Entre el martirio y el oportunismo
Vivimos en un mundo donde el Estado es omnipresente e interviene en casi todas las facetas de nuestra existencia. Si queremos evitar cualquier contacto con el Estado o participación en sus políticas debemos prepararnos para el martirio o la vida de ermitaño.
Para aquellos de nosotros que tenemos principios liberales y queremos llevar una vida moral, acorde con esos principios, la cuestión de cómo actuar en un mundo dominado por el Estado es importante. ¿Es moral aceptar subvenciones o pagar impuestos religiosamente si estos financian un sistema injusto? ¿Es moral hacer uso de la sanidad pública o trabajar para el Estado? ¿Es moral formar parte del Gobierno o hacer campaña para conseguir favores públicos?
Todas estas preguntas están interconectadas y nos sitúan ante un continuum de actuaciones difícil de abordar. Murray Rothbard hizo un intento de aproximación en su artículo Living in a State-Run World, donde esboza algunos de los puntos clave en esta discusión.
Rothbard distingue dos actitudes radicales que habría que rechazar: el sectarismo ultra-puritano, según el cuál no podemos siquiera caminar por las calles públicas; y el oportunismo de los vendidos, según el cuál podemos ser guardias en un campo de concentración y poder seguir llamándonos "liberales" sin pudor alguno. El ultra-puritanismo lleva a aislarse del mundo y a evitar la realidad en aras de una fantasía. Implicaría tildar a todos los cubanos de "criminales", porque como en Cuba no hay apenas sector privado todos son funcionarios. El oportunismo más aprovechado, por otro lado, desvincula totalmente los principios morales de la vida cotidiana, como si la ética no tuviera ninguna relación con la realidad. Liberalismo de boquilla, o haz lo que digo pero no lo que hago.
Un punto intermedio parece más razonable. En primer lugar, porque una ética que obliga al martirio no puede ser buena. El liberalismo es una ética para mejorar la vida de las personas, no para exigirles su sacrificio en el altar de las ideas. Sería absurdo que la respuesta moral a un sistema injusto, que nos hace menos libres y más pobres, fuera soportar aún más malestar y restricciones. En segundo lugar, porque se puede participar en el sistema por diferentes razones y en varios grados, y cada caso merece un juicio ético distinto. De hecho, dependiendo de la corriente liberal a la que uno se adhiera (anarcocapitalismo, minarquismo etc.) incluso la figura del funcionario o político per se no es incompatible con el liberalismo.
Rothbard introduce otra distinción fundamental: una cosa es convivir con una injusticia que te han impuesto y tú no has creado, y otra cosa es promover activamente esa injusticia, agravarla o colaborar en su ejecución. Aceptar una subvención una vez la ley está aprobada y el dinero está sustraído no es lo mismo que aprobar o hacer campaña a favor de esa subvención o contribuir a recaudarla. La confiscación ya se ha producido con independencia de que haga uso o no de la calle pública o de la sanidad pública.
Juzgar la conducta de la gente en base a lo que reciben del Estado supone, además, considerar solo la mitad del cuadro. Los beneficiarios de servicios y subsidios públicos también pagan impuestos, y si pagan más de lo que reciben entonces no están más que cobrándose una parte de lo que le han quitado previamente. En el caso de los funcionarios, su salario entero es como una subvención y a menos que tengan fuentes de ingresos alternativas podemos decir que su riqueza proviene del expolio al ciudadano. Pero con respecto a los funcionarios también hay que hacer distinciones. De nuevo Rothbard sugiere un buen enfoque: hay empleos en el sector público que serían perfectamente legítimos si se llevaran a cabo en el mercado y hay empleos que son ilegítimos per se y no son compatibles con una sociedad libre. Uno podría ser profesor, médico o cartero en una sociedad libre, pero no podría ser guardia en un campo de concentración de prisioneros políticos, inspector de Hacienda, policía anti-droga o ministro de Cultura y Deportes.
Las personas que tienen vocación de maestro, médico o de taxista no tienen la culpa de que el Estado monopolice o regule esas profesiones, impidiendo o dificultando su ejercicio en el mercado libre. El salario del maestro lo pagan los contribuyentes vía impuestos y no es un salario de mercado, pero en una sociedad libre esa profesión probablemente existiría y esos mismos contribuyentes también pagarían un salario al maestro, esta vez vía precios. Al menos la mayoría de profesores y médicos funcionarios dispensan un servicio que tiene cierto valor para el contribuyente, y podemos convenir en que su renta no es tan inmerecida como la de aquél que realiza una actividad que nunca estaría remunerada en el mercado.
Ya que nos "obligan a jugar", opinan algunos liberales, hay que jugar a ganar: sacarse oposiciones para tener un trabajo seguro, poco estresante y sufragado por los contribuyentes (como además la mayoría son socialistas, no hay motivo para tener mala conciencia), pedir subvenciones sin escrúpulos y hacer uso y abuso de las prestaciones públicas. "Soy liberal, pero no soy tonto". Pero lo mismo podría decir un comunista rico "obligado a jugar al juego capitalista", y el liberal protestaría porque le metemos en el mismo saco.
La alternativa a ser un pringado liberal no es necesariamente ser un liberal aprovechado, orgulloso de parasitar. También puede ser un liberal que intenta actuar moralmente sin dar la espalda a la realidad ni martirizarse por culpa de un mundo estatista que le ha sido impuesto.
Opinión de los lectores
Albert los liberales no somos ni pringados ni aprovechados ni nos martirizamos solo sabemos por qué somos liberales (libertarios, laissez-faire, minarquistas, etc) y no podemos estar medio embarazados, o estamos embarazados o no jajajaja.
Muy interesante artículo, Albert.
Durante el nazismo o el stalinismo ¿sería ético trabajar para el gobierno? Es muy dudoso que un liberal me responda que sí.¿Y si la alternativa era el hambre y la miseria, cosa nada impensable? Pues ya estaríamos en la posición del mártir, que tan rápidamente aparcas de la discusión.
En fin, la verdad es que el temita se las trae y no me atrevo a tomar una posición muy clara sobre él (como creo que haces).
Es un tema de principios. Yo creo que un liberal si puede ser funcionario, pero un libertario no. Todo aquel que considere el Estado realmente como un mal, y los impuestos realmente como un robo, no creo que se sienta bien consigo mismo mientras cobra de ese dinero.
Quien tenga este discurso y sea funcionario es: o un total hipocrita porque dice cosas que en realidad no cree (dice que los impuestos son un robo, pero en realidad no lo cree y por eso puede estar tranquilo recibiendo salario de los mismos); o una persona con una moral asquerosa que hace cosas que considera estan mal, solo para salvarse el mientras el resto se hunde (el que si cree que los impuestos son un robo, pero no le importa); o simplemente alguien que no encontro otra alternativa (por el mismo estatismo imperante) y que vive dia a dia arrepentido y lleno de sufrimiento (porque cree que los impuestos si son un robo, no le gusta recibir su salario de ellos, pero cree no tener otra alternativa y vive arrepentido).
Que conste que hablo de los libertarios. De los ancaps. En el caso de los liberales que si creen en un estado, asi sea minimo, no veo la incongruencia entre ser liberal y funcionario, pues en la minarquia tambien existen funcionarios.
Interesante cuestión. Entre los profesores también hay matices: no es lo mismo enseñar geografía en el primario que abogar por el libre mercado desde un cómodo puesto en una universidad estatal. Es poco serio, incoherente y hasta contraproducente, lo de unos cuantos académicos libertarios. ¿No es legítimo pedirle a un médico licenciado en nutrición, a cambio de un mínimo respeto, que no sea obeso?
Si que es interesante. Me la habia planteado antes. Desde mi punto de vista, asumiendo que el liberalismo ha de nacer de la propia etica, (no solo la opcion politica del liberal de boquilla), para ser coherente:
* coincido en descartar funcionario como yitux,
* para un liberal conformista (no estoy seguro de que esas 2 palabras combinen) cualquier profesional por cuenta ajena, *siempre y cuando no aspiren a promocionar*. Promocionar hoy en dia, en españa, se hace a costa de otros y eso viola el supuesto etico, y entonces, se me acabo el liberal. Dudo que se promocione a nadie en españa que abandere principios liberales (en mi experiencia).
* para un liberal inconformista, solo hay un camino coherente. Primero ser autonomo, y posteriormente empresario y ademas, necesariamente, innovador, de modo que su exito sea aportando a la sociedad, como defiende su propia ideologia. Nadie ha dicho de exito, pero tiene el deber moral de intentarlo para ser coherente.
O sea, que los liberales autenticos cabemos en un seiscientos. Mi opinion.
Se pueden hacer muchas cosas pequeñas. Por ejemplo, darse de alta como autónomo y registrar el domicilio como centro de trabajo para evitar que la empresa pida una subvención por haber llegado a x número de trabajadores o que los sindicatos hagan lo mismo o intenten crear liberados. Hay que leer la ley porque tal vez las actividades que uno realiza no conllevan IVA. En caso de duda, explicar a Hacienda por qué e intentar la exención para no actuar como recaudador de impuestos. Todo esto es legal y posible. Pero por desgracia, hay tantos liberales que pontifican sobre lo que la gente tiene que hacer y luego buscan refugio en un empleo público "para poder pensar"...
Puede existir una dicotomia entre el sistema político imperante porque así lo decide la mayorría y las convicciones personales. Yo soy liberal, dentro de un sistema que se encamina hacia el total intervencionismo tanto en el ámbito externo como interno de la persona (educación para la ciudadanía, etc). No por ello, he de dejar de pisar las calles, pagar mis impuestos, o dejar de trabajar en la adminsitración. Creo firmemente en la libertad de la persona como fundamento o motor del sistema y no en el intervencionismo o dirigismo que hace a la persona un instrumento ductil y maleable en manos del Estado.
Interesante artículo que me aclara muchas cosas dada mi condición de funcionario y liberal.
Pero a mi se me presenta un problema. Yo empecé a trabajar como funcionario antes de ni siquiera conocer qué era el Liberalismo (tenía entonces 21 años y sólo leía novelas) así que me encuentro en una auténtica paradoja. ¿Qué hago, me salgo de la panza de la hidra y soy coherente con mis principios -ahora tengo familia numerosa? o ¿sigo mamando de la teta del Estado -Junta de Andalucía- y traiciono mis fundamentos?
Me quedo con el último argumento de Albert y trato de hacer "rentable" cara a la sociedad mi puesto de funcionario -bibliotecario-.
No se lo digáis a nadie, pero el año pasado me compré un piso de protección oficial... :-o !! ¡Menuda comedura de coco antes de firmar! ¿No estaba siendo incongruente con mis principios? ¿Qué diría el tío Mises si levantara la cabeza? ¿Qué respondería a mis amigos cuando me espetaran: tú mucho criticar al Estado, pero míralo, a chupar de la sopa boba también...? Era como si mis argumentos anti-intervencionistas que me parecían irreprochables desde el punto de vista lógico, se quedaran de repente huérfanos de legitimidad moral...
Con el corazón partío y la cabeza gacha, no me atrevía a dar el paso... Afortunadamente, me fui despertando de ese letargo. Pero bueno..., ¿quién es el principal responsable de que los precios de los pisos hayan llegado a esas alturas, a base de crear dinero barato, o de mantener tan poco suelo urbanizado, o de no modificar la ley de arrendamientos? No podía ser otro: ese Estado que, a pesar de las buenas intenciones, ha montado un desaguisado de mucho cuidado. Al fin y al cabo, con ese piso de protección oficial no me está regalando nada, sino que me está quitando un poco menos. Un mercado libre de vivienda me habría proporcionado, sin duda, unos pisos más baratos: ¡qué mejor política social que ésa, y sin necesidad de ministerios ni subvenciones!
Con este argumento de choque debajo de la almohada duermo ahora más tranquilo, y sin remordimientos por haber aceptado ese falso regalito. En todo caso, Albert, gracias por sacar el tema; me veo como en una reunión de 'liberales anónimos', muy al estilo de 'alcohólicos anónimos', tranquilizando las conciencias.
Carlos Castro, tú no tienes que preocuparte de nada, hombre. El mercado libre no existe, todos los sectores están terriblemente intervenidos y no digamos el de la vivienda. Hay que funcionar con él tal como está, o volvernos mártires o ermitaños como dice Albert.
Ahora, tú, Frasco, no tienes tan fácil perdón. Eso de "hacer rentable tu trabajo a la sociedad", vamos, es que no se lo traga ni el que asó la manteca. No hay por dónde cojer lo tuyo, hijo mío, la verdad es que no me gustaría estar en tu pellejo.