La falacia de la neutralidad del dinero
Los monetaristas han fracasado una vez más. La mayoría de los economistas de hoy en día, incluidos aquellos que se autodenominan falazmente liberales, desconocen el origen de la actual crisis económica y, por lo tanto, aún más su posible solución. El error radica en una teoría equivocada acerca de la auténtica relación existente entre el capital y la economía real.
El dinero no es neutral y, como consecuencia, su manipulación arbitraria por parte de los reguladores estatales (banca central) acaba mostrando sus terribles efectos tarde o temprano, tal y como acontece en la actualidad. Lo paradójico es que dicho problema ya fue diseccionado en profundidad a la luz del análisis teórico desarrollado por el principal valedor de la Escuela Austríaca de Economía, Ludwig von Mises. Sin embargo, pese al certero diagnóstico aplicado en este ámbito, la política monetaria vigente sigue bebiendo de los criterios dictados por la Escuela de Chicago, persistiendo en los mismos errores de base cometidos en el pasado.
De ahí precisamente la importancia de revivir las enseñanzas derivadas del debate teórico mantenido a lo largo de las últimas décadas por ambas corrientes acerca de la denominada "hipótesis de la neutralidad del dinero". Lo importante aquí es que un cambio en la comprensión de este fenómeno, es decir, que el dinero no es neutral a largo plazo, modificaría de forma sustancial los cimientos sobre los que se sustenta la política monetaria vigente a nivel mundial.
Los monetaristas construyen toda su teoría sobre hipotéticos modelos de equilibrio que nunca acontecen en la vida real. Su concepción cuantitativa del dinero afirma que un incremento de la oferta monetaria tan sólo se materializa en un incremento de los precios, de tal forma que sus posibles efectos adversos sobre la producción, el consumo o el empleo (variables de la economía real) siempre quedarán neutralizados a largo plazo.
Así, por ejemplo, David Hume asegura que no importa la cantidad de dinero en circulación que exista en un determinado país. Ya sea, mayor o menor, bastará para facilitar su función esencial, el intercambio de bienes. Así, si durante la noche se duplicara la cantidad de dinero que posee cada individuo, al día siguiente no habría ni más prestamistas ni variación alguna en el interés a aplicar. Es decir, a largo plazo, tal variación no modificaría en absoluto ni la actividad productiva ni la velocidad de la circulación monetaria. Según Hume, tan sólo se doblaría el nivel general de precios.
Es decir, la expansión monetaria traería como resultado una particular transición de un estado de equilibrio inicial (punto de partida) a otro estado de equilibrio a largo plazo, en donde el único efecto permanente sería un aumento correlativo de los precios.
Irving Fisher, por su parte, reconoce que puede provocar un incremento transitorio de los márgenes de ganancia de determinados productores, ya que ese dinero creado ex novo impulsa la demanda de determinados bienes y, como consecuencia, estimula una mayor oferta de esos productos. Sin embargo, la flexibilidad del mercado logra corregir a corto plazo los beneficios inflados, dando fin a la fase del boom.
De este modo, Fisher concluía que la causa de los ciclos debíamos buscarla en el aumento de la oferta monetaria no anticipada por los agentes económicos. Por ello, su diagnóstico consistía en aplicar una política monetaria que tuviera como principal objetivo mantener una inflación estable. Justifica, pues, la existencia de la banca central (planificación monetaria) y el seguimiento de un indicador que, en realidad, es muy incompleto (el índice de precios de consumo o cesta básica de la compra), para controlar los efectos de la expansión monetaria.
Por su parte, Milton Friedman, autor de referencia para los pseudoliberales del pasado siglo, llega a una conclusión similar. Los cambios monetarios afectan a la producción, pero a corto plazo (entre 5 y 10 años), mientras que dicha expansión fiduciaria se traduce en un aumento de precios a largo (décadas). De hecho, admite que las variaciones amplias en la cantidad de dinero disponible son desestabilizadoras y deben evitarse. Sin embargo, aboga por establecer una política monetaria automática: que la cantidad de dinero crezca a una tasa estable anual para impulsar el crecimiento económico. Es decir, nuevamente, intervención monetaria a través de los bancos centrales.
Todo este edificio teórico se ha derrumbado, y lo triste es que los monetaristas parecen no darse cuenta. Y eso que la solución fue explicada por Mises hace décadas en su obra Teoría del dinero y del crédito (1912). El dinero nunca puede ser neutral por definición y naturaleza. Existe y, por lo tanto, está sometido a la valoración subjetiva de los individuos. Es decir, no es algo objetivo y cuantificable.
Así, la variación en el volumen de dinero, por fuerza, distorsiona el precio relativo de los bienes. Y ello por la simple razón de que el precio de los productos nunca aumenta de forma homogénea y agregada, sino todo lo contrario. El dinero ex novo lo recibe en primer lugar un número limitado de agentes, que demandan ciertos bienes y que, por extensión, modifican la estructura de precios relativos.
Los precios nunca cambian por igual, al mismo tiempo y en la misma dirección, tal y como expone el análisis microeconómico e individualista de la economía frente a la teoría cuantitativa o agregada de la Escuela de Chicago. Y es que, los precios relativos determinan el volumen y la dirección de la producción, por lo que cualquier cambio en la cantidad de dinero acaba afectando de una u otra forma a la estructura productiva.
Esta cuestión se clarifica aún más al concluir que, aunque todo el mundo se levantara un día con x unidades más de dinero, cada individuo valorará de forma diferente (subjetiva) cada unidad adicional del mismo. De ahí que resulte falso que una duplicación del dinero en circulación reduzca a la mitad el poder adquisitivo del mismo. "Todo aumento de la oferta monetaria provocará efectos sobre la demanda y, por lo tanto, un aumento desigual en los precios de los bienes. No todas las mercancías serán demandadas en igual cantidad, ni las más intensamente demandadas serán afectadas en el mismo grado".
La manipulación arbitraria de tipos efectuada por los bancos centrales es la principal responsable de los auges y depresiones de la actividad económica. ¿Por qué? El proceso de producción tiene lugar en un marco de tiempo, en donde los empresarios efectúan sus inversiones guiados por dos elementos clave (precios y tipo de interés) para asignar los recursos de la forma más eficiente posible en las distintas etapas del proceso.
La inyección fiduciaria o la expansión del crédito, por fuerza, distorsiona ambas señales, y conduce a los agentes económicos a efectuar malas inversiones. Y es que sin tal intervención pública sobre los tipos de interés algunos procesos nunca se habrían emprendido. Es decir, tan sólo resultan rentables con tipos de interés artificialmente bajos. Además, alargan artificialmente la estructura productiva, y los agentes tienden a sobreinvertir en la producción de bienes de capital en detrimento de bienes de consumo.
El problema es que, tarde o temprano, esta situación se hace insostenible cuando aparece el "riesgo inflacionario". Es entonces cuando la autoridad política no puede mantener por más tiempo el interés bajo, saltando a la luz el volumen de malas inversiones efectuadas. Como resultado, los efectos de la fase expansiva se invierten y surge la recesión, el desempleo, la deflación, la restricción del crédito y la caída del consumo, entre otros. La crisis es inevitable. Tan sólo cabe prevenirla impidiendo el aumento de la oferta de dinero.
Mises demuestra que el dinero no es neutral ni a corto, ni a medio ni a largo plazo. El aumento de la oferta monetaria distorsiona por fuerza los precios relativos de los bienes y modifica la estructura productiva. ¿La solución? Abolir el sistema de banca central, abogar por la banca libre sujeta al patrón oro y aplicar un coeficiente de caja del 100%.
Como observarán, ninguna de estas medidas está encima de la mesa de los líderes gubernamentales, al menos, por el momento. Más bien, todo lo contrario. Asistimos a un nuevo auge del fracasado keynesianismo económico, lo que demuestra que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra (crack del 29). Y tres (crisis del petróleo de los 70) y cuatro (crisis de los 90 en EEUU) y cinco (la burbuja de las punto com) y seis (recesión tras los atentados del 11 de Septiembre)... ¿Y siete?
Opinión de los lectores
Una pregunta; ¿cómo puedes concluir el artículo diciendo que se trata de un fracaso del keynesianismo cuando no mencionas a ningún economista keynesiano-Friedman a lo sumo- en todo el artículo?
En el artículo no se concluye que el keynesianismo haya fracasado, se da por hecho, pues la historia lo ha demostrado de sobras. El punto central del artículo está en demostrar que la escuela de Chicago sigue cometiendo los mismo errores de siempre y que en tiempos de crisis, se vuelve a acudir a las demostradamente fracasadas recetas keynesianas en vez de optar por las austriacas.
Si de un día para otro se duplicara la masa monetaria, lo más probable es que los consumidores intentaran adquirir productos de mayor calidad y precio, pero la producción no varia con tanta facilidad como el numerario; vendedores y productores no obtendrían al principio mayores ingresos (los precios son los mismos que ahora), por tanto la forma de lograr mayores ingresos con los que expandir la producción a la vez que adecuar la demanda con las existencias, seria aumentar los precios. Con un aumento de los ingresos y de los costes parejo en un mismo sector, se ganaría nominalmente más, pero proporcionalmente lo mismo (tanto a los trabajadores como a las empresas les motiva más un incremento de sus ingresos nominales que una mengua). Con la subida de precios toda la demanda extra de un producto concreto desaparecería antes de que la mayoría de empresas se hubieran embarcado en una expansión de la oferta. La gente volvería a consumir los mismos productos que adquiría antes de la hiperinflación.
Los monetaristas suelen tener como objetivo el adecuar el crecimiento monetario con el crecimiento de la producción. El objetivo es la estabilidad de precios, y las políticas de Milton Friedman no son inflacionistas, pues aceptan pequeñas deflaciones que purguen las inflaciones anteriores.
Y por favor no confundir a Friedman con Keynes por que seria como confundir a Mises con Marx.
De pedir la abolición de la Banca Central a pedir la vuelta al patrón oro hay un salto argumentativo que no has explicado.
El Patrón oro ya fracasó porque si bien no permitía la creación de dinero, los Estados lo birlaban emitiendo Deuda Pública. Tanta que los precios fijos relativos entre las monedas saltaron por los aires.
Establezcamos la hipótesis de que ahora no existe Banco Central ¿Que pasaría con los tipos de interés en un mercado libre?
¿Tenderían a subir porque existe atesoramiento y nadie se atreve a invertir?
Si suben los tipos ¿Se contraería la economia más?
Manuel un articulo excelente, claro, conciso y fácil de entender en una materia tan compleja.
Que pena que los libertarios sigamos esperando a que el orden espontáneo nos lleve a todo lo que aconsejas……..
Bueno, de entrada te confieso que no he pasado de la mitad del artículo, y de la otra mitad creo que me he enterado a medias.
Pero, con todo respeto, yo contigo y con Rallo alucino. ¿Cómo podéis decir que Friedman y la escuela de Chicago son pseudoliberales?
Bueno, eso me parece tanto como decir que antes de los "austriacos" no hubo liberales. Con vosotros y con la COPE alucino.
DYC tiene razón, estamos acostumbrados a ver estudios sobre los problemas del sistema monetario actual. Pero nos encantaría ver también algún estudio de cómo sería un sistema monetario "libre".
Eso del coeficiente de caja del 100% me parece una exageración. ¿No será mejor dejar libertad en ese terreno y que el mercado se encargue de purgar las empresas (bancos) excesivamente aventureras?
Es difícil no estar de acuerdo con exigir un coeficiente de caja al 100%, como depositante es lo que esperaría de un banco, y entiendo que en consecuencia hay que establecer una diferencia entre los depositantes y los inversores, puesto que los segundos permiten usar al banco su dinero para proveer otros servicios de inversión.
Esa diferencia puede entenderse comprendida en la conlcusión de que la banca debe ser libre y que sus obligaciones dependen de la naturaleza de sus contrataciones con particulares.
Lo del patrón oro es otra cosa... No creo que deba ser política pública; es más, creo que no debería haber política pública sobre el valor del dinero, lo que me parece más consecuente con la clara exposición que haces sobre la no neutralidad del dinero. En ese sentido cabe revisitar las opiniones del también austriaco FA Hayek, a partir de Desnacionalización del Dinero.
Los comentarios también me llamaron la atención, especialmente dos, uno que trata de explicarte cómo el dinero es neutral repitiendo exactamente la postura de la Escuela de Chicago que criticas correctamente y otra que acusa a los austriacos de pensar que son los únicos liberales; a ese último, la respuesta es clara: los austriacos tenemos muy claros que no somos los únicos liberales, e incluso entre nosotros no somos todos liberales a secas, algunos somos liberales clásicos, otros libertarios... Ahora, por muy liberal que Friedman haya sido, hay que entender que su seudoliberalismo reside en argumentar "antiliberalmente" a favor de la manipulación estatal de la moneda.
Manuel, a ver si reanudamos el contacto. Saludos desde Panamá.
Gran encabezamiento para un artículo que bajo mi punto de vista deja bastante que desear, y digo esto apuntando fundamentalmente a varias razones:
1.- Equiparar ideológicamente a Keynes con Friedman, y lo que es más, tachar a este último y a la escuela monetarista de "pseudoliberal" me parece de todo punto inaceptable.
Si por algo se caracterizó Friedman fue por su enconada defensa de la libertad política y de mercado, la mínima intervención estatal y la legítimidad de la propiedad privada. Además, enfocó sus estudios y postulados económicos desde el empirismo metodológico, algo consustancial a su profesión de económetra.
No creo que dada esta trayectoria se le pueda acusar de otra cosa que no sea haber sido un claro exponente del liberalismo económico y un académico que acercó la teoría a la realidad económica.
2.- ¿Se puede saber desde cuando está instaurado el monetarismo en las instituciones públicas y en el banco central?
Arroje un sólo dato que corrobore tal afirmación y entonces quizá podrá lanzar tales acusaciones, porque desde hace más de veinte años en el conjunto de países de la OECD lo que se ha hecho es aplicar políticas keynesianas, un "mix" de las mismas, o directamente lo que le ha dado la gana a los gobernantes de turno.
3.- El Liberalismo NO es Anarquismo. Y digo esto porque puede parecer muy obvio el querer censurar la actividad de los Bancos Centrales ya que estos ostentan el monopolío tanto de la emisión y regulación de la moneda nacional como de la manipulación de la Oferta Monetaria en un sistema económico, pero resulta que lo contrario, la abolición de dicha institución, implica varias posibilidades:
a) Con existencia de moneda única nacional pero falta de regulación monetaria, nos encontramos con un escenario dónde el tipo de interés general de la economía y el tamaño de la Oferta Monetaria viene supeditado por el proceso de Expansión Múltiple del Crédito que conlleva la actividad de compra y préstamo que las instituciones financieras llevan a cabo con los agentes individuales, y esto sólo tiene como consecuencia un descontrol generalizado en el nivel de precios que no se corresponde con el estado de la economía real, lo cual tiene implicaciones serias tanto por el lado de la Demanda Agregada como por el lado de la Oferta Agregada. Y esto es siempre así cuando la moneda nacional (pasivo bancario) es ÚNICA y común para todos.
b) Si resulta que se quiere acotar este proceso de creación de liquidez fiduciaria por vía crediticia estableciendo un Activo Monetario con correspondencia real (a esto se le llama patrón, sea oro, plata, madera o de cualquier otra índole), la escasez o abundancia de dicho elemento de patronaje puede crear estrangulaciones graves al sistema crediticio o por el contrario, la moneda se puede llegar a devaluar hasta límites insospechados. En cualquier caso existe una gama amplia de situaciones posibles.
No creo tener que recordarle que gracias a este sistema de creación de crédito se han financiado muchas empresas (en sentido literal) gracias a las cuales disfrutamos de un nivel de vida en auge desde hace bastantes años.
Por otra parte la exigencia del 100% de Coeficiente de Caja en las instituciones financieras supone una disponibilidad de liquidez inmediata, y creo yo que en una economía donde debieran primar las relaciones contractuales interagente y no el despotismo estatal esta propuesta resulta no sólo contraproducente sino también antiliberal. Cada cual arriesga el dinero por su cuenta y el patrón oro fracasó ya hace años.
c) Si no existe una moneda única nacional, sino que se vuelve al sistema de activos bancarios independientes, quizá el supuesto de abolición del Banco Central tendría todo su sentido, pero ahí entraríamos en el juego de las expectativas y la credibilidad monetaria.
Por mi parte, teoricamente resulta la opción más atractiva, pero en cualquier caso es arriesgado.
Dado todo esto, puede uno pensar que la existencia de una autoridad monetaria tenga efectos perniciosos, pero desde luego las dos primeras posibilidades contrarias tampoco son demasiado halagüeñas, y la tercera, poco factible.
La economía no es mágica ni perfecta, y hay que recordar que el dinero es per se un instrumento de Ingeniería Económica, lo cual implica cierto grado de intervención privada o pública.
4.- Tienes toda la razón en cuanto a que la inyección dineraria no es neutral, pero es falaz que esto no sea así a largo plazo. Precisamente ahí es cuando los efectos de la inyección se difuminan más dado el proceso redistributivo inherente al libre mercado, y es cuando en términos inflacionarios y de tipos de interés menos se deja notar (no nominalmente, desde luego). Él único efecto a largo plazo del dinero es el derivado del impacto inicial causado en el sistema económico, pero eso es otro cantar.
Espero con esto haber dejado claras mis discrepancias.
De paso también apuntar que para escribir sobre economía, máxime en un tema tan peliagudo como el monetario, no estaría de más exigir criterio y formación de economista en aunas de la calidad del Instituto Juan de Mariana. Personalmente ya estoy un poco harto de escuchar a todo el mundo hablar sobre economía; a todo el mundo, excepto a economistas serios y formados.
Por otra parte, es triste ver como aun nos encapsulamos entre postulados ortodoxos autríacos, clásicos, monetaristas o keynesianos. La ciencia económica es más compleja que todo eso, y afortunadamente a día de hoy se ha avanzado más allá de ciertas "verdades absolutas".
Un saludo al autor y a todos los que haceis posible esta estupenda página.
Ángel Estévez.
Como medir el crecimiento económico ó enriquecimiento de la humanidad?
En mi modesta opinión es necesario un parámetro físico, completamente ajeno a la distorsión de la subjetividad del pensamiento humano. Para ello es necesario comprender que el ser humano como ente vivo, tiene existencia fisica y por lo tanto es parte del sistema que el lenguaje humano ha denominado como planeta tierra. Allí existimos en nuestra dimensión fisica como entes bilológicos que pertenecen a un sistema de flujo energético organizado para captar energía y reciclar una parte de ella. El ser humano es parte de ese sistema, pero con una particularidad que lo hace especial y algo diferente al resto de los entes bilológicos, ES PROMETEICO.
Eso lo convierte en el único ser capaz de modificar el entorno a través de las herramientas y el lenguaje que retroalimentan el lazo alterando de ese modo el flujo natural de energía del sistema en una espiral creciente de concentración de energía per capita y por unidad de superficie habitada. Esto lleva a plantearme el dilema de los simbolos que utilizamos en el intercambio de bienes y servicios que hemos desarrollado para organizarnos. Lo que llamamos dinero abarcando sus más variadas formas. Y.. he alllí el dilema...
Como encontrar una medida de la actividad humana que ayude a lo que estamos empeñados (la gesta humana prometeica) perdure? En mi opinión una forma es medir el flujo energético de la actiividad humana. Tomar esa medida como indicador. Dejar de considerar eso que llamamos dinero como unica medida. No digo abandonar el simbolismo del dinero, ni un sistema de intercambio basado en el dinero, sino digo subordinar al nuevo sistema financiero mundial que surgirá nuevamente a la vigilancia de la medida de los flujos energéticos, utilizando las unidades como watts ó kilocalorias.
De ese modo podríamos conectar la dimensión psiquica de la humanidad a algo absolutamente real, evitando los abusos de la especulación excesiva, contribuyendo a un sistema humano, con conflictos, pero probablemente mas objetivo y lógico porque nos conectaría mejor con la naturaleza . Moderando así el potente imperio de lo psiquico que es el que nos hace humanos.