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Portada - Comentarios - Fallos del mercado. Perdone, ¿fallo de quién?

12/06/2009 - Ángel Martín Oro

Fallos del mercado. Perdone, ¿fallo de quién?

El mercado ha fallado, se nos dice. Incluso economistas que aparentemente parecían defender el libre mercado abrazan esta tesis, como el caso del chicaguense Richard Posner en su reciente libro A Failure of Capitalism.

A esta tesis responde Peter Boettke con una analogía del exitoso nadador olímpico Michael Phelps: "Si ataras de brazos y piernas a un nadador de primera como Michael Phelps, le ataras pesadas cadenas sobre los pies y le lanzaras a una piscina y se hundiera, no lo llamarías un 'fracaso de la natación' o un fracaso de Michael Phelps. Entonces, cuando los mercados han operado con el lastre de excesivas y perjudiciales regulaciones, ¿por qué llamarlo 'fracaso del capitalismo'?"

Pero una vez que se llega a la conclusión de que el mercado ha fallado, la idea más ampliamente aceptada es que el Estado debe intervenir para solucionarlo. Estos fallos del mercado aparecen por doquier en la mente de los intervencionistas, ya sea cuando se produce cualquier tipo de efecto externo, existen presuntos bienes públicos, el mercado no es "perfectamente competitivo", la información es "asimétrica e imperfecta", existe "elevado riesgo e incertidumbre", el número de especies del oso polar en Alaska no es el óptimo, o cualquier otra excusa que se les ocurra.

Sin embargo, antes de identificar un fallo de mercado y clamar por una mayor intervención, no estaría de más pararse a reflexionar sobre estos puntos:

  1. ¿Existe realmente un mercado que pueda funcionar libremente y al que, en consecuencia, se le pueda culpar por resultados no deseados? Quizá, por ejemplo, no estén bien definidos ni protegidos los derechos de propiedad, por lo que estrictamente, no existiría un mercado. Piense, por ejemplo, en los problemas originados por los efectos sobre especies animales y marinas de la caza y pesca en recursos comunes (problema conocido como "tragedia de los comunes").
  1. ¿Cuál es la estructura legal e institucional que influye la actividad que supuestamente es un fallo del mercado? Quizá, como decía Boettke, los individuos que forman ese mercado están expuestos a una maraña de regulaciones y restricciones que dificulta sus interacciones voluntarias y origina ineficiencias. Piense, por ejemplo, en la escasa innovación y emprendimiento en España, actividades que algunos señalan como sujetas a estos fallos del mercado.
  1. ¿Bajo qué criterios está juzgando al mercado? El mercado es una institución humana, por tanto imperfecta, y utilizar el criterio de la perfección no vale. Parece algo obvio, pero no lo es. Y es que, como recuerda Lucas Engelhardt, "comparar el mundo real con construcciones imaginarias (léase modelo de competencia perfecta u criterio de eficiencia paretiana) y usar éstas para condenar a la realidad es una práctica largamente aceptada en la economía convencional. Los austriacos están en frecuencia solos al declarar que ésta no es una forma válida de medir la optimalidad de los resultados del mercado".
  1. ¿Realmente es deseable solucionar ese presunto fallo? Quizá los costes de solucionarlo sean muy altos. ¿Por qué no se ha solucionado hasta el momento? Quizá existiera alguna traba administrativa, legal o de otro tipo que impidiera su resolución. ¿Por qué supone que no se va a solucionar en un futuro inmediato? Quizá al tratar de corregir ese problema de manera estatal en un punto determinado del tiempo, lo que haces es evitar que aparezca una solución de mercado un poco más tarde, obstaculizando el proceso de descubrimiento empresarial. Piense, por ejemplo, en las innovaciones que se impidieron durante décadas en el sector aéreo por ser monopolios legales.
  1. ¿Por qué está suponiendo que, en caso de hallar un problema real, sería deseable que el Gobierno interviniera? Quizá esté juzgando con distinto criterio al mercado y al Gobierno. Mientras que al primero le ve fallos, al segundo lo analiza en sus modelos como un tipo ideal. ¿Acaso el Gobierno no tiene fallos? ¿Sabe cómo funciona el proceso político? ¿Realmente le gustaría confiar la resolución de los problemas en los políticos y burócratas, esos mismos que tan frecuentemente salen en los medios acusados de corrupción y asuntos sucios varios, y que tanto le mienten, engañan y manipulan en su misma cara solo para conseguir su voto? Y una vez analizado el funcionamiento de la política con una adecuada teoría de la acción humana, ¿cómo sabe que los fallos del mercado son más graves que los del Gobierno?

Resulta que cuando uno se para a pensar sobre estos puntos, al menos quien escribe estas líneas concluye que se suele utilizar un doble rasero para valorar los resultados del mercado y los del Estado.

Esto creo que se puede ver con claridad en el caso de la educación en España. Pocos dudarán del penoso desempeño del sistema educativo español. Sin embargo, pocos defienden que el Estado se retire de la arena educativa, y el consenso mayoritario pide que se haga un Pacto de Estado, que se hable con todas las fuerzas sociales, etc., etc. Es decir, continuar con el estatismo pero darle alguna vuelta de tuerca.

Por el contrario, imagínense que la educación estuviera a cargo del sector privado y que, imaginemos, estuviera dando tan malos resultados como los actuales (aunque lo más probable sería que desde el Estado se exageraran negativamente esos resultados, y que se nos dijera que de no ser por un cambio hacia un modelo estatalizado, la sociedad acabaría en la miseria educativa). En ese caso, ¿alguien duda de la reacción de los políticos y de muchos intelectuales? "¡El mercado ha fallado, hay que intervenir!", se nos diría.

O también podemos apoyar la tesis del doble rasero con un fenómeno recurrente: cuando fracasan las agencias o instituciones públicas a la hora de cumplir su papel, éstas exigen un mayor poder para tratar de evitar esos fallos en el futuro, y normalmente lo consiguen. Véanse los casos de los servicios de inteligencia para evitar el 11-S, la reguladora Securities and Exchange Commission (SEC) para evitar el caso de Madoff o la Reserva Federal americana con sus alocadas políticas, causantes en buena medida de la crisis actual. En cambio, las organizaciones privadas que en un libre mercado fracasan al no satisfacer las exigencias de los consumidores simplemente desaparecen.

Es curioso este doble modo de pensar y, desgraciadamente, también de actuar. A los fallos del Estado se responde con más Estado, mientras que a los fallos del mercado se responde del mismo modo: con más Estado e intervención.

 

Opinión de los lectores

Mario

La obsesión de muchos economistas por deducir sus opiniones de modelos matemáticos toca las cumbres de lo ridículo. Michael Szenberg nos cuenta en su libro "Grandes Economistas de Hoy" que john Eatwell, economista de Cambridge, afirmababa: "Si el mundo no es como el modelo, pues peor para el mundo". La palabra "modelo", que muchos economistas han extraído de la física, ha sufrido metamorfosis chistosas. Para los físicos, un "modelo" es un contructo teórico que le sirve para explicar un fenómeno natural y de allí hacer predicciones. Para algunos economistas un "modelo" es el paraiso terrenal en el que todos deberíamos vivir. Los psicólogos definen al neurótico como aquél que hace castillos en el aire y psicótico el que vive en ellos. Ustedes dirán cómo clasificar a los economistas matemáticos.

Urbek

A la analogía del nadador se puede replicar con la analogía de la medicina. ¿Por qué ante una crisis de salud tendríamos que desechar la intervención del médico? ¿Por qué habría que creer en que el cuerpo del enfermo iba a acabar produciendo por sí sólo el remedio que lo salvase antes de un fatal desenlace? Ante la ocurrencia de multitud de imprevisibles factores exteriores que afectan al organismo, ¿cual es la actitud que hay que tomar? ¿confiar en los hados? ¿actuar cuando el daño ya está hecho? ¿o quizás prevenir -dentro de nuestras limitaciones constitutivas- antes de curar?

Angel M

Buena contra-analogía, Urbek.

Sin embargo, le veo algunas pegas. Siguiendo con la analogía de la crisis y la enfermedad. En mi opinión, esa crisis de salud del paciente fue causada por la negligencia e incompetencia de la intervención del médico. Entonces, acudir al médico y usar la misma ‘estrategia’ que ha causado los desperfectos para curar la enfermedad, no parece el camino más sensato.

Por otro lado, en el caso que planteas sí parece que la mejor opción sea la intervención del médico, en lugar de confiar en el hados o esperar a que el cuerpo se regenere milagrosamente. Pero en el caso de la crisis económico, como fenómeno social, creo que es distinto. En primer lugar, que habría que tener en cuenta los incentivos a los que se enfrenta el médico para solucionar la enfermedad: puede que (asumiendo que no se deja llevar por principios morales) si le pagan de una determinada manera, se vea incentivado a ‘hacer como que se ha solucionado’ la enfermedad a corto plazo, creando la apariencia de que todo se ha arreglado, cuando en realidad el problema se pospone a un periodo más lejano. En el caso de los políticos tratando de solucionar la crisis es necesario analizar esos incentivos.

Y en segundo lugar, que aquellos más interesados para que se solucione la crisis (los trabajadores, las empresas, etc. que la sufren) ya están haciendo algo ellos solitos: reduciendo consumo y apretándose el cinturón, cortando gastos superfluos, trabajando más horas, introduciendo pequeñas innovaciones para ser más eficientes etc. etc. Y estas acciones, aunque muchos keynesianos piensen que son la ruina, son necesarias para la recuperación. Así, en el caso de la crisis, quizás sí sea más sensato esperar en que la economía se recupere por sí sola, sin necesidad de masivas intervenciones. Sobre esto te enlazo un interesante artículo: "La gente olvidada ya está haciendo algo para la recuperación"
http://www.libertaddigital.com/opinion/autores-invitados/la-gente-olvidada-ya-esta-haciendo-algo-para-la-recuperacion-economica-47964/

Un saludo

Juan

Coincido totalmente en tu apreciación sobre el doble rasero con que se tratan a menudo los fallos del mercado y los del gobierno. Sin embargo, tengo que añadir que los economistas hemos hecho un gran trabajo estudiando los fallos del gobierno y de la política en general como institución asignadora de recursos desde los años 70 revelando sus deficiencias en términos comparables con los fallos del mercado. Primero fué la escuela de la "Elección Pública" (Downs, Black, Buchanan, Olson, Niskanen, Mueller, etc.) seguida por la "Elección Social" (Arrow, Sen, Hurwicz, Gibbard, Maskin, etc.) y su heredera la nueva "Economía Política" actual que ha crecido muchísimo y ha revelado innumerables fallos del gobierno, de la democracia, la burocracia, teoría de la corrupción política, etc. Por ejemplo, ya se pueden encontrar en manuales básicos de macroeconomía la teoría del ciclo político, claramente un fallo del estado en la política macroeconómica. También está muy estudiada la llamada "captura del regulador" en microeconomía y la inevitabilidad de los mercados negros, y la inmensa mayoría de modelos matemáticos de equilibrio electoral y de provisión de bienes públicos muestran claramente la naturaleza y magnitud de los fallos de provisión del gobierno. Desde hace ya una década se estudia cada vez más con experimentos de teoría de juegos la provisión privada de bienes públicos con resultados muy esperanzadores.
De hecho, estamos ya en situación de hablar de una teoría institucional de la asignación de recursos que hace comparables los posibles fallos de cada institución. Nada de esto existiría sin el esfuerzo de la economía matemática, que revela con exactitud la naturaleza de los fallos y las posibilidades de solucionarlos. Quizás nos falte todavía comunicar el estado actual de la investigación a la sociedad, aunque por otro lado esta última no se destaca por demandar razonamientos sofisticados y mesurados con respaldo teórico y empírico, sino que gusta de presuntas verdades sencillas y de altas dosis de ideología.
Respecto a los fallos del mercado, tenemos que reconocer que existen en bastantes situaciones, aunque hay también una tendencia a exagerarlos y a incluir algunos que de hecho no lo son. Por jemplo, la falta de información en los mercados y la presencia de incertudumbre en la toma de decisiones NUNCA debe de considerarse un fallo de mercado. Es un argumento falaz que hay que rebatir siempre. El supuesto ideal y simplificador de información perfecta en los mercados competitivos NO es en absoluto clave ni necesario en el resultado de la optimalidad de estos (primer teorema del bienestar).
Lo que sí que es indiscutiblemente un fallo de mercado es la presencia de información ASIMÉTRICA en los mercados (omnipresente en los mercados de seguros de todo tipo y en algunos mercados de trabajo, por ejemplo). También es cierto que los mismos mercados suelen generar endógenamente instituciones complementarias conducentes a solucionar estos fallos sin necesidad de intervención pública alguna (por ejemplo, contratos con garantías, agencias independientes de rating, etc., búsqueda de señales informativas, etc.).
Creo que en el tema de valorar los fallos de mercado hay que ser muy cuidadoso. Es indudable que existen con diversos niveles de gravedad, y siempre han de comprarse con los fallos del gobierno y de otras instituciones alternativas. Cuanto más conozcamos su naturaleza y gravedad, mejores decisiones podremos tomar. Eso sí, siempre se debe sospechar de la tentación de recurrir al Estado, pues está claro que la voracidad expansiva que le es propia y su misma naturaleza coactiva le hacen poco fiable para tomar decisiones institucionales.

Un saludo.

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