06/07/2009 - Berta García Faet
La metafísica y la economía neoclásica
Lo mínimo que uno espera de un científico es que no sea un metafísico. De un científico de cualquier tipo: dedicarse a las ciencias sociales no le excusa a nadie para ponerse a soltar arbitrariedades sin ofrecer un razonamiento sostenible o una base empírica de la que extraer –con el tiempo, con más muestras y con ciertos presupuestos teóricos– regularidades que tengan sentido, que no hagan aguas por todas partes. Pero por lo visto esta condición tan básica, tan primaria, supone un esfuerzo demasiado grande para algunos.
Sin embargo, no hay por qué rebajar las exigencias: es cuestión de tiempo el que la economía mainstream, ya puesta en evidencia en muchas ocasiones (la última, con motivo de su impotencia frente a la crisis económica mundial), se vea superada por otro paradigma que poco a poco la va royendo (también cabe la posibilidad de que ella misma se revista de otra cosa pero sin cambiar en lo esencial, perpetuando así el problema, como ya ocurrió con la llamada "síntesis neoclásica"). Paradójicamente, cuando los neoclásicos se ponen gallitos (Krugman parodiando la teoría austriaca del ciclo económico), acusan a los austríacos de dos cosas, no necesariamente al mismo tiempo: una, de auto-aislarse de la comprobación empírica, y dos, de moralizar la economía. Volveremos sobre estas dos críticas.
Antes me gustaría exponer lo que, derivando de lo que cabe esperar de un científico (es decir, que no sea un metafísico), cabe esperar de una ciencia, concretamente de una ciencia social, más susceptible por la naturaleza de su objeto a la parodia y a la banalización: que no sea pura charlatanería.
Una ciencia social seria, digna de respeto, debería ser capaz de explicar bien al menos ese aspecto de la realidad en el que se centra, sin trocearlo inútilmente (por ejemplo, sin dividir en "micro" y "macro" su objeto de estudio, como si el razonamiento económico individual y las consecuencias de las decisiones económicas fueran diferentes en la política y en la calle). Una ciencia social seria, digna de confianza, debería poder confrontar su teoría a la realidad a gusto, no a regañadientes, no imponiendo innumerables condicionantes irreales, y todo para acabar ofreciendo equilibrios "parciales" o conclusiones facilonas a las que cualquier persona espabilada puede llegar por sí misma. Una ciencia social seria, con futuro, debería conocer este aspecto de la realidad que se atribuye como la palma de su mano, o como mínimo tener los instrumentos adecuados para ello. Por el contrario, en la actualidad sufrimos un paradigma de ciencia económica simplón y abstracto que, por el momento, sólo ha servido para dos cosas: para justificar teóricamente el dirigismo, y para que exista una carrera universitaria llamada Economía, que suena muy bonito y profesional.
Desgraciadamente, la mayoría de las personas ajenas a las aulas de esta carrera no saben exactamente qué se cuece ahí dentro, y seguramente se piensan (siendo, por lo demás, perfectamente razonables) que todos estamos aprendiendo muchísimo sobre cómo se gestó esta crisis, sobre cómo prevenirla y sobre las diferentes lecturas que hacen de la misma las diferentes corrientes de pensamiento económico. Nada más lejos de la realidad. Aquí estamos, hallando equilibrios.
Y no es que la economía neoclásica no haya podido sospechar la crisis que se estaba gestando: es que, ni siquiera a posteriori, hay un modelo que funcione y que diga algo más que "la burbuja inmobiliaria tenía que explotar tarde o temprano" (¡y también aquello de "¡busquémonos otra burbuja!"). ¿Es el resultado –uno de los resultados, y a la vez uno de los síntomas– lo único que la economía neoclásica puede ofrecer como explicación?
Curiosamente, las dos críticas que se le hacen a la Economía Austríaca en estos momentos, cuando uno profundiza en los razonamientos subyacentes, o no tan subyacentes, de la economía neoclásica de hoy en día (o sea, neokeynesiana), ve que son, en realidad, sus complejos. La economía neoclásica quiere ser neutral, quiere ser matemática, pero finalmente acaba opinando que la crisis es culpa de la codicia de unos pocos y que la solución es la manga ancha en el gasto público. ¿Cómo es que la "neutralidad metodológica" les lleva a una solución tan política, y tan políticamente correcta? La economía neoclásica quiere ser realista, quiere manejar matrices de datos colosales y plasmarlas en gráficas exactas, pero finalmente acaba diciendo que "la característica principal de una competencia perfecta es el beneficio cero". ¿Cómo es posible esta sentencia tan insensata? Sí, estamos de acuerdo: esto es una tomadura de pelo.
Pero estos insólitos axiomas que he puesto como ejemplo de cómo la economía neoclásica traiciona su supuestamente propio "empirismo", no son una excepción, son la norma: la clave está en decir cosas cuanto menos realistas mejor. La metafísica neoclásica florece especialmente en el campo minado del análisis económico (por ejemplo, en las Microeconomías, en las que cambian de repente los presupuestos según hablemos de los individuos o del Estado) y de la economía aplicada (por ejemplo, en Economía mundial, en la que se nos pide amablemente, en el modelo explicativo del comercio relativamente más completo, el de Hescker-Ohlin, que "imaginemos que en el mundo hay sólo dos países que producen sólo dos bienes con sólo dos factores de producción". ¿Increíble? Pues si te apuntas al club, podrás hacer toda esta magia y mucha más: harás que aparezcan de la nada funciones de oferta y demanda, o incluso rectas isovalor al más puro estilo del utilitarismo benthamiano (¡pero sin ni siquiera unidades de medida de utilidad!).
Por mi parte, estoy convencida de que un estudiante de Economía, al acabar la carrera, termina por saber de economía menos que cuando entró. En el mejor de los casos, conocerá la historia y algunos conceptos interesantes, pero no sabrá explicar nada de lo que sucede a su alrededor. Pero a cambio, de Metafísica seguro que sabrá bastante.
Opinión de los lectores
No sé si conoces este párrafo del ensayo de Friedman "The Methodology of Positive Economics" donde básicamente se enorgullece de (y sienta las bases para desarrollar) todo lo que con acierto criticas:
In so far as a theory can be said to have “assumptions” at all, and in so far as their “realism” can be judged independently of the validity of predictions, the relation between the significance of a theory and the “realism” of its “assumptions” is almost the opposite of that suggested by the view under criticism. Truly important and significant hypotheses will be found to have “assumptions” that are wildly inaccurate descriptive representations of reality, and, in general, the more significant the theory, the more unrealistic the assumptions (in this sense). The reason is simple. A hypothesis is important if it “explains” much by little, that is, if it abstracts the common and crucial elements from the mass of complex and detailed circumstances surrounding the phenomena to be explained and permits valid predictions on the basis of them alone. To be important, therefore, a hypothesis must be descriptively false in its assumptions; it takes account of, and accounts for, none of the many other attendant circumstances, since its very success shows them to be irrelevant for the phenomena to be explained.
En condiciones naturales la irrealidad que citas implicaría la extinción de la especie. Un cerebro funcionando de forma incorrecta no tiene futuro. Por ello, se puede deducir, alguien tiene la realidad como vector director y está manteniendo los de "Alicia en el país de las maravillas"; cosas de la vida en sociedad.
Respecto a esto:
"la característica principal de una competencia perfecta es el beneficio cero"
...va ser igual que cuando se afirmaba lo de no se puede volar, viendo a su vez los pájaros hacerlo.
Un ejemplo de competencia perfecta la podemos ver en el mundo natural, ¿alguien diría que el beneficio es cero*?
... seguir vivo es bastante beneficio.
*: cero local, no cero infinito
Excelente artículo. Yo, que soy matemático de profesión, me alegro mucho al observar que los economistas de la escuela austríaca critican los tratamientos matemáticos de los neoclásicos. Yo creía que la insatisfacción era sólo mía. He participado en seminarios de economía matemática en la facultad de economía de mi universidad y he llegado a la conclusión de que no hacen ni matemática ni economía. Tienen los neoclásicos dos obsesiones: El equilibrio general y la competencia perfecta. Ninguno de las dos existe, ni siquiera los modelos de los sistemas dinámicos que utilizan así lo indican. De otra parte, sus modelos son lineales. Nadie con dos dedos de frente se le puede ocurrir que fenómenos tan complejos como los que vemos en la economía puedan tratarse con la óptica de los sistemas lineales. Y los métodos no lineales que vemos en la teoría de juegos aplicados a la economía, como son la teoría del grado de Brawer y Leray-Scauder son los correspondientes a los estados más elementales de la teoría que al poco andar uno ya no ve la conexión entre esas herramientas y los problemas económicos que interesan. La Matemática es muy útil para estudiar fenómenos simples y constantes como los que vemos en la Física, pero trasplantarla a otras disciplinas puede ser fuente inagotable de penosos errores.
Goethe, el gran poeta alemán, decía:"Los matematicos son como los franceses (buena la ironía), dígales lo que uno les diga ellos inmediatamente lo traducen a su "idioma" y de allí en adelante uno ya no sabe de qué están hablando"
Tengo la misma sensación que la que describes en el último párrafo. La educación universitaria en cuanto a economía (e imagino que también ocurrirá algo parecido, aunque quizá en menor grado, en otras carreras) deja muchísimo que desear, y los estudiantes serán muy poco capaces de dar explicaciones coherentes de la realidad. No obstante, puede haber varias causas de esto, y no solo el paradigma dominante. Una sería la estructura de incentivos del sistema universitario; de todo un curso de estudiantes a lo mejor encuentras a 10 que muestren interés realmente.
Aunque en general coincido con tu artículo y la crítica a la economía neoclásica, no estoy tan convencido respecto a ciertas críticas.
Lo primero sería definir bien qué es la economía neoclásica, que puede ser algo en lo que los austriacos pecamos de simplistas y metamos en el mismo saco a una gran variedad de economistas, con distintos matices y enfoques. Creo que cuando hablas de economía neoclásica te refieres a la corriente que trata de formalizar matemáticamente todo fenómeno económico, asumiendo un elevadísimo grado de simplismo e irrealismo en los supuestos. Sin embargo, se suele decir que esta “desviación” solo llega a ser la corriente dominante a partir de la segunda mitad del siglo XX, y que antes predominaba el análisis económico verbal con el énfasis en los conceptos y principios económicos básicos. Tanto es así que los austriacos en varios aspectos se consideraban dentro del mainstream (incluso Rothbard, tal y como sostiene Joe Salerno).
Hay economistas neoclásicos actuales de primera línea que tienen cosas de interés, como Acemoglu, Rodrik, Phelps, Easterly... que sin abandonar la corriente principal del todo, empujan la frontera de los límites neoclásicos más allá, incorporando otras ideas (e.g. las hayekianas).
Luego igualas la corriente neoclásica actual con los neokeynesianos. Si te refieres a que utilizan el mismo esquema hiper-agregado que los keynesianos, en el sentido en que p.ej. Garrison decía que Friedman era keynesiano, de acuerdo. Pero creo que vas por otro lado, cuando dices que “La economía neoclásica quiere ser neutral, quiere ser matemática, pero finalmente acaba opinando que la crisis es culpa de la codicia de unos pocos y que la solución es la manga ancha en el gasto público.”
Aquí pienso que no todos los neoclásicos abogan por políticas keynesianas, con lo que esa identidad que estableces me parecería en principio errónea. Solo hace falta ver debates entre economistas de Chicago y keynesianos como DeLong o Krugman (http://www.libertaddigital.com/economia/keynes-renace-con-fuerza-en-medio-de-la-peor-crisis-desde-la-gran-depresion-1276354239/) o el listado de los economistas que firmaron un manifiesto en contra de las medidas de Obama: http://www.cato.org/special/stimulus09/cato_stimulus.pdf
En definitiva, que por lo poco que sé del tema, me parece que los economistas neoclásicos son más ricos y heterogéneos de lo que planteas. Eso sí, la crítica que haces al paradigma dominante me parece acertada.
Muchas gracias a todos por comentar.
Rallo: la verdad es que no conocía ese pasaje de Friedman, pero es aún peor que a lo que yo me refería. La economía neoclásica quiere ser realista pero resulta ser muy poco realista; si Friedman directamente considera que no hay por qué ser realista… la crítica entonces debería ir encaminada a demostrar por qué una ciencia, en el caso que nos ocupa una ciencia social, tiene que ser realista (tanto en sus resultados como en su metodología). No tengo fuerzas para ello… ¡me parece tan evidente! ¡a estas alturas estar debatiendo eso!
Razón objetiva y Mario: si hay un presupuesto manifiestamente falso, es ése, el de cero beneficios, y ligado a esto la competencia perfecta. Pero los equilibrios parciales tampoco se quedan atrás, y su obsesiva matematización. Sinceramente, la matemática, en economía, me parece otro complejo más de los muchos que esta disciplina tiene. Además de un lastre, claro, porque al final va a resultar que lo único realista en esta carrera son las asignaturas de dirección de empresas… Una ve las discusiones económicas que se estilaban hasta el s.XVIII y no puede más que deprimirse de cómo se plantea la cuestión económica hoy.
Hola Ángel,
Sí, te doy toda la razón respecto a la equivalencia de neoclásicos y neokeynesianos. Estuve dudando si establecer esa identidad tan sin matices o no, porque lo cierto es que es una exageración y una inexactitud, sobre todo con autores como Easterly que personalmente admiro, entre otras cosas por su honestidad, y por los modelos de crecimiento donde hay muchas diferencias y evolución en las últimas décadas. Sin embargo, pensé que para lo que quería criticar, y a pesar de la relativa diversidad, lo que me pareció claro – por lo menos a mí según como se me han dado las asignaturas- es que los matices neokeynesianos se hacen sobre la base de la economía neoclásica. Por ejemplo las teorías de comercio (de arancel a la industria naciente si no recuerdo mal) es una sofisticación de teorías del comercio internacional previas bastante más simples. No veo que se nieguen sus cimientos. Y lo más insensato son precisamente los cimientos; mi propósito era sólo criticar la falta de realismo de los axiomas y condiciones generales, porque la verdad es que si no salimos de la economía neoclásica, si aceptamos los fundamentos de su microeconomía y de su metodología (para mi, inaceptables), el resto del sistema no es un edificio perfecto pero desde luego no se cae. Quiero decir que tiene lógica, si aceptamos su sistema de lógica.
Un saludo a los cuatro
Berta, Descartes y David Hume dos caras de la misma moneda hace que la causalidad se convierta en funcionalidad y los matemáticos arrasen. Los espontáneos deberían decirnos por qué y los estatales el provecho que sacan de todo esto. Yo siempre me he preguntado, si han proliferado tanto, debe ser por algo, pero no logro dar con ello. Es mi ignorancia la que hace que siga buscando en la libertad.
Miss Berta, aprovecho este nuevo espacio para responder a su pregunta sobre la ciencia política y la escuela austríaca. Ud. comete un error fundamental, que invalida todo el razonamiento posterior: la ciencia política no es nada de lo que Ud. pretende definir, sino un campo de estudio dinámico sobre un tema más o menos delineado hace siglos, o milenios, que es la política y su abordaje metódico. Por lo tanto, ninguna de las "escuelas" que quieran participar en ella puede pretender definiciones absolutas y excluyentes sobre este campo de estudios. La ciencia es un espacio compartido que va antes que sus escuelas. Un politólogo, por lo menos mientras tiene puesto ese sombrero, no puede dejar de ser politólogo en su abordaje. Lo mismo que un economista. Idealmente, un politólogo o economista "austríacos", en un marco académico, ante una evidencia provista por un colega "no austríaco" sobre algún tópico, que sea intelectualmente poderosa, admite la investigación. Lo austríaco, en ese momento, es secundario. Si lo austríaco, no obstante, prescribe ideas tan fuertes que no pueden conjugarse con el aporte de otras visiones, entonces Ud. dice que Austria es anterior a Ciencia, y por lo tanto nada de lo austríaco es compatible con ninguna ciencia social. Ergo, la escuela austríaca queda convertida en secta, no muy diferente de la cientología o la meditación trascendental. No creo que Hayek o Mises, bien incorporados a las academias de su tiempo, hayan previsto nada de esto, ese tipo de fundamentalismo que Ud. postula es una invención reciente.
Hola Julio, disculpe el retraso pero acabo de leerlo. La verdad es que no sé por qué ud. pone en mi boca cosas que ni he dicho ni comparto: en absoluto, he de concretar. En otros artículos he defendido la idea de que la escuela austríaca está muy subdesarrollada -por supuesto, en mi opinión- en las ciencias sociales más allá de la economía, y siempre he expuesto esta idea mía con claridad. De modo que no entiendo por qué me acusa de fundamentalista, o derivados, así sin ton ni son.
Dicho esto, ello no implica que yo acepte acríticamente una ciencia mainstream. Ud. dice, en pocas palabras que, si me dedico a señalar las diferencias entre "escuelas", prefiriendo mucho una de ellas, es que afirmo que las "escuelas" preceden a la ciencia. Como comprenderá, una cosa es afirmar esto que ud. me atribuye, injustamente, y otra muy distinta afirmar que es lógico, razonable y deseable que las escuelas compitan. Desengáñese: las ciencias sociales son un debate constante, no espere ud. encontrar certezas aceptadas de forma unánime. Pasa con la sociología, con la ciencia política, con la economía... Me extraña que no lo sepa. Distintas interpretaciones del objeto (que es la primera interpretación a considerar) chocan contínuamente; ya que habla de Ciencia Política, lo sabrá de sobra. Bajo mi punto de vista, esa es la riqueza de las ciencias sociales; la cara mala es la incertidumbre y la imposible demostración empírica absoluta.
Berta,
En tu intervención decías que una "ciencia política austríaca" es imposible. Ahora decís que la escuela austríaca está subdesarrollada en lo que hace a ciencias sociales, con lo que -supongo- reconoces que la c.p.a. sería posible (una vez que la escuela austríaca evolucione). ¿Es así? En ese caso, estoy de acuerdo con tu segunda conclusión, y en desacuerdo con la primera.
Gracias por responder. Saludos.