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Portada - Comentarios - El Estado

13/07/2009 - José Carlos Herrán

El Estado

"El Estado es la gran ficción mediante la cual todos se esfuerzan por vivir a costa de los demás"(F. Bastiat)

El Estado es una realidad teorizada. El monopolio del uso de la fuerza convertido en concepto político indispensable, en estructura pública necesaria, en recurso teórico ineludible. Para muchos pensadores sociales el Estado es y ha sido la culminación del orden social, o peor, la forma perfecta de una voluntarista organización de la sociedad.

Sociedad (en su acepción más estricta) y mercado no deben tomarse como esencias, sino como procesos. Toda referencia a los mismos exige cierto rigor bilateral: tanto en el ponente como desde el auditorio. El Estado, por el contrario, sí es un artificio deliberado, si bien es cierto se encuentra, en todo momento, inserto en un proceso de adaptación y extensión sostenidos en el tiempo.

Para identificar el objeto de estudio conviene definirlo. Recurrimos a dos vías opuestas pero convergentes para afinar en una aproximación certera. Primero, lo que el Estado es según los teóricos que lo defienden, pero también de acuerdo con los planteamientos de muchos de los que lo condenan:

El Estado ha sido identificado con la sociedad, presumiendo indistinguibles sus atributos, considerando al primero, como ya hemos visto, una expresión perfeccionada de la segunda, o peor, asimilando su entidad sin otra aclaración.

Se identifica Estado con distribución, considerándola regida por leyes contingentes, arbitrarias, en manos de la voluntad del Hombre y el devenir histórico.

Estado como justicia en la medida que ésta se entienda respecto de los resultados, pretendidamente equitativos, igualitarios o tomados desde una perspectiva utilitaria o moral.

Estado también como jurisdicción, en cuanto a la facultad de dictar Derecho, decretar la imperatividad de normas generales y abstractas, la resolución de conflictos a partir de las mismas, o en el caso más extremo, identificando completamente Estado con orden jurídico (resultando la excrecencia conocida como "ordenamiento jurídico").

Finalmente, y aunque quepan otras asimilaciones importantes, no distinguiendo entre Estado y Gobierno, o entre Estado y magistraturas públicas. En un plano teórico, pero también en uno histórico, el Gobierno debe estudiarse como institución política espontánea. En este sentido el Estado, como artificio y mecanismo de dominación es algo distinto al Gobierno, aun cuando surja como instrumento al servicio de aquel.

Siendo el consenso social un presupuesto de la política misma (un requisito prepolítico), el Gobierno corre el riesgo de enfrentarse al disenso social sin otra arma que el mero compromiso político. Cuando esto sucede la opción estatal se plantea como garantía del orden y el respeto de unas libertades, que, perdiendo su espontaneidad, acaban incorporadas al devenir de lo político. Será entonces cuando el Estado adquiera su virtual propensión a dominar ciertos ámbitos con imperiosidad e intensidad crecientes.

Cuando perdemos la noción fundamental por la que el Estado se equipara sin razón con el Gobierno espontáneo, toda forma de Poder queda demonizada y descartada absurdamente. El Gobierno, en términos teóricos, siempre es limitado, o no es (Potestas). Que el Estado lo absorba no implica su inmediata identificación, como tampoco debemos caer en la trampa de entender la jurisdicción o las magistraturas espontáneas como elementos propios de la dominación arbitraria. Son, por sí mismos, independientes y ajenos a la distorsión que plantea la usurpación monopolista del Estado.

La segunda vía de aproximación a una definición satisfactoria del Estado es mucho más sencilla y breve. Se trata de aislar su esencia y reducirla a dos enunciados: Estado como estructura de dominación irresistible opuesta a la espontánea competencia del proceso social libre; y, Estado como ente de expropiación y redistribución de la riqueza o mero asignador patrimonial.

El liberalismo, como programa político favorable a la defensa de la libertad individual (y su mejor garantía, la propiedad privada), no ha sabido reaccionar ante el proceso de consolidación y mutación estatal. Este fenómeno ha provocado adhesiones oportunistas, ingenuidad política y teórica, o lo que es peor, la asimilación de un concepto equívoco de Estado, capaz de provocar un cisma en el seno del movimiento liberal.

Algunos reaccionan frente a una quimera deformada, otros acuden ingenuamente a los planteamientos constructivistas y contractualistas como aparentes garantías de libertad y socialización pacífica del individuo. Ambos yerran, y lo hacen por faltar a la verdad, por evadirse de la necesidad de teorizar sobre el Estado y el proceso social prescindiendo de las distorsiones introducidas por el culto estatista y la fatal arrogancia racionalista.

Autores como Dalmacio Negro o Anthony de Jasay aportan algo de luz (con sus diferencias y matices) a la cuestión que debe centrar en gran medida los esfuerzos científicos de todo el que se crea y sienta liberal: identificar al máximo enemigo de la libertad individual. No existen medias medidas ni caminos intermedios. El Estado es monopolio, absorción jurisdiccional, redistribución y asimilación jurídica, todo ello porque su naturaleza lo define como un ente de dominación, falsamente como sumun político y social.

El Estado muta, se transforma y adapta. El espejismo que ciertas medidas "privatizadoras" pueda provocar en nuestro ánimo, debe ser inmediatamente delatado como fórmula de expansión, resistencia y pervivencia estatales. Mientras cierta competencia o ámbito de poder dependa de un ente de dominación, su regulación, o su asignación y definición de derechos subjetivos, el mercado, por muy libre que pueda parecernos, no será sino una garantía más en la continuidad del Estado (no importa tanto lo que se ve como lo que no se ve, también en esta cuestión).

No cabe limitar al Estado mientras exista. Es más, el Estado tiende a dominar todo el espacio disponible, de igual manera que hace lo indecible por poner a su disposición todo el espacio restante.

 

Opinión de los lectores

Bastiat

Cuando usamos la frase de Bastiat, Frédéric, deberíamos todos hacer el esfuerzo de leer lo que dice.

El Estado es una ficción. En verdad el Estado no Existe, lo que existe son los hombres que ocupan el poder, la magistratura, la defensa. Hombres a fin y al cabo. Lo que convierte esta realidad es la ficción de pensar que es algo en si malévolo, maligno, en el caso de los anarquistas, o como el gran padre que todo proveerá, básicamente a mi y los míos, aunque para ello tenga que ejercer la coacción sobre todos. Pero ya se sabe, mal de muchos consuelo de tontos.

Pero sobre todo la parte más importante es el “todos”. ¿Qué es el “todos”? ¿Qué engloba? El todos son las personas que viven en un determinado territorio, que tienen un sentimiento de pertenencia al grupo y que, en virtud de dicho sentimiento, en virtud de una historia, en virtud de una idea determinada de convivencia, se dan normas para mejorar y asegurar dicha convivencia y para ello crean instituciones, estructuras, que formalizan en la realidad cotidiana dicho sentimiento y les dotan de legitimidad para ejercer la coacción.

El error del anarquista consiste en no admitir ningún tipo de coacción. Sin embargo un anarquista que acepta, por ejemplo, la creación de la institución del Matrimonio, está, de hecho, aceptando la coacción. ¿No consiste el matrimonio en un contrato por el cual uno se obliga a, según culturas, unir un hombre su vida a una mujer y, en principio, tratar de asegurar de esa manera la supervivencia de la prole? Imaginemos que no se crea dicha institución, imaginemos que vivimos en un “amor libre”, imaginemos que un hombre y una mujer yacen, ciertamente inconscientemente, como consecuencia de ello nace un niño. ¿Quién y en virtud de qué puede obligar a dicho hombre a “cargar” con la manutención de dicho niño? y ¿porqué tiene que restringir sus posibilidades de apareamiento a dicha mujer si dicho hombre no tiene ninguna intención real de hacerlo en virtud de que quiere ser eternamente libre? Nadie debe poder obligar a nadie a hacer nada que esté en contra de su voluntad. El hecho de que tras pasar un buen rato surja una nueva vida porqué ha de verse obligado un hombre a vivir atado a una mujer con la que sólo quería eso, pasar un buen rato.

Y sin embargo en las sociedades antiguas, cuando no había ni métodos anticonceptivos, ni posibilidad de efectuar un aborto con un mínimo de garantías de no cargarse también a la mujer, la sociedad, el grupo humano, creo la figura del matrimonio. Esta figura aseguraba la descendencia, la castidad de la mujer, la fidelidad del hombre, y, en caso de que se demostrara una relación prematrimonial con “consecuencias” el sujeto en cuestión era obligado por el grupo a formalizar la relación para salvar el honor de la mujer y, sobre todo, cumplir como es debido. Cáspita.

Como es debido.

El grupo obligando al individuo a limitar su libertad y cargar con aquello que no tenía intención de hacerlo. ¿Es eso el Estado? SI.

Otra cosa es que el Estado acabe siendo esa “gran ficción mediante la cual todos se esfuerzan por vivir a costa de los demás\". Pero no hemos de olvidad que una cosa son las sociedades prehistóricas y otra muy distinta las sociedades actuales y democráticas. Actualmente los ciudadanos eligen el grado de coacción que quieren tener en virtud de lo que cree que pueden conseguir. No es por tanto ninguna figura ni paternal ni demoníaca lo que existe sino un convencimiento mayoritario que se impone a todos en virtud de la idea mayoritaria de esa sociedad. Una sociedad mayoritariamente socialista tendrá un Estado socialista. Una sociedad mayoritariamente liberal tendrá un estado liberal… o…., incluso….., no tendrá Estado. Tal y como lo prefieren los anarquistas…

si es que es posible.

Fco. Moreno

Artículo claro y avasallador, al menos para saber a qué atenernos. Felicitaciones.

SWEDEN

1. EL ESTADO

Resumiendo: el Estado muta, se transforma y adapta. Es un ente de dominación, un artificio deliberado, una quimera deformada, el máximo enemigo de la libertad individual, la peor institución del mundo-mundial,...

2. EL NO-ESTADO

Es curioso como los anarquistas os echáis al monte (rebeldía "naif" en esencia pura) y desproticáis sobre el Estado, como si el no-Estado no fuese también un plateamiento construccionista (o, para ser exactos, de-construccionista).

Es decir, obviáis por las bravas la evolución socio-cultural durante miles de años que ha permitido transitar de las sociedades tribales o medievales hasta alcanzar la actual sociedad civilizada y el desarrollo de muchos democracias occidentales. Y, lo que es más grave, criticáis irresponsablemente, sin razonar siquiera minimamente cómo operaría un no-Estado sin caer en una anarquía deconstruccionista.

Es decir, una y otra vez, caéis en el onanismo de una utopía de-construccionista (aplaudida por vuestro grupo de amigos más o menos cercano) en el sentido de generar una nueva escala de valores (variables) en donde la anarquía y el caos dictarían el grado de protección de los derechos individuales (a la vida, a la propiedad, a la libertad o a la igualdad ante la ley) dependiendo del Derecho Privado de la empresa, mafia o señor de la guerra que controlase cada territorio.

Creo que sería sano que los liberales radicales (ancaps) acudáis a otros foros menos onanistas y bebáis de más fuentes, para no observar la realidad desde un único foco que distorsiona vuestra percepción del papel del Estado hasta negar su validez como protector de los derechos individuales frente a agresiones, jurídicas o militares, exteriores o interiores, en cada territorio, región o nación.

¡ No me convence vuestra utopía !

JCHA

El Liberalismo es eminentemente antiestatista, en absoluto anarquista. El anarquismo de mercado proviene del fracaso profundo del liberalismo en definir el Estado, advertir sus características básicas y entenderlo en su contexto histórico, manejando siempre una buena teoría política. El defecto principal que en mi opinión tienen muchos de los planteamientos anarquistas de mercado es precisamente no manejar una buena teoría política.
No soy anarquista, leyendo el artículo creo que queda claro, pero se conoce que los prejuicios abundan y el comentario reflejo es mucho más sencillo que el comentario riguroso y oportuno. Soy antiestatista, que es bien distinto. Recomiendo dos autores: Anthony de Jasay, que se ha preocupado, y mucho, de estudiar el Estado y teorizar con rigor sobre el mismo, y Dalmacio Negro, al que he estudiado con más detenimiento, y puedo afirmar que su lectura colma carencias clamorosas en los planteamientos anarquistas y estatistas, proporcionando argumentos sólidos, liberales y para nada utópicos.
Saludos!

Bastiat

Supongo José Carlos que ser antiestatista no es lo mismo que ser anarquista… Lo que me lleva a pedirte, por favor, que expliques en qué se diferencia.

En el momento, sin embargo, que en mi comentario establezco que una institución como el matrimonio forma parte del Estado ya estoy definiendo lo que es el Estado. Y el Estado no es el gobierno, ni los ministerios, ni el cuerpo de funcionarios sino la legitimidad que damos a dichas instituciones y mediante esas instituciones a las personas que las encarnan para hacer realidad aquello por lo que la sociedad las ha creado.

Ni a favor de unas ni en contra de otras. Simplemente las sociedades crean instituciones por dos razones: en cuanto sociedades y en cuanto a límites a la acción individual. Es decir, se les dota de capacidad de coacción.

A lo sumo, o se es anarquista o se es minarquista, es decir, estado pero limitado. La cuestión, pues, está en definir cuánto estado es tolerable y cuánto no. Es, en si, no una cuestión sólo de definir una teoría del estado sino una moral individual que dote de fuerza a dicho concepto en cuanto a la asunción por parte del individuo de una necesaria existencia de límites a el poder hacer lo que a uno le dé la gana.

Una moral que entiende y explica los límites de dicha acción individual y a su vez una moral que entienda y explique los límites a la acción del poder legítimo.

Creo que por ahí está la raíz del problema. Una sociedad no puede ser individualista si entiende que todos estamos obligados de alguna manera a colaborar en la manutención de aquellos que menos se esfuerzan, es decir, si estamos asumiendo el que todos tenemos derecho a aprovecharse de los demás a través de una ficción como es el Estado. Entonces estamos dotando al Estado de unas funciones que chocan indiscutiblemente con la moral individual e individualista. Eso es lo que lo hace intolerable desde el punto de vista liberal.

SWEDEN

a) Anthony de Jasay

He leido una edición en español, antigua y desgastada, del libro "El Estado", de Anthony de Jasay. El ensayo está cargado de razones pero, desde mi punto de vista, sus planteamientos son demasiado pesimistas.

b) Dalmacio Negro

Según pude ver en un programa reciente de LD Libros, creo que Dalmacio Negro es catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y, ha publicado recientemente "El Mito del Hombre Nuevo". Me quedé con ganas de comprar ese libro que trata sobre la sustitución de la naturaleza del hombre por un nuevo orden colectivista que necesita de propaganda ideológica para instaurar entre la población una religiosidad laica al servicio de la divinización del Estado.

Ya puestos a ampliar horizontes intelectuales sobre el Estado, ¿qué obras recomiendas de Dalmacio Negro ?

JCHA

Sweden, D.N. tiene dos libros muy buenos sobre la naturaleza del Estado caracterizada por una artificiosidad distinta de la espontaneidad que atribuye al Gobierno: La tradición Liberal y el Estado y, Gobierno y Estado. Son dos obras densas pero muy eruditas y capaces de conceptualizar con acierto y claridad. El Mito del Hombre nuevo es indispensable, complementario, sinceramente, uno de los mejores ensayos que he leído últimamente.
Bastiat, creo que conceptualmente te has quedado en el artículo de tu admirado homónimo (bueno, sí, pero pobre y poco riguroso) y no manejas los mimbres teóricos suficientes como para definir Estado y distinguirlo de otro tipo de instituciones, sean sociales, políticas, bien espontáneas o artificiales. Me remito a mi artículo y a todo lo que he escrito sobre el tema. Te remito, igualmente, a los autores que he recomendado.
Saludos!

Bastiat

Hombre, José Carlos, pobre, teóricamente hablando, si que soy, pero no es algo que me preocupe especialmente. Lo que verdaderamente me preocupa es el poder hablar con gente que, superior a mi, sea capaz de abajarse de manera que tenga al menos la gentileza de responder a las preguntas que se le hacen. Eso, teóricamente, siempre es posible, otra cosa es la tozuda realidad.

Del Libro de Jasay…. Esto a ver si lo acabo…. Da muchas vueltas y explicaciones sobre lo malo que es el Estado… éste, el socialdemócrata, pero me temo que a medida que avance en la lectura …. no creo que me vaya a abrir los ojos a una nueva realidad sino al simple pesimismo… Que es lo que abunda en las filas anarcoliberales.

Pero como algo si que soy es tozudo. Y por eso llevo preguntando a aquellos que presumen de tener los mimbres teóricos suficientes, e incluso sobrados de ellos, que me aclaren qué es el Estado. Que de Jasay… tampoco espero que me lo cuente. Y es que si el Estado no son las instituciones sociales o políticas, espontáneas o artificiales que una sociedad, un grupo humano, en un determinado territorio, se dota para armonizar la convivencia… lo mismo es que no sólo no tengo claro, ni qué es el Estado… ya me has dicho con no tengo mimbres, vale, ni qué es una institución ni qué es artificial ni qué es espontáneo. Porque… ¿podrías decirme si el matrimonio es una institución instaurada dentro de un grupo humano de manera artificial o espontánea? ¿Dicha institución limita la libertad individual o no? ¿Dicho grupo humano dota a dicha institución de los mecanismos adecuados para que tal instrucción tenga visos de ser acatada por quienes participan de la vida comunal o no?

Ya sé que soy un preguntón, riguroso incluso, aunque eso lo dejo a tu evaluación, tozudo, esto ya me lo califico yo sólo, pero ante todo respetuoso con quien converso y, desde luego, nunca niego una respuesta.

Quedo esperando una respuesta a estas mis cuestiones, tardío comentario el mío porque incluso yo tengo derecho a vacaciones, y además me vuelvo a ir a otro lugar sin Internet, a ver si somos capaces los liberales de lograr una teoría del Estado que nos haga poner los pies en la tierra y no en una plataforma en medio del mar.

Un Saludo. Bastiat.

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