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Portada - Comentarios - Democracia, impuestos y socialismo

27/09/2005 - Pablo Molina

Democracia, impuestos y socialismo

En su obra The political order of a free people (1976), Hayek advirtió de que “la democracia actual es la causa fundamental de la progresiva y acelerada hipertrofia del sector público”. En el caso español, el paso de la dictadura de Franco a la democracia supuso que en sólo seis años el gasto público se cuadruplicara en términos nominales. La reforma del IRPF de Fernández Ordóñez y la creación de las autonomías, máximas conquistas democráticas en el orden económico y político, provocaron un incremento de fondos en manos del Estado sin parangón en la historia del país.

En la actualidad el gasto público total español ronda en torno al 40% del Producto Interior Bruto y eso después de que los gobiernos de Aznar redujeran su peso relativo, que durante el felipismo sobrepasó ampliamente el 50%. En otras palabras, el Estado se incauta actualmente de casi la mitad de la riqueza nacional para realizar sus funciones, que en un régimen de partidos giran necesariamente en torno a la satisfacción de los deseos de sus clientelas políticas pues, en democracia, no interesa tanto el bien común como el ganar las elecciones.

La situación se agrava cuando los gobiernos están sostenidos por una mayoría minoritaria, como ocurre actualmente en el caso de España, pues entonces la necesidad de compensar los apoyos parlamentarios de las minorías se traduce en un incremento de las transferencias de fondos con destino a sus respectivas clientelas. El caso del PSOE y ERC, por evidente, nos exime de insistir en este extremo.

La experiencia, el sentido común y los economistas solventes nos dicen que el desarrollo económico de un país se produce a través de una elevada inversión privada, bajos impuestos y equilibrio presupuestario. La voracidad fiscal de PSOE, consecuente con su condición socialista, continúa reduciendo el peso del sector privado, amenaza con una subida de impuestos que ya empieza a tomar carta de naturaleza en los presupuestos del año próximo y no contribuye al sano equilibrio presupuestario que hasta los responsables comunitarios han dejado de exigir con carácter imperativo.

A comienzos del Siglo XIX el gasto público estaba en torno al 8%. Hoy en día, los países democráticos conviven con una incautación estatal de riqueza de casi la mitad del producto nacional. Sin embargo, el desempleo está en los niveles más altos de la Historia, la deuda pública se sitúa en niveles astronómicos y la seguridad social está de hecho en bancarrota. La solución a estos problemas que propugna el régimen de partidos es mayor intervención estatal, con lo que se entra en un círculo vicioso de final necesariamente desastroso. El doctor democracia ha agotado su farmacopea. Es hora de la cirugía.


 

Opinión de los lectores

Jaime

Dices: "A comienzos del Siglo XIX el gasto público estaba en torno al 8%. Hoy en día, los países democráticos conviven con una incautación estatal de riqueza de casi la mitad del producto nacional."

¿Sugieres que a principios del XIX se vivía mejor que a principios del XXI? ¿El mayor gasto público no podría estar relacionado con la mejora en las condiciones de vida?

José Luis Conde Huelga

La cirugía es siempre un recurso atractivo, aunque el riesgo es no saber qué es lo que se quiere extirpar.

Definir lo negativa de la democracia como su actitud de no buscar el bien común es una afirmación curiosa. El bien común suele surgir de la búsqueda competitiva del bien privado, así que lo importante no es que una democracia no busque el bien común, siuno que no haya suficiente grupos de poder que lo atomicen.

Albert Esplugas

Jaime, el hecho de que hoy vivamos mejor que hace un siglo no prueba la relación causal que tú sugieres. ¿De dónde se sigue a partir de estos datos que hemos progresado gracias al Estado y no a pesar él? Los datos por sí mismos no demuestran nada, es precisa una teoría previa que permita darles significado. Por otro lado, tu comparación es falaz. No se trata de contrastar el escenario actual, relativamente próspero intervencionista, con el escenario pretérito, poco intervencionista y menos próspero. La cuestión a dirimir es si hoy con un 8% de gasto público habría más bienestar o si en el pasado con un 40% de gasto público hubiera habido menos del que hubo.

Javier

La historia nos demuestra que en teoría casi todas las ideas políticas son excelentes incluso maravillosas (excepto el comunismo que es esencialmente criminal y antinatural). El problema surge en el modo de llevar a la práctica esas ideas. Pues bien la historia económica de las naciones que han sufrido el socialismo es de auténtico escándalo, de crímenes, de miseria, de exilio, de ruina de valores, y todo ello a pesar de esas naciones tenían las suficientes riquezas naturales para ser unas naciones prósperas y cultas. En España tenemos la etapa de Felipe Gonzalez como ejemplo de lo que acabo de indicar: paro, corrupción, terrorismo, crímenes de Estado, etc.

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