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Portada - Comentarios - Unas críticas al cheque escolar

04/06/2009 - Joaquín Santiago Rubio

Unas críticas al cheque escolar

Atribuido a Milton Friedman aunque ya propuesto por Thomas Paine en el siglo XVIII y debatido en Francia en 1870, el cheque o bono escolar ondea como bandera de la libertad en la enseñanza. Los que lo defienden aseguran que es la opción que aporta más de este principio a las familias así como incentivos a la mejora de los centros educativos.

Las variedades de cheque escolar son muchas pero la relevante para los liberales que lo defienden es la de cheque ilimitado (sin zonificación escolar o adscripción de colegio por residencia u otros motivos), suplementario (que el usuario pueda aportar una cuantía adicional con sus propios fondos) y con transporte incluido. Admitir un cheque escolar con más restricciones significaría una diferencia tan mínima respecto del actual sistema que apenas es digno de comentar.

El cheque, se dice, aumenta la capacidad de elegir de los padres. Así, éstos encontrarán mayores niveles de satisfacción. Además, los centros, al competir por atraer a los alumnos, tendrán un incentivo para mejorar su gestión, docencia, instalaciones, etc. Visto así parece sencillo y lo es, quizá, en exceso.

Lo que el bono no cuestiona es el sistema de enseñanza pagado con los impuestos. Parte de que el Estado aporta los fondos a los colegios para su funcionamiento garantizándolos al completo para las etapas obligatorias y para los de titularidad pública fuera de ella. Que la enseñanza esté a cargo de los tributos entra en la lógica de considerarla como un bien público básico, que debe ser garantizado a todo el mundo, productor de igualdad de oportunidades así como generador de unas externalidades positivas que benefician a todos en general y que, por consiguiente, todos deben pagar. En eso los partidarios del cheque escolar están de acuerdo con los que mantienen una enseñanza sin capacidad de elegir para los padres. Los argumentos del bien público y las externalidades se adornan con correlaciones estadísticas más que cuestionables que no son el objeto de este comentario. Unas, vinculan la enseñanza con el falaz PIB y otras, los salarios o el empleo con el nivel de instrucción.

Lo definitorio del bono escolar es que el usuario del servicio decide con su elección a qué colegio irá el subsidio. Pero el dinero de los impuestos sigue estando sometido a los condicionamientos habituales. Partiendo de que el Estado detenta la representación de la voluntad general (bajo los mecanismos democráticos o no que estén en vigor), la concesión de fondos se aplica bajo la premisa ideológica de establecer los fines del servicio público en cuestión. En el caso de los colegios, éstos, a cambio de ser sostenidos, deben seguir la orientación pedagógica que marque el estado: qué contenidos enseñar, cómo enseñar y cuáles han de ser los resultados de la enseñanza.

En un hipotético sistema de cheque escolar, como el definido arriba, los requisitos burocráticos públicos contradicen la dinámica liberal que se introduce. Habría que prever que el bono puede acabar en que unos colegios hayan de cerrar (los de zonas de escasa población, por ejemplo) y otros ampliar sus instalaciones en zonas donde, por añadidura, habría otros centros con aulas vacías a consecuencia del nuevo sistema. El resultado de las elecciones de los padres puede, en suma, acabar divergiendo respecto de la actual distribución zonal de los colegios que se considera, por imposición administrativa, eficiente y satisfactoria pues, simplemente, la libertad está plenamente ausente. El cheque puede hacer variar las dimensiones de los colegios y acabar desajustando la situación burocrática e ineficiente del presente, con situaciones nuevas, como la del cierre de unas aulas y la infrautilización de otras, que serán vistas como contradictorias con la esencia de la misma gratuidad. Desde una perspectiva liberal es, sin duda, irrelevante ante el incremento de libertad. Pero, en este contexto y dado que la gratuidad implica que el Estado, garante del místico interés general, ha de asegurar la equidad social y territorial, ¿aguantaría el cheque los ataques que sufriría desde estos principios? Pienso que no. Si hay consenso en torno a ellos, los partidarios del cheque se verían arrinconados por la argumentación.

Para introducir el cheque, como medida transitoria hacia la rápida y plena libertad empresarial en la enseñanza, el principio de gratuidad debe ser combatido. Por el contrario, las experiencias existentes lo restringen como instrumento de liberalización y se utiliza como mecanismo de eficiencia en el gasto, compensación de desigualdades e incremento de la sensación de satisfacción del usuario.

En el sistema actual, que hace desaparecer toda opción a la libertad, la ficción de que se logra el equilibrio y la equidad es mayor que en un sistema mixto, libertad-gratuidad, como el que preconizan los propagandistas del cheque. La reducción de la equidad que conlleva atenta contra el principio consensuado. La viabilidad del cheque escolar, que podría existir, está condicionada, por ello, al cuestionamiento frontal de la presencia de dinero público en la educación y a una tendencia decidida de retirada del mismo.

Además, tratándose de que el Estado regula la extensión, contenido y modos de la educación al subsidiarla, el problema de los costes de un modelo de bono que acepta la gratuidad apenas difiere del que se presenta en el actual, que se centra que el bloqueo de una función empresarial impulsora de la creatividad pedagógica, la diversidad docente y la multiplicación de modos de financiación. Los costes de la gratuidad son, pues, altos. ¿Cómo podríamos estar en términos educativos si el Estado no fuera nuestro principal docente, con o sin cheque?

 

Opinión de los lectores

Bastiat

Evidentemente que el Cheque Escolar es una pequeña aberración dentro del ideario liberal. Un servicio como la educación, si tiene carácter público, deja de ser un servicio exclusivamente privado y, por tanto, es el Estado el garante de dicho servicio. Eso no es muy liberal que digamos.

Pero sí es más liberal que el que el Estado imponga un sistema educativo en el que el funcionario tiene todos los derechos, en el que el Estado impone el régimen disciplinario, en el que el Estado establece el dónde, el cómo y el cuándo se crearán escuelas, en dónde el Estado usa la prestación del servicio público como propaganda de sus “buenos haceres”. Es decir, el cheque escolar es, si, un paso intermedio. Doctrinariamente hablando, incompatible con la pureza del ideario liberal, pero como proceso es insuperablemente más liberal que el actual sistema.

Además tú das por sentado que el Estado, pese a adoptar el Cheque escolar, seguirá ejerciendo tal control sobre la educación que la libertad estará cercenada desde el punto de vista innovador tanto en cuestiones pedagógicas como económicas y de gestión… Bueno, dime por qué si se llega a adoptar el Cheque Escolar, no se puede también establecer los límites al control por parte del Estado de esos asuntos a los que haces referencia. ¿Por qué no se puede conseguir a la vez que se consigue implantar el Cheque Escolar que la labor del Estado quede relegada a la realización de exámenes de Grado comunes a todas las escuelas y centros para así garantizar el conocimiento por parte de todos los padres de aquellos centros que tienen un mejor desempeño educativo? Es decir, exámenes de reválida o selectividad (sólo un ejemplo) sobre matemáticas, lengua, idiomas, ciencias… si me apuras historia (si es que conseguimos consensuar si El Cid es un héroe o un mercenario según la parte de España de la que hablemos, por poner un caso). A ver…¿ por qué no?

Y luego está el asunto fundamental. ¿Se puede tender a la privatización total? La cuestión aquí sigue siendo un asunto de relatividad democrática. La sociedad puede elegir destruir el Estado. Bien. Deseémoslo con todas nuestras fuerzas, demos todos los liberales que hay en el mundo un salto al unísono y verás, verás como así ocurre…. O no.

En el momento en el que seamos capaces de vivir conforme al ideario liberal mas intenso nada de esto sería cuestionado. Pero hasta ese momento, el hacer propuestas que ahonden en el derecho y el la libertad de los padres de elegir, y adoptando decisiones políticas limitativas del poder estatal como el influir en la educación, al evitar sesgar la educación conforme al criterio de un partido mayoritario, si, pero no único ni, por ello, legitimado desde una postura totalitaria, estaremos dando esos pasos hacia mayores cotas de libertad, y hacia mayores límites al Estado.

Es un proceso político, es un proceso liberalizador. Está bien saber cuál es el horizonte al que queremos llegar, pero si no somos capaces de presentar alternativas en el sentido de mas libertad, sólo porque no son puras, estaremos haciendo una mala labor política. Y es una buena labor política el hablar claro a la gente, no esconder nuestro ideario y, a la vez, proponer medidas que vayan enseñando a los ciudadanos a valorar más su libertad que la propia decisión borreguil de aceptar lo que les venga del Estado… que si lo piensas bien… lo mismo es lo más cómodo y por eso triunfa democráticamente.

flix

El cheque escolar es un caballo de Troya de los socialistas en USA para aumentar el control del Estado sobre los colegios privados...
Cierto que en España, el Estado ya tiene la mano bien metida, así que mejor que nada es... al menos aumentaría una milesima la libertad de elección. Aunque siempre sería mil veces mejor una exención en el IRPF... ¿O no es más importante la educación que la vivienda?
En cualquier caso no hay que perder de vista el objetivo final: separar Enseñanza y Estado.

Joaquín Santiago

Pienso que el cheque escolar es un espejismo de libertad en un modelo de eneseñanza, el gratuito, que por esencia no lo es. Los detractores del cheque tienen fácil su crítica y los defensores del mismo serán incapaces de mantenerse en pie en cuanto la aplicación del cheque descoordine la forzosamente estable situación actual.
No es una cuestión de escoger entre un difuso realismo y el denostable utopismo, sino de sber qué es lo esencial y qué lo accesorio.
Combatir lo accesorio prioritariamente (modo de asignar subvenciones) nos declara derrotados para lo esencial (acabar con las subvenciones).

Bastiat

Pero es que todo se resume en una cuestión de preferencias.

Sabiendo que en si, como digo al principio de mi comentario, es una pequeña aberración, es infinitamente mejor ir quitando poder al Estado, y si no piensa qué diferente sería la situación en las comunidades autónomas en las que se está imponiendo la normalización lingüística, e ir dando, devolviendo el poder a los padres a la hora de elegir qué tipo de educación quieran para sus hijos.

Dicho esto, cierto es que asumimos la gratuidad de la educación cuando todos sabemos que no lo es. Bien, pero eso es parte del problema, no él problema. El problema consiste en lograr que la sociedad acabe reconociendo que cuando hay posibilidad de elegir las cosas funcionan mejor. Que cuando hay libertad hay progreso. Que el verdadero progresismo es tener libertad y que eso, al final, y nunca dejando de lado el horizonte de la eliminación de los subsidios en el debate político, si ya se ha conseguido eliminar el control político de la educación será mucho más fácil eliminar la subvención.

Ahora mismo, la gente confía más en el Estado porque le soluciona el problema económico, porque no ven el coste de los impuestos, y le soluciona la incomodidad de esforzarse en buscar un buen colegio para sus hijos… Y sin embargo, salvo que no creamos que la libertad de poder elegir mejora la calidad de los servicios, que es la otra parte, cuando vean que hay colegios mejores y peores y que tienen la posibilidad de acceder a ellos libremente premiando a los buenos proyectos y castigando a los malos… es decir, sacando jugo a la competencia en el mercado, se podrá comprender mejor lo innecesario del Estado en este… y en otros ámbitos de la sociedad.

Pero no lo olvides. La cuestión es de preferencia temporal, no desde el punto de vista meramente de compraventa, sino porque estamos ante una situación en la que la gente prefiere lo que hay. Y eso es lo que hay que ir cambiando.

Y lleva su tiempo. Y decirles a los ciudadanos que pretendemos que el Estado deje de pagar la educación de nuestros hijos y que cada cual se ocupe de ello es el mejor camino para no lograr nada.

flix

Una forma gradual sería permitir una exención del 90% de los costes escolares a aquellos que quisieran optar por la enseñanza 100% privada... liberando al estado del coste... el 10% no exento sería el coste de la "solidaridad"... no podría acusarse a aquellos padres que optasen por la privada de drenar recursos del sistema estatal, ya que además de sus propios gastos estarían sufragando parte de los ajenos...
Estoy seguro de que en pocos años una gran parte de los padres se acogería a la opción de independizarse del Estado...

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