2005 Instituto Juan de Mariana
El Instituto Juan de Mariana gana el Fisher Venture Grant, un programa para apoyar los think tanks jóvenes
.
Instituto Juan de Mariana
Reducir tamaño de letra Aumentar tamaño de letra

Comentarios

Portada - Comentarios - De la sociedad civil a la sociedad unitaria

10/11/2008 - Alberto Illán Oviedo

De la sociedad civil a la sociedad unitaria

En contra de lo que se presupone, la Gestapo no era una policía especialmente eficiente. No tenía los medios adecuados, ni humanos ni técnicos, para vigilar a toda la población alemana como la propaganda y en gran medida el cine nos ha dado a entender. Esto no quiere decir que no tuviera resultados satisfactorios para los gerifaltes nazis. La Gestapo, como muchas fuerzas de represión dependía de dos elementos esenciales, por una parte los confidentes, personas que, de forma voluntaria o coaccionados, investigaban para ella. Pero su mayor fuente de información provenía de la sociedad, de personas anónimas que por diversas razones, desde la fe ciega a la simple animadversión, denunciaban a sus vecinos, amigos e incluso familia. Este modelo se repetía en mayor o menor medida en la dictadura estalinista y a lo largo de la historia en todos regímenes totalitarios. Podemos pensar que se circunscribe a las sociedades totalitarias, pero estaríamos equivocados.

Es evidente que ninguna sociedad occidental va a tener un régimen represor parecido a los descritos, pero sí que es posible que las instituciones que forman el Estado articulen normas, protocolos y leyes que eviten que la sociedad civil desarrolle actividades e incluso ideas que puedan perjudicarles. Los gobiernos y los estados bregan mucho mejor con una sociedad civil inactiva y apática que con una que tenga sus propias inquietudes, opiniones y que a través de mecanismos institucionales y sociales, vigile, corrija o incluso derribe gobiernos y estados que se extralimitan en las funciones que se les han encomendado.

La coacción a través de la ley sería la manera más evidente, pero esto, aunque plausible y usado de vez en cuando, genera un descontento evidente y peligroso para los gobernantes. Dentro de esta idea, lo más práctico es la creación de una Constitución que sirva como marco para las leyes, instaurando así una justificación básica. Tal es el caso de los regímenes de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Pero si se viene de una dictadura, esta norma intervencionista es fácilmente aceptada, como en el caso de la Constitución española que tiene puntos muy discutibles desde el punto de vista de una sociedad libre.

Sin embargo, existen otros medios más eficaces para cambiar el paradigma, para alterar la base que permitirá que los ciudadanos terminen aceptando sistemáticamente una situación que limita su propia libertad. El control de la cultura, a través de subvenciones, apoyo a ciertos movimientos culturales o la creación de una cultura "oficial", pero sobre todo de la educación es esencial para que los futuros ciudadanos se hinquen de rodillas voluntariamente ante el poderoso.

La educación es un derecho que se viene justificando desde hace décadas, su control político una realidad evidente. La necesidad de una educación pública y "gratuita" se traduce en la creación de un gran instrumento de adoctrinamiento colectivo. Resulta significativo como aquellos que deploraban en España la educación pública franquista, con sus principios morales y éticos, alaben ahora la educación pública democrática, con sus distintos pero únicos principios morales y éticos; se ve que sólo son partidarios de que el monstruo trabaje para sus fines.

Una moral oficial es un elemento esencial en el trayecto que va de la sociedad civil a la sociedad unitaria y una moral oficial es la única justificación necesaria para hacer aceptable cualquier medida. Los propios ciudadanos se encargarán de hacer la labor sucia al Estado, criticando e incluso persiguiendo a aquellos que no quieren aceptar el estatus quo. Y todo ello dentro de una sociedad democrática, legal y occidental.

 

Opinión de los lectores

Daniel Ballesteros

Cuando te refieres a una moral oficial supongo que te refieres a una moral sostenida por el Estado, entonces la pregunta que me hago es la siguiente: ¿es condenable que el Estado ampare, por ejemplo, una moral basada en la protección a la vida, la libertad y la propiedad?

Me parece que es inviable la existencia de una sociedad funcional sin una moral, sin unos principios de convivencia comúnmente admitidos de mínimos y acordes con la naturaleza humana. Por capilaridad estos principios impregnan las leyes que rigen una comunidad humana, castigando principios disidentes, como el gusto por la violencia o la rapacidad.

Por todo esto entiendo Alberto que cuando cuestionas la existencia de una moral oficial, lo haces en realidad a una moral corrompida intencionadamente para ser útil a aquél que tiene el poder. Pregunto.

Un saludo

Adolfo

Ahí, Alberto, ahí, gran artículo como todos los tuyos. Ya los judíos bajo la inquisición sufrían de la amenaza de denuncia por parte de sus propios familiares. Ahora el poder busca la "colaboración ciudadana" no sólo para detener a asesinos y violadores, sino también para intentar desprestigiar a defraudadores del fisco (gente que intenta no ser robada) y a los que quiere educar a sus hijos a su manera. Sabe que un buen porcentaje de sus "ciudadanos" son siervos y se prestarán a la colaboración.

Santa democracia.

Alberto Illán Oviedo

Gracias Daniel por tu pregunta y tu reflexión. Veamos, la moral es atribuible a la sociedad y sostenida o apoyada, pasiva o activamente, por la gran mayoría de sus miembros. En este proceso el Estado es innecesario, pero sobre todo peligroso. No debemos confundir a la sociedad que la forman todos y cada uno de los individuos con el Estado o el Gobierno. Y eso vale para todas las morales, incluida la que tú planteas, la basada en la vida, la libertad y la propiedad, tres o principios que hoy por hoy el Estado no respeta, en mayor o menor medida.

Estoy de acuerdo contigo en que la moral es esencial para que una sociedad “funcione” y sus principios forman el cemento que une a los miembros de la sociedad y las instituciones que estos generan, pero lo que hace el Estado es pervertir estas uniones, adaptarlas a las necesidades de unos pocos o las visiones utópicas del gobernante de turno. Por eso yo planteo la necesidad de terminar con las formas de adoctrinamiento en forma de educación pública, cultura oficial y (esto no lo he tocado), medios de comunicación afines. No es tanto que la moral se pervierta, esto puede ocurrir desde luego, sino que el poder que se otorga al Estado, que le otorgamos, la transforma en función de unos parámetros deseados, pero no necesariamente deseables. Por más que estos cambios puedan ser anhelados desde mi punto de vista, lo que en realidad estoy propiciando es un gran instrumento que permitiría el adoctrinamiento colectivo en cuanto el gobernante o el régimen cambiaran de signo. Y desgraciadamente eso es lo que está pasando desde hace mucho tiempo en España y en algunas de sus Autonomías.

Gracias Adolfo por los piropos, no creo que sea para tanto. Pero de todo esto, se plantea una cuestión muy interesante, el analizar el por qué y el cómo esa colaboración entre el individuo y el Estado o el Gobierno se hace cada vez mayor y más intensa, qué mecanismos sociales, psicológicos e históricos la hacen posible y esto es algo que creo que escapa de mis conocimientos, más allá de unas cuantas ideas que me pueda plantear, pero no desesperemos en el IJM hay gente muy preparada.

Javier Lissén

Adolfo, discrepo totalmente de tu definición de los defraudadores del fisco como "gente que intenta no ser robada". La forma de luchar contra una presión fiscal excesiva, y conste que suscribo este calificativo en su aplicación al sistema impositivo actual, no puede ser eludir la ley y dejar que otros sí paguen. En mi opinión es inmoral defraudar a Hacienda. Tenemos los legisladores y gobernantes que hemos votado (aunque yo no los haya votado) y lo que hay que hacer si no nos gustan los impuestos es votar a partidos políticos que incluyan rebajas fiscales en su programa electoral. El fraude fiscal lo cometen los empresarios (según el sector de actividad) y autónomos, ante la pasividad de la Administración. Los que sólo tenemos una nómina pagamos hasta el último céntimo de nuestros impuestos.

Eugenio Martín Velázquez

Felicidades Alberto un artículo muy libertario. Que el Estado nos roba y que nuestros hijos son esclavos del Estado y están obligados a ir a la escuela son cosas que no dudo. Que a la gente que le gustan los impuestos, si fuera libre su pago, ellos los pagarían libremente, lo dudo…….y que puedan los niños estudiar en sus casas lo dudo todavía mas……parecerá que soy un ilegal pero antes de borrego legal prefiero soñar que me considero hombre libre.

RAPH

En referecia al comentario de Javier Lissén, que dice que los autónomos cometen fraude fiscal ante la pasividad de la Administración. Javier, no es mi intención confrontar con tu respetable opinión, sino añadir un punto de reflexión más profunda sobre lo que sucede en la realidad de muchos autónomos y empresarios medianos. En el caso de muchos autónomos el generar beneficios se convierte en una tarea de pura y cruel superviviencia, con lo cual se pueden contar con los dedos de una mano a aquellos que declaran todos los movimientos de sus actividades profesionales sin esconder nada. La cuestión es que si no pasas nada por debajo de la mesa no comes ni puedes sobrevivir. No hablo de que con ese dinero que oculto me vaya a comprar un viaje de crucero. Gracias a ese dinero llego a final de mes y puedo hacer una última compra de supermercado para que mis hijos pequeños puedan tener un desayuno, almuerzo y cena en condiciones. Así que cuando oigo hablar a los políticos y burócratas de la Administración de sus asuntos técnicos de la maquinaria estatal, permíteme que diga que no están hablando de la realidad.

Petra

Lo que no es moral es que me pase toda la vida trabajando y pagando los jodidos impuestos y encima ahora nos dicen estos parásitos de la clase política que tiremos del carro.

Estamos construyendo una sociedad de corral, una sociedad pastueña en la que yo me niego a integrarme.

Ha llegado el momento de la rebelión de las clases medias.

Por la web circula un video de movilización, ¡esto va en serio!

http://www.youtube.com/watch?v=31XkuaGYIBI

© 2005-2012. Instituto Juan de Mariana. Todos los derechos reservados.