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Portada - Comentarios - Escuelas a la carta

13/01/2006 - José Carlos Rodríguez

Escuelas a la carta

La educación de los jóvenes estadounidenses se adquiere en su práctica totalidad en escuelas públicas, que son más del 90% de los colegios del país. El sistema escolar, que había sido tomado crecientemente por el Estado hasta ocuparlo casi por completo, ha estado degradando la formación de sucesivas generaciones de ciudadanos de ese país. En estas condiciones, la calidad de la enseñanza se ha ido convirtiendo en un problema creciente, hasta motivar un informe oficial titulado, significativamente, Una Nación en Peligro (abril de 1983). Hacía falta una reforma, y una de las muchas que se propusieron fue la impulsada por Albert Shanker, presidente de la Federación Americana de Profesores y Ray Budde, profesor retirado.

La visión que defendieron es un buen ejemplo de la practicidad propia de los americanos y su arraigado reformismo tomó la forma de los Charter Schools, escuelas que se sustraían del entramado regulador estatal para seguir otras que los directores de los colegios consideraban más adecuadas. Ambos autores volvieron a expresar sus ideas en sendas publicaciones a finales de los 80, y en 1990 se aprobó la ley federal que concedía a los estados la capacidad de permitir las Charter Schools. El primero en hacerlo, al año siguiente, fue Minnesota, seguida de California en 1992. Desde entonces se han sumado Estado tras Estado hasta alcanzar 42 en 2004. En la actualidad funcionan más de 3.400 escuelas a la carta, según datos de 2005.

Esa concesión tiene sin embargo una condición: la obtención de mejores resultados. Las licencias se suelen otorgar por períodos de tres a cinco años y si no mejoran las escuelas comparables de la zona, la autoridad local retira la carta y cierra el colegio. El simple hecho de que en solo década y media el fenómeno de las Charter Schools se haya multiplicado es prueba de que sus resultados superan los de las escuelas públicas (más del 90 por ciento de los colegios estadounidenses). Este movimiento podría representar toda una reconversión de la educación básica pública, que ha fracasado por completo, en la medida en que sus objetivos sean la educación de los jóvenes.

Un estudio que compara los resultados en lectura y matemáticas de las Charter Schools y de las escuelas públicas revela que las primeras obtienen mejores resultados y, lo que es más significativo, que esta diferencia se amplía con el tiempo. Así, las Charter Schools que llevan funcionando de uno a cuatro años superan en lectura a los públicos en un 2,5% (no hay datos para matemáticas). De cinco a ocho años la ventaja sobre las escuelas públicas es respectivamente del 5,2% y del 4,0%. Y los que llevan de 9 a 11 años (el informe es de diciembre de 2004), aventajan a los gestionados públicamente en un 10,1% y un 10,8 %, respectivamente. Y eso que, por lo general, las Charter Schools tienen un profesorado con menos credenciales y menos experiencia. Generalmente las escuelas a la carta de carácter público cuestan menos que las que funcionan bajo la regulación prevalente.

La principal ventaja de las escuelas a la carta es que permite la libre iniciativa empresarial, la búsqueda de nuevos métodos didácticos, o simplemente de métodos distintos a los impuestos por la regulación pública. Curiosamente se observa en muchas ocasiones una vuelta a las enseñanzas básicas, a lo que se considera los fundamentos de la educación, a las famosas cuatro reglas, con una renovada importancia por la lengua, la historia y las matemáticas frente a las nuevas asignaturas. Esta vuelta a lo tradicional en los contenidos se combina con un uso más intensivo de nuevas tecnologías, como Internet, o de material audiovisual.

Otra ventaja que no se debe dejar de lado y que explica en gran parte el éxito de esta fórmula es que, más allá de los resultados académicos, los padres valoran tener alguna influencia en el tipo de educación que reciben sus hijos. Y las Charter Schools están recuperando la implicación de los padres en la gestión de los colegios. Además, este desprendimiento de la educación estatal erosiona el aspecto de adoctrinamiento que es consustancial a la educación pública.

Las Charter Schools no son un ideal, pero son una grieta en la educación pública estadounidense que cada vez se está haciendo más y más grande.

 

Opinión de los lectores

aleatorio

Las Charter School, necesariamente, van a ofrecer mejores resultados que las escuelas públicas. En un entorno en el que sólo sobreviven los que están por encima de la media, es obvio que los vivos están por encima de la media. Recordemos que si una Charter School no mejora en resultados a las públicas comparables, su licencia no es renovada. Para entender si la iniciativa privada puede mejorar los resultados, sería necesario que las escuelas privadas que ofrecen pobres resultados pudieran seguir funcionando tanto tiempo como el mercado marcase, no hasta que la autoridad administrativa las clausurase. Ahí empezaría a ser posible comparar.

Por otro lado, es claro que si la evaluación para decidir si tu escuela puede seguir funcionando se va a centrar en matemáticas y lengua, tu programa va a incidir fundamentalmente en matemáticas y lengua. Sabiendo los criterios de evaluación, que no los marca el mercado sino la administración, es fácil amoldar la oferta educativa para que una Charter School sobresalga en ellos. ¿Por qué una escuela pública no sobresale en estas materias? No únicamente porque lo público sea ineficaz, sino también porque tiene que cubrir otros objetivos. Lo que no tiene sentido es que entre los objetivos de una pública esté promover la tolerancia entre sus alumnos e invierta recursos para ello, pero que esta objetivo no se tenga en cuenta a la hora de evaluar lo bien que funciona una Charter School. Además de las limitaciones inherentes al funcionamiento de lo público, se están dando las condiciones para que las escuelas públicas salgan mal paradas en las comparaciones, puesto que en cierta medida a las escuelas públicas se les exige más que a las Charter Schools.

A eso hay que añadir que nada garantiza que los chavales que entran a las Charter Schools sean comparables a los niños que entran en las escuelas públicas, aunque provengan de una misma área. Es posible que los padres más inteligentes envíen a los niños a las Charter Schools. En general, para salir de ciertas normas se requiere lucidez. Luego, como la inteligencia se transmite de padres a hijos, los chavales que entran a las Charter ya serían más aventajados de partida.

Cuando el mercado está intervenido la posibilidad de comparar y sacar conclusiones se ve muy limitada.

José Carlos Rodríguez

Estimado aleatorio,

Antes que nada, gracias por el comentario y perdona por el retraso en la respuesta.


Tú dices que Las Charter School, necesariamente, van a ofrecer mejores resultados que las escuelas públicas, porque en un entorno en el que sólo sobreviven los que están por encima de la media, es obvio que los vivos están por encima de la media.

Me temo que eso es un non sequitur. O es poner el carro delante de los bueyes. Una cosa es que el legislador ponga como condición sine qua non que tengan mejores resultados que las escuelas públicas y otra cosa es que, automáticamente los tengan. De hecho, los Charter Schools podrían haber fracasado todos. No. Pero el razonamiento contrario sí es válido. Puesto que si no son mejores se cierran y no paran de abrirse y mantenerse, eso es señal de que funcionan bien por lo general. Ese ha sido de hecho mi razonamiento (luego ofrezco datos más concretos). Lo que hay que explicarse es porqué son un éxito.

Dices: Para entender si la iniciativa privada puede mejorar los resultados, sería necesario que las escuelas privadas que ofrecen pobres resultados pudieran seguir funcionando tanto tiempo como el mercado marcase, no hasta que la autoridad administrativa las clausurase. Ahí empezaría a ser posible comparar. ¿Por qué? Por supuesto que se debería dejar a la educación privada ser contumaz en el fracaso, en igualdad de condiciones con la pública. Pero dichas escuelas privadas desaparecerían sin necesidad de que una ley las prohíba.

También dices: A eso hay que añadir que nada garantiza que los chavales que entran a las Charter Schools sean comparables a los niños que entran en las escuelas públicas, aunque provengan de una misma área. Es posible que los padres más inteligentes envíen a los niños a las Charter Schools. En general, para salir de ciertas normas se requiere lucidez. Luego, como la inteligencia se transmite de padres a hijos, los chavales que entran a las Charter ya serían más aventajados de partida. No sé si más inteligentes. Más listos desde luego, si me permites la broma. No he profundizado tanto como para tratar ese tema. Lo que sí he podido ver es que generalmente, seguro que simplemente por la juventud de estas instituciones, los profesores tienen menos experiencia y tienen sueldos más bajos que en la escuela pública que no sea Charter. (Ah, y en 15 años que llevan estas estas escuelas en funcionamiento, habrá pocos padres que lleven a sus hijos también a una Charter School, en ello coincidirás conmigo).

Más: Por otro lado, es claro que si la evaluación para decidir si tu escuela puede seguir funcionando se va a centrar en matemáticas y lengua, tu programa va a incidir fundamentalmente en matemáticas y lengua. Sabiendo los criterios de evaluación, que no los marca el mercado sino la administración, es fácil amoldar la oferta educativa para que una Charter School sobresalga en ellos. Cierto. No lo he incluido en el artículo por varias razones. La primera es de espacio. Si nos lees verás que los artículos son breves y hay siempre algún aspecto que dejar fuera. La segunda es que los padres suelen elegir una vuelta a esas materias, por lo que el efecto que dices se solapa con los deseos de los padres. Resultaba demasiado complicado explicarlo.

Item plus: ¿Por qué una escuela pública no sobresale en estas materias? No únicamente porque lo público sea ineficaz, sino también porque tiene que cubrir otros objetivos. Y te refieres a promover la tolerancia entre sus alumnos. ¿Un profesor tiene que elegir entre hablar de Shakespeare y fomentar la tolerancia? Me parece un poco drástico.

Por último: Cuando el mercado está intervenido la posibilidad de comparar y sacar conclusiones se ve muy limitada. Bien. Pero tenemos que intentarlo.

aleatorio

Gracias, José Carlos, por tu respuesta. Reescribo mis argumentos para asegurarme de que mis opiniones quedan bien definidas.

Lo que quería era matizar la idea de que cualquier iniciativa privada mejora los resultados de la iniciativa pública. Unas lo consiguen y el mercado las hace sobrevivir. En este caso, también les permite vivir la administración, dada la regulación propia de las Charter. Otras iniciativas ofrecen resultados rematadamente malos. Y tendrán que cerrar. Como no tenemos (tengo) datos de las Charter que han tenido que cerrar por no pasan el listón, no tenemos un indicativo afinado del riesgo que supone para un padre matricular a su hijo en una Charter. Al menos, en una Charter recién inaugurada.

Por tanto, si en un barrio abren una Charter, yo no recomendaría a los padres que corrieran a matricular a sus hijos en ella. Porque nada garantiza que vaya a ser mejor. El que no sea estatal no es garantía. Deberían de buscar información adicional. Por contra, tal y como te expresabas tú en el comentario, parecería que cualquier padre debería de llevar a sus hijos a una Charter recién abierta a poco que tuviera una oportunidad. Así te entendí yo. Y ahí discrepo.

Por otro lado, en un entorno sin regulación pública de la escuela, es dudoso que las escuales que sobrevivieran fueran únicamente las que ofrecieran los mejores resultados formativos. Porque el mercado lo que permite es que se mantengan aquellos servicios que mejor satisfacen las demandas de los consumidores. Y no está nada claro que todos los padres busquen formación óptima para sus hijos. En el mercado de las universidades privadas españolas hay hueco para las que ofrecen calidad, para las que ofrecen un título a golpe de talonario y para las que ofrecen una red de contactos.

Por tanto, la relación entre privatización de la escuela y mejora de los resultados académicos no es directa. Lo será en la medida en la que los padres busquen principalmente formación. La privatización se relaciona directamente con la mejora en la satisfacción de las demandas. Claro que soy de la opinión de que la mayor parte de los padres busca educación de calidad para sus hijos.

Y sí, creo que un profesor tiene que escoger entre hablar de Shakespeare y fomentar la tolerancia. En el sentido de que si habla de Otelo para mejorar el nivel de lengua de sus alumnos y su conocimiento de literatura, ya no lo hace desde la perspectiva de los valores de la obra y sus implicaciones en el momento actual. Y a la inversa. El tiempo es limitado.

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