2005 Instituto Juan de Mariana
El Instituto Juan de Mariana gana el Fisher Venture Grant, un programa para apoyar los think tanks jóvenes
Instituto Juan de Mariana
Reducir tamaño de letra Aumentar tamaño de letra

Comentarios

Portada - Comentarios - El contraste entre realidad y teoría en la economía neoclásica

16/11/2009 - Ángel Martín Oro

El contraste entre realidad y teoría en la economía neoclásica

Desde la metodología predominante entre los economistas neoclásicos –el positivismo–, se enseña que el método económico debe seguir varias etapas. En primer lugar, es necesario establecer algunos supuestos o premisas (por ejemplo, que los agentes maximizan la utilidad, o que los precios y la información están dados) para llegar, a través de herramientas matemáticas, a ciertas conclusiones (p.ej., que la demanda de un bien depende de los precios).

Hasta aquí estaríamos dentro de la teoría pura y abstracta, pero este esquema teórico hay que aplicarlo a la realidad y llenarlo de contenido concreto, llegando a formular ciertas predicciones o explicaciones. La última etapa es la del contraste y validación de todo lo anterior: se debe comparar el mundo real con el modelo teórico obtenido, esto es, ver si los "hechos en sí" tal y como se observan en la realidad son consistentes con las conclusiones teóricas.

Y un modelo será adecuado y bueno cuando prediga bien: "El objetivo último de una ciencia positiva es el desarrollo de una 'teoría' o 'hipótesis' que genere predicciones válidas y significativas sobre fenómenos que todavía no se han observado", decía Friedman, uno de los mayores defensores de esta metodología.

De esta manera se asegura que los modelos vayan acordes con la realidad que intentan explicar, estableciéndose un sano y necesario proceso de feedback entre la teoría y la experiencia observada. Esto suena muy bien, ¿pero realmente es así?

Lo cierto es que hay numerosas razones para pensar que este contraste, o bien está lleno de dificultades inherentes a la complejidad de los fenómenos sociales y la imposibilidad de obtener datos puros y totalmente objetivos, o bien muestra las carencias de sus teorías, o ambas cosas. Si no, que se lo digan a Milton Friedman, en relación con sus pésimas predicciones de coyuntura en 2005. En cambio, su contrincante metodológico, Ludwig von Mises, sí predijo la Gran Depresión.

Si hubiera un contraste auténtico entre la realidad y sus modelos, cabría replantearse algunas de las teorías neoclásicas englobadas en ocasiones dentro de la teoría de los fallos del mercado –además de su visión macroeconómica.

  1. Bienes públicos, externalidades y free-rider (gorrón): desde esta teoría se sostiene que hay cierta clase de bienes que el sector privado, por diversas razones, no tiene incentivos de proveer/gestionar a un nivel o calidad adecuados, como el alumbrado público, las calles, los faros, las carreteras, los recursos comunales, etc. Sin embargo, históricamente han existido faros construidos, provistos y gestionados privadamente, como mostró Ronald Coase (El faro en economía). Aun así, tras el artículo de Coase, el ejemplo de los faros suele ser uno de los más populares. Por otro lado, ¿cómo se explicaría desde la teoría mainstream el ejemplo del enorme parque temático de Walt Disney, o la existencia de comunidades privadas que se proveen de bienes públicos a niveles más que aceptables (Public goods and private communities, Fred Foldvary)? ¿O la existencia de amplias carreteras privadas en el siglo XIX? O ¿cómo se puede explicar que, como muestra la recién Premio Nobel Lin Ostrom, haya recursos naturales de uso común que sean mejor provistos mediante la cooperación voluntaria que no mediante el Estado?
  2. Monopolios "artificiales" y naturales: se suele afirmar que siempre que una sola empresa domine una industria, ésta perjudicará a los consumidores estableciendo precios más altos y reduciendo la oferta. Parece razonable, pero, ¿cómo se explicaría el comportamiento de la compañía petrolera Standard Oil? En el caso de los llamados monopolios naturales, esto es, cuando la empresa, tras una inversión inicial enorme, se ve con costes que decrecen a medida que aumenta su producción, se dice que la industria estará inexorablemente monopolizada por un solo productor. Se ponen como ejemplos los sectores de la telefonía y la energía. Pero ¿cómo se explicaría la existencia de multitud de compañías compitiendo en estas industrias antes de que estas teorías se hicieran dominantes y así se justificara que el Estado comenzara a regularlas?

Pero siempre se podrá argüir que existe una divergencia entre el "equilibrio competitivo" que se consigue en el mercado real –que, por cierto, no suele corresponder con los criterios que se le exigen en el modelo de competencia perfecta– y el "equilibrio eficiente socialmente". ¡Ah! Ésa es una de las ventajas de jugar con conceptos teóricos poco –o nada– anclados en la realidad: siempre queda un as en la manga.

En definitiva, aplicando el punto metodológico positivista, la realidad demuestra que esas teorías están erradas, o al menos no son realmente válidas y enseñan poco sobre el mundo real.

De todo esto se derivaría que la aproximación metodológica neoclásica más dominante, heredada de las ciencias naturales del XIX como la física, deja mucho que desear para llegar a una comprensión cabal de los fenómenos económicos, protagonizados por seres humanos que actúan –descubren, imaginan– y que no son meras máquinas maximizadoras de funciones dadas. También muestra que la crítica a los economistas austriacos por su falta de apego a la realidad estaría infundada. Más bien, sería el paradigma neoclásico quien debería revisar estas teorías de acuerdo a la experiencia.

 

Opinión de los lectores

Ricardo M.

Déjame, antes que nada daros felicitaciones y las gracias por vuestro trabajo, lo disfruto siempre que puedo pese a no estar totalmente de acuerdo con vosotros.
Creo que tienes razón en lo que dices sobre el resto de corrientes: pero también creo que la escuela austriaca está a veces poco pegada a la realidad. Sobre la regulación de los monopolios naturales, me pregunto si habría competencia si no fuera gracias a las legislaciones (y no digo que estas sean perfectas). Por ejemplo, ¿alguien hubiera podido hacerla la competencia a telefónica sin una legislación apropiada? les hubiera bastado decir que sólo podrían comunicarse con clientes de telefónicas otros clientes suyos pero no de la competencia.
Y a cerca de las carreteras privadas, estás son de propiedad privada, pero extraordinariamente regulada; ¿Te imaginas como se podrían hacer carreteras sin expropiaciones públicas, o los precios que pagaríamos en aquellas rutas en las que no hay el tráfico suficiente para que hubieran varias autovías de pago sin precios regulados?
Espero no te molesten mis comentarios; los hago con ánimo de reflexionar afectuosamente.
Ricardo.

enrique

bien ricardo reflexionemos, la regluacion de las electricas en españa, perdon hablemos con propiedad, el intervencionismo estatal, ha creado un sistema en el que los 4 operadores se reparten el territorio y competencia 0, resultados, producimos la energia mas cara ded europa, la mas contaminante y los precios son los mas altos, en telecomunicaciones, veras los clasicos hablaban de una ley de competencia que decia que debia haber un minimo de 4 operadores o competidores para aproximarnos a la competencia perfecta, sabes cuanots tenemos, 3, los distribuidores que tienen un coste minomo por minuto no cuentan como es logico, movistar, vodafone y orange, es decir, la intervencion estatal concediendo licencias, ha frenado la competencia real, poniendo a esfera(un operador que iba a entrar y cumplia todos los requisitos) todo tipo de trabas, o provocando groserias como la absorcio por parte de una compañia rusa cercana al kremlin de una compañia nuestra, etc etc.

es decir ricardo regular y legislar como tu llamas no es dar licencias a amigotes sino establecer un marco minimo legal y sencillo, respeto a la propiedad privada y cumplimiento de los contratos, sin embargo permiten fijate cosas como la clausula de permanencia de las operadoras que es ilegal(tribunal de libre competencia), etc etc.

regular no es intervenir no.

en referencia a las carreteras y autovias yo opino que mal que nos pese deberian existir las 2, eso si donde exista una privada debe haber una publica paralela, porque, porque aqui pagamos el 40% de nuestros ingresos en impuestos y estaria bueno, pero si no se pagaran esas barbaridades tendriamos dinero y muchos optariamos por la privada tendiendo a desaparecer las publicas que estan hechas un asco y soy extremeño(A66) se de que hablo.

Daniel Ballesteros Calderón

Como siempre un gran artículo Ángel y estoy de acuerdo con tu preciso enfoque aunque me gustaría hacer tres apuntes como abogado del diablo.

Parece ser que existen monopolios generados en el mercado (al menos De Beers en el mercado de los diamantes o Stern en el de los pinball), y también es un hecho que existen estructuras de mercado de ciertos productos que generan fuertes incentivos al establecimiento de un oligopolio, además de incitar la adaptación de conductas colusivas y por tanto cuasi-monopolísticas en mercados como el del acero, el cobre, el aluminio, el tabaco, etc. Si bien en los primeros casos no hay demasiado perjuicio para el consumidor, en estos últimos sí que podrían surgir severos problemas para el conjunto de los agentes económicos por el hecho de ser productos básicos. ¿Deberíamos descartar toda inspección y sanción pública hacia este tipo de conductas empresariales?

Respecto al tema de la Standard Oil, puede que la caída de sus precios se debiera al avance tecnológico y el subsiguiente abaratamiento de los costes de extracción. Por otra parte, un precio de 30 cts el galón no permitirá la misma demanda que para 6 cts el galón, y por tanto es posible que la Standard Oil y el resto de pequeñas empresas –muy pequeñas al principio- prefiriesen este segundo precio para popularizar el producto (de lo contrario los ciudadanos quizás nunca habrían abandonado sus carruajes de caballos). Lo más curioso es que esta petrolera fue perdiendo cuota de mercado a lo largo de los años, en favor de sus competidores más dinámicos.

Por último, la creación de carreteras o ferrocarriles es un tema muy complicado. Mientras que en los EEUU del siglo XIX, la abundancia de tierras en el medio y oeste del país facilitaba la adquisición de terrenos a bajo precio, pero no resultaba rentable para empresarios particulares unir ciudades distantes, pobres y situadas en lugares aislados del país, sobretodo cuando había que cruzar importantes obstáculos geográficos: ahí está la competición auspiciada y financiada en 1862 por el gobierno de los EEUU entre la Union Pacific Railroad y la Central Pacific Railroad, según la cual quien llegara primero al destino marcado se quedaba la explotación en monopolio. En la España de esa misma época las cosas serian aún más difíciles, ya que la tierra apta era escasa y la orografía muy complicada, parece que el monopolio de rutas era la única forma de recuperar la inversión, y ni aún así: la mayor parte de los ferrocarriles franceses y belgas fueron una ruina.

Un saludo.

enrique

no, hay otra opcion mucho mas justa, que las infraestructuras las haga el estado, pos vale, pero gestionadas por empresas privadas en libre competencia que ofrecerian su servicio y el cliente decide con quien contrata, vamos a grosso modo pero si eso ya lo explico en otro momento, pero es que ahi se acaba el unte ese es el problema

Merco

El hecho de que empresas en posición de monopolio, oligopolio o cartel se beneficien de su posición de mercado debido a demandas más inelásticas de sus productos no justifica intervención alguna. Primero, suponemos que los agentes son pasivos a estos comportamientos y no lo son. Poner precios abusivos puede suponer que otros agentes se lancen a la carrera por ofrecer el mismo producto o crear un bien sustitutivo. Segundo, parece que tenemos un mapa que nos dice cuando ganamos eficiencia y cuando la perdemos, y esto no existe en la realidad. La competencia perfecta es irreal en el mercado. Tercero, las leyes anti trust son leyes anti mercado y van en contra de la lógica. Si el mercado da un poder especial a una industria es porque ha sabido resolver mejor el desajuste social que antes se producía en el mercado. Es un reconocimiento del mercado, sería ilógico sancionarlo. La formación de cárteres no son más que acuerdos entre empresarios para obtener una estabilidad momentánea, nunca es indefinido (no porque no quieran), a no ser que el estado lo imponga. Sería muy absurdo que se decidiera cobrar un impuesto a Microsoft por ser los únicos en desarrollar un software que la gente entiende. La competencia la crea el mercado no un iluminado que cree que “falta competencia”.

El tema de las carreteras me recuerda mucho al de los pueblos abandonados. La gente muy comprometida con la causa “noble” te dice que sería una pena que el pueblo de su abuelo pasara a ser un pueblo fantasma. Afirman que la administración debería hacer un esfuerzo para recuperarlo y sacarlo adelante.
Si el pueblo es fantasma, será por algo ¿no?, será porque el pueblo ha dejado de ser útil. El problema radica de muy poca gente sabe de dónde nace el beneficio; mucho máster, mucha universidad y no sabemos que es el beneficio. El beneficio no es más que la señal que obtiene el empresario de que está satisfaciendo necesidades más urgentemente demandadas. Si uno obtiene pérdida es señal de que hay necesidades más urgentes que no están siendo satisfechas, con lo cual estamos desperdiciando recursos escasos, somos ineficientes.
Sería absurdo, poco ético y fomentaría mayores desajustes sociales llevar carreteras a sitios olvidados de la mano de dios o invertir en pueblos fantasmas cuando hay otras necesidades más urgentes que no se llegan a satisfacer por nuestra visión faraónica.

Que el empresario, bajo su responsabilidad, considere que el pueblo puede ser un próximo destino turístico para la gente o que llevar el ferrocarril a las montañas va a acarrearle gratos beneficios porque posiblemente haya carbón y se forme una industria, es una tarea que no entiende de coacción, es decir, de estados. Dicho conocimiento solo es capaz de procesarlo el empresario bajo su responsabilidad.

Como bien dice Ángel, dichas teorías no son correctas y además son la excusa para pasarse por el arco de triunfo todo respeto por la propiedad privada y justificar medidas tiránicas de falsos justicieros visionarios.

Saludos!!

Angel Martín

Unos breves comentarios:

La idea principal del artículo no es discutir la viabilidad privada de ciertos bienes como las carreteras, o la deseabilidad de que exista o no regulación en el caso de los monopolios, cárteles, etc. Estos casos los utilizo para mostrar la insuficiencia de estas teorías neoclásicas, pero no he tratado de generalizar.

Dicho esto, tomando las carreteras como ejemplo; es cierto que a priori nos parece complicado que el sector privado produzca y provea carreteras de manera tan adecuada como lo hace de otro tipo de bienes como ordenadores. Existen importantes dificultades técnicas, pero que creo que pueden ser salvables por la iniciativa privada y la libre empresa. Seguro que en los casos de carreteras en el pasado tuvieron unas dificultades u otras, y pudieron solventarlas. En España como apunta Daniel se podrían dar otras dificultades diferentes, quizá más complicadas de solventar, pero aun así el tema es dejar a la iniciativa privada que haga su papel, busque oportunidades, eche imaginación, y encuentre soluciones de manera descentralizada. El problema es que si imponemos regulaciones o intervenciones varias, presuponiendo que el mercado no será capaz de aportar buenas soluciones, se están minando los incentivos a la búsqueda de éstas. Es como si el estado dijera de manera arrogante: “Ya me encargo yo, tú no te preocupes, que aquí estoy yo”, antes de dejar funcionar al mercado (como proceso dinámico). Esto está relacionado con el último artículo de Esplugas: http://www.juandemariana.org/comentario/4165/mercado/solucion/

Pienso que el mercado puede ofrecernos grandes sorpresas que son difícilmente previsibles. Piensen en las compañías aéreas low-cost… No obstante, no es fácil, y puede ser contra-intuitivo, convencer a la gente de que tienen que esperar a ver los frutos de la función empresarial. Nuestra sociedad (y cada uno de nosotros en buena medida) quiere soluciones (parches) ya mismo, aunque éstas no sean reales y solo oculten y retrasen los problemas.

Saludos, y gracias por los comentarios

Arturo M.

Cierto es lo que dices. Sin embargo, tenemos el problema clásico aplicado a las ciencias sociales.
Supon que tienes un modelo que estima una economía, y su evolución en función de tantos parámetros. y En un cierto momento ves que el modelo falla. Pero, dado que lo has calculado de forma econométrica, puedes limitarte a cambiar los parámetros para que vuelvan a encajar.
Y allí está el problema, que ninguna teoría (o escuela teórica) es refutable, pues simplemente pueden realizar un nuevo modelo, o cambiar la importancia de una u otra variable y seguir tan contentos un siglo más.

© 2005-2010. Instituto Juan de Mariana. Todos los derechos reservados.