decisiones no se hacen en el vacío, sino a la luz del "yo soy yo y mis circunstancias" de Ortega y Gasset. O dicho con otras palabras: ¿no es una flagrante contradicción intentar llegar a la igualdad de oportunidades partiendo del vacío o de, lo que es lo mismo, la igualdad absoluta de resultados?

En segundo lugar, la solución de la hipótesis es tendenciosa. Voy a proponer otra solución perfectamente posible de teoría de juegos que se ha omitido: si suponemos que todos los ciudadanos tienen, antes de firmar ciegos por el velo de la ignorancia ese contrato, la misma probabilidad de estar en una posición social u otra, ¿acaso no habrá ciudadanos amantes del riesgo? De la misma manera que, arbitrariamente, Rawls dice que todos apoyarían la imposición de la igualdad de oportunidades, podemos nosotros argüir que habría quien preferiría arriesgarse a resultar ser un poco pobre, por los eventuales beneficios que obtendría de ser un poco rico (porque, naturalmente, los muy pobres y los muy ricos estarían en los extremos de la campana de Gauss y serían marginales). No todo el mundo, en definitiva, es adverso al riesgo y estaría dispuesto a pagar a priori la igualdad de oportunidades, sabiendo que la suerte puede favorecerle.

En tercer lugar, la igualdad de oportunidades no tiene en cuenta ni los efectos perniciosos que causa su propia financiación coactiva ni que no es una solución mágica a la desigualdad. Fundamentalmente porque, siguiendo la hipótesis, una vez los individuos fueran arrojados a la realidad, ya con la igualdad de oportunidades implementada, tendrían características que ese sistema de igualdad de oportunidades no podrá nunca controlar, tales como la suerte o la mala suerte y las necesidades del mercado: ¿o es que, ese sistema de igualdad de oportunidades, ya prevería lo que la gente va a valorar en el futuro y formaría a los alumnos en consecuencia?

En cualquier caso, dado que los recursos son escasos y dado que es imposible montar ese tipo de sistema coactivamente, es una propuesta totalmente utópica y, sobre todo, innecesaria. Para la prosperidad, sólo es necesario que los individuos queden libres para desarrollar sus habilidades. Porque en el capitalismo no hace falta ser el más listo, el más culto o el más ingenioso para triunfar: basta con serlo un poco, y satisfacer las necesidades de alguien que esté dispuesto a retribuirte. Las necesidades, los gustos, las apetencias y los caprichos son infinitos; en la división del trabajo y del conocimiento hay sitio para todos.

 

Opinión de los lectores

Iván Moreno

Los fanáticos, si respetan el marco de convivencia, no es precisamente porque crean que es el fruto lógico de la diversidad cultural, religiosa e ideológica, sino porque lo conciben como una especie de "campo de fútbol" en el que jugar pacíficamente (mediante evangelización y persuasión) su partido.

Todos somos fanáticos según esa definición, Berti (salvo un relativista absoluto). El asunto importante es cuál es ese marco de convivencia, quién lo elige y por qué imponerlo.

Para todo ser moral existe un marco de convivencia contra el que se rebelaría de poder.

El que esté libre de pecado...

Un saludo

Isidoro

El seór Iván Moreno parece ser incapaz de articular otro argumento que el de la equiparación de los contrarios.

Iván Moreno

Señor Isidoro:

En absoluto equiparo contrarios, desde el punto de vista moral.

Lo que no pretendo es jugar con las expresiones para hacer pasar racionalmente todo lo que yo no acepto por fanátismo.

Serán mis enemigos... pero, salvo que el asunto sea propagandístico y yo lo haya tomado por teórico, no acepto dentro del debate teórico la propaganda.

Por lo demás, por supuesto que rechazo, por ignorante o simplemente poco inteligente, a aquel que cree que puede fundamentar la moral en la razón exclusivamente.

Un saludo

Iván Moreno

Voy a poner un ejemplo:

¿Cómo se trataría la imparcialidad con respecto a una moralidad particular como la ablación del clítoris?

Puede existir un marco de convivencia donde se respete semejante tradición. Y puede que los que nos opongamos no tengamos medios para oponernos o seamos minorías.

Si intentamos evitar dicha ablación, seremos fanáticos, según la definición de Berti.

Por el contrario, si el marco de convivencia niega la posibilidad de la ablación de clítoris, los que mantengan su cultura de ablación, serán los fanáticos.

¿Es realmente el problema contra el sistema propuesto por Rawls los fanáticos?

Tal vez, pero no sería más que un corolario que se deriva del primer punto expuesto por Berti.

Toda Constitución (que sería supuestamente el instrumento que aseguraría esa imparcialidad) se basa en al menos una teoría que recomienda sus prescripciones.

Pero esa teoría no tiene por qué ser compartida.

Pedri que se respete el marco de convivencia, sea cual sea, no deja de ser fanantismo.

Un saludo

Eugenio Martín Velázquez

Según Rawls, ¿Qué tipo de sociedad busca, en el que existe la mayor libertad básica igual para todos sus miembros y donde la actividad económica esta organizada para el menos aventajado? La única sociedad que cubriría todos estos criterios y que la calificaría como de sociedad justa rawlsiana yo creo que sería la Anárquica.

De Rawls hay dos suposiciones que no comparto, la primera es que las ganancias y la riqueza están siempre a disposición de la sociedad y la segunda que los accidentes y contingencias de las circunstancias sociales son desde un punto de vista moral irrelevantes.

Berta

Iván, efectivamente lo importante es cómo es el marco de convivencia, quién lo elige y por qué imponerlo. Según Rawls, este tiene que ser lo más imparcial posible, dentro del respeto a ciertas reglas que él concreta apelando al velo de la ignorancia. Yo no estoy criticando la idea de un marco de convivencia, sólo digo que no es una solución mágica (como parece decir Rawls) y que el evangelismo exacerbado es un problema. Bajo mi punto de vista, el marco de convivencia debe girar en torno a la idea de la propiedad privada; para Rawls, para que esto tenga sentido (para que haya cierta cohesión social), ha de haber también redistribución de la riqueza (bajo las condiciones que él plantea).

Para ver quién es fanático y quién no lo es hay que acudir al marco de convivencia que establezcamos, claro está. Pero no sólo eso. También hay que entrar a valorar los razonamientos que impulsan a ese proselitismo, hay que ver cuál es la actitud. Es decir, no se puede ser neutral: hay que hacer valoraciones moralmente para localizar al fanático. Yo sí creo que hay actitudes "liberales" y "liberticidas": no atentan contra la libertad pero les gustaría (y no lo hace, no por convencimiento, sino porque por el momento no ha hallado el apoyo social suficiente). Normalmente lo fanático se corresponde con lo positovo (haz esto) y lo tolerante con lo negativo (haz lo que quieras excepto esto). Pero sí, todo depende del marco de convivencia.

Si crees que quien defiende que el marco de convivencia se ha de cumplir es ser un fanático, es que no crees que pueda tender a la imparcialidad. Ésta es inalcanzable como digo en el artículo, es una utopía, pero sí se puede tender a ella y sí es comparable entre sociedades, al menos por parcelas. Si no se puede alcanzar la imparcialidad es porque todo marco incorpora una teoría con pretensiones científicas: cómo hacer que funcione la sociedad. Pero ese marco incorpora algo más que una teoría "económica"; también incorpora valoraciones morales (no hablo en el sentido austriaco, para que nos entendamos). Un marco de convivencia lo más neutral posible dentro de una sociedad dada reflejará los mínimos comunes de las doctrinas en convivencia. Pero naturalmente hay doctrinas con las que será imposible convivir, y entonces la solución no es rebajar los mínimos del marco de convivencia, sino la separación. Hay culturas, o rasgos de culturas, completamente incompatibles, y no hay por qué forzar la unión. En el caso de Occidente y dejando al margen toda intervención "económica": hay que decirlo claro, con los defensores de la ablación del clítoris no se puede convivir; tendrán que cambiar o marcharse. Y ello porque a pesar de todas las discrepancias que pueda haber entre ideologías occidentales, todas están radicalmente en contra de esa práctica. Y es que en Occidente hay al menos un mínimo común, que se corresponde con el derecho a la integridad física (no a que te la proporcionen sino a que te la respeten, especialmente de prácticas violentas).

Pero por supuesto no todos los casos son tan evidentes, a lo que tampoco contribuye que los marcos de convivencia sean poco claros o que dejen mucho margen a la discrecionalidad.

Iván Moreno

Completamente de acuerdo, Berti, con esta última exposición.

Muchas veces se utilizan adjetivos cono totalitario o fanático para referirse a los que no piensan igual como medio de autoafirmación, sin aportar nada al debate teórico. Y últimamente estoy bastante susceptible con ello.

Pero ha quedado todo aclarado..

Un saludo y un placer.

Berta

Eugenio, yo creo que ese tipo de sociedad es imposible, porque es imposible alcanzar la igualdad de oportunidades y porque lo que trata de conseguir es una "meritocracia" en un sentido bastante distinto al del mercado libre (que no relaciona triunfo con virtud, necesariamente, sino con satisfacción de las necesidades subjetivas de terceros). No creo que esa sociedad sea la anárquica ni mucho menos; lo que está proponiendo en todo caso es una socialdemocracia moderadísima o un Estado mínimo bastante particular.

Gracias a todos por comentar

Eugenio Martín Velázquez

Berta, mi pregunta es y era si la justicia Rawlsiana requiere de la anarquía o del estado.
En su famoso libro, Teoría de la Justicia, J. Rawls desarrolla dos principios que deben ser adoptados como básicos para una sociedad justa. Y creo que afirma que en la ignorancia todos los miembros escogerían tales principios como la base de su sociedad.
Y lo que te decía=preguntaba, es si una sociedad que excluye la coerción satisfaría esos principios o si una sociedad que adopta la coerción, como la estatal, infringiría esos derechos. He definido la anarquía en este caso como una sociedad sin coerción.
De acuerdo con Rawls, la única sociedad justa sería la que lleva a cabo los dos principios siguientes:

Cada persona tendría derecho a la mayor libertad posible pero que fuera compatible con una libertad similar para otros.

Las desigualdades sociales y económicas serán organizadas con el propósito de ser el máximo beneficio para el menos aventajado miembro de esa sociedad (principio de diferencia)

Berta

Vale, no había entendido la pregunta. En ese caso, creo que la anarquía podría cumplir según la teoría austríaca el primer principio, pero no el segundo (y como es una discusión de método, no de intenciones, Rawls y cualquier otro pensador que no pertenezca a la E.A. discreparía); principio que yo, por lo demás, no comparto. Primero, porque es difícil ver a quién afectan determinadas desigualdades. Segundo, porque si esas desigualdades no son fruto de la coerción de la libertad, yo no las juzgo. Y tercero, porque creo en la igualdad ante la ley como principio para "pactar" el marco de convivencia, y "diseñar" (¡como si eso fuera, además, posible) el sistema con el objetivo de que alguien salga a priori beneficiado es de todo menos neutral.

Eugenio Martín Velázquez

Berta lo único que quería decirte es que Rawls para aplicar su teoría necesitaría de una sociedad tipo anárquica. Pero veo que cada día me expreso peor. Yo creo como tu, que Rawls se equivoca y te agradezco personalmente tu dedicación en contestarme. Fin.


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