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Comentarios

Portada - Comentarios - L. M. Lachmann: elogio de la incertidumbre

07/04/2010 - Joaquín Santiago Rubio

L. M. Lachmann: elogio de la incertidumbre

Sin incertidumbre, sin la ignorancia inerradicable, consustancial a la sensación de inseguridad ante el futuro, no habría libertad. Somos libres porque somos ignorantes. El corolario de esta ignorancia es que las valoraciones son siempre subjetivas. Si no existe un canon único de valoraciones objetivo, y/o no lo conocemos, valoramos subjetivamente los objetos y las acciones a través de nuestra imaginación y conocimientos.

Como Mises afirmó, el subjetivismo valorativo es esencial en la acción humana y, según el descubrimiento de Hayek, sin obviar lo anterior, el conocimiento está disperso. Según los modernos austriacos, sólo un régimen social de libertad y propiedad privada hace posible que las valoraciones subjetivas y dispersas puedan ser conectadas por medio de la acción empresarial. Si ésta es libre puede tantear las parcelas de conocimiento para coordinar los planes individuales y producir coordinación de planes y, por consiguiente, beneficio empresarial.

No obstante es preciso contemplar esto a la luz de uno de los más oscurecidos representantes de la Escuela Austriaca, el berlinés, Ludwig M. Lachmann para contemplar una dimensión ineludible. Decía Lachmann que la condición humana establece en el individuo una subjetividad radical, y por ende una libertad según la cual no es posible asegurar que la tendencia a la coordinación de los planes fruto de la acción humana es mayor que la tendencia a la descoordinación. Según Lachmann, no es posible hablar de un cierto grado de subjetivismo, que lleva a acciones coordinadoras, ni de conocimientos dispersos coordinables crecientemente por empresarios vía precios solamente. Es precisamente lo que no se ve lo que ha de ser desvelado y si existe cambio impredecible y de ritmos variables es porque las tendencias a la descoordinación, al desorden, fruto de la acción humana son tan fuertes al menos como las que producen orden. Según Lachmann, la incertidumbre proviene del principal foco de valoraciones, que es la imaginación humana individual y que en esa imaginación inaprensible radica la esencia libre del hombre. Concluimos aquí que, restringida la imaginación y la subjetividad, la libertad se ve mermada.

Lo cierto es que podríamos estar ante un universo social tal y como Lachmann lo describe. En términos lógicos habría que aceptar que no es posible predicar un poco de subjetivismo como principio de la acción humana. Éste es o no es. Y si el ser humano es subjetivo, lo es radicalmente, tal y como Lachmann aseguró. Por consiguiente, también es radicalmente libre.

Pero, en apariencia, estamos inducidos a pensar que las sociedades, salvo momentos históricos de desorden, producen orden creciente. Somos propensos a creer que la coordinación es mayor en cantidad y frutos que la descoordinación. Y aquí está lo más relevante de todo esto. Por una parte, la subjetividad es consustancial al ser humano, es la base de su libertad y tanto aquella como ésta producen orden en la misma medida que desorden. Por otra parte, parece que la humanidad crece en número y en capacidad de coordinar a mayor número de personas.

En conclusión, no es cierto que la coordinación humana sea un fruto de la libertad realmente existente y que cuanta más libertad más orden espontáneo surgirá. La coordinación supone que una parte de las valoraciones subjetivas han sido sustituidas por las valoraciones subjetivas de otros a los que se confiere superioridad valorativa. Hay una coacción mental inducida por fantasías o por coacciones físicas que hace que la coordinación sea más posible que el desorden.

Llegados a este punto se trata solamente de establecer cuánta coacción y de qué tipo es la compatible con un régimen de libertad enraizado en la naturaleza humana. En otra ocasión propuse la autoridad religiosa moralista como alternativa a la coacción física e inmoral del Estado. Para un liberal, reactivo ante el Estado, no hay otra alternativa.

 

Opinión de los lectores

enrique

la pregunta seria de que religion porque basandonos en los preceptos de las existentes los principios morales son en los que se basa el derecho natural y este es mas que suficiente para coordinar y ordenar, soo que este es instintivo y lo tiene el ser humano por el hecho de ser un animal, por eso entre los animales hay orden sin necesidad de religiones, porque el orden natural de convivencia no es mas que un instinto de supervivencia.

creo que con los preceptos basicos del liberalismo, contratos libres, propiedad privada y no agresion es mas que suficiente.

las sociedades que los han llevado a cabo en mayor o menor medida, han tenido orden espontaneo(que es menos costoso de mantener que el impuesto) en la misma medida...

Clandestino

La incertidumbre es una consecuencia de la dependencia, no de la independencia incentivada por el subjetivismo. El subjetivismo es innato.
Pero no es un todo en el individuo, sino una construcción multiplural con aspectos diversos incluso opuestos, que convierten al subjetivismo en una variable emocional, regulada por la racionalidad y el intelecto. Es el individuo mismo pero no en una sola cosa. Forma el carácter del individuo pero siempre quedará sujeto a influencias externas, según incidan emocional, intelectual, social, espiritual, económica o moralmente, entre otros. Por lo que el subjetivismo es la suma de las incidencias de estos aspectos, determinando la ubicación de su ‘centro de gravedad’ que en unos se moverá entre sus más íntimas raíces y en otros más a flor de piel.
No hay ninguna duda de que el subjetivismo es independencia solo posible en libertad. La independencia en libertad conlleva ser autosuficiente, lo que obliga a ser especialmente luchador o emprendedor. Pero esa libertad se racionaliza inteligentemente a través o como libre albedrio que permite compatibilizar el subjetivismo con los múltiples obstáculos políticos, sociales, económicos o circunstanciales. Aquí caemos en la cuenta de que esa autosuficiencia es relativa toda vez que necesariamente tiene su origen en la interdependencia. En el momento que aceptamos la interdependencia, aceptamos la mayor o menor castración progresiva del subjetivismo. A partir de aquí el subjetivismo es gestionado por el libre albedrio, que actuando de abogado de la libertad, lo armoniza con el inevitable objetivismo creciente que es realmente el que nos provee la supervivencia.
La imaginación y la subjetividad solo pueden ser restringidos por el propio individuo. Este puede ser manipulado o coaccionado para que actúe contra su criterio subjetivo.
Esto hace imposible el uso y disfrute real del subjetivismo y mucho menos radical. Solo los animales salvajes pueden gozar de ese estatus privilegiado.
Automutilamos parte de nuestro subjetivismo, como peaje obligado para optar a un hueco en la jungla de la interdependencia. Unos solo lo justo para darse cabida en ella y sentirse razonablemente libres, aún sin acopiarse de muchas garantías para que así sea, reduciendo el subjetivismo a lo que queda tras el acomodo con mayor o peor suerte, entre un inmenso maremágnum de subjetivismos hacinados y amontonados. Olvidados. Incluso podremos acabar añorándolo como algo utópico. El progreso le achica los espacios drásticamente y el objetivismo gana por goleada.
Otros se integran en sociedades o gran parte de ellas, que comparten un único "subjetivismo colectivo", donde el capo piensa y el resto obedece, pero de eso mejor no hablar, ya que tenemos la 'bicha' en casa.
Saludos

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