2005 Instituto Juan de Mariana
El Instituto Juan de Mariana gana el Fisher Venture Grant, un programa para apoyar los think tanks jóvenes
Instituto Juan de Mariana
Reducir tamaño de letra Aumentar tamaño de letra

Comentarios

Portada - Comentarios - Redistribución de talentos, inteligencia y guapura

07/11/2008 - Albert Esplugas Boter

Redistribución de talentos, inteligencia y guapura

Las declaraciones de Obama hace siete años favorables a la redistribución masiva de renta han levantado polvareda en Estados Unidos. En España nos sorprende que tantos americanos pongan el grito en el cielo ante esta clase de opiniones, pero si estuviéramos menos ofuscados por eslóganes emocionales entenderíamos que ésa es la reacción más sensata.

El argumento práctico en contra de la redistribución de rentas es simple y contundente: la redistribución implica que unas personas reciben un volumen de riqueza superior al que generan como productores a expensas de otras personas a quienes se confisca parte de lo que como productores les corresponde. De este modo deviene relativamente más gravoso obtener renta produciendo y relativamente menos gravoso obtenerla a través del Estado, por lo que se incentiva lo segundo en detrimento de lo primero.

Los igualitaristas a menudo arguyen que estas consideraciones prácticas son secundarias, pues la ética exige que sacrifiquemos algo de "eficiencia" en ayuda de los más necesitados. En concreto, el progresismo más ilustrado (Rawls, Dworkin) plantea argumentos como éste: la desigualdad que es fruto del esfuerzo y las decisiones personales es legítima, la desigualdad que es fruto del azar y los talentos innatos es ilegítima y debe intentar corregirse. Este planteamiento equipara justicia con mérito.

Más allá de la dificultad de separar las decisiones personales del azar o el talento innato (¿es Rafael Nadal rico porque se ha esforzado o porque nació con talento?) cabe cuestionar la premisa: ¿por qué es injusto aprovecharnos de los talentos, características, circunstancias, etc. que la naturaleza ha puesto a nuestro alcance? No es cierto que nuestras intuiciones morales apunten en esa dirección. La gente vincula el mérito con la justicia en muchos casos, pero no lo hace en muchos otros. También cree que el azar juega un papel importante y legítimo en la vida, y procura sacar partido a sus atributos, talentos y circunstancias sin sentir remordimientos por ello. De hecho es difícil reconciliar nuestra individualidad y sentido de la existencia con la idea de que nuestros talentos y características innatas son en cierto modo indignas y necesitan de represión y correctivos.

Con todo, no está claro que la equiparación de justicia con mérito lleve a conclusiones redistribucionistas, pues el beneficiario del aparato redistributivo aún ha hecho menos méritos para recibir subsidios. Si despojamos el argumento de florituras se reduce a lo siguiente: un individuo con menos talento o en circunstancias precarias puede amenazar con violencia a otro individuo inmerecidamente más rico (como consecuencia de su talento, suerte, etc.) para quitarle parte de su riqueza, aunque aquél haya hecho aún menospara merecerla.

La defensa meritocrática de la redistribución tiene otras implicaciones incómodas para sus proponentes. Imaginemos un mundo en el que podemos transferir nuestros componentes físicos a otras personas mediante procesos quirúrgicos. En este mundo, de acuerdo con el principio de que la desigualdad innata es injusta y debe corregirse, deberíamos redistribuir los atributos físicos de nuestro cuerpo: los guapos deberían transferir, bajo coacción, parte de su belleza a los feos; los atletas deberían transferir parte de su agilidad y fortaleza a los minusválidos. En definitiva, en ese mundo los progresistas deberían estar a favor del igualitarismo físico.

Corregir la desigualdad física, genética y psíquica, debería ser en realidad su política preferida en un mundo donde tal cosa fuera posible, pues la desigualdad física es el origen de la desigualdad de rentas que pretenden corregir. Si un individuo ha obtenido una gran fortuna como resultado de su innato talento e inteligencia, podemos redistribuir parte de su fortuna a quienes tienen menos, o podemos atacar la fuente y redistribuir parte de su talento e inteligencia a alguien sin talento y con un IQ bajo.

Los progresistas pueden consolarse pensando que el igualitarismo físico es hoy en día ciencia ficción (aunque con el desarrollo de la eugenesia quizás deje de serlo pronto). Pero el propósito de este experimento mental es averiguar si el igualitarismo físico, con independencia de su viabilidad, es moralmente deseable. O, más específicamente, si el argumento meritocrático a favor de la redistribución implica la deseabilidad del igualitarismo físico. Encerrar en un gulag a todo el que crea que Dios existe también es materialmente irrealizable, pero considerar esta idea deseable o que tu razonamiento conduzca lógicamente a ella ya es lo bastante preocupante.

La próxima vez que un progresista defienda la redistribución de rentas deberíamos preguntarle si estaría dispuesto a renunciar a su talento, guapura o inteligencia en favor de quienes no tienen esos atributos. Se encontraría entonces en la tesitura de abrazar el igualitarismo físico o rechazar el igualitarismo material. Y con un poco de suerte vencería el sentido común.

 

Opinión de los lectores

raph

En España se sigue condenando al que genera riqueza y ese discurso hace que el mercado laboral sea más rígido que una piedra. Si se impone una política favorable a la redistribución, me digo a mi mismo: No seas productivo porque van a venir por mi, mas bien ten mentalidad de parásito como los funcionarios, porque así cobras sin dar golpe. Pensar así es lo inmoral.

B. Toven

Como siempre os pasa a los ultraliberales confundis social-democracia con comunismo. Una cosa es un Estado del bienestar que garantice un mínimo de dignidad a quienes no tienen trabajo o salud o suerte, y otra cosa es el igualitarismo comunista. Esa equiparación de Marx con Sismondi delata vuestro fundamentalismo.

ANCAP

B. Toven,

Tu confundes "social-democracia" con Estado.
No, el problema de la mal llamada "social-democracia" no está en que la confundamos con el comunismo, sino que la identificamos con el ESTATISMO.

Lo que tu llamas "social-democracia" no es ni social ni democrática. Decir lo contrario es negar la evidencia.

Albert Esplugas

B. Toven,

Como habrás notado en el artículo menciono a Dworkin y a Rawls (social-liberales/progresistas, ciertamente no comunistas) como valedores representativos de la redistribución meritocrática. El artículo está inspirado en esta discusión sobre la legitimidad de la herencia.

El argumento progresista a favor de la redistribución/igualitarismo de rentas suele tener esta forma: la desigualdad que es fruto del esfuerzo y las decisiones personales es legítima, la desigualdad que es fruto del azar y los talentos innatos es ilegítima y debe intentar corregirse.

Citoyen (otro progresista no comunista) lo explicaba con palabras distintas:

El ideal de Dworkin- en realidad de todo el “liberalismo igualitarista” es que en una situación idealmente justa, las diferencias de “utilidad”-satisfacción individual, etc,… sólo son legítimas cuando derivan directamente de elecciones individuales. En cambio, las causas dadas exógenamente, no son legítimas.

Mi artículo es una réplica a este planteamiento progresista y es obvio que no estoy asumiendo que sus proponentes defienden la redistribución de la riqueza completa al más puro estilo soviético, sino una redistribución encaminada a compensar las desigualdades naturales de talento, circunstancias etc.

De ahí que mi argumento final sea que, en un mundo Gattaca su razonamiento les llevaría a defender el igualitarismo físico. Sobre la base de este igualitarismo físico podrían entonces darse desigualdades, pues ya no estarían fundadas en la desigualdad de talento, inteligencia etc.

Un saludo

Javier

A falta de herramientas biogenéticas, nuestra social-democracia apuesta de hecho por lograr ese igualitarismo vía educación, rehuyendo de colegios concertados y modelos de libre elección para homogeneizar la enseñanza, no apostando porque los méritos se impongan en el avance de los alumnos.
Para ser ya politicamente incorrecto del todo, supongamos una clase donde un grupo de niños difíciles interrumpen contínuamente el ritmo, creo que un buen social-demócrata no se plantea separarlos en una clase junto con los niños de otras clases con comportamiento similar, y lo cierto es que sería una papeleta difícil. ¿Pero qué ocurre con el otro grupo de alumnos, más discreto, que muestra interés y queda privado de una calidad de enseñanza debido a los otros? ¿A qué grupo hay que prestar más atención?
El alumno que destaca y demuestra capacidades sobresalientes en alguna materia, ¿lo hace por talento innato, o por esfuerzo? ¿Por gusto, o por llevar la contraria? Lo cierto es que a toda la sociedad nos viene bien que adquiera la máxima capacidad y la aplique en su campo,... y si es posible que tenga una buena retribución y no se vaya a E.E.U.U. (Al que no estudió nada y envejeció en la facultad participando en todos los actos y movidas sindicales, que se lo lleven, .... no caerá esa breva)

El caso del comunista es más sencillo, hay un chiste que lo explica. Pasea un comunista por un puerto con un amigo, éste le pregunta ¿qué harías si tuvieras ese yate? Lo cedería al pueblo, naturalmente..... Siguen andado. ¿Y si tuvieras esa limusina? Pues la pondría al servicio del pueblo, hombre..... Siguen.¿Y si tuvieras esa furgoneta? Déjate, déjate, que la furgoneta esa es mía!!

citoyen

Hola Albert,

En mi opinión, y no es un recriminación porque pienso que no lo haces a propósito, haces trampas.

En primer lugar, haces una reducción al absurdo llevando la teoría a un caso extremo. Las teorías de la justicia están para resolver problemas cotidianos, no para resolver situaciones qu ese plantearían si la realidad fuera otra. La inteigencia no es un bien comerciable-no es como la renta o las patatas que se puede redistribuir quitando a unos y dando a otros- luego tu objección "renunciar a la inteligencia" es totalmente hipotética- es decir no es ni siquiera probable que algo parecido pueda producirse.

El caso de los órganos-que sí se pueden redistribuir- es complicado; pero sois vosotros los que defendéis el comercio de órganos, no creo que argumentar por reducción al absurdo apelando a las intuiciones de la gente sea una buena estrategia

Estás mezclando un planteamiento normativo con uno positivo. En tu ejemplo asumes que igualar física y genéticamente a los individuos podría hacerse con coste 0 y dices que yo lo apoyaría. No es absurdo, pero implícitamente apelas a los prejuicios del lector respecto a la eugenesia. Más importante me parece, las desigualdades físicas son una fuente de ventaja comparativa que debe computarse tras el velo como un coste. En tu ejemplo puedes suponer que esa ventaja comparativa no existe, pero entonces tu ejemplo está a años luz de ser real.

El problema es que en la reducción al absurdo procedes así
1) Los progresistas desearían la igualación física en un mundo hipotético
2) Nadie en sus cabales desearía la igualación física.
3) Luego los progresistas no están en sus cabales.

El paso 2 es un juicio de valor no básico (que incorpora concepciones positivas, hechos). Esas concepciones positivas son las que tu sacas del juicio de valor en el paso 1). Es decir, estás comparando cosas que no son comparables- un mundo hipotético con las intuiciones reales de la gente que no son hipotéticas. La razón por las que la gente se opone intuitivamente a la eugenesia es, al menos en parte, porque supone, con razón, que la aplicación de esquema eugenésicos podría llegar a ser desastrosa, incluso desde una perspectiva progesista. ¿cómo se gestionaría? ¿cómo funcionaría?¿como aseguraríamos que no viviéramos en un mundo distópico? Todo eso son problemas de hecho, que tu excluyes de mi argumento normativo pero incluyes implícitamente en el argumento intuitivo.

Eugenio Martín Velázquez

Albert un magnífico articulo. Que pena que nadie quiera ser el primero en dejarse igualar por la maquina de la igualdad que tanto les gusta.

Eugenio Martín Velázquez

Citoyen destacar que cada individuo es una única persona diferente de todas las demás. Si la diversidad de cada individuo no fuera una ley universal mi argumento por la libertad y no la igualdad sería muy flojo. Por que si nos hacéis intercambiables como se pueden intercambiar las hormigas entre si, perderíamos la oportunidad de desarrollar nuestra mente, nuestras facultades, nuestra personalidad, etc.

citoyen

Sí, releyéndome me doy cuenta de que ha quedado un poco críptico. Disculpa mi autocita http://www.lorem-ipsum.es/blogs/laleydelagravedad/?p=54#comment-752 :

" * juicios de valor básicos: válidos con independencia de las circunstancias de hecho
* juicios de valor no básicos:válidos en función de una serie de circunstancias de hecho.

En un contexto un poco más actual estos juicios de valor no básicos también se encuentran. Por ejemplo, la condena –moral- marxista de la explotación capitalista se apoya sobre la teoría-científica- laboral del valor. En la medida en que la segunda ha venido a ser considerada como inválida, la condena moral del capitalismo pierde bastante de su fundamento. "

Cuando tu comparas el paso 1) al 2) estás comparando una teoría puramente normativa- un juicio de valor básico- a un juicio de valor no básico - la oposición común a la eugenesia que se basa en juicios sobre los riesgos que tendría una stiuación de este tipo.

En la medida en que las intuiciones morales siempre incorporan juicios de valor no básicos, no es posible compararlas de forma tan directa con situaciones idealizadas.

En general, soy bastante escéptico respecto al uso de "tales" en filosofía moral; es algo que Nozick usa constantemente y cae-en mi opinión casi siempre- en comparaciones de cosas que no son comparables

B. Toven

Muchos liberales daís por hecho que el Estado del bienestar es igualitarista cuando en absoluto lo es. Me parece muy bien que se critique el Estado del bienestar porque lacra la creación de riqueza, pero no porque pretenda la igualdad de las personas. El estado del bienestar no tiene nada que ver con Marx. Es un invento del capitalismo para evitar que los perdedores en el juego del libre mercado se mueran de hambre.

Bastiat

Sr. Citoyen en el caso de los humanos es el único ser dentro de la naturaleza en el que podemos hablar de eugenesia. Pero la eugenesia es un concepto aplicado a la selección artificial por el asesinato de individuos poseedores de ciertos rasgos considerados inadecuados o inviables, en lo primero basados en prejuicios raciales o en la búsqueda de la eliminación de aquellos menos aptos, Esparta, en el segundo se busca la eliminación de aquellos que puedan causar incomodo a quienes tienen que hacerse cargo de ellos o de los gastos a quien tiene que pagar su manutención.

Sin embargo, haciendo una hipérbole sí que podemos hablar de una cierta eugenesia en el momento en el que para limitar los efectos de las diferencias físicas y de talento entre los individuos, les quitamos a los mejores parte de lo que consiguen para dárselo a quienes la naturaleza o su voluntad no les ha dotado de capacidades tan excelsas.

Por tanto considero adecuado hablar de eugenesia social el proceso por el cual el Estado impone el atraco a los más capaces para igualar en cualquiera concepción igualitarista de los aspectos de la vida a los hombres…. y mujeres, no sea que me digáis…basados en idearios necesariamente sujetos a la coacción sobre el individuo. Ideales como la proliferación de “derechos” tales como derecho a la vivienda digna en el cual se olvida que lo que todo individuo, y esto sí igual para todos, tiene derecho es a la propiedad, a su propiedad, a la propiedad privada, pero no a especificar ni la cantidad de propiedad que uno pueda tener de más o de menos ni a la calidad que cada uno pueda considerar digna. Para que tal “derecho” se aplique tiene que haber un aparato coactivo que imponga a toda la sociedad unos estándares obligatorios e igualitarios que no se puede hacer sin el camino a la dictadura.

No hace falta que te recuerde una de las obras de Hayek mas celebradas por el gran público como es “Camino de servidumbre”. En el momento en el que hay quien impone sus ideales a toda la sociedad el camino hacia la tiranía está servido, aunque se imponga de manera democrática. Como muchas veces se ha dicho la democracia nunca puede ser lo que decidan cenar entre dos lobos y un cordero. Existe y deben existir derechos individuales inalienables y si bien tanto su defensa como su ordenación implican una necesaria limitación o mutilación de los mismos en aras de la convivencia, el grado de acoso al que se vean sometidos será indicativo directamente proporcional al grado de tiranía que exista en esa sociedad.

Pero mas allá de la propia tiranía el concepto de eugenesia social así aplicado tiene como consecuencia la paulatina selección natural de actitudes tendentes a la abulia, si no tengo y me dan para qué me voy a esforzar, frente de la excelencia individual por la que todo individuo recibe el premio, o el castigo, según la sociedad valore mejor o peor sus actos. Por tanto, si se impone un estándar que castiga la excelencia a costa de premiar la mediocridad necesariamente se produce un proceso de selección natural (artificial) dentro de la sociedad por medio de eso que llamo eugenesia social.

Albert Esplugas

Hola Citoyen,

No estoy seguro de que hayas entendido el fondo del artículo.

Mi planteamiento es: si los talentos, la inteligencia etc. pudieran redistribuirse como las rentas o las patatas, deberías estar a favor de redistribuirlos.

Concedido,la eugenesia es un mal ejemplo porque en todo caso produciría igualitarismo físico sin redistribución. También son confusas mis referencias al "igualitarismo físico", en realidad debería leerse "igualitarismo físico mediante redistribución". De modo que sí, mi planteamiento es pura ciencia ficción. Aún así me parece un experimento necesario y perfectamente válido, de cara a explorar si nuestras intuiciones morales (según tus palabras, uno de los pilares de un sistema ético) son coherentes con la redistribución de la renta con fundamento meritocrático.

Tu objeción enfatiza el hecho de que mi planteamiento es ficción:

Las teorías de la justicia están para resolver problemas cotidianos, no para resolver situaciones qu ese plantearían si la realidad fuera otra.

Es decir, estás comparando cosas que no son comparables- un mundo hipotético con las intuiciones reales de la gente que no son hipotéticas.

Cuando tu comparas el paso 1) al 2) estás comparando una teoría puramente normativa- un juicio de valor básico- a un juicio de valor no básico - la oposición común a la eugenesia que se basa en juicios sobre los riesgos que tendría una stiuación de este tipo.

En la medida en que las intuiciones morales siempre incorporan juicios de valor no básicos, no es posible compararlas de forma tan directa con situaciones idealizadas.


Me parece una objeción curiosa viniendo de alguien que se toma en serio el "velo de la ignorancia" rawlsiano, que por supuesto es un planteamiento hipotético absolutamente irreal. Si tú puedes jugar a la ciencia ficción con velos de la ignorancia que nos ubican en un escenario en el que los individuos no sabemos cuáles son nuestros atributos innatos etc. (en otras palabras, donde los invidiuos ignoran su propia individualidad), entonces yo también puedo jugar a la ciencia ficción planteando un escenario en el que la redistribución de cualidades innatas, inteligencia etc. es posible. No veo la diferencia, ni entiendo por qué mi escenario es una "reducción al absurdo" y el de Rawls no. En ambos casos el experimento mental nos sirve para averiguar a dónde nos llevan las intuiciones morales de las personas.

Permíteme desarrollar un poco más la idea. Modifico tus 3 puntos:

1) La redistribución de rentas implica lógicamente la redistribución física en un escenario hipotético donde eso fuera posible (ignora el ejemplo de la eugenesia).
2) Nadie en sus cabales desearía la redistribución física.
3) Luego los progresistas deberían rechazar la redistribución de la renta (al menos en base a argumentos meritocráticos).

En el punto 2, supongo que ahora queda claro, no me estoy refiriendo a la "oposición común a la eugenesia que se basa en juicios sobre los riesgos que tendría una stiuación de este tipo". Mi presunción es que la gente se opondría a la redistribución física porque se sería una agresión demasiado evidente y directa, imposible de racionalizar bajo eslóganes emocionales como ocurre con la redistribución de la renta. En otras palabras, la redistribución física chocaría con las intuiciones morales de la gente de una forma mucho más directa que la redistribución de la renta. La redistribución física también tiene como implicación lógica la negación de la individualidad, que es lo que hace Rawls con su velo de la ignorancia pero no se percibe tan claramente porque su teoría apela a la redistribución de los efectos de la individualidad y no a la redistribución de la individualidad misma. Y en efecto creo que las intuiciones morales de la gente no suscriben la negación o la corrección de la individualidad. (Recuerda que en tu post sobre la herencia la base de tu argumento era la alineación de las intuiciones morales de la gente con la idea de que la desigualdad por causas exógenas es injusta. De ahí se desprende que la desigualdad producto de la individualidad innata de las personas - talentos, inteligencia etc.- es injusta, y que la gente está de acuerdo en que la individualidad es un mal qe hay que corregir. Mi planteamiento pretende refutar esta premisa).

El experimento mental tiene además ramificaciones sugerentes. Tú mismo nos proporcionas un ejemplo en el que mi tesis tiene aplicación en el mundo real: la redistribución de órganos.

Dices:

El caso de los órganos-que sí se pueden redistribuir- es complicado; pero sois vosotros los que defendéis el comercio de órganos

En efecto, nosotros denfedemos el comercio voluntario de órganos, como defendemos la transferencia voluntaria de rentas. Lo que no defendemos es la redistribución de órganos o la redistribución de rentas. El argumento meritocrático en favor de la redistribución de rentas debería llevar a los progresistas a defender la redistribución forzosa de órganos. Dinos Citoyen, ¿estás a favor de la redistribución forzosa de órganos? Quizás te opongas por consideraciones prácticas/económicas, lo que me interesaría saber es si estás filosóficamente/éticamente en contra o no de quitar por la fuerza un riñón a alguien que tiene dos para dárselo a alguien que necesita uno.

También me parece muy interesante el comentario de mauromazza en mi entrada sobre este artículo. En relación con el atractivo físico viene a decir que el hecho de que no pueda redistribuirse la guapura no quita que los guapos deberían compensar a los feos monetariamente. Las personas derivamos satisfacción de nuestro atractivo físico (una causa exógena), esa satisfacción tiene un valor monetario que deberíamos estar dispuestos a compartir con los que tienen menos atractivo físico y no derivan ninguna satisfacción por ello (o incluso puede ser fuente de infelicidad). Visto desde otro ángulo: no hay motivo para distinguir entre guapura y rentas, ambos están en nuestro "pool" o fondo común de atributos/recursos que nos proporcionan satisfacción/utilidad/felicidad. El fondo común, en la medida en que resulta de causas exógenas, en la medida en que es producto de elecciones personales, debería ser el mismo para todos. Da igual que lo que se redistribuya sean solo rentas (un componente del fondo común), lo que importa es el total del fondo común (alguien muy atractivo, que extrae inmensa satisfacción del hecho de serlo, podría ser forzado a ser prácticamente pobre). De nuevo, me interesaría saber si estás filosófica/éticamente en contra de la redistribución de rentas para compensar el atractivo físico, o lo estás por motivos prácticos.

Un saludo

Berta

Magnífico artículo y magníficas tus respuestas (efectivamente, no hay hipótesis más irreal que la del velo de la ignorancia). Bajo mi punto de vista, otro argumento con el que podemos criticar la distribución económica basada en la meritocracia es, precisamente, atacar ese concepto de meritocracia. No hay una manera objetiva, como dices, de separar la suerte o el talento del mérito puro o del esfuerzo. En un mercado libre no triunfan necesariamente los mejores desde un punto de vista "intelectual", "técnico", de "calidad", etc. Triunfa lo que quiere la gente, que a veces deseará eso intelectual, técnico y de calidad y otras veces no (y además, la gente no es un todo; los consumidores son segmentos). La renta percibida en el mercado libre no es justa por haberse conseguido por los méritos y el esfuerzo propio, sino simplemente por haberse conseguido, es decir, simplemente porque otro ha pagado voluntariamente y por los motivos que sean por tu bien o tu servicio.

Un beso!

© 2005-2010. Instituto Juan de Mariana. Todos los derechos reservados.