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Portada - Comentarios - Sofismas y desarrollo económico

27/11/2008 - Ángel Martín Oro

Sofismas y desarrollo económico

Como explicaba María Blanco, y ya expuso hace décadas Henry Hazlitt en su Economía en una lección, la economía es un polo de atracción de sofismas y mitos, creencias populares que se sostienen que pueden ser intuitivas, pero que el razonamiento riguroso contradice.

En el ámbito del desarrollo económico estos sofismas son aún mayores si cabe. Por ejemplo: que la ayuda externa es insuficiente y hay que aumentarla en grandes cantidades para que pueda ser realmente efectiva, o que la planificación centralizada, ya sea en su vertiente tradicional (a través de inversiones públicas, educación, etc.) o tratando de imponer coactivamente mercados, que es otra manera de planificar desde arriba. Otras ideas, tampoco acertadas, son que el capital humano y físico es condición necesario para el desarrollo, y por eso se abogó por la teoría de la trampa de la pobreza y por inundar a los países subdesarrollados de dinero con el que invertir y sacar a los países más atrasados del agujero.

Sin embargo, como muestra William Easterly en su libro En busca del crecimiento, éstas y otras ideas, cuando fueron aplicadas, fracasaron rotundamente. Y lo hicieron básicamente porque, según él, incentives matter, y estas medidas se olvidaban totalmente de ellos. Pero no sólo los incentivos importan, sino que existen problemas de información inerradicables, ya que los planificadores centrales no pueden hacerse con la información que es necesaria para poder coordinar la sociedad y hacerla salir adelante.

Todas estas ideas teóricas nacieron en el seno de un paradigma económico que, en sus teorías sobre el crecimiento económico, apenas tiene en cuenta los factores institucionales, ni el carácter dinámico de los procesos sociales, sino que se centran principalmente en la relación funcional (la función de producción neoclásica) existente entre los factores productivos (inputs comoel trabajo, el capital, el progreso técnico o innovaciones tecnológicas) y la producción (output). Así se puede llegar fácilmente a la conclusión de que, a mayor inversión en fábricas y maquinaria, o en educación o I+D, mayor será el crecimiento.

Sin embargo, empíricamente esto no es así; el caso extremo sería la Unión Soviética, que según algún autor (Weitzman) tomó la teoría del crecimiento neoclásica convencional como la base para su crecimiento. Y teóricamente, lo importante es generar un marco de actuación o institucional que impulse y dirija el gran potencial del ser humano, su perspicacia y creatividad, hacia las actividades realmente productivas.

Tener en cuenta el marco institucional (que podríamos definir como las reglas del juego, el marco de actuación o el conjunto de incentivos que influye y determina los comportamientos de los individuos) y el concepto de función empresarial (entendida, siguiendo al profesor Huerta de Soto, como la capacidad innata del ser humano de descubrir oportunidades de ganancia que se dan en el entorno, y actuar en consecuencia para aprovecharlas) es absolutamente necesario para poder avanzar de manera fructífera en el campo del desarrollo y el crecimiento económico, y poder ofrecer recomendaciones de política económica con distintos resultados a las que se han aplicado desde la Segunda Guerra Mundial.

 

Opinión de los lectores

Rafael Rovira

Efectivamente Sr. Martín, los sofismas en el desarrollo económico limitan la expansión de la acción empresarial en el mercado. Llegan en forma de intervención gubernamental contaminando el marco institucional. Ayudas y subvenciones empañan el cristal por el que examinamos el mercado. ¿Qué hacer con la función empresarial en un marco institucional que se estrecha con el implacable intervencionismo?

Angel M.

Gracias por su comentario, Rafael.
En efecto, las barreras institucionales que se ponen a la libre función empresarial de los individuos es una de las principales causas del estancamiento y las economías de subsistencia.

No obstante, aun en los casos en los que reina el intervencionismo y la falta de un adecuado marco institucional, hay individuos que pueden, con muchas dificultades, llevar a la práctica empresarial su creatividad, generando riqueza. Esto se muestra a la perfección en el libro editado por Alvaro Vargas Llosa: Lessons From the Poor. http://independent.typepad.com/elindependent/Lessons.html

Javier Romero

Las subvenciones en I+D+i tan de moda en estos tiempos donde todos los políticos han descubierto que necesitamos mejorar la productividad, creo que pueden ser ejemplo de esta intervención contaminante. Obviando incluso el elevado coste de la estructura pública que lo gestiona y el potencial clientelismo político que conlleva en su aplicación práctica, provocan que el foco del empresario no se concentre en la viabilidad real del proyecto, sino en la viabilidad percibida por el subvencionante. Los proyectos realmente buenos no deberían requerir ayuda, y los malos no deberían poder tenerla. Si las empresas no fueran privadas de ese dinero vía impuestos, sería más fácil. Los políticos defienden la gestión en I+D+i hablando sólo de millones de euros dedicados, cuanto más mejor, sería interesante ver algún día una estadística de resultados obtenidos.

RAPH

Escribo en relación a la opinión expresada por Javier Romero. Sí señor, ha acertado usted de lleno cuando dice que las dichosas subvenciones sólo persiguen contentar los objetivos del subvencionante, y que la viabilidad real del proyecto que en mi opinión, ahí reside la verdadera productividad y riqueza, se queda en un segundo plano.
Lo diré en un lenguaje más llano y pongo un ejemplo de la vida real. La subvención a fin de cuentas es un paripé para aparentar que las Administraciones se preocupan por la activación económica de la sociedad, pero en realidad es tirar el dinero sin productividad alguna. El ejemplo es que trabajo en una empresa de servicios, que es bombardeada constantemente por un marketing institucional (que cuesta un dineral), con el objeto de seamos más eficaces a hora de satisfacer las necesidades de los clientes. Pues bien, cada vez que me propongo hacer un servicio extra a un cliente ofreciendo mis recursos privados a la empresa, tratando de reducir costes, todo ello de buena voluntad, para que así se alcance una verdadera eficiencia y excelencia en la productividad y el servicio, (cliente satisfecho que volvería a confiar en la empresa), ésta me dice que desista y no me extralimite en ciertos servicios porque tienen miedo de los sectores sindicales que acaparan esos servicios y que siempre vigilan que nadie les pise terreno. Entonces, ¿para qué tanto gasto?, si luego te atan las manos (este maldito paradigma económico viejo y ñoño).

El intercambiador

Aristóteles en su ensayo dedicado a la retórica, definía esas creencias como razonamientos heréticos, que parecen plausibles pero no lo son. Es en el mundo antiguo donde más evidentemente podemos ver el lastre que suponen las falsas creencias, comenzando por el tema de la mano de obra esclava que ha sido un lastre para todos los imperios agrícolas desde el mesopotámico hasta el Chino. Los españoles reconquistamos nuestro país a base de conceder derechos y tierras a todo aquel que luchase contra los invasores. Nada tienen que ver las repúblicas primigéneas de Atenas y Roma formadas por hombre libres, con los cadaveres que dejarón tras de si, donde por cada hombre libre solía haber varios esclavos.

44 millones de ojos siempre verán mejor que 200, por muy ILUMINADOS que estos estén.

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