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Portada - Comentarios - Horarios de trabajo por decreto

10/01/2006 - Antonio Nogueira

Horarios de trabajo por decreto

Después de la ley antitabaco, el prohibicionismo de Estado se dirige ahora contra la libertad de horarios en el trabajo. La Comisión Nacional de Horarios plantea modificaciones imperativas de la jornada laboral en las empresas. Según la citada comisión, es imprescindible adaptarse por salud pública a los usos europeos a través del adelanto o la reducción del calendario profesional en España. De momento, la Administración Pública estudia la puesta en práctica de cambios en el reloj de sus trabajadores.

Es verosímil que el propósito de esta intromisión en la vida de los negocios y en la de la de las personas que participan en los mismos, sea que las grandes firmas colaboren en la unificación horaria apremiadas por la iniciativa gubernamental. Más tarde, serán obligadas el resto de medianas y pequeñas empresas. Los promotores de la medida pretenden mágicamente solventar tensiones familiares, incrementar la natalidad e impedir abusos de poder en los despachos. Estos autodenominados agentes sociales encuentran en la restricción horaria una nueva fuente de ingresos para su activismo subvencionado.

La gestión del tiempo siempre es tarea compleja para empleados y empleadores. Las actitudes personales y la cultura organizativa influyen poderosamente en la administración eficaz o no del período trabajado. La distinción entre urgente e importante y la delegación de responsabilidades en el equipo suelen ser acertados criterios para paliar problemas en los horarios; los terceros ajenos a la peculiar realidad de cada oficio por mucho Libro Blanco que encomienden, deberían abstenerse.

Quien haya vivido la realidad empresarial conoce múltiples abusos respecto al tiempo. El esfuerzo adicional no recompensado, los jefes que retienen a sus colaboradores hasta bien entrada la noche tras una jornada exhaustiva, el perfeccionismo desmedido, el caos en el organigrama o la presión de los compañeros sumisos son escenarios usuales que convierten al centro de trabajo en una hoguera de conflictos. No obstante, si alguien, realizando cabalmente su labor, le preocupa la opinión corporativa sobre él y esta opinión entorpece con severidad su vida íntima, no debería aguantar un minuto más en ese empleo. Siempre, sin duda, será la mejor opción. Recibirá la mayor recompensa posible: la autoafirmación ante circunstancias inaceptables. La creciente jurisprudencia sobre mobbing puede ayudar en situaciones extremas. Los ministerios de Educación, Trabajo y Sanidad, la CEOE, los sindicatos, las comunidades autónomas y el Consejo Económico y Social nada saben de intuiciones y riesgos, pero sí mucho de artificiales cohetes burocráticos que estorban los plazos de la gente.

La presunta racionalización horaria desprecia el ritmo individual en el trabajo. Hay quien adelanta con la madrugada y quien progresa en la faena según madura el día. Las buenas organizaciones respetan esa diversidad y se amoldan a las preferencias de sus empleados. Si las autoridades aseguran una pronta vuelta a casa, ¿adelantarán el horario de entrada o preferirán reducirlo? ¿O ambas cosas a la vez? ¿Se limitarán los salarios si mengua la jornada? En caso contrario, ¿quién pagará la diferencia? No olvidemos los complementos salariales que retribuyen determinados turnos y períodos de trabajo: ¿se mantendrán o se disolverán en el éter administrativo?

Además el argumento de la aproximación a Europa, desde una posición igualitaria, tampoco se sostiene en pie. Incluso un ensayista tan grato a la izquierda como Hans Magnus Enzenberger se atreve con el mito de la eficiencia germana y achaca el declive europeo a la desgana por trabajar entre sus ciudadanos. Pero ese quizá sea motivo de otro comentario. En definitiva, no se trata de quitarle las manecillas al reloj pero tampoco de pegarle un fatal martillazo tal como preludian estos comisionados al minuto.

 

Opinión de los lectores

Jose Baos

Cuando le leo, no se si me encuentro en España o en el País de las Maravillas.

Que facil, que bonito todo...

El caciquil y anticuado empresariado español ni respeta los horarios, ni permite la flexibilidad laboral, ni se adapta a las preferencias de el empleado.... ¿pero en que empresa privada ha trabajado usted? Simplemente mira que el número de horas trabajadas sean el máximo posible.

Productividad es un concepto extraterrestre para la mayoría de ellos.

Poco conoces la empresa privada, si afirmas esto, por muy liberal que digas ser.

Así que, lamentablemente, ha de encargarse el Estado de que aprendan a golpe de legalidad...

Daniel Ballesteros Calderon

Realmente este tipo de regulaciones horarias solo contribuye a mermar nuestra competitividad respecto a nuestros rivales extranjeros, además es muy probable que al restringirse la jornada de trabajo, algunos empresarios decidan reducir plantillas y sustituir trabajo por capital o bien decidan eludir directamente la ley.

Pero eso no hace a la medida mejor o peor. La intervención estatal en la determinación de jornadas laborales es algo imprescindible, por cuanto el óptimo de muchos empresarios se alcanza a costa del bienestar de sus empleados.

Si los sindicatos no estuvieran sometidos a la subvención estatal y a conchabeos empresariales y defendiesen los intereses de sus (por otro lado escasos) afiliados; quizás este tipo de leyes podrían evitarse, de modo que se adaptasen a la realidad de cada empresa. Pero desgraciadamente las cosas funcionan así en España. Esperemos que esta medida no sea todo lo perjudicial que preveo e incluso traiga algún beneficio.

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