Justicia, eficiencia y Estado de bienestar
Félix Ovejero y José V. Rodríguez Mora pretenden que la igualdad de oportunidades conseguida mediante la redistribución coactiva de riqueza por el Estado de bienestar es eficaz. Pero va a ser que no. Llaman la atención sobre el hecho de que "cuando llegan las recesiones algunos aprovechan para atizarle al Estado de bienestar". Pues resulta que algunos otros le atizamos ayer, hoy y mañana, y lo hacemos porque es fraudulento, ineficiente y contrario a principios éticos fundamentales como la libertad (o su contrapartida el derecho de propiedad) y la responsabilidad personales.
Comienzan estos dos profesores criticando la visión anarcoliberal del Estado como "ladrón y prepotente". Según ellos es "una ingenuidad" porque "el único paisaje sin instituciones, el paisaje natural, si es que algo así tiene sentido, es el que llevaría a que los energúmenos, solos o en bandería, impusiesen su voluntad". Se trata de argumentos viejos y pobres. Confunden las instituciones, que surgen espontáneamente de la sociedad (lenguaje, derecho, dinero) con el Estado (la sistematización monopolística de la violencia). Y asumen que sólo hay dos opciones: o individuos sueltos, desorganizados y sometidos por un lado; o estados que garanticen la defensa contra los "energúmenos" por otro. Lo cierto es que una asociación defensiva que se construya desde abajo mediante contratos libremente pactados de forma voluntaria e individual es muy diferente de una entidad estatal que reclama para sí misma el poder final sobre un territorio y unos súbditos, y que o resulta ineficiente en sus tareas o incluso suele estar controlada por esos mismos "energúmenos" a quienes dice combatir.
Y es que "la compleja trama que garantiza las transacciones y los derechos en el mercado" no es lo mismo que un Estado, y a menudo son opuestos: existe ley sin Estado (véase la historia de la ley mercantil, por ejemplo), y no hay que buscar mucho para encontrar las abundantes agresiones legislativas de los gobiernos contra el auténtico derecho. Los intercambios, los derechos de propiedad y la libertad misma resultan perfectamente imaginables sin intromisiones públicas estatales.
Estos autores ponen un ejemplo de justificación del Estado que en realidad sólo refleja que el derecho de propiedad (en este caso sobre el propio cuerpo) es inviolable y legitima represalias contra los agresores: "una trama que en ningún caso nos permite hacer lo que queramos con lo nuestro, como lo puede comprobar cualquiera que intente alojar su cuchillo jamonero (incluso el legítimamente adquirido) en el espinazo de algún conciudadano". En lugar de hacer la triste gracieta de referirse a la legítima posesión del arma del crimen, quizás podrían también aclarar qué pasa con los no conciudadanos, dónde empieza y dónde acaba un Estado y por qué: ese es un problema más profundo que quizás no han podido o querido ver.
Tras tropezar torpemente en su defensa del estado mínimo no dudan en enredarse aún más intentando agrandarlo. Según ellos no hay dilema entre eficiencia (se hacen un lío y en ocasiones la llaman eficacia) y equidad, porque se puede y se debe conseguir la igualdad sin renunciar a bienestar material. Para defenderse de las críticas liberales a la redistribución estatal construyen un fantasioso hombre de paja: "Esta cosmovisión entiende la vida como la ascensión a una montaña y la eficiencia como el tiempo empleado. El Estado, en su afán igualador, establecería unas reglas absurdas: lastrar a los veloces y librar de peso a los lentos. Con tales incentivos nadie daría un palo al agua".
En primer lugar, las leyes económicas son de tendencia: si se castigan los esfuerzos, la gente se esforzará menos (que no es lo mismo que no hacer nada en absoluto). Pero el error más importante es lo que falta en su irreal modelo: en el mercado libre los participantes no trepan ignorándose unos a otros, sino que cooperan constantemente en su progresión, de modo que los que son más ricos lo logran sirviendo adecuadamente a los demás.
No se trata de que "el coste de la igualdad es demasiado alto". ¿Demasiado alto para quién? A algunos les parecerá inasumible, otros creerán que merece la pena. Claro que "pudiera suceder que muchos individuos, incluso una mayoría, estuviesen mejor si se redistribuye: aun si el pastel resulta más pequeño, muchos pedazos serán más grandes. Se puede juzgar valioso mitigar las disparidades a costa de cierta riqueza". Efectivamente "no es insensato preferir un Estado redistribuidor", sobre todo cuando uno está del lado receptor de la redistribución; o si uno es un ingeniero social que desde su presunta superioridad moral no duda en destrozar la libertad y legitimar la violencia para conseguir su sociedad ideal, en la cual se imponen las preferencias de la mayoría pobre subsidiada sobre la minoría rica expoliada.
Naturalmente los seres humanos son diferentes, guste o no, en sus preferencias y sus capacidades, y parte de estas diferencias es heredada por transmisión genética, cultural o patrimonial. Los individuos construyen sus vidas partiendo de situaciones diferentes: al que no le guste puede reclamar a sus progenitores. Es problemático afirmar que "no se elige ser poco productivo"; a veces sí, a veces no, y los incentivos institucionales importan, y mucho.
Cuando se afirma que "no parece decente penalizar por lo que no se es responsable, por el mal fario de venir al mundo en la orilla inconveniente" se está confundiendo "penalizar" (algo negativo) con "no subvencionar" (algo neutro). Y miren qué interesantes son las argumentaciones que se consiguen mediante cambios por simetría: "no parece decente penalizar por lo que no se es responsable, por la buena suerte de venir al mundo en la orilla conveniente".
Estos dos igualitaristas engañan a saltos: comienzan con que "no es obvio que los costes económicos de la redistribución sean altos", luego proponen que "el saldo neto es difícil de ponderar, pero resulta improbable que los efectos positivos de la redistribución sean despreciables" y acaban con que "asegurar igualdad de oportunidades no es sólo justo, sino que además es enormemente eficiente". Así por la cara: primero distorsionan el concepto de justicia para equipararlo a igualdad (incluso hablan de "corregir desigualdades" como si estas fueran un error o imperfección) y luego olvidan explicar por qué si la redistribución es tan fantástica hay que imponerla por la fuerza y no puede uno negarse a participar. De hecho su cuidadoso olvido del análisis de la violencia en la redistribución es tan clamoroso que sólo se refieren a la fuerza para decir que "la debilidad del Estado de bienestar lo único que asegura es la fuerza de los privilegiados".
Le tienen bastante manía a lo heredado, sobre todo a la riqueza recibida, y nos avisan de que "son cartas ganadoras que ayudan a algunos a llegar los primeros, pero que no hay que esperar que estén en manos de los mejores jugadores" e "inducen a gente sin particulares talentos a ser líderes de la cordada". Y es que están muy preocupados porque quizás no sean los más hábiles los que tiren de todo el grupo que marcha unido en su fantasía colectivista. Podemos tranquilizarles sugiriéndoles que en una sociedad libre no están obligados a seguir a ningún líder, así que no serán tan tontos de ir detrás de quienes saben que son incompetentes. Y por otro lado en un mercado competitivo uno puede heredar la empresa de papá (o mamá, faltaría más) pero para permanecer al frente necesita continuar sirviendo a los consumidores, o sea demostrando constantemente la competencia para estar arriba y al mando. Las sociedades con mercados libres son muy dinámicas, premian el talento y se esfuerzan por descubrirlo: se trata de dar más oportunidades a quienes mejor puedan aprovecharlas; un emprendedor avispado y motivado no necesita ser rico sino convencer a los capitalistas para que inviertan en su proyecto.
Después de mostrar tan poca capacidad para las ideas, no sorprende que tampoco sean muy hábiles con la realidad empírica: "Sabemos sin sombra de duda que la movilidad social es notoriamente más baja en EE UU que en los países del Norte de Europa"; "las sociedades del Norte de Europa, donde el papel del Estado es notorio, alcanzan sistemáticamente un mayor nivel de vida". Sin sombra de duda repiten el topicazo habitual de los países escandinavos, que en realidad son más pobres, más homogéneos y más estáticos que los Estados Unidos.
Opinión de los lectores
Francisco como siempre formidable. Que pena que no sufran en sus propias carnes lo que pregonan estos profesores. Ojala vivieran en una zona donde se aplicarán todas sus teorías. Zonas de las suyas, para que estos profesores elijan, las hay a miles en la tierra; por desgracia de la nuestra ni una.
La redistribución de la riqueza no puede ser coactiva en una democracia pues la gente vota y elige políticos para que estos legislen y si la mayoría pobre elige ser subsidiada en las urnas, a la minoría rica expoliada no le queda más remedio que aceptar la decisión popular.
Si la mayoría decidiese en las urnas aprobar la persecución (o incluso el exterminio) de una minoría étnica, por ejemplo, tampoco sería una acción coactiva. Al fin y al cabo lo ha decidido la mayoría de la población en un proceso democrático legítimo y a la minoría, siguiendo las reglas del juego, le toca aguantarse. ¿No es así, B. Toven?
Menudo cacao mental se hacen algunos con el concepto de democracia. O quizá, probablemente, se quedan únicamente en su estructura formal asumiéndolo como necesaria y suficientemente, cuando realmente, puede ser lo primero, pero sin duda alguna no es lo segundo.
Estimado Francisco Capella, don Paco, como es habitual es ud. extremadamente eficiente en la crítica, atinada y cargada de solidez argumental, en contra de todo aquel que ataca al liberalismo y que pretende con ello defender o salvaguardar su idea de justicia plasmada en el Estado del Bienestar.
Lo que ocurre es que cuando Ud. se empeña en atacar al estado de bienestar no lo hace entendiendo, al menos a mi modesto entender, que el Estado no es sólo “la sistematización monopolística de la violencia” sino que estado es uno pero sus acciones pueden ser infinitas, tantas como ideales organizativos tengan los grupos humanos de los que surge como representación de los mismos.
Y es que no entiendo su crítica en este escrito al comentario del cuchillo jamonero… ¿No es ciertamente una de las principales funciones del estado establecer la ciudadanía? Es más, cuando lo hace con este argumento:” podrían también aclarar qué pasa con los no conciudadanos, dónde empieza y dónde acaba un Estado y por qué”, es precisamente mi crítica más repetida, y hasta ahora no contestada, a la hora de resaltar la debilidad del anarcocapitalismo. ¿Cómo puede una sociedad anarquista establecer mecanismos de relaciones libres si no es capaz de delimitar en dónde se aplican los postulados de la máxima libertad?. Pero no sólo eso, de qué manera puede el anarco capitalismo establecer la defensa de los derechos individuales si no establece la jurisprudencia necesaria y, como consecuencia, la capacidad coactiva precisa, estableciendo además la aplicación de la misma a TODOS los miembros de…. La sociedad, los que viven en un determinado territorio. ¿Cómo determinan ese territorio, cómo determinan quienes son el todos?
Para cacao el tuyo, Gaspar Duarte. Hay una cosa que se llama Estado. Existe. Y el Estado necesita dinero para carreteras o policías o guerras o lo que sea. En democracia la gente elige un programa político determinado en relación a la gestión del ingreso y el gasto de dinero público. y en su día eligió a Reagan y éste puso en marcha una política determinada de ingreso y gasto público, y ahora ha elegido a Obama y si sus medidas fiscales resultan más o menos socialistas serán al fin y al cabo medidas legítimas y democráticas y nunca coactivas. Lo de las minorías es una comparación que sobra porque hoy tenemos una Declaración de los Derechos Humanos y una Constitución americana que desdemocratiza la posibilidad de un exterminio racial aprobado por las urnas.
Es decir, que como no se puede aprobar un exterminio -según tú... recuerda que la Constitución de Weimar tampoco lo permitía y eso no detuvo a Hitler-, ya nada de lo que se haga en democracia es coactivo. Es decir, que sólo consideras coacción el exterminio masivo. Y luego dirás que son los demás los que tienen un cacao en la cabeza.
A todos los del cacao que pensaís que las políticas fiscales y de gasto público de un gobierno democrático se pueden calificar de coacción y hasta compararse con genocidios: Si hay un Estado que te permite sentirte seguro en relación a tus propiedades privadas tienes que aceptar un Estado que legisla en materia fiscal y gasto público y esa legislación por supuesto que está legitimida por las urnas.
Toven, el único que ha comparado aquí con los impuestos con un genocidio has sido tú. Si lo que quieres es inventarte hombres de paja porque con los argumentos reales no eres capaz de enfrentarte, adelante. Pero comprende que no nos lo traguemos.
A ver si le entiendo B. Toven, cuando me veo obligado a pagar impuestos tengo que mirar si éstos provienen de leyes que salen del parlamento democrático, porque en ese caso serían legítimos y no estaría siendo coaccionado. Tengo que suponer, por tanto, que los pago voluntariamente…
En cambio si estoy en un régimen tiránico y me veo obligado a pagar impuestos sí estaría siendo coaccionado (ergo no los pago voluntariamente).
¿Es así, maestro?
Bastiat,
¿Crees que sin Estado dejaría de haber familias, lenguaje, dinero, etc...? Pues no, porque ninguna de estas instituciones fueron creadas por el Estado (todas son anteriores al Estado).
Por tanto, ¿Crees que sin Estado dejaría de existir el DERECHO?. Pues, tampoco.
Ahora, en lugar de desacreditar todo el cuerpo teórico del anarco-capitalismo basado en un "problemas" para concebirla mentalmente en su totalidad, piensa cómo dichas instituciones (pero sobre todo el DERECHO, prevalecerían, sin Estado, desde las iniciativas, intereses y beneficios privados. ¿O también crees que el beneficio individual siempre es a costa de un perjuicio social?
Pues así es la cosa, maestro. Yo no puedo decir que una multa de tráfico es un liberticidio ni una medida coactiva desde el momento en que vivimos en democracia y hay que aceptar un código de circulación. Lo mismo pasa con la política fiscal y el gasto público. Yo puedo estar a favor de un gasto público en aviones de combate o puedo estar a favor de un gasto público en sanidad o educación o puedo estar a favor de un gasto público en bibliotecas o transporte. O puedo estar a favor de un no-gasto público. Pero en cualquier caso no me quedará más remedio que aceptar el gasto público o el no-gasto público elegido por un poder legislativo salido de las urnas.
Ancap…. Cuando la gente habla con pasión me gusta…. Pero me gusta más cuando habla con razón.
Yo he planteado unas preguntas, unas críticas y unas dudas a los planteamientos anarcocapitalistas, de hecho se lo planteo a cualquier forma que quieran dar a la anarquía, más que nada porque soy de las personas que me gusta platearme dudas y cuando tengo dudas hago preguntas.
Si tienes a bien responderme tu lo agradeceré, ya que veo que Francisco está renuente a contestarlas…. Una vez más. Pero lo que sí que veo es que en el momento en el que dichas preguntas son obviadas, ignoradas, despreciadas…. Lo mismo es que algo sensible tocan… ¿Será que enfrentan a la anarquía con la realidad?
Me dices… “¿Crees que sin Estado dejaría de haber familias, lenguaje, dinero, etc...? Pues no, porque ninguna de estas instituciones fueron creadas por el Estado (todas son anteriores al Estado).” ¿En qué momento he dudado yo de tal cosa? ¿He manifestado mi incredulidad a tus planteamientos? Es más, soy mucho más consciente que tu, creo, ya lo veremos si este debate se prolonga lo suficiente, que la familia, posterior a la manada, es una institución social. Lo primero, la manada, como institución social dónde los individuos humanos se integran como mejor manera de asegurar su supervivencia frente al individualismo exacerbado que sería la vida de eremita. Mira, si fuéramos osos… como ellos son una fuerza de la naturaleza, nos podríamos permitir el lujo de ser solitarios, que a veces es mejor estar sólo que mal acompañado, y sólo buscar pareja cuando una hembra se dedique a inundar el ambiente de feromonas y nos vuelva locos a algunos machos y compitamos para ver cuál de los que nos presentemos a cumplimentar a la hembra dispuesta es más machote.
El hombre es un ser social. El hombre crea instituciones para administrar esa forma de ser social. La primera la manada, después, con la evolución la familia… pero la familia dentro de una manada, tribu…
¿Por cierto, cuándo surge el Estado? Si tanto dudáis de su valor, si tanto sabéis qué es…. Por lo menos sabréis cuándo y cómo surgió…. O lo mismo no.
Un saludo.
El señor Bastiat dice que le gusta plantearse dudas y que cuando tiene dudas hace preguntas. Loable actitud, aunque ese final...
"¿Por cierto, cuándo surge el Estado? Si tanto dudáis de su valor, si tanto sabéis qué es... por lo menos sabréis cuándo y cómo surgió... O lo mismo no."
... suena más a otra cosa. Sin embargo, por si fuera muestra de un genuino afán de conocimiento, le sugiero la lectura de
The Rise & Fall of Society, obra de Frank Chodorov en la que hace medio siglo, basándose en ideas de otros autores como Franz Oppenheimer, respondió a su pregunta.
B. Toven, estás muy perdido, amigo.
Algo "coactivo" simplemente es algo contra la voluntad de alguien, no tiene nada que ver con "democrático" (con la voluntad de la mayoría). Esto no es opinable: es una simple definición. Mírate cualquier manual estatista, anarquista, lo que quieras, y en cuanto a esto dirán lo mismo. Otra cosa es si esa coacción está legitimada: para algunos sí y para otros no, y es ahí donde está la divergencia.
Yo no llamo coacción a la señal de tráfico que me pide parar en un cruce. Lo llamo código de circulación. Pero en cualquier caso lo importante no es la discusión lexicográfica, sino el fondo del asunto. Y el fondo del asunto es lo que no queréis admitir algunos: cada cuatro años elegimos unos representantes políticos con un programa determinado en materia fiscal y gasto público. Los que defendéis el no-gasto y el no-impuesto, tenéis el mismo camino que los que defendemos otro tipo de gestión: una plataforma política. Aquí mismo he escuchado a veces quejas acerca de que el PP no tiene una propuesta liberal. Pues buscaros otro partido y a lo mejor un día ganan los vuestros unas elecciones, y en ese caso, yo aceptaré el no-impuesto y el no-gasto durante cuatro años. ¿Qué pasará en ese caso? ¿Nacerá esa sociedad maravillosa en la que vosotros creeís? Pues ojalá que sí, hombre. A mí me encantan los paraísos. Pero discutir sobre eso es entrar en un terreno de conjeturas y probabilidades en el que nadie puede tener la verdad absoluta, y por lo demás, amigo Curtis, evita en el futuro esas descalificaciones de \\\\"estás muy perdido\\\\" porque no aportan nada a un debate serio.
Un saludo.
Estimado y admirado Sr. Jubal… Si hace apreciaciones tales como el que yo busco intenciones no declaradas en mis palabras, al menos o bien las denuncia o bien las contra argumenta.
De todas formas le agradezco que me proporcione lectura para mis largas noches de insomnio con las que podré entretenerme, sentado en la mesa, con el traductor de Google o el Collins al lado, para tratar de entender lo que dijo otro hace ya taaanto tiempo y que, probablemente, si es que nos pudiéramos entender en la lengua de Cervantes, la que yo domino a dura penas, para poder contra argumentar yo a su vez sus ideas manifestadas, muy eruditamente supongo, en el libro recomendado.
Pero veo que en el fondo lo que subyace a su apunte, comentario… molestia mal disimulada, es la negativa a hacer de mis preguntas, dudas, la oportunidad de debatir con mis argumentos frente a los suyos, los de Ancap, los de Capella.
Bien está… ¡Qué se le va ha hacer! y eso que probablemente Uds. sí que habrán leído a demás de a Chodorov, al mismísimo Franz Oppenheimer y podrían usar sus argumentos frente a los míos. Bien esta, digo de nuevo, buscan que me ilustre pero Uds. no se ven capacitados para enseñarme o, al menos, no quieren tomarse esa molestia.
Según la RAE, \"coacción\" es el \"poder legítimo del derecho para imponer su cumplimiento o prevalecer sobre su infracción.\" Por lo tanto rectifico: es cierto que el impuesto es una coacción. Ahora bien, si aceptamos un Estado de Derecho, aceptamos en consecuencia la necesidad de un conjunto de medidas coactivas. En un Estado de Derecho democrático lo que tenemos por tanto es un conjunto de medidas coactivas legitimadas por el voto popular. La pregunta ahora sería ésta: ¿El no-impuesto y el no-gasto constituyen también una forma de coacción? Por supuesto que no. Pero para que el Estado exista hace falta un impuesto y un gasto aunque sea mínimo. Y como el Estado es la única garantía de defensa de la propiedad privada y del propio Estado de Derecho resulta que el impuesto mínimo y el gasto público mínimo también seguirían siendo una coacción.
Y ahora algún listo tendría que decir: pues si el impuesto es una coacción, amigo B. Toven, a menor impuesto, menor coacción, o lo que es lo mismo, a menor Estado, menor coacción. Y ahí es cierto que me quedo ya sin respuesta, pero es porque hoy estoy poco inspirado.
Señor Bastiat,
lástima que su agudeza para leer entre líneas sea mayor que la que mostró para leer las propias
líneas. Por lo que a mí respecta, no me venga con historias, porque oportunidad de debatir ya hubo. Búsquese a otro al que enredar con
tergiversaciones, respondiendo como si hubiera dicho cosas distintas de las que ha dicho, y al que luego acusar de no querer debatir por no tener argumentos. Por mi parte, interés por algunas de sus objeciones y preguntas, así como ideas que poner sobre la mesa del debate, hay. Lo que no tengo es ni ganas ni tiempo para esos juegos; pero Frank Chodorov y otros muchos pasaron a mejor vida y disponen del necesario.
Jubal… juguemos a diseñar políticas, no digo esto como burla, sino como verdadera acción. Puedo decir en vez de “juguemos” un…. intentemos diseñar políticas?
El comentario que me refiere con su primer enlace no lo había leído. De todas formas, hagamos un esfuerzo por quitar acritud. Y para ello centremos el debate en algún concepto.
Mi crítica a Capella estriba en una incoherencia que manifiesta frente a los comentarios a los que se refiere, luego viene una crítica de Ancap, mi comentario y luego… bueno, su exposición un tanto, si me permite, fuera de lugar.
El origen está en el final de mi respuesta a Ancap: ¿desde cuando existe el Estado? Yo no me he leído a Frank Chodorov ni a Franz Oppenheimer, no lo voy a negar, me parece ridículo, pero el caso es que si para hablar aquí sobre las cuestiones que a cada uno le surjan hay que pasar antes un test de aptitudes, conocimientos y diplomaturas varias, especifíquenlo y los iletrados y abstrusos nos quedamos fuera.
Por tanto yo, mientras no se me expulse por inútil, indocumentado o lerdo, sigo manteniendo mis preguntas aún no contestadas. ¿Cuándo surge el Estado?
Claro, primero habrá que definir qué es el Estado. Indiscutiblemente que lo que ahora podríamos llamar Estado no se parece en nada al que tenían los ostrogodos ni los celtas pre románicos, pero ¿carecían de Estado? Creo que no, porque el Estado es, en esencia, la superestructura que un grupo humano, basado en la tribu o manada o simple asociación humana, crea para consolidar y expresar sus normas de funcionamiento. Dichas normas tienen un ámbito de aplicación, en personas y sobre un territorio en el que extienden sus dominios.
Siguiendo por ahí, me surge otra pregunta: ¿Puede la ancapía eximirse de esas premisas? Albert ha manifestado que para que dicha …. forma de vida sea viable tiene que haber una mayoría de personas que quieran vivir así… Bien. Esa forma de vida puede ser vivida individualmente, no lo olvidemos, pasando de lo que diga cualquier poder, actualmente hay muchos que así viven, o puede ser vivida de forma asociativa dónde los miembros de un determinado grupo humano determinan hacerlo de esa determinada manera. ¿Eso se puede hacer sin que haya una determinada manera de tomar decisiones? ¿Sería eso una democracia?
Es decir, un grupo humano estipula la manera de conducirse de manera común en la cual no puede haber medidas coactivas….
Vale.
Pero además ese grupo humano vive encima de la tierra…. dejemos la ciencia ficción para otra ocasión, y ese convenio…. acuerdo, Rallo recuerda, tiene que ser aplicado a ese grupo humano, con lo cual hay que determinar quienes lo forman y la forma y manera en que se pasa a pertenecer a él… e, incluso, la forma en que puede ser expulsado de él….
¿Quién lo haría, cómo lo haría? esa es otra de mis preguntas a Capella
Y no sólo cómo se le expulsa de él de forma administrativa. Sino de forma física…. ¿Cómo se determina cuál es el territorio en el cual el convenio, el acuerdo, tiene vigencia y de qué manera se logra hacer vigente ese acuerdo?.... Esa es otra de mis preguntas a Capella, a Ancap, a todo aquel que se manifiesta ancap.
Evidentemente para expulsar a alguien tiene que haber medias coactivas…. no digo mas.
Porque si no se hace puede ocurrir que dentro del territorio determinado por el convenio, acuerdo, queden personas que pasen, anárquicamente, del acuerdo básico, formen asociación con normas distintas de las ancaps, y que sometan a sus miembros a disciplinas y coacciones que estarían fuera del acuerdo fundador de la Ancapía. Es decir, dentro de un determinado grupo asociativo, con normas distintas a las que rigen en dicho territorio, se puede ver como los derechos individuales son perseguidos, coaccionados… Puede la ancapía defender de alguna manera a los individuos que dentro de lo que es su territorio pero que pertenecen a asociaciones con derechos y obligaciones distintos y que no reconocen los principios ancaps? ¿Con qué derecho? Si tienen normas, si tienen jusrisprudencia, si tienen un territorio donde esa jurisprudencia, derecho.... capacidad coactiva... si. Si no... NO.
¿Y si tienen todo eso no estamos hablando de un Estado mínimo? ¿Muy mínimo pero Estado?
No te molestes, Toven, que mi intención no era ofender; es que me quedé tan anonadado al leer tu concepción de coacción… en fin, por lo que veo no has leído nunca un manual de derecho o de economía, porque si no no me lo explico (es una cosa básica).
Pero nada, ya has aprendido algo nuevo. Mira qué bien.
Señor Bastiat,
tomo nota de sus cuestiones y la elaboración de una respuesta entra en la lista de tareas a realizar... quizá... más adelante, cuando mi disponibilidad de tiempo lo permita... y pula cierta tendencias que hacen que dicha respuesta y cualquier posible intento de debate con ud. ceda posiciones en esa lista. No tiene mayor importancia y no quiero dársela, pero justo después del llamamiento a "hacer un esfuerzo por quitar acritud" me suelta eso de que he realizado "una exposición un tanto fuera de lugar". Pero hombre, ¿en qué quedamos? Primero, mi pecado es sugerirle una lectura en inglés (no sabía que lo de este idioma fuera un problema para ud.) en lugar de hacer una exposición. Ahora mi pecado es hacer una exposición. Pecador por partida doble, aunque sean pecados mutuamente excluyentes. Y, por cierto, si cree que la lectura que le sugerí está fuera de lugar, se equivoca: el capítulo 2 parece redactado específicamente para responder a su cuestión, como podrá comprobar dentro de unas semanas o meses si procedo a elaborar la respuesta en cuestión. O tal vez transcurra más tiempo, pues ahora tendré que dilucidar la cuestión de si dos acusaciones opuestas y mutuamente excluyentes se cancelan entre sí o, si por el contrario, requieren líneas de defensa independientes para cada acusación. Las líneas resultantes, ¿serán paralelas, perpendiculares, en zig-zag... ? La lista de tareas crece demasiado deprisa... (anotado al margen en mi ejemplar del
Bardo Thodol: para la próxima vida acuérdate, Jubal, de reencarnarte como un humano de dos cabezas y aprender los secretos del procesamiento en paralelo.)
La contradicción que acabo de señalar, aunque parezca anecdótica, tal vez sea muestra de algo más profundo. Voy a explicarme y espero que lo tome como una invitación a la reflexión, de la que tal vez saque una hipótesis que debería considerar como respuesta alternativa a la pregunta que antes se hacía sobre por qué se obviaban sus cuestiones. Creo que está claro que no pierde usted ocasión de sacar a relucir el tema de la inviabilidad del anarquismo cada vez que algún anarco-liberal abre la boca, o publica un artículo o comentario, para ser más exactos (sin ir más lejos, este artículo de don Francisco Capella solo toca el tema tangencialmente). Pero si el modelo anarco-liberal no es realista, nunca será realidad. En ese caso, ¿qué importa discutir con los anarco-liberales si sus propuestas son realistas o no? (O, para ser más exactos, intentar hacerles ver a estos pobrecillos ingenuos, que sus propuestas no son realistas.) La propia realidad, si usted está en lo cierto, ha zanjado esa cuestión. Luego, si se insiste en ella, es porque, en el fondo, se cree que la cuestión no ha sido zanjada por la realidad y que las propuestas anarco-liberales sí son viables. O eso, o se busca, consciente o incoscientemente, otro efecto: resaltar que los anarco-liberales no tienen los pies en el suelo. Esto último tendería a desacreditar sus argumentos a los ojos de quien sea susceptible a tal efecto, incluyendo aquellos argumentos en favor de la libertad que sean aprovechables desde el punto de vista del liberal minarquista. En resumen, se trata de un empeño contradictorio. ¿Será la ausencia de respuestas una "señal del mercado", inidicando que éste prioriza otras cuestiones más urgentes?
Capítulos de una posible futura respuesta a las inquietudes del señor Bastiat, tal y como la tengo en mente hoy por hoy:
1) Breve exposición de la "teoría sociológica del Estado" o "teoría de la conquista". Almendras dulces y amargas del "social-liberalismo". Albert Jay Nock y Frank Chodorov se quedan con las
dulces (normalmente cobraría tres onzas de plata por este trabajo; pero por ser usted, señor Bastiat, si lo hago lo haré gratis... ¡con tal de que no me vuelva a acusar de hacer o no hacer una exposición de tal o cual carácter!).
2) Reflexiones sobre las preguntas de Bastiat. ¿Hay respuestas correctas a preguntas incorrectas?
3) Discernir la metodología adecuada nos lleva a formularnos las preguntas correctas. Sistemas complejos y auto-organización. Todo anarco-liberal es abolicionista; pero no todo abolicionista es anarco-liberal. ¿Hay algún minarquista que sea abolicionista? Para obtener la respuesta, cargue el programa en la máquina y pulse el botón.
Y ahora, señor Bastiat, si me lo permite, cerraré el chiringuito de estudios sobre la sexualidad de los ángeles. Cuando los
mariantonietos se reunen para organizar el reparto de tortas en sustitución del pan, es señal inequívoca de que el horno no está para bollos. Hay mucha pedagogía elemental que realizar y mucho esclavo que despertar del sueño de Matrix. Por cierto, ¿cómo se soñarán liberales los esclavos dormidos en Matrix? ¿Se verán a sí mismos gritando "yo soy Espartaco" llegado el momento o como sumisos aspirantes a convertirse algún día en "ciudadanos de Roma" siguiendo los cauces establecidos? Que nadie responda, por favor. Solo son pensamientos en voz alta.
Estimado y Apreciado… a pesar de todo, Sr. Jubal, atento quedo a la espera de su respuesta puesto que parece que sólo Ud. tiene a bien someterme al tremendo placer de leer enormes alegatos intrascendentes puesto que intrascendente es una respuesta que no responde.
Eso sí, si no responde porque mis preguntas son incorrectas espero que entienda Ud. que mi inquietud supera ya los límites de lo insoportable puesto que espero que me diga Ud. qué preguntas he de hacer para que sea correctas y así pueda exhibirse en ilustrar al mundo mundial con su infinita sabiduría.
Habida cuenta que todo ser humano puede sentirse agraviado y ofendido por las palabras de otro he de decirle que lo logra con una habilidad propia de un maestro. Supongo que sus muchas lecturas de Frank Chodorov, Franz Oppenheimer, Albert Jay Nock, otro del que no tengo ni idea… espero que tenga a bien disculpar mi idiocia causa fundamental de mi incultura profunda, he de decirle que debido a su superior escalafón en la escala evolutiva, ya digo, mi necesidad de verme ilustrado por la luz que emana de sus escritos ilumine a este pobre profano en los arcanos del anarcocapilatismo.
Bueno dejémonos de tonterías. Si mis preguntas les parecen incorrectas no hay mas que decir, preguntas mal, el signo de interrogación hacia arriba es para abrir la pregunta y el de hacia abajo para cerrar… porque por lo demás… cáspita!, ¿lo de entremedias de esos dos signos ortográficos es la manera y la causa por la que no se responde?
No. No se responde no porque mis preguntas estén bien o mal formuladas. No se responden porque sacan a relucir el principal fallo en el postulado anarquista que es la organización del grupo humano en el momento en el que tiene que, no poner los pies en el suelo, Sr. Jubal, aunque un poco en las nubes sí que anda Ud. en cuanto saca a relucir susceptibilidades y buscando intenciones en mis palabras en vez de dar respuestas, sino porque los principios anarquistas aplicados a un grupo humano hay que hacerlo en un territorio determinado. Ese principio de realidad, dónde se aplica la anarquía hay que definirlo, sobre todo porque uno no puede decir, la anarquía es global, sino se aplica en toaa la isla del Hierro, Islas Canarias, o sólo en Teixois y el valle del arroyo de Mestas, allá por el occidente asturiano.
Realidad Sr. Jubal. Y al aplicarlo a un territorio determinado también deberá de explicar cómo se ven afectadas las personas que allí vivan, si es precisa la aceptación de una situación particular o por el contralor les es indiferente. Y si les es indiferente explicarme, Ud. no, quizás Albert. si esa sociedad, circunscrita a un territorio determinado puede, o tiene dentro de los postulados anarquistas, tomar la decisión de defender como sociedad a un individuo que provenga de otro grupo humano, inmerso incluso dentro de esos límites donde se aplica la anarquía, que tiene otras normas distintas puesto que como sentido anárquico fundamental nadie puede imponer ninguna norma, pero tampoco puede impedir que nadie se someta a normas, o acuerdos, voluntaria o involuntariamente, puesto que si media un contrato, la ruptura del mismo deberá hacerse conforme esté prevista su resolución en el mismo. ¿O no?
Piense lo que me cuenta. Por que si es que si, es posible que en una anarquía se puedan rubricar contratos de esclavitud. Si es que no el principio de máxima libertad queda ya limitado ante la imposibilidad real, no sé si legal, al menos jurisprudencial, de la realización de ese tipo de contratos POR IMPOSICIÓN de la sociedad anárquica sobre sus miembros. ¿Cómo se hace?
Bueno, quizás cuando se haya leído otro puñado de libros para traer su ilustración a brillar ante este pobre indocumentado, que sólo habla por si y no presume de sus lecturas, tenga a bien contestar.
Pero es que además, cuando los liberales estamos hablando de qué liberalismo es posible y los anarcocapitalistas dicen que todo lo que no sea eliminar el Estado nada tiene de verdaderamente liberal, mucho me temo que éstos tienen la obligación de contestar a las preguntas que los “otros liberales” hacemos puesto que encontramos incongruencias en sus planteamientos. Si no lo hacen una de dos, o desprecian a quien las hace, y por tanto me doy por despreciado, o desprecian al resto del liberalismo. Pero esta actitud no habla para nada bien de aquellos que así se manifiestan.
Y para finalizar, respeto. Ud. empezó primero.
Señor Bastiat,
y yo que creía haber "empezado el segundo". Pues nada, yo "empecé primero"[sic], lo que usted diga. Bueno, por partes:
1) Gracias por declarar su estima y aprecio, pero preferiría que en lugar de decirlo lo demostrara. Por ejemplo, absteniéndose de tergiversar lo que digo y simular que me responde, respondiéndo a cosas distintas de lo que he dicho (como se ve
aquí: me obliga usted a repertirme). Todo con muy buenas formas, eso sí: que el maleducado parezca el otro. En fin, tanta "estima y aprecio y admiración y blablabla", pero ni una espontánea disculpa por salirse por los cerros de Úbeda después de dedicar una porción nada desdeñable de mi tiempo a intentar debatir con usted (enlace anterior).
2) Mi mensaje anterior no es "un enorme alegato intrascendente... una respuesta que no responde", puesto que:
a) no pretendía ser una respuesta a sus preguntas, sino el adelanto esquemático de una posible futura respuesta, tal y como explícitamente se indica (pero eso a usted parece no importarle: exige que se le responda, que se le explique, que se le atienda; pero luego, y parece una arragaida costumbre, no presta mucha atención a lo que se le dice, ¿eh?)
b) no es "enorme", ni comparado con sus muy trascendentes alegatos ni comparado con la respuesta que pensaba redactar para atender su solicitud... er, digo exigencia. Esta posible futura respuesta, que tenía pensado que fuera amplia y detallada, ocuparía mucho más espacio que el mensaje anterior y no tenía tiempo entonces para redactarla. Por cierto, demuestra usted también que no le importa que los demás tengamos tiempo o no para atender sus exigencias. Muy respetuoso y civilizado por su parte, señor Bastiat. Usted verá. Ha conseguido que ahora, aunque tuviera tiempo para redactarla, ya no tenga deseo alguno de hacerlo ante las tan afectuosas muestras de "estima y aprecio" que me dispensa (en mi anterior mensaje, que usted se ha tomado como si fuera una especie de "obra maestra" del agravio y la ofensa, mi única intención, además de adelantar el citado esquema como muestra de mi voluntad --condicionada a algún gesto de acercamiento por su parte-- de responder, era invitarle una vez más a reconsiderar sus actitudes; pero, como explico en el punto 4, quien ha demostrado su habilidad ha sido usted).
3) No obstante, sobre las preguntas correctas y las incorrectas: la verdad es que me importa poco si en una hipotética sociedad anarco-capitalista puede darse un contrato de "esclavitud voluntaria". Un servidor, de momento, está todavía ocupado con la cuestión de la esclavitud involuntaria (al menos involuntaria en algunos casos) del aquí y ahora que todos padecemos. Lo que me preocupa es cómo conseguir un mundo más libre, lo cual no constituye solamente un problema de prioridades, sino también metodológico. Lo que importa es el camino que hemos de abrir ante nosotros, no las disquisiciones teóricas sobre hipotéticos destinos. La libertad hay que buscarla en el cada paso de ese camino, no en la arquitectura de las maquetas que ilustran posibles modelos, puesto que las ilustraciones son solo eso, ilustraciones, que se supone que están para ayudar a ver, pero no para constituirse en realidades edificadas
ex novo en sustitución de la realidad actual. Me da igual si en la búsqueda de esa libertad, se llega a un estado de cosas anarquista, minarquista o pindiribilicuasiarquista, o cualquiera intermedio o híbrido entre dichas posibilidades. No soy anarquista. No soy minarquista. Soy abolicionista, porque no se lucha por la libertad discutiendo interminablemente sobre estados finales* teóricos del sistema complejo que es la sociedad, sino poniendo en práctica iniciativas que aumenten la preponderancia en la dinámica de dicho sistema de la ley fundamental que ha de regir las interacciones entre sus elementos. En otras palabras, las ecuaciones del sistema no son resolubles analíticamente (y, por tanto, el estado final del sistema no se puede conocer con precisión de antemano). El único computador que las resolverá será la realidad. Y como nosotros habitamos y padecemos dicha realidad, si queremos que el "estado final" sea liberal más nos vale emplearnos a fondo en conseguir la preponderancia de esa ley fundamental a la que aludía, el principio de no agresión. Se fomenta la interacción social regida por dicha ley, se reprueba la interacción a-social regida por la ley del más fuerte y se intenta conducir así la evolución del sistema hacia un orden espontáneo** lo más liberal posible.
* (Lo de "estado final" es una forma de hablar, ya que el sistema está en una constante evolución dinámica y las posibles "soluciones de las ecuaciones" son estados relativamente estables, pero no eternos ni inmutables)
** (¿Es la utilización agresiva de la fuerza, normalmente realizada por agrupaciones de elementos que constituyen una estructura de orden superior a los elementos individuales, una "ley de interacción" que conduzca a un orden que se pueda calificar de espontáneo? En otras palabras, ¿cabe afirmar que el Estado moderno sea una estructura propia de un orden social espontáneo? Dado que los elementos del sistema "sociedad" son sujetos morales, que tienen derechos, ¿cabe considerar como "sistema complejo auto-ordenado" uno en el que algunos elementos tienen derecho a la agresión y otros no?)
4) Alguien se me acerca en la calle y me pide que le indique cómo llegar a un lugar determinado. Intento darle las indicaciones del modo más exacto y exento de ambigüedades que sé, lo que implica no limitarme a decir "primero a la izquierda, luego a la derecha...", sino citar las calles por su nombre para que esa persona sepa situarse mejor. Para mi sorpresa, la persona reacciona como si tuviera intención de ofenderle por citar las calles por su nombre: "¿Cómo quiere usted que recuerde esos nombres? ¡Qué desfachatez! ¡Presumir de tener una memoria de superdotado ante un pobre ciudadano como yo!" Si esa persona, otro día, vuelve a hacer ademán de dirigirme la palabra, ¿qué debo hacer? ¿Atenderle de nuevo o cambiarme de acera? Si vuelvo a escuchar sus demandas me temo que estaré demostrando tener una sabiduría muy, pero que muy finita y cortita. Si alguien nombra a un autor que no conozco, lo que normalmente hago no es tomarlo como una ofensa personal, sino utilizar internet (Google y Wikipedia son herramientas muy populares --por ejemplo:
Calle de Albert Jay Nock) para buscar información y hacerme una idea general y aprender algo nuevo. ¿Especial habilidad para ofender o especial habilidad para hacerse el ofendido? En fin... Por si fuera poco, luego resulta que soy yo el que se dirige a usted "con acritud" o el que "anda un poco en las nubes [...] buscando intenciones" en sus palabras. Pues nada, para usted la perra gorda. Un servidor tiene mejores cosas que hacer y nuestros anfitriones merecen mejores aportaciones de los lectores que las que me inspiran sus enredos, señor Bastiat (¿por qué no cambia usted de pseudónimo?, que un servidor no tiene nada contra el pensador francés). Felicítese, pues podrá así ir por ahí diciendo que no tengo argumentos.
Planeta-prisión Tierra, a 5 de enero de 2009.