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Portada - Comentarios - El mercado no es "la solución"

06/11/2009 - Albert Esplugas Boter

El mercado no es "la solución"

El intervencionista observa el mercado como si se tratase de una fotografía, el liberal observa el mercado como si fuera una película que aún no ha terminado. Estos dos enfoques divergentes dan forma a nuestra comprensión de la realidad social y explican en buena medida la confianza que los primeros depositan en el Estado y los segundos depositamos en el mercado para la mejora del bienestar general. Juzgar el mercado como una fotografía que deja bastante que desear, una realidad imperfecta estática o "en equilibrio", tiene ciertas implicaciones que no se siguen del hecho de juzgar el mercado como un proceso equilibrante, una película con muchos cabos sueltos que tiende a un final cerrado (y feliz).

Al intervencionista no le gusta la fotografía que ve del mundo, la compara con una fotografía artificial "perfecta", y cree que debe retocar la original con Photoshop para que se asemeje a su modelo de referencia. Como tiene una fotografía "perfecta" con la que comparar todas las instantáneas de la realidad, cree identificar los defectos y saber corregirlos (o confía en que algún experto sabrá hacerlo). Traducido a lenguaje económico neoclásico, el mercado falla en la medida en que la realidad no se acerca al "óptimo" definido en condiciones teóricas de "competencia perfecta". Las condiciones de competencia perfecta no se dan nunca, así que el mercado falla continuamente. Así, el intervencionista busca una solución al fallo de mercado, que lógicamente no puede provenir del propio mercado (pues ha fallado). El mercado es la fotografía defectuosa, y hay que retocarla en el taller.

El intervencionista busca "la solución". Quiere un plan de acción encaminado a corregir el defecto en la fotografía, y "la solución" a menudo parece obvia, pues la "fotografía perfecta" de referencia reposa al lado. La solución es un programa, una ley, una regulación, un subsidio, una fijación de precios, un impuesto pigouviano, una nacionalización, una bajada de tipos, una licencia, una prohibición, un aumento del presupuesto, un ministerio, una agencia... El Estado es el órgano a través del cual el intervencionista intenta materializar su solución. El intervencionista no controla el Estado, pero actúa como si lo hiciera. Expone su propuesta como si el Estado fuera a consultarle y a implementarla sin desvirtuarla. En cualquier caso, el intervencionista no piensa en un mecanismo de corrección, en un proceso de descubrimiento, en una estructura de incentivos para encontrar soluciones adecuadas, solo piensa en encontrar "la solución" que el Estado debe estampar en la fotografía.

El liberal, en cambio, no pretende encontrar "la solución". De hecho admite humildemente que a menudo ignora cuál es la solución adecuada a una determinada carencia percibida. El liberal prefiere centrarse en el proceso que lleva a encontrar buenas soluciones. No aspira a diseñar una solución concreta, sino a dar con el mejor mecanismo para descubrir y testar soluciones concretas. El liberal no concibe la realidad como una fotografía sino como un proceso dinámico en el que los fotogramas adquieren sentido si se deja que la película avance. El liberal busca un marco propicio para el desarrollo de la película, un marco que permita la experimentación con distintas propuestas, ejercicios de prueba y error por parte de muchos emprendedores, competencia entre ideas y el triunfo de las mejores sobre las peores.

Un fallo de mercado desde una perspectiva estática es una oportunidad de ganancia desde una perspectiva dinámica. Representa una demanda insatisfecha que puede ser explotada por algún emprendedor perspicaz e imaginativo. En el mercado la expectativa de rentabilidad es un incentivo para corregir errores de "fotografías" pasadas, y las pérdidas y las ganancias son un indicador de éxito o fracaso en la búsqueda de soluciones que elevan el bienestar de la gente. Este enfoque dinámico que enfatiza la competencia descentralizada, el "derecho de salida" y la "libertad de entrada" al mercado, el test de prueba y error, los incentivos para servir a la gente y mantener una buena reputación, contrasta con el enfoque estático que confía en "la solución" centralista diseñada por el experto o tecnócrata y en la voluntad del Estado para implementarla.

El intervencionista intenta diseñar "la solución", el liberal busca un marco en el que experimentar y descubrir múltiples soluciones. El liberal deja la búsqueda de soluciones concretas a los millones de emprendedores que arriesgan sus recursos y tienen incentivos para explotar oportunidades latentes, o a los individuos de la comunidad afectada que conocen su particular situación y tienen razones para organizarse colectivamente. El intervencionista, ansioso por retocar la fotografía, no quiere entregarse a ningún "proceso de mano invisible" y prefiere seguir hablando en términos de "soluciones". El liberal, consciente de que la realidad social es cambiante y compleja, confía en un mecanismo de ajuste descentralizado y habla en términos de "cómo encontrar las mejores soluciones". El mercado no es "la solución" ni garantiza soluciones inmediatas. Es simplemente un proceso de experimentación competitiva que tiende a producir las mejores soluciones. Confiar en el mercado requiere paciencia y cierta tolerancia a los altibajos. Confiar en el Estado y en su "solución" es un simple acto de fe.

 

Opinión de los lectores

Angel Martín

Muy buenas analogías, y me gusta mucho la conclusión final y la tesis general.

Pero quería hacer alguna matización, que quizá tenga que ver con la terminología. Los austriacos -liberales- se caracterizan por el estudio de los procesos dinámicos, pero creo que no son los únicos que tratan de aproximarse al estudio de la sociedad desde un punto de vista dinámico, tomando en cuenta el tiempo. Estoy pensando en post-keynesianos, o en evolutivos. Y éstos no tienen porqué ser (no suelen serlo) liberales. Por otro lado, si incluímos a algunos de Chicago y neoclásicos en la rúbrica de "liberales", éstos aceptan la eficiencia paretiana, piensan que lo dinámico no añade nada a lo estático, aceptan los conceptos de externalidades y fallos del mercado...
En resumen: que hay liberales "estáticos" e intervencionistas "dinámicos".

Por último, dices: "El liberal, consciente de que la realidad social es cambiante y compleja". Yo tiendo a pesar que no todos los intervencionistas piensan que la sociedad es algo manejable perfectamente, ni algo sencillo. Pero a pesar de ello, confían en las soluciones estatales.

Un saludo

Albert Esplugas

Ángel, desde luego el artículo es una simplificación (brutal, debería decir) y no incorpora ni los matices que menciones ni otros muchos. Pero creo que es útil distinguir estos dos "tipos ideales" y plantearse en qué medida nos acercamos a uno y nos alejamos del otro.

Un saludo

Roald

Albert: KISS- keep it short and simple. Y también: It takes a genius to find a simple thing. Sigue asi, necesitamos metáforas, ya que no todos entienden a Huerta de Soto.

asrone

Hola Albert: un comentarista llamado 'luis', en un post (al final te dejo el enlace; si quieres lo borras, no quiero hacer spam) dice lo siguiente

"
"Poder comprar y vender lo más libremente posible es algo bueno, supongo"

No, no creo que sea algo bueno esencialiter. La libertad se especifica por su fin, que en la realidad comercial es la justicia.
En realidad, para que estos actos sean buenos el adverbio que habría que poner es "lo más justamente posible".
En ese sentido, el liberalismo económico, al postular la indiferencia y el relativismo axiológico respecto a qué sea un precio justo, es una ideología perversa.

La perversidad es que la escuela austríaca considera indiferente el valor intrínseco de las cosas, valen porque son demandadas y la oferta es escasa. Este análisis, que puede ser fenomenológico, por arte de birlibirloque se convierte en axiologico cuando dice que no sólo las cosas valen por su precio, sino que DEBEN valer lo que arroja la "ley" de la oferta y la demanda, sin que el Estado pueda intervenir.
Es decir, se pasa del ser, de lo que acontece, al deber ser, lo que debe ocurrir. La "ley" de la oferta y la demanda, que señala una regularidad psicológica o sociológica (el equilibrio de oferta y demanda converge en un precio) se convierte en una "ley moral" (se debe preservar el precio, sin intervenir).

Creo que alguna vez lo tratamos aquí con Bruno, el error parte de una confusión de diversos analogados del concepto de "ley".

El mercado como realidad material está bien, es la sociedad en su materialidad, el cuerpo. Tiene que ser formalizado por la justicia, que es el alma de la sociedad. Para los liberales, el fin de la sociedad se agota en el fin de cada invidividuo. Para la doctrina católica, en la realización de la justicia como realidad inescindible del bien común, que es diverso del bien de cada una de las partes.
Fácil de enunciar, difícilisimo de concretar.
"
Me gustaría conocer tu opinión al respecto (en caso de considerarlo interesante).

Muchísimas gracias.

http://infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/0911071121-hemos-creado-un-monstruo#c97818

Albert Esplugas

asrone: En realidad, para que estos actos sean buenos el adverbio que habría que poner es "lo más justamente posible".
En ese sentido, el liberalismo económico, al postular la indiferencia y el relativismo axiológico respecto a qué sea un precio justo, es una ideología perversa. La perversidad es que la escuela austríaca considera indiferente el valor intrínseco de las cosas, valen porque son demandadas y la oferta es escasa.


1) Si "bueno" es igual a "justo" el planteamiento que propones es circular.

2) El liberalismo como filosofía política no postula que cualquier intercambio es "bueno" o "moral". Simplemente no hace juicios de valor, pues estos corresponden a las personas que subjetivamente evalúan el bien/servicio y deciden intercambiarlo o abstenerse. El liberalismo se limita a postular que es injusto/ilegítimo iniciar la fuerza contra otra persona que procede pacíficamente. No es una ideología relativista, pues define claramente derechos individuales en contra de otras ideologías colectivistas. Si es neutral con respecto a los juicios de valor o "concepciones de la vida buena" que hacen las personas, simplemente porque pertenecen a otra esfera y el liberalismo solo se ocupa de la dimensión política (ie. cuándo es legítimo el uso de la violencia en las relaciones humanas).

3) La escuela austriaca hace ciencia, y la ciencia no puede verse afectada por juicios de valor. El precio de un bien viene determinado por su escasez y demanda, y para que sea demandado basta que alguien lo valore subjetivamente aunque tú creas que no tiene ningún valor intrínseco. Así es como se forma el precio en la realidad, y afirmar que "no debería ser así" porque "el producto tiene (o no tiene) valor intrínseco" es negarse a hacer ciencia.

4) La economía de la escuela austriaca (en principio, de cualquier escuela) es "value-free", y en este sentido no establece que el precio en un intercambio libre es "justo". El precio es el que es, y la ciencia económica se ocupa únicamente de explicar cómo se forma. Es el liberalismo, en tanto ideología política, el que afirma que el precio acordado por dos personas libremente es un precio "justo" en el sentido de que no se han violado derechos y debe respetarse la decisión de los afectados aunque no agrade a terceros. Pero, de nuevo, al liberalismo tampoco le atañe juzgar la "bondad" o "dignidad" de ese intercambio de acuerdo con una concepción más estrecha de la vida buena. El liberalismo establece un marco en el que la gente puede interactuar pacíficamente, siguiendo su particular concepción de la vida buena. Yo, como tantos liberales, tengo mi particular visión de la vida buena. Hay muchas acciones legítimas/pacíficas que desapruebo o que rechazo para mí, pero esta es una cuestión distinta de si la gente tiene derecho a hacerlas (y yo tengo derecho a impedírselo por la fuerza).

No sé si he aclarado algún malentendido.

Un saludo

Israelem

Buena entrada Albert, aunque como decís Ángel y tú obviamente es necesario simplificar las cosas.

Pero sí que es cierto que los liberales además de una visión dinámica también es una visión individualista en el que cada unidad es única. El problema de los intervencionistas es tratar a los hombres por colectivos y poder manipularlos a su antojo.

No sólo que sus soluciones sean estáticas, si no que son aplicables a todos, como si todos fuéramos iguales, cosa que es un gran error.

Un saludo.

DLL

Excelente análisis.

Lo malo es que esto, que es verdad, es lo que hace el liberalismo tan difícil de entender.

Nuestras experiencias diarias contradicen la idea de que no se puede encontrar "la solución". Lo lógico, cuando uno tiene un problema, es ponerle remedio de forma directa y racional. Confiar en un proceso "espontáneo", no dirigido y dinámico, en lugar de a algo concreto y definido, requiere un nivel de abstracción que creo que no tenemos naturalmente.

Como supongo que diría Bastiat, "la solución" se ve, y sus consecuencias negativas no se ven. El proceso dinámico y abierto, con sus resultados, son mucho más difíciles de percibir.

Y además creo que el liberalismo es incuestionablemente la solución a largo plazo, pero a corto plazo hay ciertas cosas que se arreglan en un abrir y cerrar de ojos mediante intervencionismo. Con nefastas consecuencias para el largo plazo, pero se arreglan.

(Por ejemplo: en un país donde hay gente que pasa hambre el Gobierno decide imponer impuestos brutales a los más ricos y repartir comida gratuita a toda la población, e inmediatamente termina con el problema. En diez años el país está destruido moral y económicamente, pero durante los primeros meses todo el mundo come. ¿Cómo se explica a la gente que se benefica de ello que esto es, nunca mejor dicho, pan para hoy y hambre para mañana?).

Gracias por tus artículos, Albert, siempre tan lúcidos.

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