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Portada - Comentarios - Autocrítica del blindaje austriaco

21/12/2009 - Berta García Faet

Autocrítica del blindaje austriaco

Ya hemos visto que lo ideal y lo exigible es que tanto la teoría económica como la teoría antropológica sean coherentes en sí, entre sí y con la teoría política resultante. Por lo que la pregunta es: ¿es consistente la teoría política resultante del liberalismo, incluyendo en el adjetivo "política", estirando el término, también lo anti-político? ¿Qué críticas podemos hacerle? ¿Qué asuntos soluciona sin rigor o arbitrariamente? ¿Qué lagunas hay? Sobra decir que en este breve espacio no se van a dar respuesta a los problemas señalados; advertir el peligro de su presencia ya es bastante.

El problema básico (o reto) al que en mi opinión se enfrenta el liberalismo contemporáneo es el relativo al blindaje de su teoría económica. El único punto en el que buena parte de los liberalismos confluyen es en apoyarse en el paradigma austríaco (aunque obviamente hay quien se apoya en la economía mainstream, como Sala i Martí; en este caso, el problema es también grave, ya que adolece tanto de la incoherencia entrelas teorías económicas y antropológicas como de la incoherencia de las mismas en sí), que para lo que nos interesa aquí tiene dos características negativas: la primera es que su base antropológica, además de exigua, se formula de forma apriorístico-deductiva y por lo tanto se blinda explícitamente respecto a toda investigación en antropología biológica y cultural. La segunda es que, siguiendo escrupulosamente las conclusiones de este paradigma en materia de política, ésta debe desaparecer o minimizarse al máximo. Esto es problemático, simplemente, porque es incapaz de dar cuenta del fenómeno contrario, de cómo esto no se da, es decir, no puede justificar la contradicción empírica de que no se cumplan dichas recomendaciones, porque, de alguna manera, sí hay un deseo subjetivo que se excluye del subjetivismo radical de toda decisión humana: la de la política.

En otras palabras: si uno quiere ser muy fiel al paradigma austriaco, por una parte, la antropología moderna queda excluida por irrelevante, ya que el paradigma tiene una estructura tal que, en virtud de una supuesta "neutralidad antropológica" (que no es tal, como veremos), no permite la integración de consideraciones acerca de la naturaleza humana más allá del "todo fin es subjetivamente deseado"; y por otra parte, toda apreciación política, a la luz del modelo económico, es incorrecta.

Nos topamos en consecuencia en un callejón sin salida: si no se reforman ciertas características del paradigma austriaco, la integración con el resto de ciencias sociales e incluso naturales será imposible (y todo apunta a que es precisamente así como el conocimiento es más completo y continuo) y seguirá resultando sencillamente impotente a la hora de discutir consideraciones históricas, políticas, sociales, filosóficas, antropológicas, biológicas, etc. entrando incluso en contradicción con las más aceptadas en su ámbito. En definitiva: toda apreciación que no sea estrictamente económica y que pretenda ser liberal, será arbitraria respecto a ésta, por lo que seguiremos sin teoría/s política/s mínimamente justificadas.

En concreto, hay que hacer frente a dos gravísimas lagunas, en relación con incompletitud o especialización blindada del paradigma económico austriaco:

  1. En teoría política: ¿cómo justifica el paradigma austriaco la realidad de la política? Dice que ésta no es recomendable, que es incorrecta a la luz de sus propios razonamientos, y sin embargo, ésta se da; es más, la política es lo único que se da desde hace siglos. Dicho de otra manera: tal y como comenzamos a explicar en el anterior artículo, hay que integrar, de alguna manera, el carácter deóntico de la política, es decir, su aceptación, su legitimidad social (cómo la imposición de su obligatoriedad se diluye por la aceptación de la regulación, de la ley), y a partir de ahí comenzar a integrar a la Ciencia Política: por qué los inputs, por qué los outputs, por qué las instituciones. Cualquier estudio sobre cultura política supone un desafío, por ejemplo el 2588 del CIS, ya que se nos muestra algo difícil de explicar sin salirse del paradigma austriaco: tal y como señaló Robert Dahl, hay una discrepancia notable entre la "legitimidad democrática" (convencimiento de la ciudadanía de la necesidad de que el sistema sea democrático) y la "eficacia democrática" (opinión de la ciudadanía respecto al rendimiento del sistema político democrático). Si tan mala es o tan mal funciona la política democrática, ¿por qué existe y por qué quieren tanto los ciudadanos –en general, claro– que exista? ¿Por qué es intersubjetivamente percibida como necesaria?

  2. En teoría antropológica: uno de los axiomas del paradigma austriaco que habría que revisar es el de la racionalidad individual, no sé si decir absoluta, que supone una pirámide de fines y una capacidad cognitiva lo suficientemente sofisticada para relacionar eficientemente medios a esos fines (lo contrario es lo inhabitual y es la equivocación o el error). Sin embargo, la experiencia real e individual de la definición de las decisiones no es tan pura como nos gustaría: hay objetivos contradictorios entre sí o entre sus horizontes temporales, los hay ilógicos, los hay inestables, los hay conflictivos; incluso, a veces, no hay objetivos; incluso, a veces, simplemente hay indecisión total. No podemos suponer que lo lógico y estructurado es lo habitual; sería una afirmación muy gratuita una vez aceptamos entrar al proceso y al contenido de las decisiones (pues sólo así, conociendo del contenido de unas y otras y sus relaciones con los medios, podemos juzgar si hay racionalidad absoluta o no). Dice al respecto Jesús Mosterín en La naturaleza humana: "De hecho, nuestra acción está controlada y dirigida por nuestro encéfalo, que no es un sistema diseñado de un modo unitario, sino el resultado chapucero de la superposición sucesiva de 'cerebros' distintos en diversas etapas de nuestra historia evolutiva. Cada uno de ellos capta aspectos diferentes de la realidad, tiene sus propias metas y sigue estrategias distintas. Aunque interconectados o intercomunicados, no siempre actúan al unísono. En general, se da la división del trabajo y sólo uno de ellos es responsable de ciertos asuntos, pero a veces se interfieren unos con otros y toman decisiones contradictorias."

En conclusión: si consideramos que toda teoría política tiene una base de ciencia económica y otra de ciencia antropológica, el problema del liberalismo es que, por una parte, carece de una de esas dos bases, la antropológica, y que la obra base, la de ciencia económica (concretamente su carácter teleológico), entra en conflicto con ciertas ideas de la antropología moderna; y por otra, no tiene teoría política resultante, porque desde el paradigma austriaco sin reformar y sin contradicción, precisamente no puede hacer teoría política resultante. Las alternativas entre anarcocapitalismo, minarquismo radical o suave, socialdemocracia suave, etc. resultan, entonces, igualmente válidas e igualmente arbitrarias. Para que esto no suceda, para que podamos fundamentar mejor las diferentes posturas liberales, habría que abordar urgentemente y sin complejos estas dos lagunas detectadas y cualquier otra que pueda surgir; lo que nos espera en caso contrario es un feo impasse.

 

Opinión de los lectores

Eugenio Martín Velázquez

Sobre tus lagunas solo decirte que guardo la fe en mis dudas anarcocapitalistas, de momento.

Mario

Opino que el liberalismo apunta hacia una teoría antropológica y su teoría económica será un derivado de aquella. Lo importante no es preguntarse si existe "una capacidad cognitiva lo suficientemente sofisticada para relacionar eficientemente medios a esos fines ", lo que importa es que las decisiones que toman los seres humanos sean libres. Cómo bien decía Rodriguéz Braun: "Lo importante de los precios no es que sean altos o bajos, lo que importa es que sean libres".

La libertad es un valor, no siempre totalmente apreciado, aún por personas que se dicen liberales, y la social democracia y el minarquismo le abren la puerta a los enemigos de la libertad.

Héctor M

Muy loable la autocrítica, por extensión el artículo.

La cuestión, a mi parecer, es que la sociedad es un sistema muy complejo. Recogamos el ejemplo, en mi opinión en absoluto arbitrario, de la ecología:
¿es posible manipular un ecosistema de una forma tal que bien sea suprimiendo, bien sea añadiendo alguna especie podamos predecir el devenir del sistema? Al parecer hay un consenso entre ecólogos de que no y experimentos como el de Biosfera 2 parecen corroborar la sensatez del juicio.

Cabe pues la posibilidad, no de que la política sea ilegítima -postura sólo defendible desde singulares posiciones moralistas- sino sólo un arte y no una ciencia, por el momento. O dicho más técnicamente, cabe la posibilidad, por qué no, de que en política el político sólo tenga en su cuadro de mando hipótesis heurísticas pero no proposiciones de cuya eficacia quepa una cuantificación matemática.

No sé si esa concesión le cabe a la economía austriaca que la juzgo la menos mala de las lúgubres pero en absoluto un símbolo de praxis científica moderna.

p.d: menuda pantalla de visualización y escritura de comentarios. DEsincentiva completamente la disidencia verborreica XDD porque ya sabemos que el elogio siempre es minimalista

Lee

"El único punto en el que buena parte de los liberalismos confluyen es en apoyarse en el paradigma austríaco."

xD

Entonces, realmente somos muy pocos liberales...

Euribe

Muy interesante el planteamiento. Es cierta la primera laguna, aunque creo que en este caso lo que estamos apreciando es una negación práctica del ideal anarquista en cualquiera de sus vertientes, no la imposibilidad de limitar en lo posible el ámbito de la política. De esta forma tendremos que aceptar la existencia del estado y, por ende de la política, por muy restringida que esté en las formas.
Respecto de la segunda laguna, creo que no tienes toda la razón. En mi opinión, la cataláctica de Mises guarda una prudente distancia con respecto a la racionalidad individual, relegándola en la práctica a otros ámbitos del conocimiento, como la psicología o la historia. Desde ese punto de vista, lo único cierto es que el hombre actúa y que sus decisiones sólo pueden conocerse a través de sus acciones. Esto significa que no podemos prever con seguridad el futuro y sólo podemos llegar a leyes económicas generales. En suma, no veo que la racionalidad individual forme parte del ámbito austriaco.

Antonio

Muy interesante y bien planteado. Podemos esperar a que el tiempo nos de la razón, que no haga falta encogerse de hombros, rebelarse aquí y ahora, pero sí intentar apuntalar una visión "austriaca" de la naturaleza humana. Si es que es posible, es decir, si no partimos de que algo así es incluso incompatible, una aporía, con los postulados de la no-antropogía austrica. Uf. En fin.
En este terreno, en el de la justificación “antropológica” del modelo (¿modelo?) austriaco (que la desdeña), los a-liberales nos llevan mucha ventaja. Pienso por ejemplo en Hebert Gintis y compañía, que llevan tiempo defendiendo lo que llaman una reciprocidad fuerte como fundamento de la socialdemocracia, esto es, de la política, y en contra del “homo economicus”, de un hombre de paja. Han diseñado modelos basados en la teoría de juegos para llegar a conclusiones tan sorprendentes como la que asegura que pagamos impuestos a conciencia y con la satisfacción de ayudar a otros. La “realidad” se lo pone fácil. Al fin y al cabo llevamos milenios pagando impuestos, decenas de años con la excusa de la justicia social y, oiga, aquí seguimos, evolucionando. Lo mismo cabe decir del “estado”. La “historia profunda” sólo es capaz de mostrarnos algunos ejemplos minúsculos de sociedades austroliberales (mucho decir, lo sé). Es así. Y es que al fin y al cabo nuestro instinto nos lleva por la senda del conformismo social. Por defecto, je, creemos en la jerarquía; en el prestigio, que confundimos con la calidad moral de quien lo detenta; nos gusta ayudar a quien nos ayuda y somos capaces de sacrificarnos para castigar a quien no lo hace; más sorprendente es que eso sea cierto incluso en grandes sociedades, en el anonimato más absoluto. Esto son alguno de los pilares de nuestra “virtudes” sociales … pero también el de sus “vicios”. Lamentablemente es mucho más fácil ser “socialista” que liberal. Ya lo temía Hayek. Pero ¡si hasta nos cuestionamos nuestra libertad!. Y estamos satisfechos porque, oiga, diría un siracursi, si en Somalia están peor.
Tenemos muchos instintos que llegan hasta donde llegan … tenemos una física instintiva con la que no hubiéramos salido de la caverna, de no mediar otros instintos y el azar. Mosterín sólo ve el lado negativo del “kludge” sobre el que se eleva nuestra naturaleza humana. Pero, precisamente, gracias a eso somos tan parecidos pero tan diferentes. División de trabajo. El camino hacia la cultura … que no asegura nada, como demuestra la historia, salvo eso, que la caverna se nos quedó pequeña.

Pinker sólo es capaz de decirnos que el socialismo es incompatible con la naturaleza humana al producir sufrimiento y conducir, casi inexorablemente, al genocidio. El peligro de la visión utópic. Pero asume que, en cualquier caso, va a existir una política, un “diseño”, aunque minimalista. Popper y su sociedad abierta serían la mejora baza.
En fin, perdón por el revuelto.

Miguel C

En este enlace:
http://www.liberalismo.org/articulo/149/18/psicologia/evolucionista/nueva/fundacion/economia/

encontraréis el artículo "Psicología evolucionista: ¿Una nueva fundación para la economía y las demás ciencias humanas?" en el que Alberto Gómez Corona comenta la acción humana desde una perspectiva muy interesante.

Puede que el carácter apriorístico-deductivo de la teoría austríaca ya no sea necesario, más que a efectos prácticos, y se pueda enraizar en una teoría antropológica como la Psicología Evolucionista, entroncándola así con las demás ciencias sociales y naturales

Miguel C

Me parece muy acertado este comentario:

"Como conclusión, creo que Pinker ha escrito un libro muy importante y aunque no lo ha hecho para defender una opción política concreta, según asegura, creo que es un libro importante para el liberalismo del siglo XXI. Decía Von Mises, en las primeras páginas de La acción humana, que la praxeología debe mucho al psicoanálisis. Me voy a permitir una ucronía y la osadía de imaginar que, de leer La tabla rasa, el sabio austriaco se hubiera hecho evolucionista sin necesidad de alterar sustancialmente sus presupuestos epistemológicos. "

(De "La negación moderna de la naturaleza humana", Antonio Gimeno Bautista - Reseña sobre "La tabla rasa" de Steven Pinker - http://www.libertaddigital.com/ilustracion_liberal/articulo.php/559 )

Joaquín Santiago

Hola. Unas reflexiones en un tema inacabado.
1. Estoy de acuerdo en que a la Escuela Austriaca le falta mucho en el desarrollo de una teoría política. Pero tiene los mimbres para desarrollarla. Creo que en los pensadores autriacos falla (si acaso un fallo científico y no ético) es que en su teoría de la política repudia a ésta por razones de racionalidad utilitaria, de utilidad evolutiva y, en muchos, por razones éticas ligadas a las anteriores.
2. Ocurre, no obstante, que la concepción finalista del sistema de la praxeología misiana, la teoría de la eficiencia dinámica y la empresarialidad y la de la concepción evolutiva de las instituciones pueden limpiarse, si se desea, de prejuicios antipolíticos redefiniendo el papel de la coacción y la violencia dentro de ese esquema. Es cierto que haciendo esto, han de ser retocados los conceptos de empresarialidad y de eficiencia, pero hay que tener en cuenta que la distinción entre una acción libre y una no libre puede ser marcada más en el plano teórico que en la realidad. La coacción existe, será perpetua y la violencia rige siempre nuestras relaciones aunque sea de manera oculta y no expresa. Esto no justifica moralmente al estado pero explica en parte su existencia. Reconocer que no existe orden sin cierto grado de disuasión es importante y no existe ni existirá ciencia exacta que defina con precisión la cantidad de disuasión útil ni su tipo salvo el de la apreciación subjetiva y socialmente imitada y difundida de su aceptabilidad (es decir, la legitimidad expresada al modo austriaco). Igualmente ha de ser reconsiderada la función del grupo social. Incluso para considerarse uno un individualista se regocija en el espejo de otros que actúan igual.
3. Toda propuesta política está apoyada, en suma, en una propuesta de conflicto social (inerradicable), porque sin él, no hay posible cambio de situación. Para que ese conflicto propuesto sea viable es necesario que sus protagonistas lo vean como tal y, por tanto, ha de tener un fundamento social. Es así que la teoría política austriaca, basada en su antropología, que no por reducida carece de realismo (lo tiene y mucho), haría bien, a mi juicio, en avanzar en propuestas políticas que hagan de la tipología social, del grupo social, una categoría que presione, como tal, a favor de políticas públicas

Bastiat

Reconozco que la serie de artículos que Berti nos está proponiendo me interesa y los sigo con interés, pero es comentario de Joaquín Santiago el que me ha dejado un poco confuso y es por ello que me gustaría que me aclarara su tercer punto, porque lo mismo no lo he entendido bien.

Dices, Joaquín, que “Toda propuesta política está apoyada, en suma, en una propuesta de conflicto social”, y sin embargo creo que no es una propuesta de conflicto social sino que la existencia del conflicto social, es decir, previo, es el que genera distintas propuestas políticas.

Creo.

Y es que en el momento en el que existe grupo, o pareja, existen divergencias tanto en el qué hacer, como en el cómo convivir. Robinson no tenía conflicto alguno con nadie porque con nadie tenía nada que discutir, cooperar o compartir. En el momento en el que aparece Viernes existen relaciones. Y existen oportunidades de cooperar, si es que les interesa, o de competir si es que, igualmente, les interesa. Es en el momento en el que existe conflicto en el que el grupo ha de establecer normas. Entre dos pocas normas habrá, sobre todo si uno de ellos está dispuesto a dominar al otro y este otro acepta la dominación. Pero en el momento en el que no existe acuerdo existe conflicto. Por eso digo que el conflicto social es previo a la propuesta política.

Dicho esto, y si pensamos en la teoría política liberal, enfocada desde quien pretende, como diría un amigo, un partido político químicamente puro, lo primero que se ha de entender es que la política es la forma necesaria para la resolución de conflictos dentro del grupo humano al que pertenecemos, nos englobamos, compartimos y en el ámbito territorial en el que dicho grupo tiene su dominio. Y la política tiene su forma institucionalizada en el Estado.

Berta García Faet

Hola,

Muchas gracias a todos por los comentarios y paso a comentar los polémicos brevemente (los demás, grac ias, estoy de acuerdo y no puedo añadir nada más).

Mario, todo lo que he dicho se basa en un punto que para mí es irrenunciable: que la teoría económica y la base “antropológica” (ya sé que este término a algunos les chirría; si les suena mejor, hablaré de psicología evolucionista en concreto) son descriptivas, esto es, en la medida de lo posible se basarán en el “ser” y no en el “deber ser” (que es la función de la teoría política). De modo que incluir la condición “libre”, ya me parece caer en el “deber ser”.
Como ya he dicho, cuando un ciudadano “renuncia a parte de su libertad y se somete a la política”, esto debe ser descriptivo, no valorativo. Tenemos que encontrar una manera de explicar los efectos de, qué sé yo, los impuestos, sin tener que acudir siempre a la distorsión que provoca la coacción. Porque es la coacción lo que yo mediante estos artículos trato de relativizar, en virtud del fenómeno de la legitimidad democrática de Dahl o del apoyo difuso al sistema de Easton, como quiera llamarse.

Héctor, no estoy segura de haber entendido bien tu comentario, probablemente me supera. De lo que he entendido, te doy la razón. Efectivamente, la política no es una ciencia, pues éstas son descriptivas. La teoría política no es una ciencia, pues la teoría política simplemente lo que hace es apostar por un tamaño de lo público y un contenido. Sin embargo, la Ciencia Política, sí es ciencia (social), pues sí es descriptiva. Por analogía, la Historia del Pensamiento sí es ciencia social, pero no el Pensamiento (no las teorías políticas o filosóficas).
Para mí el paradigma austriaco también es el mejor de lo existente, pero queda un largo camino por delante si es que pretendemos llegar al ideal –en mi opinión totalmente legítimo- de la integración de las ciencias, sociales y no sociales; minimizar las fricciones entre ellas, vamos.

Euribe, en realidad estoy bastante de acuerdo con lo que dices. Lo que pasa es que, a pesar de la prudente distancia de Mises, luego me encuentro con que, si no me salgo de él, no puedo explicar (no juzgar valorativamente) algunos fenómenos. El ejemplo que he puesto antes, el de los impuestos: ¿esa ley económica general sigue inalterable si aceptamos que, no los impuestos en concreto son aceptados, sino el fenómeno de la imposición en sí es aceptado? Por otra parte, insisto en lo que decía al principio. Sí me parece que la praxeología lleva implícita la capacidad de la racionalidad, y creo que éste es un concepto que no puede soltarse así y ya está, sino que habría que entrar a analizar sus múltiples facetas (las múltiples facetas de la inteligencia) y sus límites.
Otra cosa que se me ha olvidado comentar en el artículo es el poder de la cultura, “la liquidez de las ideas” o como se dice actualmente, la expansión de los memes. Es un concepto que falta integrar en el paradigma austriaco. Por ejemplo: el fenómeno de la preferencia temporal, ¿es acultural? No lo creo. La propensión marginal al ahorro es bastante variada. No niego, por supuesto, que el hecho del ahorro, y su necesidad para la posterior inversión, formen parte, no sé si casi o totalmente, de lo objetivo (de hecho yo misma creo que esta es la base explicativa de la riqueza); lo que niego es que el ahorro sea igual de importante en todas las culturas; y no me refiero sólo a países, sino también a subculturas.

Antonio, como dices la izquierda parece resentirse menos con la consolidación de este nuevo paradigma, pero en mi opinión es todo fachada. En realidad, las revisiones que tiene que afrontar al paradigma austriaco no son nada comparado con lo que tiene que hacer la izquierda en general que, recordemos, en algunos casos directamente renuncia a la integración de las ciencias (ver La razón desprestigiada, lo siento por el auto-enlace: http://www.juandemariana.org/comentario/3032/razon/desprestigiada/) , despreciando todo lo que no sea “humanista” y con un pavor terrible (como explica Pinker) a todo lo que pueda sonar a lo que ellos tildan de “biologicista” (todo lo que niegue su, en definitiva, tabula rasa de la esperanza).

Gracias Miquel por los enlaces, estoy muy de acuerdo con Gimeno Bautista. Ahora bien, una matización:

Tenemos un gran potencial explicativo e integrador con estos dos paradigmas. Ahora la cuestión es continuar con lo que he indicado antes. ¿Cómo se ha expandido la idea de la necesidad del Estado a través de los siglos y los continentes? Meméticamente. Y lo más interesante: ¿cómo hemos llegado al Estado del Bienestar? ¿Cómo un ente esencialmente coactivo y clasista acaba siendo el abanderado de la protección y del desarrollo cognitivo? ¿La idea de la evolución implica que todo estado actual es un perfeccionamiento del anterior? ¿Es la liquidez de las ideas directamente proporcionar a su eficacia objetiva? Yo creo que no. No todo lo actual es “bueno” (lo cual nos serviría también para criticar las instituciones por costumbre). Arrastramos errores, chapuzas, apéndices, imperfecciones, rasgos que, si surgieron, es por azar, y si permanecen, no es porque sean positivos sino porque no son negativos. Por lo tanto, como decía, hay que juzgar estos hechos descriptivamente, no moralmente. El Estado existe, existió y está consolidado: punto de partida. A partir de ahí, averiguar por qué, y comprender el cuadro en su conjunto; ya después, valorar.

Para finalizar, creo que ya he contestado a Joaquín y a Bastiat con lo dicho anteriormente. Para mí, no cabe juzgar o valorar (lo que sería, por seguir mi esquema, “la teoría política resultante”) sin haber antes comprendido (lo que serían las teorías económica y antropológica); y me parece que comprender la política (el Estado) es un a priori fundamental para poder juzgarlo. Y como ya te he manifestado en muchas ocasiones, Bastiat, estamos de acuerdo: si hay que jugar en lo real, hay que jugar en la política, aunque sea con el objetivo de minimizarla. Otra cosa muy diferente, como también he dicho en muchas ocasiones, es que yo en concreto esté dispuesta a ello o crea que va a funcionar.

haymor

"Sin embargo, la experiencia real e individual de la definición de las decisiones no es tan pura como nos gustaría: hay objetivos contradictorios entre sí o entre sus horizontes temporales, los hay ilógicos, los hay inestables, los hay conflictivos; incluso, a veces, no hay objetivos; incluso, a veces, simplemente hay indecisión total."

Te aconsejo que te leas el fragmento sobre la critica al racionalismo de mises...
Lo de autocritica lo encuentro fuera de tono, o criticas o no, en el campo de la ciencia ser más o menos soberbio es irrelevante.

Trafalgar


En contraposición a las Ciencias Naturales, las Ciencias de la Acción Humana se dividen en dos ramas principales: La Praxeología y la Historia. La primera trata las formas puras y la estructura categorial de la acción humana, el examen del aspecto mudable y accidental que pueda adoptar dicha acción le corresponde a la Historia (esto lo desarrollaré más adelante). La teoría de la cataláctica o economía se elabora sobre la base de una teoría general de la acción humana (la ya mencionada praxeología). Bajo los presupuestos generales de la acción humana, se asume que es siempre el malestar el incentivo que induce al hombre a actuar. Este advierte que mediante una cierta conducta deliberada puede sustituir el estado actual menos satisfactorio por otro más satisfactorio. El actuar implica pues la categoría de la causalidad: Para alcanzar determinados fines se recurre a determinados medios. Qué fines corresponde atender más urgentemente y qué medios son los más idóneos es algo que entra dentro de la escala valorativa de los diferentes individuos, acción implica valoración (subjetiva). No existe actuación alguna en la que no concurran las categorías praxeológicas de medios y fines o costes y rendimientos. Son inherentes a toda acción humana, además de distinguibles y separables.
El axioma principal por tanto es el siguiente: El hombre actúa.

Según Mises, “Las enseñanzas de la praxeología y de la economía son válidas para todo tipo de acción humana, independientemente de los motivos, causas y fines en que esta última se fundamente. Los juicios finales de valor y los fines últimos de la acción humana son hechos dados para cualquier forma de investigación científica y no se prestan a ningún análisis ulterior”. El objeto de estudio son los medios, no los fines. Se estudia la idoneidad de los fines adoptados para la consecución de los fines últimos. Es por ello que dicha ciencia “se aparta de toda idea preconcebida, de todo juicio o valoración; sus enseñanzas resultan universalmente válidas y ella misma es absoluta y plenamente humana”.

Ahora procederé a resumir el importante papel de la Historia. Según Mises: “La historia recoge y ordena sistemáticamente todos los datos de la experiencia concernientes a la acción humana. Se ocupa del contenido concreto de la actuación del hombre. Examina las empresas humanas en toda su multiplicidad y variedad, así como las actuaciones en cualquiera de sus aspectos accidentales, especiales y particulares. Analiza las motivaciones que impulsaron a los hombres a actuar y las consecuencias provocadas por tal proceder”.
Existen por tanto la historia política, militar, del arte, de la literatura…. También es materia histórica la antropología. La historia trata el pasado y el pasado en nada nos ayuda a predecir el futuro “no hay manera de establecer una teoría a posteriori de la conducta del hombre y de los acontecimientos sociales”, estos sólo resultan inteligibles si se interpretan a la luz de una teoría previamente desarrollada a partir de otras fuentes. Es por ello que la realidad histórica ha estado siempre sometida a las más arbitrarias interpretaciones, dado que carece de las restricciones de los experimentos de laboratorio de las ciencias sociales. Un marxista, un historicista, un liberal o un keynesiano sacarán conclusiones totalmente contradictorias de un mismo hecho histórico.

Dicho esto, pasamos a contrastar la praxeología con la historia y , nuevamente, me veo obligado a abusar de las citas de la “Acción Humana” de Ludwig von Mises para que no haya duda acerca de lo que el “paradigma austríaco” (o uno de sus más importantes representantes) dice. Según Mises “La praxeología no es una ciencia histórica, sino teórica y sistemática. Su objeto es la acción humana como tal, con independencia de todas las circunstancias ambientales, accidentales e individuales de los actos concretos. Sus enseñanzas son de orden puramente formal y general, ajenas al contenido material y a las condiciones peculiares del caso en el que se trate (…) Sus afirmaciones y proposiciones no derivan del conocimiento experimental. Como los de la lógica y la matemática, son a priori. Su veracidad o falsedad no puede ser contrastada mediante el recurso a acontecimientos ni experiencias. Lógica y temporalmente, son anteriores a cualquier comprensión de los hechos históricos. Constituyen obligado presupuesto para la aprehensión intelectual de los sucesos históricos”

Es decir, las afirmaciones y proposiciones de la praxeología son apriorísticas porque no derivan del conocimiento experimental. La praxeología y la economía progresan en sus estudios mediante el razonamiento reflexivo. Partiendo de unos axiomas conocidos, verdaderos, evidentes e irrefutables, se deducen teoremas o leyes de los que se deducen unas conclusiones, son disciplinas deductivas, en contraposición por ejemplo a la “inducción” de las matemáticas de la metodología positivista. La metodología de la Ciencia Económica es apriorístico-deductiva, citando a Huerta de Soto: “Se trata de elaborar todo un arsenal lógico-deductivo a partir de unos conocimientos autoevidentes (axiomas tal como el propio concepto subjetivo de acción humana con sus elementos esenciales) que nadie pueda discutir sin autocontradecirse”.

La Ciencia Económica, como única rama desarrollada de la praxeología, no se limita a formular puros razonamientos apriorísticos desligados de la realidad. El economista no debe en cualquier caso restringir su análisis a aquellas actuaciones consideradas como “económicas”, le compete toda acción humana, el “homo economicus” está integrado dentro del más amplio “homo agens” (la invención de aquel como concepto no fue más que un vano intento de delimitar el campo de actuación de la economía). Mediante la categoría praxeológica de medio de intercambio se desarrolla la teoría económica del cambio indirecto y de ella el teorema regresivo del dinero o la teoría de la imposibilidad del cálculo económico en la sociedad socialista. Mediante las categorías praxeológicas de preferencia temporal, periodo de producción, medio de producción (siendo el fin el bien de consumo resultante) o duración de la utilidad se desarrolla el concepto del interés, la fundamental teoría del capital y la teoría de los ciclos económicos, por poner un ejemplo.

Como hemos mencionado anteriormente, la Economía trata los medios, no los fines, no formula juicios de valoración. La Economía te dirá que si el fin (del gobierno) es que haya alimentos suficientes para la población, el medio “control gubernamental de los precios” que implica la implantación de precios máximos no es el idóneo, pues los resultados de tal política serán lo opuesto a los pretendidos (escasez en vez de abundancia). Si el gobierno pretende un crecimiento económico ininterrumpido, la Economía nos dirá que la manipulación del crédito y el consiguiente boom no es el medio idóneo, aunque si las intenciones del gobierno son el crecimiento “a corto plazo” a costa de las condiciones futuras (“a la larga todos muertos”), entonces dicho medio sí será el más indicado. La política proteccionista (medio) no es la indicada para alcanzar el bienestar general (fin), pero sí lo será para beneficiar a determinados colectivos a costa del resto (fin).

Hasta el momento no hemos mencionado el concepto “liberalismo”. El “liberalismo” es en sí una teoría política. Es la aplicación práctica de los descubrimientos de la praxeología y la economía para resolver los problemas que suscita la acción humana en la sociedad. Sí que recurre a juicios de valoración: Presupone que la gente prefiere la vida a la muerte, la salud a la enfermedad, la riqueza a la pobreza… Y enseña al hombre cómo proceder en consecuencia. Obviamente toda doctrina política busca el mismo fin, el bienestar general, sólo difieren los medios. La teoría política liberal no resulta del liberalismo, es el liberalismo la teoría política resultante de la economía y la praxeología. Aplicado a la acción estatal, el liberalismo como teoría política también aspira a producir ley, sus prescripciones apuntan a la limitación del poder del gobierno. No hay que confundir liberalismo y democracia, pues como dice Hayek, “el primero propugna la limitación del poder del gobierno, mientras que la segunda se preocupa en quién debe radicar ese poder”. Por ello puede darse el caso de gobiernos autoritarios que actúen sobre principios más liberales que otros gobiernos democráticos. Un ejemplo de ello es la rica antigua colonia de Hong Kong o el autoritario Imperio Austro-Húngaro (en donde Böhm-Bawerk llegó a ser ministro de finanzas) en contraposición con la Venezuela democrática de Chávez.
Hemos aclarado anteriormente que la economía lo abarca todo, sus conclusiones son plenamente válidas para toda época, raza y país. Es implacable como las leyes de la naturaleza, así como no se puede negar la ley de la gravedad, no se puede negar la economía. La política, a lo largo de la historia, y la acción estatal han sido los paladines de la negación de la economía y las consecuencias han sido el estancamiento, el hambre, los privilegios, las guerras o las desintegraciones de civilizaciones enteras. La desintegración del Imperio Romano a causa de su letal intervencionismo de la moneda y de los precios fue tan inexorable como el hecho de tener que matarte si te tiras por la ventana.
La conclusión es que la integración del resto de ciencias sociales no puede entrar en contradicción con dichas enseñanzas. Es cierto que el liberalismo es impotente a la hora de discutir consideraciones históricas, políticas, sociales, filosóficas o antropológicas, pues éstas se basan en juicios de valoración fruto de analizar el pasado y los juicios de valoración son puramente arbitrarios. Si la base del liberalismo (teoría política) es la economía y la praxeología y las demás ciencias sociales niegan la economía al restringirla a un determinado campo aislado del resto, el resultado es un diálogo de sordos sin posibilidad de acuerdo.

¿Por qué es una laguna del liberalismo decir que la realidad de la política no es recomendable, es incorrecta, pero se da desde siempre? La evolución del orden espontáneo y de las instituciones se ha topado permanentemente con callejones sin salida y con involuciones. Las sociedades estamentales, los privilegios, la esclavitud, el servilismo, el proteccionismo, el mercantilismo, las guerras, los gremios, las castas… Hay claros ejemplos de políticas e instituciones que permanecieron cientos de años y que aún perviven y que en ningún caso favorecieron el desarrollo de la civilización. Fue el liberalismo al romper gran parte de los prejuicios, los privilegios, las restricciones y las costumbres pre-capitalistas el causante de la revolución industrial del siglo XIX. En un siglo el mundo cambió más que en los mil años anteriores, que dicho proceso “embarrancara” en la democracia y sus consiguientes Estados de Bienestar, gastos públicos desorbitados, grupos privilegiados y demás políticas perjudiciales y que el “siglo del liberalismo” diera paso al “siglo del socialismo y del intervencionismo” compete a la comprensión histórica dilucidarlo, con todos sus inconvenientes antes citados, pues la objetividad en tal campo es imposible.
Por mucho que critiquemos la política democrática, es posible sin embargo que sus ventajas superen con creces sus inconvenientes: Nunca dos países democráticos se han declarado la guerra.

Con respecto a la laguna antropológica, la praxeología y la economía (bases del liberalismo) no tratan ni las causas ni los fines de la acción, sólo los medios. Se confunde la “racionalidad” de una acción con su “idoneidad”. Según Mises, toda acción es por definición racional. Basta que el individuo crea que con su actuar podrá alcanzar el fin perseguido. Las prácticas terapéuticas de antaño o los supuestos poderes del chamán de la tribu no eran “irracionales” eran escasamente “idóneos”. No está queriendo decir que todo el mundo actúe sopesando todos los pros y los contras de su actuación, ni que sepan qué hacer en cada momento, ni asume que la gente planifique su vida ordenadamente, ni que sepan que es “lo mejor” para ellos mismos, es decir, que sean “racionales” en el sentido común de la palabra; dicha “racionalidad” suele ser puramente subjetiva, como lo es la felicidad. Es acción humana tanto el hacer como el abstenerse de hacer. La praxeología trata la estructura categorial de la acción, no su contenido. En toda acción concurren las categorías de medio, fin, coste y rendimiento, se tengan en cuenta o no.

En conclusión, el liberalismo es una doctrina política en sí, fruto de la aplicación de los descubrimientos de la economía y la praxeología (el papel subsidiario pero no necesario de la historia ya se ha expuesto). Como doctrina política que es, desarrollará la correspondiente ética, filosofía, ciencia política… Pero nunca en contradicción con sus bases. Aunque no hayamos llegado a la conclusión de si es el minarquismo o el anarcocapitalismo la conclusión lógica de una genuina teoría política liberal, el debate me parece, visto el presente, de una esterilidad total. Mientras las expansiones crediticias, los booms y las crisis destrozan la economía y lapidan capital una y otra vez para posteriormente fortalecer la intervención estatal, dicho debate es inútil.

enrique

quizas hoy estoy radical pero visto lo visto, me cansa ser diplomatico, berta, esta encuesta me vas a disculpar(aunque puede que estes de acuerdo) a mi no me sirve, por ejemplo. una pregunta dice que si los partidos debe prevalecer la politica nacional sobre la regional, mayoria si, despues resulta que preguntan si deben prevalecer los intereses autonomicos sobre los regionales o algo asi y la respuesta es si...esta encuesta no sirve berta es uno de esos estudios que se hacen para cobrar subvencion, si te fijas hay demasiadas contradicciones en las respuetas que la anularian, es lo que tiene cuando se va preguntando en funcion de lo que se quiere que se conteste.

Eugenio Martín Velázquez

Berta, ¿Cual es tu fin último de publicar tus artículos? Gracias por responderme de forma sencilla como si fuera un niño, pero eso si muy libertario.


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