24/03/2009 - José Antonio Baonza Díaz
Los efectos colaterales de la "lucha contra la droga"
No voy a insistir demasiado en los principios que aconsejan la legalización del consumo y el comercio de drogas. Con independencia de la calificación moral o ética que merezcan estas conductas autodestructivas o quiénes las "promuevan, favorezcan o faciliten" (tal como se describe el delito de tráfico de drogas en el Código Penal español) ninguna de las razones argüidas para defender su criminalización son compatibles con el respeto a la libertad y el derecho del individuo adulto a disponer de su cuerpo siempre que no cause un daño objetivo a otro.
Del vicio original de la prohibición, con la excusa de proteger la "salud pública", derivan unas consecuencias indeseadas y, sin embargo, previsibles, si se repara en las fuerzas descomunales que desata la persecución de toda acción que incite al consumo ilegal de estupefacientes. En última instancia, la ponderación de esos elementos se añade al argumento principal de los partidarios de la libertad.
Sucede que, al prohibirse la transmisión de unas sustancias tan apreciadas por ciertos consumidores, se restringe su oferta y, por tanto, se incrementan los ingresos de los relativamente escasos individuos que están dispuestos a correr el riesgo de dar con sus huesos en la cárcel. No obstante, en un momento posterior, las suculentas ganancias que esa actividad reporta estimulan a más personas para unirse a cualquiera de los eslabones de su cadena de distribución, bien sea de forma estable, o bien eventual. Por mucho que insistan sus promotores, incluso la cabal persecución del tráfico de drogas solo puede traer como consecuencia una aleatoria y beneficiosa eliminación de competidores para los que continúan lucrándose dentro del negocio.
En este punto, sin embargo, debe resaltarse la peculiaridad del sistema español de represión del consumo de drogas. A diferencia de otros países, la tenencia de droga para consumo propio no se considera delito, si bien merece la calificación de infracción administrativa, sancionable con multa y la incautación de los estupefacientes. Nunca con una pena de prisión. Obviamente, las disputas sobre como distinguir esa posesión de la destinada al tráfico (y dentro de ésta cual sea una cantidad de "notoria importancia") ocupan el tiempo de fiscales y abogados en las decenas de miles de procedimientos penales en materia de drogas que se tramitan en los juzgados españoles.
Como, precisamente, el ánimo tendencial hacia el tráfico es difícil de probar en muchos casos, el Tribunal Supremo ha establecido unos criterios que asumen la cuantía como principal indicio para apreciar el sentido de una posesión. De esta manera, si se detiene a un consumidor habitual con menos de 50 gramos de hachís o marihuana; 7 de cocaína y 3 de heroína –dependiendo en el caso de las dos últimas de su pureza– es probable que sea absuelto, excepto si concurren otros indicios que manifiesten una preordenación para el tráfico. Las elucubraciones que la jurisprudencia reciente ha elaborado sobre el "consumo compartido" de sustancias estupefacientes también han relajado extraordinariamente el rigor punitivo. Me pregunto si han primado razones implícitas. Ambas doctrinas parecen dar por supuesto que una interpretación estricta del precepto penal enviaría a pandillas enteras de jóvenes consumidores a las cárceles, dadas las elevadas penas previstas para estos delitos cuando se trata de sustancias que "causan grave daño a la salud". Es decir, todas, menos el hachis y la marihuana. Aún así, casi un 30 por ciento de los reclusos que cumplían su pena en las cárceles españolas a finales del año pasado fueron condenados por su participación en delitos de este tipo.
Por otro lado, si alguien pensó que los pingües beneficios que genera la prohibición solo corrompen a las autoridades de los países exportadores (México, Colombia, Marruecos etc) debería repasar casos más cercanos. Nos hemos topado con que un subinspector de policía y varios empleados del aeropuerto de Madrid-Barajas eran detenidos bajo la imputación de formar parte de una banda de narcotraficantes. Hace dos años desaparecieron dos kilos de cocaína en una comisaría de Valencia, pero ese caso palidece ante el más reciente –y no aclarado transcurrido casi un año– ocurrido en el depósito de la jefatura de policía de Sevilla. Nada menos que 100 kilos de cocaína y heroína allí custodiados (¿?) fueron progresivamente sustituidos por sustancias más prosaicas, para alborozo de los acusados en distintos juicios por tráfico de drogas. Las dificultades de descubrir las tramas de delincuentes que actúan con cobertura oficial u oficiosa se hacen evidentes en estos casos y apuntan a una situación mucho más grave de lo que nadie está dispuesto a reconocer.
Una vez creadas organizaciones de cierta complejidad para eludir los golpes de la represión, se abren otros campos delictivos donde pueden aprovecharse esas estructuras para obtener ingresos complementarios. Y viceversa. Después de todo, sus integrantes ya han dado el salto para situarse fuera de lo que se entiende por legalidad. En este sentido, la revitalización de viejas organizaciones mafiosas que provocó la prohibición de las bebidas alcohólicas en EEUU durante los años 30 resulta paradigmática. En la actualidad abundan ejemplos de estados, bandas internacionales y grupos terroristas dedicados a una diversificada lista de delitos adicionales. Algunos son inducidos por la penalización y la legislación fiscal, como la venta ilegal de los llamados precursores de las drogas o el blanqueo de capitales. Otros tienen una naturaleza real –perjudican a alguien– como el robo y el asesinato.
Como vemos, la "lucha contra la droga" ocasiona un ingente despilfarro de esfuerzos y recursos que se detraen de la sociedad y causa problemas que no existirían si desapareciera. Una línea de pensamiento en boga a lo largo y ancho de los países occidentales, congruente con los postulados del Estado del Bienestar, propugna el suministro de drogas a las personas adictas con cargo a los presupuestos públicos. Sin cuestionar el fondo de la prohibición, se argumenta que, de esta manera, los consumidores no tendrán que mezclarse con los circuitos de la delincuencia. Pero este tipo de medidas contradice abiertamente la justificación de la penalización: ¿cómo se explica que los estados proporcionen la misma droga que si se distribuye por un particular constituye un grave delito? ¿Por el hecho de que ofrecen un control médico? En realidad, más bien parece que se pretende eliminar la responsabilidad de los individuos que asumen comportamientos arriesgados y fomentar su dependencia a costa de otras personas, forzadas a pagar los gastos.
Recientemente se han alzado voces defendiendo la legalización de las drogas. Sánchez Dragó propone que el Estado constituya un monopolio para su explotación durante una temporada. Por mi parte, me limito a pedir que, de momento, la regulación de las bebidas alcohólicas de alta graduación se extienda a las drogas.
Opinión de los lectores
En nombre de la salud pública, de la infancia y de nuestros saneados ingresos como traficantes, decimos ¡NO!a la legalización de las drogas
Que tal si se autorizasen locales "Drogo-sanitarios", públicos o privados, asesorados por trabajores sociales, médicos, psicólogos y farmacéuticos y, autorizados por un Ministerio de Sanidad y Consumo que verifique la seguridad y calidad de los servicios.
Esos CENTROS DROGO-SANITARIOS pueden servir para distribución conjunta de:
1. INFORMACION SANITARIA (y estadística) por Trabajadores Sociales, Psicólogos y Médicos, con explicaciones y documentación abundante y contrastada sobre drogas, mediante folletos, libros, videos,... que expliquen sus efectos, adicciones, enfermedades,...
2. EXPEDICIÓN DE DROGAS por Farmacéuticos con receta médica y con medidas de seguridad adecuadas para los empleados y los consumidores.
3. SALAS HIGIENIZADAS DE CONSUMO, con cabinas individualizadas que alejen de la calle el consumo marginal y permitan el consumo individual de esos productos, previamente asesorado sobre sus perjuicios.
Probablemente, las fases señaladas debiesen ser preceptivas y, los expertos arriba indicados debiesen atender al potencial consumidor, antes de seguir adelante con su decisión personal de consumir y producirse la distribución y venta "libre" (legalizada) de la droga.
Del modo que acabo de indicar, el servicio prestado (público o privado) tendría la calidad necesaria, con un orden asistencial "profesionalizado", que podría consistir en revisión previa por: trabajador social, psicólogo, médico y, farmacéutico.
La idea de Sánchez Dragó puede realizarse en la práctica con el coraje y la valentía de afrontar "de verdad" el problema social de las drogas, con entidades públicas o privadas (o mixtas).
Con esos tres pasos o fases para el consumo privado de drogas, se podrá eliminar el mercado negro, la marginalidad y las mafias asociadas, sin desencadenar problemas a los demás ciudadanos, y se podrán afrontar los problemas psico-sociales asociados con la drogacción.
Bajarán enormenente los precios de las drogas, incluso incluyendo los servicios médicos y sociales arriba citados en su importe final.
También debería plantearse que el precio individualizado de cada droga incluyese el coste de un SEGURO (a terceros, de responsabilidad civil subsidiaria y/o de asistencia sanitaria) para que se afrontase (privadamente) la posibilidad de necesidad de REHABILITACIÓN de aquellas personas que cayesen en un problema de drogadicción. Sólo así se evitaría "socializar" los costes de rehabilitación, accidentes, delincuencia,... que se derivasen de cada decisión individual de drogarse que adoptasen los consumidores en un mercado de drogas (parcialmente) liberalizado.
El abastecimiento con un mercado de drogas ya legalizadas, por supuesto, permitiría disminuir los "efectos colaterales" y la delincuencia, asociada actualmente a su consumo.
Desde mi perspectiva, arriba explicada, no serviría un mercado libre totalmente desregularizado, ya que el consumo privado no afrontaría la socialización de los perjuicios que ocasionase.
Para que funcione es preciso un mercado cuasi-libre, es decir, es preciso que se introduzcan (regulen):
1. Los ESTABLECIMIENTOS ESPECIALIZADOS que permitan la "profesionalización" con un servicio de asesoramiento y distribución de calidad.
2. La PROFESIONALIZACIÓN PRESCRIPTIVA previa al consumo.
3. El SEGURO de responsabilidad privada para cubrir la posibilidad de rehabilitación (constituyendo un Fondo Financiero Sanitario) y el posible perjuicio sobre los demás ciudadanos (después de consumida la droga).
¡ Lamento no ser tan liberal como creía !.
Prometo leer dos veces más "Las Acción Humana" de Mises y tres veces más "El Manifiesto Libertario" de Rothbard como acto de contricción.
:-)
¡ Interesante y útil debate !
Y no sería mejor que nos dejen que nos droguemos tranquilamente a precios de mercado libre y sin molestar a nadie , a los que nos gusta fumarnos un porro, meternos una raya o darle al jaco...
Igual que si a alguien le gusta beber alcohol , hacer deportes extremos o practicar el sadomasoquismo, mientras no moleste a los demás, es su problema y el Estado debería dedicarse a estarse quietecito...
Gracias a ambos por vuestros comentarios.
Confieso que la primera entrada de la “asociación de amigos del Cártel de Cali” me hizo reír a mandíbula batiente durante un buen rato. Las paradojas transmitidas con humor son un gran acicate para reflexionar.
Ahora bien, debo añadir que mis opiniones a favor de la legalización de las drogas no implican una apología de su consumo, ni mucho menos. He podido observar muy de cerca (como abogado y como amigo de consumidores habituales) hasta que punto tantas personas escogieron hundirse por la pendiente de la degradación y la autodestrucción, por no parar a tiempo. Lo mismo puedo decir de consumidores de bebidas alcohólicas legalizadas. Esta es la cuestión mollar del debate. Muchos prohibicionistas presentan un mundo maniqueo, donde la legalización conllevaría un consumo compulsivo de drogas, como si las personas no fueran libres para hacerlo o rechazarlo, y la propia defensa de esta postura supondría una apología de su uso. En mi caso no es así.
En cuanto a la exposición “centros drogo-sanitarios”, me remito para contestar tus propuestas a la parte de mi comentario donde critico los centros de suministro “gratuito” de drogas a adictos (“narcosalas” las han llamado en algunos sitios). Están orientadas exclusivamente a “heroinómanos” y sobre ese presupuesto parece que defiendes esa hiperregulación de unos locales “drogosanitarios” que tras superar tantos “controles” públicos (sinceramente, lo de los asistentes sociales me puso inmediatamente en guardia) fueran autorizados a proporcionar droga a los consumidores. ¿”gratis” en los públicos y a cambio de un precio en los “privados” autorizados? Consecuencia = mercado negro.
En cualquier caso, como señalo al final de mi comentario, la propuesta que defiendo es que, de momento, la regulación de las bebidas alcohólicas de alta graduación (whisky, cognac, aguardiente, ginebra, anís etc etc) se amplíe al “consumo lúdico” de todas las drogas. Obviamente, su uso sanitario debería depender tan solo de los criterios de los médicos para prescribirlas.
Por último, me han comentado que los enlaces a sentencias colgadas en la base de datos de jurisprudencia del Tribunal Supremo, que ofrece la pagina www.poderjudicial.es, no se abren fácilmente. En cualquier caso, para quién quiera profundizar en el estudio de la jurisprudencia sobre drogas que cito, le doy las siguientes referencias por orden de aparición:
1) Sentencia de la Sala de lo Penal del T.S 947/2007 [nº de Recurso: 861/2007] de 12 de noviembre de 2007. Ponente: D. Manuel Marchena Gomez. Autoconsumo Hachis.
2) Sentencia de la Sala de lo Penal del T.S 281/2003 [nº de Recurso: 3616/2001] de 1 de octubre de 2003. Ponente: D. Jose Antonio Marañón Chavarri. Autoconsumo cocaína.
3) Sentencia de la Sala de lo Penal del T.S 237/2002 [nº de Recurso: 1146/2000] de 18 de febrero de 2002. Ponente: D. Perfecto Agustín Andrés Ibáñez. Autoconsumo Heroína.
4) Sentencia de la Sala de lo Penal del T.S 210/2009 [nº de Recurso: 1781/2008] de 6 de marzo de 2009. Ponente: D. Jose Manuel Maza Martín. Absolución por tratarse de un supuesto de "consumo compartido".
Quiero desmontar un argumento en contra de la despenalización de las drogas y exponer otro que casi nunca se escucha.
El primero es que la despenalización incrementaría el consumo entre los jóvenes. ¿Existe a estas alturas algún adolescente que no sepa dónde conseguir drogas? Lo dudo mucho. El fracaso en la lucha contra el consumo es estrepitoso. En este contexto no pueden amenazarnos con que la legalización provocaría un aumento del consumo. Ahora mismo, entre la población joven, el que no se droga es porque no quiere. La legalización no va a provocar mayor consumo.
El argumento que nunca se menciona es que mucha gente vive de este modelo fracasado. Policías, jueces, fiscales, abogados y funcionarios de prisiones y aduanas cobran sus sueldos directamente de la prohibición. Por no mencionar a los políticos que les encanta anunciar operaciones e incautaciones. La legalización implica una reducción del estado y es percibida como una potencial pérdida de votos. Veo muy difícil que alguien desde el poder polítio se atreva a enfrentarse a tantos intereses.
Un buen artículo sobre los dos principales obstáculos para el despegue del debate sobre la legalización, debate cada vez más urgente que los medios de comunicación, especialmente los masivos, hurtan a la opinión pública con verdadera contumacia:
Positive Liberty » Is the Drug Legalization Debate “Dull”?
La despenalización de las drogas es lo mismo que:
1. vender las mantas contagiadas con viruela a los indios;
2. vender la leche adulterada a los bebes;
3. vender el tabaco a los adolescentes;
4. despenalizar la pornografía infantil;
5. propagar entre los adolescentes la idea de prostituirse para ganar una fortuna;
6. despenalizar la prostitución de sus propios hijos como un negocio familiar;
7. despenalizar el incesto;
etc.,etc.,etc.
Todo esto se puede hacer lo que pasa que esto conduciría a la total despoblación de la tierra: el objetivo principal de la izquierda de hoy día ;-).
Lo digo esto porque seguramente los argumentos de tipo no sirven para nada a vosotros:
13% de los que toman alcohol se convierten a alcohólicos (enfermedades mentales)
40% de los que fuman ya no lo pueden dejar (cancer de todo tipo)
20% de los que fuma hierba que quedan adictos (enfermedades mentales)
40% de los que toman coca son adictos (enfermedades mentales)
80% de los que toman heroina ya son adictos (enfermedades mentales)
Y un adicto no solo muere: destruye la mente y bienestar de todos sus parientes.