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Portada - Comentarios - Leyes anti tabaco

21/12/2005 - Antonio Mascaró Rotger

Leyes anti tabaco

Los adultos españoles somos muy poca cosa. Nuestros cuidadores han decidido que no somos capaces ni tan siquiera de mantener una conversación civilizada para decidir si se fuma o no en una habitación. Han decidido que aquello de “¿le molesta que fume?” nos viene grande; que no llegamos a tanto. Son unos buenazos –¿qué haríamos sin ellos?– y graciosamente han decidido solucionar el tema a la tremenda: aquí no se fuma porque lo digo yo. El truco ya estaba inventado, lo inventaron precisamente los incívicos que hace años (¿siglos, milenios?) no eran capaces de mantener simples conversaciones civilizadas como la que acabo de comentar. Pero ninguno de esos incívicos llegó a esto de “aquí no se fuma en todo el país porque lo digo yo”. Es más, si alguno hubiese llegado a tal extremo, dudo que hubiese tenido el mal gusto de rematarlo con el broche hipócrita que tanto caracteriza a los planificadores sociales: “es bueno para ti”.

Que traten a los fumadores de imbéciles inhumanamente desprovistos del poder de voluntad necesario para dejar el hábito ya es grave. Que nos traten a los “fumadores pasivos” de víctimas incapaces de mantener conversaciones civilizadas para zanjar el asunto como adultos es incluso peor. Después irán los mismos legisladores y sus compinches, gastándose el dinero de los contribuyentes en campañas para promover el civismo por ahí. Pero, ¿qué civismo? Si se empeñan en prohibirnos solucionar los típicos y mundanos problemillas de convivencia como el del humo (o el del idioma), ¿cómo pueden pretender que la gente siga cuidándose de mantener en forma sus hábitos cívicos? Los actos de los legisladores hablan más claro que sus bochornosos cantos de sirena: no te esfuerces en hablarlo con nadie, hablando no se entiende la gente; tranquilo, ya viene el legislador con la solución mágica: prohibición indiscriminada.

Los mandones profesionales nos gobiernan según el principio de que aquellos de nosotros que fuman son incapaces de dejarlo por las buenas. Que, además, esos fumadores son un peligro para sí mismos, o sea, unos irresponsables, y un peligro para los demás, o sea, unos indeseables. Y que los demás estamos indefensos ante el tabaquismo sin la más mínima capacidad negociadora.

Los economistas liberales suelen recordar que cuando un gobierne establece un programa redistributivo quitando a Pedro lo que da a Juan, no es esa la única ni aún la más importante transferencia. La transferencia crucial es que la capacidad de decisión pasa de los ciudadanos a sus gobernantes. Y, desde luego, los muy listos no la redistribuyen. Quien parte y reparte...

Sucede lo mismo con las prohibiciones bienpensantes, como la desastrosa prohibición del alcohol de los años veinte en Norteamérica o la patética lucha contra las drogas de hoy en día. Lo más importante en la vida de una persona es su capacidad para dirigirse a sí mismo. Hay que aprender a elegir un rumbo, a orientarse, a sobreponerse y seguir adelante hasta la meta. La fuente de la felicidad, que no se encuentra en el placer ni en la ausencia de peligros, sino en la plenitud, en el triunfo, resulta inalcanzable cuando las victorias nos vienen dadas. Pretender poner a un tercero al timón de la vida de un adulto es una ofensa al concepto mismo de humanidad. Es posible que con ello se aletargue la existencia del conducido pero la rebelión a bordo es una simple cuestión de tiempo. La libertad más importante es la de errar, sin ella el crecimiento personal no cabe. ¿Es lo que andaban buscando?

 

Opinión de los lectores

Juan Ramon

Al Estado le duele la libertad de los ciudadanos. Ya lo dejan claro los de la Dirección General de Tráfico: "No podemos conducir por ti", uno de los eslóganes que emplean en sus campañas. Les falta explicitar lo que queda velado: "porque, si pudiéramos, lo haríamos". A este paso vamos a acabar por ser copilotos de nuestra propia vida.

zuppi

Felicidades, Antonio.

Ha presentado usted perfectamente el fondo del problema: si se recurre a la fuerza (el Estado lo es) y no a la persuasión para imponer a los demás conductas que consideramos adecuadas, al final seremos todos como niños mimados y chivatos.

Apuesto a que empieza a haber peleas por cuestiones de fumar o no en menos de tres meses desde que entre en vigor la Ley antitabaco.

Roberto Suarez

Bien está que un gran liberal toque un tema tan grave como éste.

Como decías en otro brillante artículo, los individuos se van desprendiendo del "Ogro Filantrópico" pero, paralelamente, se admiten sin rechistar medidas liberticidas de este tipo, que incluso promueven la delación como en los mejores tiempos de la Inquisición.

Dentro de poco, nos controlarán la alimentación y diremos: "¡Qué bien, una dieta reglada gratis!"

MT

Querido Toni:

Ya que los fumadores no han entendido cuánto nos puede hacer daño (que no es lo mismo que molestar) su adicción, es función del gobierno intervenir. Para eso existen los gobiernos. Pasaría lo mismo si no se regulara la posesión de armas, total, mientras no me disparen a mí... Es lo que tiene el liberalismo, que no entiende de libertades. Y la patética guerra contra el narcotráfico se la debemos los "tercermundistas" al Primer Mundo. Gracias a ustedes que consumen y trafican, nosotros seguimos siendo explotados para darles una alegría y que puedan vivir más que contentos. Es lo que no tiene el liberalismo, humanidad. Y es lo que tiene la derecha: "Si la izquierda corrige A, ¿por qué mejor no corrige B?" Nunca están contentos con nada y se enfrascan en círculos viciosos como éste, tan bien ilustrado en tu interesante artículo.

Modesto

El los años 20 en Estados Unidos, para asegurar la libertad de los no bebedores y no jugadores ante los bebedores y jugadores, se promulgó una ley que dejo el camino expedito a Al Capone y a la corrupción policial.

En la misma época, para proteger a los desarmados de los poseedores de armas, en Alemania se desarmó a la población dejando el camino expedito a las tropas de asalto en sus ataques a los guettos.

La libertad de decirle al prójimo lo que tiene que hacer en su propia casa es la única que necesita el tirano (y la que ni se le ocurre reclamar al decente).

Albert Esplugas

MT, es más que dudoso que el tabaco tenga algún efecto perjudicial sobre los fumadores pasivos, propaganda estatal aparte. Un estudio del Dr. K. Phillips, por ejemplo, de los Laboratorios Covance de EEUU, reveló que la cantidad de humo respirada en los centros examinados donde se fumaba con abundancia equivalía a fumarse seis cigarrillos al año. Y seis cigarrillos al año no matan a nadie. Otro estudio realizado por J. Enstrom y G. Kabat, de las universidades de California y NY, comparó a una muestra de no fumadores que conviven con cónyuges fumadores con personas no fumadoras casadas con no-fumadores. El resultado no evidenció ninguna relación causal entre el humo del tabaco en el ambiente familiar y la mortalidad relacionada con el tabaco. Y si eso es así para el caso de los cónyuges, es obvio que con más razón lo será para el caso de las personas que sólo están expuestas al humo del tabaco en restaurantes, bares, discotecas etc. e incluso en los centros de trabajo.

Sea como fuere, la cuestión relevante es otra: es el dueño de cada local, bar, restaurante, empresa... el que debe decidir con respecto a las normas que regirán en su propiedad. ¿Quién es el Estado para decidir qué es lo que podemos hacer en nuestra casa o en nuestro negocio? Nadie tiene derecho a imponer sus reglas en la propiedad ajena. El vecino tiene derecho a exigirnos que no fumemos en su casa, pero no tiene derecho a obligarnos a que no fumemos en la nuestra. El dueño de un bar para fumadores no te está forzando a tragar humo más de lo que un restaurante vegetariano te fuerza a comer verdura. Si no te gusta la verdura eres muy libre de buscar otro restaurante, y lo mismo con el bar. No creo, por tanto, que el Estado tenga aquí ninguna función. Corresponde a los propietarios/empresarios decidir, de acuerdo con sus particulares inclinaciones y las preferencias de aquellos a los que busca satisfacer (consumidores/trabajadores).

Francisco Moreno

En ese aspecto hay que aprender de Churchill: "Ningún sistema socialista puede ser establecido sin una policía política".
El único argumento de las birgadas anti-tabaco que me parece consistente es el de que podría ser un caso de prevención de riesgo para la salud en el centro de trabajo; estoy dispuesto ceder en parte ante este argumento, siempre que se logre demostrar científicamente que es perjudicial para la salud del no fumador inhalar humos (pero me temo que esto todavía no está demostrado fehacientemente). De momento, lo que sí está demostrado es que es una molestia que algunos tratan de solventar no cívicamente, sino por intervención gubernamental; y conseguido esto los intolerantes presionarán para que el gobierno de turno la haga más gorda (Si Churchill levantara la cabeza...)

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