2005 Instituto Juan de Mariana
El Instituto Juan de Mariana gana el Fisher Venture Grant, un programa para apoyar los think tanks jóvenes
.
Instituto Juan de Mariana
Reducir tamaño de letra Aumentar tamaño de letra

Comentarios

Portada - Comentarios - El desajuste educativo

12/02/2009 - Joaquín Santiago Rubio

El desajuste educativo

Cuando el Estado, legitimado por la religión, pretendía imperar sobre almas y conciencias, la obediencia al Leviatán era lo importante. Si el énfasis cambiaba y era la instrucción la que se consideraba socialmente necesaria, justificaba el control estatal en ese acto benéfico y la coacción como forma de "vencer prejuicios". En la democracia desaparece la expresión "catecismo político", utilizada en la construcción de las nacionalidades del siglo XIX por liberales tanto como por nacionalistas. En consecuencia se sustituye la expresión "Estado" por "sociedad" y se justifica en esa caja negra que es la idea de "democracia" la pugna de los partidos políticos por el control de la educación.

Muy pocos son los que cuestionan el predominio del Estado en la educación. Para evitar que aumente el número de los críticos, el Leviatán echa mano del tercer ingrediente, la instrucción, el más vivo de todos desde Lutero hasta la LOGSE, pasando por Roberpierre. ¿Cómo vamos a rechazar la instrucción? ¿Quién se atreve a mostrar un cavernario desprecio por la necesidad de cultura y formación? Los partidarios de la educación estatal han encontrado su eje argumental. Si respondemos que los intereses individuales y sanamente egoístas de los hombres les llevan a usar su inteligencia aprendiendo y desarrollando formas de difundir los conocimientos sin necesidad de que el Estado sustituya a las familias o a la iniciativa privada, el recurrente mito de la "condición perversa" del hombre acude en ayuda del Leviatán.

En este argumento coinciden tanto Calvino como Azaña, Villar Palasí, Rubalcaba o cualquier otro. Si criticamos el adoctrinamiento estatal responden hoy que no hay tal, que es "la sociedad" quien exige "valores cívicos". La regla de la mayoría en el parlamento, es decir, dos lobos y un cordero decidiendo la cena, impone hoy la "solución final".

El resultado de este devenir es que el sistema educativo es burocrático y está a salvo de ajustarse tanto a los deseos de sus usuarios como a las necesidades reales de los individuos que cooperan, la sociedad sin comillas. Se trata de un servicio que se produce mediante planificación y no mediante libre mercado. Por tanto, los que deciden qué, cómo, cuándo y dónde ha de servirse la educación lo hacen bajo criterios burocráticos, alejados de la necesidad y las preferencias. La educación estatal es un bosque de alcornoques, rígidos, inmóviles, permanentes y prácticamente ajenos a los cambios habituales del entorno.

Esos mismos políticos y burócratas dicen que planifican teniendo en cuenta las necesidades culturales y formativas del presente y del futuro. Pero esto se demuestra imposible porque no existe en la educación el mecanismo natural de los precios para guiar las decisiones. Los libros, los edificios escolares, los profesores, todo ello son capital, tierra y trabajo y sólo rinden adecuadamente si se coordinan en el mercado. ¿Cómo se arregla el Estado para aparentar estar al día en educación? Pues utilizando la información que puedan vislumbrar generada por los mercados que hay fuera del sistema educativo. Elabora estudios estadísticos y "consejos sociales" para que les informen de la evolución pasada de las necesidades formativas de las empresas y estudios inciertos de tendencias. Luego, anuncia reformas para incluir esos contenidos.

Lo cierto es que cuando realmente incluyen esos contenidos, la lenta maquinaria estatal acaba haciéndolo con retraso. Además, dado que el sistema público es siempre colectivista –incluso en naciones descentralizadas territorialmente–, siempre hay insatisfacciones. Insatisfechas quedan las familias cuando demandan educación y reciben uniformidad. Frustradas las empresas que demandan calificación laboral y deben resolver su necesidad a su manera. Y, sobre todo, se frustra el capital creativo de quienes pasan por la educación estatal, como vimos al principio de este escrito. La empresarialidad, principio básico de una sociedad libre y característica intima de la acción humana, es constreñida por un sistema estatal. Por tanto, ¿cómo tienen los jerarcas la desfachatez de afirmar que su educación está "al día"?

 

Opinión de los lectores

César

El problema de la “Educación” aunque en realidad deberíamos hablar más bien de Instrucción que no es lo mismo (ver final de mi comentario...) es que se trata sin lugar a dudas de un bien altísimamente valorado por la gran mayoría de la población. Esto se debe creo yo a la tradición ilustrada y liberal (qué cosas…) del XVIII donde gracias sobre todo al trabajo de Locke y su visión casi mágica (la famosa tabla rasa) de los “efectos” de la “educación” en las personas (qué cosas de nuevo…) se empezó a ver la instrucción pública como la panacea del progreso (la palabra viene muy bien al caso además…).

Creo que seguimos en esa línea y que entonces pasa lo que tú comentas en el artículo, que la Instrucción pública es carne de sociologismo. Una gran mayoría está encantada de que se enseñe públicamente lo que ésta misma mayoría quiere y ve con buenos ojos, o más bien cree ver con buenos ojos porque unos tipos con estudios y muy “cualificados” creen que en efecto, es lo correcto. Poca gente (incluyendo el sector de los educadores) consigue separar o se atreve a separar lo “bueno” de lo correcto y legalmente exigible. Cuestión vital a tratar evidentemente entre los llamados liberales y los también llamados colectivistas o comunitaristas. En este punto de corte “ético” residen el 99% de nuestros auténticos problemas a la hora de hacernos (los liberales) entender.

Una cosa es estar de acuerdo por ejemplo con los valores que Educación para la ciudadanía tiene planificados “inculcar”… y otra muy distinta es, estando de acuerdo, querer además que todo el mundo lo esté. Y así hasta el infinito.

De hecho, un grito en el cielo que cada día oigo más es el de: “y lo próximo será como pasa en USA que los colegios votan si enseñan a Darwin o al “Creador”…”

Gran polémica ésta sin duda.

Cierro con un parrafito de West muy gráfico y estimulante:

“Proteger a un niño contra el hambre y la desnutrición probablemente es tan importante como preservarlo de la ignorancia. Sin embargo, es difícil concebir que un gobierno, deseoso de procurar a los niños los niveles mínimos de alimentación y vestimenta, promulgara leyes de alimentación obligatoria y universal, o instrumentara un aumento de impuestos o de aranceles para proveerles alimento “gratuito” en cocinas o establecimientos de propiedad de las autoridades locales.”

Sigue pero creo que la idea está clara…

Por cierto, ese mismo párrafo lo cita Rothbard en su Manifiesto, autor que nada más abrir el capítulo referente a la Educación afirma: “la clase media que rinde culto a la escuela es víctima de una FALACIA crucial, a saber, confunde la instrucción formal con la educación en general”.

Brutal. Tengo que leer de un economista lo que muchos educadores o futuros educadores confunden… quizás por mero autoengaño o deseo maligno de mentir… pero… así son las cosas.


Gracias.

© 2005-2012. Instituto Juan de Mariana. Todos los derechos reservados.