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Portada - Comentarios - Los muros invisibles

10/11/2009 - María Blanco

Los muros invisibles

Un 9 de noviembre de 1989 caía el muro que desde agosto de 1963 había dividido Berlín en dos: 45 kilómetros que partían la ciudad y 115 más que separaban la parte occidental de la ciudad del resto de la Alemania comunista. Entre 125 y 270 personas se calcula que murieron tratando de pasar de una zona a otra, las más de las veces de la zona comunista a la occidental. La diferencia de cifras depende de la fuente consultada: en el primer caso el Centro de Estudios Históricos y en el segundo la Fiscalía de Berlín. Pero, a pesar de la enorme diferencia, no es tan importante que fueran cien personas más o menos; lo relevante es que había un goteo permanente de personas dispuestas a perder su vida para salir de aquel infierno.

Sin que nadie lo esperara, gracias al hartazgo rotundo y contundente y a la valentía de la gente, el muro fue derrumbado. En realidad, los intelectuales de entonces solamente querían mejorar lo que ya tenían, no acabar con el régimen comunista. Y hoy, a vista de pájaro, después de 20 años, toca hacer una reflexión. Los políticos patrios y vecinos declaran en los medios que ellos estaban allí. Nuestro presidente proclama que nosotros tuvimos nuestro muro. Se diría que tenemos una clase política que ha estado presente en todos los hitos históricos ajenos, pero no sabe valorar los propios. Todos derribaron el muro, formaron parte del "mayo del 68", corrieron delante de los grises y estuvieron en la DGT donde fueron vilmente torturados. Como si no supiéramos el color de la camisa que vestía González en su adolescencia, quién protegía a Carrillo cuando vino a España disfrazado con una peluca, y quienes son tantos otros que ahora sacan pecho. A todos ellos les recuerdo que Franco murió de viejo, y que antes de irse designó al rey de España como su sucesor. Y aquí seguimos pagando parte de nuestra renta al sucesor de Franco.

Pero mi reflexión sobre la caída del muro viene a cuento después de leer el impecable artículo de Luis I. GómezAprendiendo a ser libres, quien "desde el exilio" (porque vive en Leipzig, y porque ese es el nombre de su/nuestro blog) apunta a la diana, y acierta. Detrás de los fastos, fuegos artificiales, declaraciones pomposas y consultas a la hemeroteca hay un cierto desencanto que impregna las miradas de muchos berlineses. Personas que vivieron de verdad y en primera persona la historia reciente de Alemania y que explican que nada ha cambiado…

La distancia entre unos y otros sigue siendo la misma, cómo el clima de desconfianza cultivado durante 40 años de denunciantes y denunciados sigue siendo el mismo.

Los políticos mienten igual pero con mejor marketing y con el aplauso de la Unión Europea. Y a muchos alemanes la libertad les supera. Como explica Luis I. Gómez:

Si a finales de 1998 más del 70% de los alemanes del Este soñaban con mejorar sus vidas, hoy apenas un 45% reconoce haberlo conseguido. El 25% cree incluso que la mayoría de los residentes en el Este vive peor hoy que hace 20 años.

Anatema. ¿Cómo pueden afirmar tal cosa después de haber sido "liberados"? La realidad se impone y si miramos a nuestro alrededor, veremos que nosotros, después de tantos años de democracia, "liberados" de la dictadura franquista, tampoco sabemos valorar la libertad. No sabemos qué hacer con ella, y por eso la rechazamos. Preferimos delegar la educación de los niños a un Gobierno aunque sabemos que los va a manipular a su antojo para hacer de ellos votantes socialistas del futuro. Preferimos delegar la defensa de cada persona y de su honor (subjetivo para cada uno) a un Gobierno que ha acabado con la igualdad ante la ley y que titubea durante cuarenta días cuando una panda de piratas secuestra a pescadores españoles. Y tampoco se sonroja cuando pacta con terroristas que están amedrentando y masacrando ciudadanos. Preferimos delegar las rentas de nuestro trabajo para que los responsables de los dineros derrochen en viajes, subvenciones a tiranías, y compra descarada de votos. Preferimos dejarnos engañar con la "tasa Tobin", que junto con los pantalones campana y las hombreras, muchos pensábamos que era uno de esos males del pasado, desterrado del mundo civilizado para siempre; una tasa que detrae recursos de los inversores, los únicos que pueden ofrecer puestos de trabajo "reales", que pueden atreverse a invertir en países que intentan despegar, y que si hubiera estado vigente en otro siglo habría impedido que España tuviese ferrocarril, por ejemplo, que existe gracias al capital francés.

El muro de Berlín cayó por obra y gracia de los ciudadanos berlineses. Ahora cada cual debe hacer un esfuerzo de introspección y derribar el muro invisible que todos ocultamos: los límites a la libertad están en el entrecejo de cada uno.

 

Opinión de los lectores

Fco. Moreno

Muy oportuno tu comentario, María. Los nostálgicos de utopías pasadas siempre buscarán clavos ardiendo para argumentar que el “paraíso” capitalista no era tan fetén como se imaginaban las masas. Nos dicen cosas como:

- que los alemanes del Este no tienen el mismo nivel que los de Oeste siendo la realidad que los sojuzgados por la dictadura obrera y agrícola de la RDA han progresado mucho en estos 20 años, y ocultando el hecho de que se comparan con una de las sociedades más ricas del
planeta; ¿por qué no comprarse con los actuales polacos, rumanos o húngaros?

- que hay otros muros que derribar como el calentamiento global o la voracidad financiera; (no estoy exagerando, estas chorradas las escuché ayer en la radio oficial, RNE)

- que otros países han construido muros semejantes (¡?) tales como el de Israel/Palestina o
el de EE UU/México obviando algo tan elemental como que estos muros se han erigido, con mayor o menor fortuna, para proteger a su población no para impedir que se escapen los de dentro (estos matices no son importantes para los amantes de utopías).

Todo menos reconocer sencillamente que estaban equivocados y que muchos hombres y mujeres de buena voluntad pusieron sus esperanzas en una ideología sectaria y sencillamente
criminal (lo de pedir perdón ya ni en sueños; jamás lo harán los “intelectuales” que apoyaron el comunismo).

La actual presidenta de todos los alemanes, A. Merkel, proviene de la RDA, fue militante de las juventudes comunistas pero tuvo la honradez de ver y rechazar el callejón sin salida a que condujo semejante experimento. Al verse liberada en 1989, cuenta que una de las cosas que más le costó al principio era hacer elecciones constantemente (incluso para comprarse un par de zapatos). Muchos quieren que elijan por ellos. Me ha gustado mucho el enfoque de tu comentario.

Por cierto, creo que el muro se erigió en verano del 61 no del 63.
Genial lo de comparar lo de la tasa Tobin con los desfasados pantalones de campana y las hombreras; efectivamente son males del pasado que los intentan resucitar de tanto en tanto.

Angel Martín

Excelente reflexión, María.
Me temo que tras mucha economía austriaca, teoría liberal (la mayor eficiencia del mercado, teoremas de imposibilidad varios...) y demás, la cruda realidad es la que reflejas en tu artículo: que la libertad, una vez se tiene, se desperdicia y no se valora. Pero quizá esto no sea más que un caso concreto de una teoría más general del comportamiento humano: que mientras no tenemos una cosa nos morimos por ella, mientras que cuando la conseguimos, la dejamos de apreciar y la tomamos por sentado. Nos gusta soñar con lo que no tenemos, pero despreciamos lo que sí tenemos. No sé si estarás de acuerdo con esta observación más amplia, pero es bastante triste.

Bastiat

Al hilo de esto recuerdo una teoría psicosocial que decía que se valora más aquello que cuesta conseguir que aquello que se le da a uno gratis o que considera que se le viene dado.

Y digo esto porque como en el ying y el yang tiene aplicación tanto para explicar el porqué no se valora la libertad en los países “libres” como para explicar el porqué las sociedades opulentas tienen grave riesgo de desfallecer.

Si tu naces en una sociedad donde prácticamente puedes hacer lo que te de la gana, no entenderás qué es la falta de libertad salvo que la compares o la iguales a la falta de poder adquisitivo para poder comprarte lo que te dé la gana. Ciertamente se puede observar en el metro o en el autobús a personajes que evidenciando un nivel económico manifiestamente mejorable no dudan en gastarse una pasta en unas Nike o en un finde de farra que los hace vivir con la soga al cuello por su mala cabeza. Estos son los que luego no dudan en reclamar subidas de sueldo porque no les llega aceptando como cierto que el capitalismo es injusto en un salto de comprensión de la realidad difícilmente comprensible desde el punto de vista intelectual pero absolutamente comprensible si lo vemos desde el punto de vista antes comentado, el yang, el reverso.

Una sociedad en la que una mayoría no entiende el coste de lo que tiene, de lo que se le ofrece tiende a valorar que tiene “derecho a” todo aquello que se le ofrezca y no duda en apoyar a aquellos que se lo prometan incluso a sabiendas, los que lo prometen, que será imposible de cumplir pero que es hábilmente usado para alcanzar el poder.

De ahí que la acción humana sea tan compleja, fascinante y, en muchas ocasiones, frustrante si se analiza desde un punto de vista objetivo y desde conceptos claros como la libertad, la responsabilidad y el respeto.

Clandestino

La libertad no se aprende. Hay que sentirla y dar rienda suelta al inevitable instinto de poseerla defendiéndola, por encima de toda consecuencia, como extensión de uno mismo. Renunciar a la libertad es mutilar todo sentido de la vida.

Suele pasar que el sentimiento de libertad le sea ocultado a millones de personas adoctrinadas desde la infancia, que no saben que viven como siervos, en una sociedad donde ser libre tiene consecuencias.

Pero lo peor y lo que realmente ocurre, es que millones de siervos, ejercen su "libertad" para imponer su infernal sentimiento de servidumbre a las personas libres, apuntalando al patrón, mediante su voto.

Pero no es el patrón el que oprime la libertad. Este solo genera las condiciones, para que sea nuestra propia mezquindaz la que nos someta y asfixie, fomentando el crecimiento del colectivo de siervos corruptos y dependientes.

Hemos llegado al punto en el que los paganos son minoría frente a la gran masa de siervos dependientes, del mendrugo muchos y de las tajadas del botín el hampa global.

¿Qué le queda a esa minoría de gente libre e independiente, acorralados, esquilmados y violados en todos sus derechos legales, morales y sentimentales?

¿Se suicidará o mutará hacia una fiera y brutal bestia devoradora de toda la rapiña que le mina toda opción y espacio, para vivir como persona libre?

victor pavon

Escribo desde Paraguay. Sudamerica. Muy bueno el material María. Por estas tierras del "nuevo mundo" los latinoamericanos deberíamos percatarnos de las falsedades del neosocialismo y sus falsas agitaciones anticapitalistas. Son los viejos mitos del colectivismo los que hacen que este continente siga hundido en la pobreza, la corrupción y la violencia. Es esencial hacer comprender a la gente las verdaderas causas de nuestra pobreza. Solo así comenzarán a elegir las propuestas que proponen la reforma del Estado y liberalización de la economía, y no el patriotismo y la benevolencia de políticos carismáticos.


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