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Portada - Comentarios - Cuando Haydn escogió la libertad

14/10/2009 - Francisco Moreno

Cuando Haydn escogió la libertad

Joseph Haydn fue, a su modo, un lacayo ejemplar. Su biografía ha resultado siempre muy poco atractiva a los románticos. Cumplir casi ininterrumpidamente treinta años al servicio de una neo-feudal familia húngara –los Esterházy– afincada en los limes del imperio de los Habsburgo, hacerlo de forma intachable y sin mostrar el menor atisbo de desafío o rebeldía (como sí hicieron Mozart o Beethoven) es decepcionante para almas novelescas.

La condición servil de Haydn en aquella inmóvil y sofocante sociedad del Ancien Régime le imponía, entre otras muchas obligaciones, componer a requerimiento de sus patronos. Además, según contrato, sus criaturas artísticas serían propiedad exclusiva de los Esterházy. En su obligado retiro dorado fue desgranando, con fertilidad sobrecogedora, obras maestras en todos los géneros musicales.

Pese a estar Haydn físicamente separado del mundo, era una toda una celebridad en Europa. Su música se apreciaba mucho y, desde hacía años, sus admiradores coetáneos habían hecho caso omiso de la prohibición principesca de divulgar su música sin su nihil obstat. Excepto unos pocos encargos oficiales, fue profusamente copiada, publicada y pirateada por doquier sin su consentimiento. Los derechos de autor estaban en pañales.

Sólo al final de su carrera, su vida dio un giro inesperado. Al morir un año después de la Revolución francesa su principal empleador, el príncipe Nikolaus, le sucede su hijo Antal que profesaba escaso interés por los asuntos filarmónicos, por lo que no dudó en licenciar a todos los músicos que su padre, gran melómano, tenía contratados.

De regreso a Viena, el desempleado compositor estuvo sopesando qué hacer. Muchas cortes europeas le cortejaron. El que más cerca estuvo de firmar un contrato con el afable y pulcro Haydn fue Fernando IV de Nápoles pero, ante la perspectiva de un empleo seguro y sin riesgos, se entrometió el violinista y empresario Johann Peter Salomon, radicado en Londres. Éste le propuso una aventura: realizar una gira de conciertos por Inglaterra.

El casi sexagenario Haydn, de origen humilde, sin haber visto nunca antes el mar y falto de toda experiencia en un mundo de profesiones liberales ajeno a la tutela aristocrática, accedió a la propuesta de aquel dinámico representante para sorpresa de sus allegados.

El 2 de enero de 1791 desembarcó en Londres, conglomerado urbano vasto y cosmopolita que cambió su vida. Era la ciudad más bulliciosa del momento. La actividad de una burguesía local evolucionada la hizo un lugar en que todo lo reclamado por la gente se convertía en business. La música no fue excepción. Muchos músicos acudieron allí al calor de las oportunidades empresariales que se desplegaban. Un hijo de Bach, Johann Christian, organizó allí junto a un compatriota la primera sociedad privada moderna de conciertos.

Durante su estancia en Londres participó Haydn en abarrotados conciertos (de pago) en las diversas sociedades de conciertos que competían entre sí en las salas de la Hannover Square, en el King’s Theatre o en el Pantheon Theatre. Se le concedió el doctorado por la Universidad de Oxford y tuvo tiempo de tomar –en su escaso tiempo libre– clases de inglés.

No tardaría ni año y medio en probar de nuevo las mieles de la "dulce libertad", tal y como la denominó en su correspondencia. Realizó su segundo viaje a inicios de 1794 y sus nuevas actuaciones y desplazamientos fueron tan agotadores y lucrativos como la vez anterior. Hizo más amigos y vida social que en su Viena natal.

Debido a su experiencia londinense le sobrevino un memorable estallido de madurez creativa: sus últimas sinfonías y cuartetos, su concierto para trompeta, sus dos grandiosos oratorios y sus seis misas finales son un tesoro sonoro de vibrante optimismo y honda expresividad. Seguramente fue la de Londres la etapa más feliz de su vida.

Haydn regresó finalmente a Austria para desempeñar el papel de compositor sacro a las órdenes de un nuevo Esterházy, pero poniendo esta vez el anciano músico sus condiciones. Se jubiló luego a su casa particular en el distrito de Gumpendorf de Viena (hoy Mariahilf), pagada con los frutos de su trabajo en Inglaterra. Allí moriría unos años después durante la ocupación napoleónica de Viena, rodeado de una soldadesca revolucionaria que ya no era fiel a un rey sino al nuevo Estado y a sus virtudes republicanas. Venían con sus mortíferos ejércitos con la intención de "liberar" a Europa; incluida su añorada Inglaterra, primera nación del orbe en conocer una revolución política e institucional sin precedentes.

 

Opinión de los lectores

Bastiat

Francisco, Paco, si se me permite, no sabes lo que te agradezco estos comentarios tan ilustrativos de, por así decirlo, "historias de la Historia". Encontrar recodos en los que solazarse con vivencias de otros en otros tiempos es siempre una actividad agradable para el que lo lee pero imagino que interesantísima para el que lo descubre.

Gracias.

hezumartin

Estupendo retal de historia de la música!

Fco. Moreno

Celebro comprobar de verdad que las historias que le apasionan a uno –pese a no ser novelescas- también procuran placer a los demás.
He querido resaltar la acción de un abnegado servidor acostumbrado a la vida y la organización aristocráticas que decide al final de la vida creativa embarcarse en una arriesgada aventura empresarial (hoy nos parecería normal, pero en su época viajar y emprender tenía sus peligros; además con el agravante de que los agresores revolucionarios franceses habían declarado ya la guerra a casi todo el mundo y, por descontado, acechaban los transportes a la islas británicas).
Debido al formato necesariamente breve del comentario, me he dejado algunos hechos interesantes, como que Haydn llevó en sus viajes a Londres un diario en que anotaba las cosas que le llamaban la atención de aquella extensa ciudad (su vastedad, su desarrollado comercio, el enorme consumo de su población, su bullicio incesante) que a un sagaz y observador anciano acostumbrado a poblaciones más pequeñas le dejaban estupefacto.
Lo que más le agradó fue conocer la vida de la alta burguesía rural inglesa y el hacer viajes por Inglaterra visitando Bath, Bristol, Portsmouth o la isla de Wight. Recibió invitaciones de todo el mundo (declinó incluso una invitación del mismísimo Jorge III que quedó muy contrariado). Hasta el muy católico Haydn, con un fracasado matrimonio desde hacía tiempo a sus espaldas, vivió allí un romance con una viuda de un destacado pianista. En fin, acorde con los tiempos, tuvo el privilegio de observar el firmamento en su visita al observatorio del célebre astrónomo sir William Herschel.
El contacto de Haydn con los británicos no le hizo abandonar sus viejas fidelidades. Por el contrario, impresionado por el majestuoso “God save the King”, compuso de vuelta un himno a su káiser (su música es actualmente el himno nacional alemán). Entre los amantes de música de cámara es también célebre por figurar como tema y variaciones del segundo movimiento del magistral cuarteto Op. 76 nº 3 en do mayor.
Un abrazo, amigo Bastiat.

jacqueline hernandez

MUY INTERESANTE EL PERFIL DEL INSTITUTO, SALUDOS DESDE CHILE, ESTAREMOS ATENTOS A LAS ACTIVIDADES.

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