Malditos mínimos de calidad
Uno de los aspectos que más le gusta regular a los gobiernos es el de los requerimientos mínimos que ha de cumplir un producto o servicio para poder ser comercializado. Es un aspecto bastante atractivo, con el que nuestros políticos consiguen ponerse medallas a un bajo coste político. Evidentemente, las medallas se las ponen únicamente aquellos consumidores poco familiarizados con la teoría económica. Y el bajo coste es solo político, pues supone altos costes directos para las empresas que los sufren, e indirectos para los ciudadanos, sí, los mismos que alegremente ponen al político regulador la medallita.
Porque la imposición de requerimientos mínimos de calidad tiene dos efectos directos, ambos negativos para el consumidor: la erección de barreras de entrada a posibles competidores y la elevación de los costes de producción, lo que a su vez conllevará el incremento del precio del producto. En definitiva, gracias a la fijación de mínimos de calidad se excluye a muchos potenciales oferentes del producto y a muchos segmentos de demandantes.
Veámoslo con un ejemplo. Quién más y quien menos habrá ido a la típica verbena de un pueblo pequeño, o a las actuaciones de verano de un hotel. Los artistas profesionales, las orquestas, cantantes o magos que aquí actúan realizan un excelente trabajo, muchas veces en condiciones bastante adversas, pero no suelen tener de un gran nivel de calidad.
Imaginemos que pasaría si algún iluminado de la administración decidiera regular unos mínimos de calidad para la actuación de artistas al público. Como no soy experto en estos parámetros, permitidme que no dé detalles de cual podría ser esa regulación, pero aceptemos que se requieren ciertas dotes determinadas, o una formación de varios años, o pasar un determinado examen.
Muchos de los artistas que en la actualidad ofrecen sus servicios, ya no podrían hacerlo, al menos de forma legal. No es que dichas actuaciones no sean valoradas por los clientes, simplemente que no cumplen los mínimos requeridos por el funcionario. Por supuesto, la audiencia seguiría disfrutando con la actuación, aunque, como antes, preferiría a Madonna o a Martes y 13.
Sin embargo, esos artistas de mayor calidad exigen una mayor retribución que la exigida por los artistas normales. Por tanto, los hoteles, ayuntamientos o simplemente clubes que antes podían permitirse pagar algunas de esas actuaciones, ya no pueden hacerlo. Automáticamente, estos segmentos quedan excluidos del producto. Los niños de los pueblos antes tenían su función de magia anual, lo mismo que los abueletes su ración de pasodoble. Gracias a la nueva regulación, los ayuntamientos ya no podrán pagar ni mago ni orquesta para que amenice las fiestas. Niños y abueletes quedan igualmente perjudicados por esta medida que aparentemente les beneficiaba.
No acaban aquí los efectos dañinos, por desgracia. Aquellos artistas que cumplan con los mínimos de calidad están ahora más protegidos frente a los competidores "de bajo coste", por lo que pueden exigir un precio mayor por sus servicios. En efecto, pensemos en un grupo de aficionados al flamenco. No son muy buenos, pero ensayan en sus ratos de ocio y, eventualmente, consiguen unos contratillos para ofrecer bailes en hoteles o discotecas. Gracias a este contrato inicial, quizá se puedan plantear dedicarse a tiempo completo al arte, y poco a poco mejorar en calidad hasta suponer una amenaza (se entiende competitiva) a los artistas consolidados.
Pues bien, gracias a la regulación de mínimos, esto no podría pasar. Los artistas del párrafo anterior deberán conseguir su nivel de excelencia ensayando mientras compatibilizan su afición con un trabajo que les dé de comer, lo que es bastante más difícil. Así las cosas, pocos artistas podrán avanzar por esta vía hacia el estrellato, dejando más confortable la posición de los artistas "de calidad".
En este ejemplo hemos hablado de artistas, actividad no sujeta a regulación de mínimos. Alguien puede pensar que esta regulación es lo excepcional, pero no es así. Una simple mirada a nuestro alrededor basta para confirmar que son numerosísimas las actividades y productos de los que la regulación exige un mínimo de calidad, sea de una forma u otra: médicos, arquitectos, manipuladores de alimentos, abogados... incluso porteros de discoteca (desde hace poco en Madrid).
En todos estos casos, puede que, sí, se consiga un producto de mejor calidad (no me atrevería a decir garantizada). Pero se trata de un producto al que solo pueden acceder determinadas capas de la población, y a un precio más alto del que correspondería.
Para el que dude de la calidad que se conseguiría en ausencia de la regulación, no olvidemos que los "productores" de los servicios, regulados o no, pretenden vivir bien de dicho comercio, por lo que la calidad del producto está asegurada por el propio interés de supervivencia del productor. En un libre mercado, el artista o el médico malo tiene los días contados, aunque haya aprobado todos los exámenes del mundo; en el libre mercado, solo sobreviven los que ofrecen el mejor servicio posible a cada precio.
Opinión de los lectores
Para el que dude de la calidad que se conseguiría en ausencia de la regulación, no olvidemos que los "productores" de los servicios, regulados o no, pretenden vivir bien de dicho comercio, por lo que la calidad del producto está asegurada por el propio interés de supervivencia del productor.
No lo dudo, pero no es el único factor: sin una adecuada información, sin una cultura en la selección calidad/precio, y sin posibilidades reales de comparar productos el cliente está abocado a tener que consumir sin garantías. Pero las "leyes de mínimos" no son la solución, sino un parche al problema fundamental:
La sociedad española no solo no está preparada para la competencia, sino que esta es vista como algo negativo desde la propia escuela. Se educa para el borreguismo, no para la ciudadanía, y actualmente se prefiere una falsa sensación de seguridad en base a unos "mínimos de calidad" que a la hora de la verdad no es posible verificar.
Un ejemplo: el logotipo "€" que acredita que un producto cumple con la normativa europea, es acreditado !por el fabricante!, que es el que asume la "responsabilidad" en caso de fraude. ¿Dónde están los inspectores que verifican que los productos con "€" cumplen lo que dicen? ¿Dónde están las multas y penalizaciones por fraude? Y sobre todo ¿Dónde está la información al consumidor?
Lo dicho: cambiamos libertad por "seguridad", y finalmente no obtenemos ninguna de las dos
Felicitaciones por el artículo. Menos dejar que la gente realice libremente los intercambios que ellos consideren oportunos veremos de todo. Eso sí siempre por nuestro bien, aunque sea contrario a nuestras decisiones personales.
Ya que nos pide Ud. que olvidemos las regulaciones de seguridad de productos:
¿ Se fiaría Ud. de juguetes que no estuviesen certificados seguros para sus hijos (mínimo de calidad) ?
¿ Se fiaría Ud. de aviones o barcos o centrales nucleares que no cupliesen regulaciones de segurdad (mínimo de calidad) ?
Ya que nos pide Ud. que oldidemos las regulaciones sobre titulación (conocimientos) de determinados profesionales para prestar servicios de calidad:
¿ Se fiaría Ud. de un médico, de un arquitecto o de un ingeniero sin titulación regulada (mínimo de calidad) ?
Parece como si Uds. se envolviesen en la bandera de la libertad, buscando a ver quíén llega más lejos en su "liberalismo". Sus palmeros le aplaudirán. Pero, al plantearse posturas radicales, a veces, acaban cayendo en la utopía y, en mi opinión, hacen el ridículo.
Hombre, Arias, es que usted es de los que piensan que "si el Estado no se hace no se hará". ¿Acaso no existen certificaciones privadas, como los famosos ISO? Que haya barcos "no certificados por el Estado" no significa que no estén certificados por entidades privadas de acuerdo a estándares privados. Usted, luego, será libre de subir o no si no se fía del certificado o si no lo tiene.
Vamos, que me parece que, puestos a hacer el ridículo, nos gana usted al no ser capaz de ver que existen otras opciones fuera del Estado. El artículo no está en contra de las certificaciones de calidad, sino de la imposición estatal de mínimos. Usted puede seguir exigiendo los mínimos que lo dejen más tranquilo a la hora de elegir entre alternativas.
Sin una legislación estatal que solicite los mínimos de calidad (de aviones, centrales nucleares, barcos, juguetes, titulaciones,...) y sin inspectores que verifiquen su cumplimiento, los fabricantes o los prestadores de servicios no solicitarán las certificaciones privadas, o bien las compraran de "corte y pega" para aparentar la calidad que no tienen.
Y no solicitarán las certificaciones privadas "buenas" ya que tienen que pagarlas y suponen tiempo y mucho dinero.
En las migraciones a La Meca en Egipto o en el transporte insular en Filipinas no se exige certificación privada de muchos Ferries y, en cada accidente, mueren miles de personas.
Los mínimos de seguridad son imprescindibles para garantizar la seguridad en los mercados libres. Es preciso la legislación pública, aún cuando sea acordada de modo intenacional y con mínima intervención.
Señores:
¡ se están echando al monte anarquista !. ¡ No se pierdan, a ver si no encuentran el camino de vuelta a la civilización !
¿ Y quién debería controlar que las agencias estatales encargadas del control de calidad cumplen los minimos de calidad ? El parlamento, el senado, el defensor del pueblo ...¿y quién deberá controlar que estas instituciones los cumplen? Los votantes...¿ y quién controla que los votantes cumplen los mínimos de calidad?
Sinceramente, yo me fio más de la competencia en un mercado libre para garantizar la calidad que de unas agencias reguladoras controlado por el estado...es decir por la chusma de politicos que se dedican a vivir del cuento...
Arias,
Creo que el Sr Herrera simplemente denucia, con buen criterio a mi parecer, la EXCESIVA intromisión del estado en nuestras vidas y en nuestras OPCIONES. Generalmente, haciendo esto nos cuarta nuestra libertad, con nuestro dinero, y no nos defiende de nada o lo hace INEFICIENTEMENTE (¿quien velaba por la seguridad de Chernobil?). Esta denuncia no significa que el estado deba desaparecer o que no deba intervenir absolutamente en nada, simplente recalca que ACTUALMENTE los límites de esta intervención llegan a extremos axfisiantes, estúpidos y extremadamente costosos. ¿Por qué el criterio de calidad mínima válido debe ser el de un funcionario ó político y no el de CADA UNO de ciudadanos? El estado, más que regular, podría limitarse a garantizar que se cumplan las reglas del juego (ejemplo: protección jurídica frente a los negocios que clamen cumplir algo que no es cierto). De ahí, a que nos impoga lo que podemos consumir...
Coincido plenamente con el Sr. Arias. Quizás a nivel mundial,
el transporte marítimo sea el mercado menos intervenido por el Estado . Por ello, creo nos sirve como
referencia para analizar si es conveniente establecer (o no) mínimos de calidad .
Precísamente, en temas de mínimos de seguridad, la normativa que se adopta por medio de
Agencias e inspectores, tanto públicos como privados, es la mejor garantía para la libre interacción de los ciudadanos en mercados mínimamente intervenidos.
Para profundizar sobre lo anterior, visiten el acuerdo de seguridad marítima
Memorandum de Paris y aprendan más sobre los peligros de las
Banderas de Conveniencia y sobre cómo actúan las empresas de inspección privadas como
ABS, American Buerau of Shipping, en mercados complejos como el transporte marítimo, la aviación, la energía nuclear, la industria pesada, etc...
No vale todo con tal de oponerse a lo "público". Por ejemplo, en España padecimos el
CASO PRESTIGE. El buque PRESTIGE fue inspeccionado en un puerto asiático por un inspector privado del ABS (American Bureau of Shipping) que era proveedor de servicios del propietario (armador) y llevando una bandera de conveniencia de Bahamas que exigía una normativa de seguridad más laxa que las europeas.
Por ello, el mantenimiento operativo del barco Prestige era deficiente y, pese a lo anterior, no se mandaron sustituir los refuerzos estructurales secundarios de planchas de las bodegas de carga que estaban muy deteriorados. Pudo tratarse de una corrupción del inspector, negligencia de la empresa privada que inspeccionaba (que sólo buscaba cobrar su tarifa lo más rápido posible) o, siendo benévolos, mala praxis profesional.
Pero, lo cierto es que el barco tenía bandera de conveniencia de Bahamas y utilizada a una empresa privada de inspección ABS para "garantizar" su navegabilidad, lo que
permitió a un barco y a una tripulación sub-estandar atravesar las aguas territoriales españolas. Esas banderas de conveniencia suelen pertenecer a países con regímenes democráticos dudosos, dictaduras o incluso sistemas políticos socialistas (como la antigua URSS de Chernobil).
El resto de la historia ya la conocen Uds., al pasar por enfrente de la costa española se produjo el desastre medio ambiental del Prestige.
A raiz de lo anterior, se reforzaron las
normativas, agencias y memorándums internacionales. Por ello, los barcos subestándar ya no están visitando las aguas europeas debido a la implantación de la normativa referida que permite
un sistema mixto con inspectores de seguridad públicos y privados que actúen, verificando (estrictamente) las condiciones mínimas de seguridad de los productos y servicios en el mercado, que es lo que mejor funciona para garantizar mínimos de calidad al ciudadano. Desde entonces el 25% de los barcos extranjeros que visitan puertos europeos son inspeccionados tanto por inspectores públicos como por inspectores privados de
Sociedades de Clasificación . Y, aún así, tienen sus fallos; como el explicadio arriba del inspector privado del ABS.
Deben Uds. tener en cuenta que existen casos de peligro aún mayores que pueden suponer la muertes de miles de personas tratándose de aviones, buques gaseros, centrales nucleares, productos alimenticios, medicinas, juguetes,...
Señores: ¡ No todo es tan sencillo, no todo es tan sencillo !.
El ejemplo elejido por Ud. demuestra lo poco convencido que en el fondo está del asunto.
¿Porque no pone como ejemplo un barrio humilde que se las tenga que ver con medicos sin titulacion?
cuanta demagogia se lee a veces, que si barrios ricos, que si barrios pobres, como si no fueran realmente los pobres quenes sufren las consecuencias de las regulaciones, un ejemplo, ustedes creen que si yo tengo el suficiente dinero a mi me va a dar igual que suba un precio? pues claro, solucion, quitemosles a todos la pasta vale, por dios y decimos ser civilizados, trabajo en una consultora de calidad telefonica tiene la ISO 9001, creen que tiene calidad, el gobierno en sus pliegos pide calidad a las constructoras, la pifia del AVE tenia calidad, venga ya hombre si es que esto no tiene remedio, es la justicia la que debe funcionar eso es lo que deberiamos exigir a los politicos con nuestro voto, lo de barajas, condenas, no existe otra solucion que condenas, de quien corresponda y eso solo lo consigue la libertad