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Portada - Comentarios - La rapidez del proceso emprendedor

15/05/2009 - Fernando Herrera

La rapidez del proceso emprendedor

Supongo que a todos nos ha pasado. Tras unos cuantos años, ocurre que retornamos a una ciudad o pueblo en el que pasamos un tiempo prolongado, quizá parte de la infancia, o simplemente unos meses de estudio, o de trabajo. Recorremos sus calles con un cierto punto de nostalgia, y siempre aflora el comentario: "anda, pues aquí había una cafetería, y fíjate, ahora hay una tienda de ropa", "aquí venía con los amigos a tomarme un helado; qué pena, ahora es una discoteca", "vaya, han cerrado el cine al que solíamos venir"...

Son los resultados del proceso de emprendimiento que caracteriza al ser humano y que se manifiesta con todo su esplendor en el libre mercado. Gracias a los emprendedores, enormes cantidades de recursos son movidas de unos usos a otros, buscando incesantemente su asignación a los mejores usos para los congéneres. Con la esperanza de que tal mejor uso revierta en mayores beneficios para el innovador.

Es por eso que la cafetería cede el paso a la tienda de ropa, y la heladería a la discoteca, o se cierra el cine. Pasa el tiempo, cambian los gustos de las personas o simplemente, los emprendedores son capaces de identificarlos mejor. Alguien se dio cuenta de que en el local que estaba la cafetería, por su situación o por otras razones, se podría obtener un mayor beneficio vendiendo ropa. Y procedió a arriesgar sus recursos, quizá el propio local, para ver si se cumplía su visión.

Otro emprendedor pensaba que la gente querría ver películas en gran formato, decidió montar un local de cine, y, con el tiempo, se dio cuenta de que se había equivocado en su planteamiento. No es que la gente no quisiera ver películas, pero no estaba dispuesta a pagar por ello una cantidad que compensara al empresario los desembolsos realizados. Dicho de otra forma, el empresario estaba usando mal los recursos escasos al dedicarlos a una actividad no valorada suficientemente por sus congéneres.

Y así avanza la sociedad.

Alguien puede pensar, tal y como se ha descrito, que estamos ante un proceso lento, pues lleva tiempo adecuarse a las necesidades de la sociedad. Recuérdese el punto de partida: "tras unos cuantos años..."

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El proceso emprendedor es rapidísimo, increíblemente rápido si tenemos en cuenta el volumen de recursos que se mueven. Si eliminamos de la descripción anterior el efecto nostalgia, y nos vamos de paseo por nuestra ciudad de residencia, podremos constatar que no han de pasar años para que los locales cambien de uso. Un buen día vemos que la tienda de abajo ha cerrado; a la semana, vemos unos cuantos albañiles dentro de ella, y en otra semana, se abre un bar de nuevo diseño. Hay veces que uno se lleva sorpresas dentro de su propia manzana.

Los emprendedores son rápidos y eficaces. Tan rápidos como pueden: están adelantando pagos para hacerse con los recursos que necesitan para llevar a cabo su idea, y quieren experimentarla cuanto antes. Va en su interés saber en el menor tiempo posible si tendrán éxito o no, si han acertado en sus previsiones respecto a las necesidades de sus conciudadanos.

De hecho, los mayores obstáculos a la velocidad de los emprendedores no tienen mucho que ver con el mercado, sino con su regulación y la intervención de las administraciones públicas. Probablemente, la mayor componente en el retraso del nuevo bar habrá sido la concesión del permiso de obras, o de la licencia para expedir bebidas alcohólicas, o darse de alta en el registro que corresponda. Pues ninguna de las personas de las que dependen estas concesiones están guiadas por el mismo principio; para estos funcionarios, los retrasos no significan ninguna pérdida.

Cuando uno observa la crisis económica en que estamos metidos, y lee los pronósticos sobre todos los años que nos quedan por sufrir antes de ver su final (toma mensaje esperanzador para los 4 millones de parados que ya pueblan nuestras calles), uno no puede evitar fijarse en estos rápidos cambios de uso para los locales.

De la crisis económica, solo hay salida por una vía, y no es la "social": es la vía del emprendimiento, que será capaz de llevar los recursos, ahora utilizados mal, a sus usos correctos. Y encima lo hará en mucho menos tiempo del que imaginamos, pues es un proceso muy rápido.

Gobiernos, liberen de sus cadenas al proceso emprendedor (o sea, dejen de intervenir en el mercado); libérennos de esta crisis.

 

Opinión de los lectores

RAPH

Muy buen artículo, y respecto a la última frase en la que se pide a los gobiernos que liberen de cadenas al proceso emprendedor, lamento decirles que eso no va a suceder y me explico por qué. No va a suceder porque de lo contrario, políticos y burócratas tendrían que ponerse a trabajar de verdad, cosa que ahora no están haciendo. Ahora están viviendo la vida del cuento, aparentando que hacen algo, cuando la verdad es que sus salarios no están justificados por su productividad sino que están justificados por el mounstruo del Estado que les paga por medio de lo que les roba a los demás ciudadanos y emprendedores, (éstos últimos son los que trabajan de verdad), coaccionando y amenazando.
En resumen, la balanza está descompensada, porque se fomenta más la cultura del "házte funcionario" (para vivir sin dar golpe, a costa de los demás), en lugar de fomentar y liberalizar la acción emprendedora, que es lo que levanta la economía y saca a un país de la crisis.

Israelem

Muy buen artículo y muy didáctico. A veces lo más simple la gente no lo ve.

¿Realmente es necesario el Estado para el proceso emprendedor? Al menos el estado que tenemos ahora, con uno mínimo (ya sabemos las dos o tre funciones), nos sobra.

Un saludo.

Mikimoss

Da tristeza comprobar que los razonamientos del articulista son propios de un niño de 6 años.

En realidad lo que pasó fue que la cafetería tuvo que cerrar porque la crisis financiera causada por la avaricia neoliberal abocó a la factoría de culatas de Citroën a la declaración de un ERE por el que se despidió a dos centenares de trabajadores que desayunaban allí cada día.

La tienda de ropa la puso una veinteañera a la que el fracaso escolar abocó a trabajar por una miseria como teleoperadora en una empresa de telefonía móvil que poco después sería multada multimillonariamente por la denuncia interpuesta por una organización de consumidores que la acusó de no dar de baja a sus usuarios con la debida diligencia y por mantenerlos atados mediante contratos abusivos. Los padres de la niña no querían que su hija cogiese una depresión al comprobar una vez tras otra que su mediocre formación impedía que le cogiesen ningún currículum en las entrevistas de trabajo, así que malvendieron la vieja casa del pueblo heredada de los padres para ponerle una tienda que tendría que competir con los productos del chino de la esquina, de peor calidad pero mucho más asequibles gracias a la mano de obra semiesclava que los produce en un taller de 30 metros cuadrados en Taiwan.

La heladería cerró porque los clientes empezaron a desconfiar de la manteca de cerdo a raiz de la histeria colectiva provocada por los medios de comunicación en el asunto de la gripe porcina. A pesar de que la OMS repitió una y otra vez que los productos del cerdo no transmiten la enfermedad, la superstición triunfó a la ciencia debido a la ignorancia y la desinformación de una población manipulada por los distintos intereses contrapuestos que mantienen en perpetua lucha a los lobbys alimentarios y a los farmacéuticos, de la misma manera que los lobbys petrolíferos niegan el cambio climático para salvar su cuenta de resultados aunque ello conlleve la destrucción del medio ambiente para las próximas 500 generaciones.

La discoteca compró el local a la heladería porque se trataba de una ganga al no tratarse de un sitio habilitado debidamente con las respectivas salidas de emergencia e insonorización. El gerente del local, un tipo sin escrúpulo alguno pero con mucha visión de mercado, también ahorró en la seguridad contratando como seguratas a 4 gorilas rumanos que más tarde bloquearían las puertas aterrorizados por la confusión creada cuando se declare el incendio que achicharrará a 50 almas en un zulo sin extintores ni salidas.

¿Y el cine? Echó el cierre, claro. ¿Por qué iba a gastarse unos euros la gente en ver lo que podía bajarse gratis del emule? ¿Por qué comprar libros y no fotocopiarlos? La campaña a favor de la piratería llevada a cabo desde la caverna neoliberal hizo insostenible el negocio del cine, la música y la literatura, que acabaron retrocediendo hasta antes de la invención de la imprenta. La producción artística dejó de ser rentable salvo para quien fuera ya rico y no tuviera que trabajar para comer, así que sólo las castas más pudientes influirían en la cultura del pueblo, que ya no tendrían a penas donde elegir.

Esa es la realidad, y no el cuento de Alicia en el pais de las maravillas que se ha descrito.

rey

jajaja... muy buena la parodia mikimoss!

seguro que esto en Venezuela no pasa!

Asociación chino-rumana cabreada

Mikimoss, majete, andas sobrado de perspicacia y de razonamiento posmarxista. Lo más gracioso es que, como buen progre das por hecho tu superioridad moral, y te parece innecesario disimular tu paternalismo machista con el cuento de la pobre chica que coge depresiones o tu racismo contra el cliché del comercio regentado por los chinos (ya se sabe, venden siempre cosas de poca calidad) y contra la gente de Europa del Este (sólo sirven de gorilas cancerberos con pocas luces que, ante un incendio prefieren que se achicharre toda la gente que hay dentro de un local a perder su trabajo).
He aprendido con tu post mucho acerca de tu pensamiento y no tanto de la globalización/capitalismo al que intentas vanamente denigrar con argumentos más conservadores y antiguos de lo que te imaginas.

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