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Portada - Comentarios - Por qué los Derechos Humanos nunca serán garantizados

03/11/2008 - Berta García Faet

Por qué los Derechos Humanos nunca serán garantizados

La Declaración Universal de los Derechos Humanos –a pesar de no ser directamente vinculante ad extra sino en todo caso ad intra, esto es, a través de las constituciones occidentales nacionales (por el problema ético y político que supone la "injerencia humanitaria")– se supone un objetivo universalmente deseable y aplicable. Pero nada más lejos de la realidad. Ahora que, con la excusa de la crisis económica internacional, se están resucitando proyectos de gobierno y legislación supranacionales e incluso internacionales, conviene recordar por qué ni siquiera el más antiguo y prestigioso de ellos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, puede cumplirse. Veremos que en la misma crítica está la solución: el criterio de la eficiencia.

Los Derechos Humanos adolecen fundamentalmente de dos problemas, que sus valedores deliberadamente suprimen apelando dogmáticamente a sus notas (imprescriptibilidad, inviolabilidad e inalienabilidad). Pero los dogmas no son argumentos sino deseos. El primer problema ha sido tratado por varios juristas, principalmente por Norberto Bobbio, y es el problema de la fundamentación y de la universalidad, tanto en un sentido jurídico (fundamento jurídico absoluto) como en un sentido político (vinculación internacional efectiva): ¿cómo justificar algo que cambia con el tiempo, que no todos voluntariamente quieren cumplir y que, además, está compuesto por grupos de derechos sumamente diferentes entre sí? ¿Cómo aplicarlos sin renunciar a las soberanías nacionales? ¿Cómo invocar una moral universal y natural que en la práctica jamás existe, ni siquiera implícitamente? Este primer problema se plantea más o menos abiertamente e incluso sus defensores lo admiten, si bien solucionándolo alegremente con justificaciones iusnaturalistas y etnocentristas.

El segundo problema es mucho más grave si cabe: el de la contradicción. Sólo se admite en el siguiente sentido: "Si hay un conflicto entre dos derechos o dos generaciones de derechos, ¿cuál debe prevalecer?" Normalmente la respuesta es una defensa de la no-jerarquía y, por tanto, de las soluciones ad hoc, para cada caso. Sin embargo, esta forma de plantear el problema es sumamente tendenciosa, ya que en realidad el conflicto o la contradicción no son una posibilidad excepcional sino, por el contrario, una constante insalvable: los derechos de la segunda generación (económicos, sociales y culturales) y tercera generación ("solidarios") chocan frontalmente con los de la primera generación (los civiles y políticos, de corte liberal), no a veces, sino siempre, por pura lógica.

Toda formulación jurídica se ancla y se construye sobre la base tácita de una teoría "científica", básicamente económica. No es honesto pretender que no existe este sesgo inevitable: hay que explicitarlo y analizar su validez. No es honesto pretender que únicamente con la supuesta deseabilidad de los Derechos Humanos éstos van a cumplirse mágicamente: la dificultad ciertamente es política (simplemente, hay países que se niegan a aplicarlos y no se puede obligarlos si no es mediante guerras o boicots que trastocarían las relaciones; precisamente por el alto coste de la injerencia humanitaria, que es el fin de acuerdos comerciales y políticos o simplemente el estallido de un conflicto bélico inconveniente, la Unión Europea y Estados Unidos no presionan más a Rusia, a Corea del Norte o a China, por citar sólo tres ejemplos de países que vulneran claramente las tres generaciones de Derechos Humanos, unos más que otros), pero la imposibilidad es ontológica.

Ni siquiera si todos los países se pusieran de acuerdo los Derechos Humanos podrían cumplirse. Por ejemplo: para garantizar (positivamente, como les gusta a los intervencionistas) el derecho a una "vivienda digna" para todos los habitantes del mundo, no bastaría con la voluntad, sino que habría que producir y distribuir desde arriba las viviendas, cosa imposible en dos sentidos: en un sentido puramente jurídico (por la contradicción con el derecho a la propiedad privada y otros derechos individuales) y, sobre todo, en un sentido económico: es virtualmente imposible producir y distribuir eficientemente (esto es, conforme a las preferencias de los implicados) sin el libre desarrollo de la función empresarial, sin la coordinación que ésta posibilita y por tanto sin un sistema de precios reales y no inventados.

Esto nos lleva a una conclusión: más allá de la "deseabilidad" (ética o moral), que, si bien puede existir, no se puede "discutir", porque son preferencias, deseos y opiniones totalmente subjetivas sobre lo que es lo natural y lo deseable, está el criterio de la eficiencia, un criterio verdaderamente objetivo (a no ser que rechacemos las evidencias del método científico, como los soviéticos) con el cual han de juzgarse todas las formulaciones jurídicas: si se pusieran en práctica, ¿se cumplirían los derechos que pretenden garantizar? No es el caso de la Declaración de los Derechos Humanos: si se garantizaran todos, no se garantizaría ninguno, porque unos cancelarían a los otros y porque se basa en una teoría económica absolutamente incorrecta.

Pongamos otro ejemplo más gráfico: ¿sería posible garantizar a la vez, y de forma igualmente íntegra, el derecho a "igual salario por trabajo igual", el derecho a "la propiedad, individual o colectivamente" y el derecho a "un nivel de vida adecuado que le asegure a toda persona, así como a su familia, la salud y el bienestar"?

El primer derecho se basa en la teoría del valor-trabajo, que nos lleva al absurdo de considerar la heterogeneidad del trabajo y a negar la subjetividad ligada al derecho de propiedad. Esto significa que, en la práctica, si se impusiera ese derecho, no habría deslocalizaciones, porque en la competencia entre países desarrollados y subdesarrollados, la principal ventaja comparativa de los segundos, a corto plazo, es el diferencial salarial. Y si no es por el coste menor, ¿qué empresa contrataría trabajadores en países subdesarrollados? Siendo el ahorro exterior o ajeno absolutamente fundamental cuando no hay ahorro interior o propio, es altamente improbable que pudiera garantizarse el tercer derecho mencionado, el del bienestar, en los países subdesarrollados.

Como vemos, la confusión viene de pretender que los derechos se cumplen automáticamente al ser positivizados, ignorando las teorías de la creación de riqueza. Si el elenco de derechos que proponemos los liberales es superior a cualquier otro es porque son realistas: no se contradicen entre sí y, en verdad, permiten que se garanticen todos: se basa, no sólo, como todas las propuestas de derechos a garantizar, en una construcción moral abstracta de lo deseable, sino también en la lógica y en la eficiencia. El capitalismo es el único sistema que ha demostrado poder crear riqueza masiva e indiscriminadamente, lo cual se traduce –algunos, acusándonos de "economicistas", se olvidan de esto– en un aumento generalizado del nivel de vida y del bienestar que voluntariamente los individuos persiguen, en cada uno de sus intercambios voluntarios mutuamente beneficiosos.

No dependemos, por tanto, de la "deseabilidad" o de la "naturalidad" de lo que proponemos, al contrario que otras ideologías (no olvidemos que la Declaración de los Derechos Humanos, a pesar de negarlo, también está sesgada ideológicamente, de forma ineludible). Tenemos los pies en la tierra: la validez que otros pueden reconocernos –o nosotros reconocer– no está en los principios filosóficos o metafísicos, sino en los científicos, campo en el que todos los pensadores, si son honestos, aceptan los mismos criterios de corrección y verdad. Ahí es donde está la superioridad del liberalismo: en la realidad. Por ejemplo, en la teoría austríaca del ciclo económico, que sirvió y sirve.

 

Opinión de los lectores

Daniel Ballesteros

Estupendo artículo como siempre Berta.

La experiencia ya ha demostrado sobradamente a todo el mundo que la ampliación del concepto de derechos individuales es una gran estafa intelectual que sirve para justificar, con una meta noble y buenista, y de forma seductora, el establecimiento de trabas a la libre acción individual; algo que solo puede resultar en el progresivo advenimiento de una ominosa tiranía.

Un fuerte abrazo.

Iván Moreno

Me ha gustado mucho el artículo. Coincido prácticamente con todo lo expuesto. Eso sí, es necesario hacer una matización:

Tal vez no sea el aumento de la riqueza lo que "deseen" algunos. Para cualquier ética que antepone otros baremos (como por ejemplo la igualdad) a la creación de riqueza, el capitalismo no deja de ser ineficiente. Dudo mucho que realmente exista una ética igualitaria más allá del autoengaño buenista, pero es necesario contemplar dicho matiz como posibilidad racional.

Eugenio Martín Velázquez

Felicidades Berta, pero para mi la superioridad del liberalismo estriba en que siendo superior no la imponemos jamás. Así nos va, perdiendo el tiempo en matizar entre todos nosotros el tipo de libertad…..

César

Muy buen artículo. Me gusta que sigas tratando estos temas.

"En realidad no hay derechos humanos que sean separables de los derechos de propiedad." Rothbard dixit.

Te invito cordialmente a que expongas: "Como vemos, la confusión viene de pretender que los derechos se cumplen automáticamente al ser positivizados, ignorando las teorías de la creación de riqueza." ante un auditorio lleno de educadores ávidos de derechos y solidaridades.

Y por cierto, también veo positivo el que se distancie la fundamentación ética liberal de los llamados derechos naturales... La falacia naturalista es un hecho y da pie a demasiadas cosas, incluso contradictorias. Me quedo con esa visión "científico-económica" de la que hablas: cierta clase de pragmatismo responsable y "responsabilizador".

gracias.

Berta

Muchas gracias por vuestros comentarios.

Antes que nada, al releerlo me he dado cuenta de un error: quería decir "El primer derecho se basa en la teoría del valor-trabajo, que nos lleva al absurdo de NO considerar la heterogeneidad del trabajo y a negar la subjetividad ligada al derecho de propiedad."

Sobre el igualitarismo: es cierto (espantosamente cierto) que hay doctrinas que consideran la igualdad por encima de todo, pero también se basan en una teoría a todas luces incorrecta: la de que la igualdad puede darse "por arriba". Esto es falso, ya que la igualdad material siempre se traduce en pobreza o, estancamiento (lo que a largo plazo, en un contexto de globalización, significa pobreza), de forma generalizada, como históricamente se ha demostrado (a mayor complejidad e institucionalización de la sociedad y división del trabajo, naturalmente más desigualdad pero también mayor nivel de vida y riqueza), El libre mercado ciertamente aumenta la distancia entre los más pobres y los más ricos, pero la gracia está en que el grueso de la población asciende a la clase media y que, además, el nivel de vida de la clase media es superior a cualquier otro nivel histórico, y creciendo. Esto significa que ni siquiera si uno tiene una preferencia por la igualdad en el bienestar antes que por la libertad puede defender coherentemente la intervención masiva, porque no se puede renunciar al vínculo del fin y del medio. A no ser, claro, que rechacemos el método científico y mezclemos sentimentalmente intenciones y propuestas.


Eugenio Martín Velázquez

Cesar a qué te refieres con “La falacia naturalista es un hecho y da pie a demasiadas cosas, incluso contradictorias” podrías detallarlo mas. Gracias anticipadas

César

Pues teniendo cuidado de no mezclar conceptos como iusnaturalismo, derechos naturales y derechos de primera generación; que depende de en qué contexto se empleen son sinónimos y en otros no... Me refería al hecho de que pasar del es al deber ser apelando a lo que ocurre en la naturaleza es eso: peliagudo, falaz e incluso contradictorio ya que salvo que adoptemos un criterio de normalidad de tipo "estadístico" aplicado a cuanto acontece en ésta, ahí "afuera" ocurre de todo, incluidos asesinatos, robos y sometimientos (siendo entonces los tres axiomas defendidos por el liberalismo literalmente vapuleados).

De hecho, aunque veo enormemente enriquecedor sumergirse en una fundamentación evolucionista (Darwinista) de la capacidad del ser humano para ser moral y de qué forma... hay que tener cuidado en cómo interpretar los datos que nos proporcionaría, en este caso, la psicología evolucionista.

un saludo.

Eugenio Martín Velázquez

César gracias por tu respuesta pero no llego a entenderla. El ser humano, ¿tiene una naturaleza humana? Y si la respuesta es afirmativa. ¿Existe una ley natural? Y finalmente ¿los métodos racionales pueden fijar dicha ley? Y consecuentemente ¿Debo abandonar la idea de una ley natural fundada en la razón y en la investigación racional? Un saludo

César

Me parecen interesantísimas tus preguntas pero tampoco quisiera desviar el hilo del artículo. Aún así intentaré responderte (pido disculpas a Berta).

¿Existe una naturaleza humana? Todo parece indicar que sí, entendiendo naturaleza como esquemas innatos de comportamiento. De hecho, estoy sumergido en lecturas de corte “disidente” o políticamente incorrectas en cuanto a la concepción que se tiene actualmente de la “portentosa” capacidad racional del ser humano (vinculada a eso que llamamos libre albedrío) que me parecen cuanto menos inquietantes y a la vez brutalmente enriquecedoras. La tabla rasa de Steven Pinker, El gen egoísta de Dawkins o Sociobiología de Wilson serían un buen ejemplo.

¿Existiría una ley natural? Depende de cómo entiendas el concepto de ley. Lo intuitivo es pensar la ley natural como la existencia de algo objetivamente natural... Y lo que trataba de exponer en el anterior comentario es que precisamente, pese a que existen patrones de conducta, o más bien esquemas conductuales, compartidos por todas las culturas (ver libros anteriormente citados), parece que seguirían existiendo muy diversas formas de “responder” a éstas, sobre todo en función del progreso tecnológico-científico alcanzado por esa determinada cultura.

¿Podrían los métodos racionales fijar dicha ley? He aquí el quid de la cuestión. Como animales racionales que somos tendemos a encontrar o más bien buscar explicaciones racionales para todo y parece que en eso están trabajando una ingente cantidad de científicos. Por otra parte, lo curioso es que por un lado, todos nosotros tendemos (por lo que parece) a intentar racionalizar todas nuestras conductas (por muy instintivas que en realidad sean) mientras que por otra, a través de investigaciones de campo se demuestra que somos “predeciblemente irracionales” (ver Las trampas del deseo de Dan Ariely). Es decir, que como animales racionales debemos seguir luchando a favor de determinados posicionamientos éticos, pero lo que quería expresar es que a día de hoy es extremadamente arriesgado pretender “echarse” el peso de la “naturaleza” a sus espaldas; ésta es realmente compleja y no existe ni por asomo consenso acerca de qué es natural y qué sería cultural o ambientalmente adquirido.

Espero haber respondido a tus preguntas. Repito que este tema es realmente controvertido y, al menos desde mi punto de vista, dará cada vez más que hablar. Es por esto que no me gusta leer “gratuitamente” fundamentaciones éticas amparadas en lo “natural”.

Eugenio Martín Velázquez

Gracias César ya he entendido de lo que hablabas. No mas comentarios para que Berta no se enfade.

Berta

En absoluto me enfado, ¡al contrario! Me alegro de que surja este debate.

César, estoy muy de acuerdo contigo. Creo que la psicología evolutiva efectivamente es políticamente incorrecta y todo un reto el integrarla en un sistema de ideas, el liberal, en muchos casos "contraintuitivo". Por mi parte (expliqué por qué ha empezado el iusnaturalismo ha resultarme insuficiente aquí: http://areopaga.blogspot.com/2008/07/una-crtica-al-derecho-natural.html ), creo que el argumento de la naturalidad es un arma de doble filo, demasiado débil como para basar en ella todo una teoría de la sociedad. No digo que sea totalmente incorrecto, ni que no pueda haber un mínimo común entre todas las culturas; digo que ese mínimo común, aun si existe, en primer lugar no es o sería lo suficientemente potente como para poder derivar de él un ordenamiento jurídico complejo, y en segundo lugar tendría que responder a la pregunta de por qué, si es tan natural ese principio, aún no se ha aplicado ni abrazado voluntariamente por todas las culturas. Una posible respuesta es que los seres humanos, aún conscientes de la inmoralidad de algún acto, lo cometen (el caso paradigmático serían los criminales no psicópatas). Sin embargo, esta respuesta es incorrecta por dos motivos: primero, ¿vamos a considerar "criminales" o "antinaturales" a amplios grupos culturales o, incluso, países enteros o a la Humanidad en su totalidad?; segundo, es incorrecta por cuanto el problema es determinar -no necesariamente cumplir- qué es lo bueno y qué es lo malo de forma unánime. Y el hecho de que esto, aparentemente tan sencillo (encontrar unos principios generales sin ninguna excepción a la regla), hasta el momento no se haya conseguido, es lo que me hace dudar de la "naturalidad" de un principio u otro. Como digo en el enlace, sería muy curioso considerar teóricamente "lo natural" aquello que, en la práctica, es anormal.

Gracias por vuestros enriquecedores comentarios

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