2005 Instituto Juan de Mariana
El Instituto Juan de Mariana gana el Fisher Venture Grant, un programa para apoyar los think tanks jóvenes
Instituto Juan de Mariana
Reducir tamaño de letra Aumentar tamaño de letra

Comentarios

Portada - Comentarios - El fascismo educativo en materia lingüística

07/10/2008 - Manuel Llamas

El fascismo educativo en materia lingüística

El debate sobre la imposición de las lenguas cooficiales en el sistema educativo español está vigente desde que tuvo lugar la transferencia de las competencias educativas a las comunidades autónomas. A partir de entonces, el uso obligatorio del catalán, el gallego y el euskera se ha ido extendiendo progresivamente en la enseñanza de determinadas regiones, hasta el punto de que un creciente número de familias denuncia la marginación que sufre el castellano en este ámbito, y reclama su derecho a elegir libremente el idioma en el que desean educar a sus hijos.

El problema es que, si bien identifican correctamente la causa que ha originado esta situación, tanto las autoridades políticas como los medios de comunicación fallan estrepitosamente en la solución a aplicar. Es evidente que el auge de los nacionalismos regionales y el ejercicio de su potestad política han terminado por imponer un modelo educativo basado en la marginación del castellano como lengua vehicular. Un sistema que, sin duda, es equiparable al que desarrolló Franco durante su dictadura con respecto a la enseñanza y difusión de las lenguas autóctonas presentes en España desde hace siglos.

El nacionalismo, de toda índole y condición, precisa para su desarrollo de un oponente ideológico al que identificar como enemigo. De ahí, precisamente, la necesidad imperiosa de contar con una serie de rasgos diferenciales sobre los que construir su esencia. En este sentido, la raza, el territorio, la lengua o la religión suelen constituir elementos básicos de la identidad nacionalista. De este modo, tratan de reivindicar su pertenencia a una determinada comunidad (nación) en oposición a otras.

En el caso concreto de España, los gobiernos nacionalistas emplean la imposición de las lenguas autóctonas en sus respectivos territorios para reforzar dicha identidad. Sin embargo, dicha estrategia vulnera el ejercicio de determinados derechos y libertades individuales como, por ejemplo, la libre elección del idioma en el ámbito educativo e, incluso, empresarial. Véase la ley que obliga a los comercios a rotular en catalán o la reciente polémica entre Air Berlin y el Gobierno balear.

Ante tales atropellos, se suele abogar por la búsqueda de un "equilibrio" entre la enseñanza del castellano y el resto de lenguas cooficiales en el seno de la educación pública, o por el ejercicio de un bilingüismo estricto a nivel empresarial. Sin embargo, tales reivindicaciones conllevarían en todo caso un resultado injusto para la libertad de los individuos. Y ello, por el simple hecho de que son impuestas de un modo arbitrario por la autoridad política de turno, ya sea a nivel autonómico o estatal.

Una auténtica política liberal en materia lingüística en ningún caso puede surgir del poder público, sino justo al contrario. Es decir, en su ausencia. Así, son los propios individuos, y no las autoridades, los que deben determinar la extensión y predominio en el uso de una u otra lengua sobre el resto. La solución radica, pues, en la privatización de la enseñanza y no en la instauración de un determinado modelo educativo que, en última instancia, siempre dependerá de una imposición política.

Imagínese por un momento un sistema en el que cada centro pueda establecer libremente tanto el programa educativo como los distintos idiomas en los que impartir las materias. En este caso, muchos colegios optarían por el conocimiento de diversas lenguas. Sobre todo, por aquellas que resulten más útiles para el futuro desarrollo profesional de sus alumnos (castellano e inglés, por ejemplo).

Además, la extensión en la enseñanza de un determinado idioma siempre estaría determinado por la demanda real que manifieste la sociedad, y no por la ideología arbitraria de los distintos partidos. De este modo, las familias y los alumnos podrían elegir libremente entre un amplio abanico de centros y ofertas educativas que mejor se ajusten a sus valores y principios culturales. La clave radica, pues, en la privatización absoluta de la educación y su libertad plena en el establecimiento de itinerarios. Las becas y los cheques escolares podrían suplir, en última instancia, el acceso a la educación privada de las familias con escasos recursos económicos.

Y es que, al igual que en el resto de ámbitos, tan sólo un sistema educativo basado en la libertad de individuos y empresas puede satisfacer de un modo correcto los múltiples y variados intereses que están en juego. Por el contrario, las alternativas que parten del poder público, además de resultar ineficientes, siempre correrían el riesgo de culminar en un modelo fascista en el que la voluntad política termine por anular los derechos inalienables de las personas.

 

Opinión de los lectores

Mónica

En mi opinión, la clave -y no sólo en lo tocante a las lenguas- es la liberalización: entender que la mejor ley de educación es la que no existe. Que no se trata de cambiar una mala ley por otra mejor ni a unos políticos que nos caigan peor por otros que nos gusten más sino de sacar de una vez por todas y a poder ser para siempre a los políticos y los burócratas de algo tan importante como es la educación. Se trata de entender que lo verdaderamente perverso es el intento de imponer de forma coercitiva y homogénea un único modelo, es decir, la planificación centralizada y coactivamente impuesta de la educación. Cualquier regulación educativa lo único que nos garantiza es la yugulación de toda posible evolución hacia lo verdaderamente exitoso y requerido en cada momento por todos y cada uno de los individuos, porque su mera existencia habrá roto la única conexión que hubiera permitido un comportamiento coordinativo (la libertad de elegir y la responsabilidad para cargar con las consecuencias de nuestras elecciones), además de suponer, como bien dices, una imposición totalitaria sobre los ciudadanos que, para colmo de ignominias, se lleva a cabo con su dinero y diciéndoles encima que es por su bien.

Si hay padres lo suficientemente merluzos para querer que a su hijo lo eduquen exclusivamente en un idioma que no se habla más allá de su comunidad de vecinos, allá ellos. Si los hay que aún siguen comulgando con esta idiotez siniestra de la comprehensividad, del igualitarismo en la ignorancia, de la gregarización rampante y la eliminación del esfuerzo, me parecerá estupendo que puedan elegirlo. Si alguien quiere que a su hijo le laven el cerebro a base de potitos ideológicos (las llamadas transversales en la abstrusa terminología logsiana) o a través de la EpC dichosa hasta convertirlo en un tarugo colectivista incapaz de entender cuáles son los fundamentos que han originado y que permiten mantener todas las comodidades que lo rodean, yo siempre estaré de acuerdo en que pueda escogerlo. Siempre –eso sí- que quien se lo ofrezca esté sometido a la competencia de quienes no quieren ni elegir ni ofrecer lo mismo. Y a partir de ahí, que cada palo aguante su vela, que ya somos mayorcitos.

Pero creo que arbitrar un sistema de cheques escolares o privatizar sin más -sea convirtiendo a los ciudadanos o incluso a los profesores en accionistas de los centros, o por cualquier otro método- no serviría de nada si no se hace lo fundamental, que es liberar de barreras burocráticas (que también son mentales, de pura percepción de la realidad) a quienes quieran innovar y permitir que la gente exprese libremente su veredicto sobre esas innovaciones.

También convendría desterrar de una vez por todas la absurda idea de que la educación estatal sea gratis: gratis no hay nada. La paga la gente con sus impuestos, por lo que es esa gente la que ha de poder elegir, en vez de unos políticos, unos liantes, unos trujumanes desde arriba. El día en que se hizo creer al público que la instrucción era un regalo del gobernante, algo por cuya mágica y benemérita intervención todos serían iguales, comenzó todo este desastre.

carmen fdez.

interesante leerlo detenidamente

© 2005-2010. Instituto Juan de Mariana. Todos los derechos reservados.