19/04/2010 - Berta García Faet
Liberalismo y desintegración social
En un artículo anterior adelanté lo que en muchas ocasiones se admite como “la tesis de Houellebecq”: la tesis que vincula liberalismo con individualismo, e individualismo con desintegración social y sentimental. Más que discutir si, analizada la obra de Houellebecq en su conjunto, puede decirse que efectivamente este autor tiene sólo una tesis fundamental y que es precisamente ésta (cosa que pongo muy en duda), me parece más apropiado para este foro analizar la tesis en sí, que además está muy arraigada en el imaginario literario y sociológico contemporáneo (Houellebecq, Don DeLillo, Giddens, Bauman, Sennet, Lyotard, Beck, Lipovetsky, etc.).
No quiero trasmitir la sensación de que todos estos autores, o la actual reflexión sobre la modernidad/postmodernidad, comparten un mismo diagnóstico y una misma receta. De hecho, el panorama es bastante rico y heterogéneo, y por supuesto no se puede meter a todos los pensadores en el mismo saco simplemente porque no se declaren liberales o individualistas metodológicos (y me refiero al saco de los excesos especulativos que poco bien hacen a las ciencias sociales). Por ejemplo, la crítica que se le puede hacer a Bauman (la de que traza causalidades de una manera más que discutible, o la de que se aísla de la ciencia económica) no se le puede hacer en absoluto a Giddens, aunque frecuentemente se apele a estos dos autores conjuntamente para sostener un mismo tipo de argumentos.
La mejor manera de tratar brevemente la cuestión de la desintegración social y sentimental es, seguramente, seguir la línea lógica: contingencia y causalidad. En primer lugar: ¿verdaderamente hay desintegración social y sentimental? (¿y en qué consiste?). En segundo lugar, si consideramos la desintegración como un efecto, ¿cuál es la causa? O dicho de otra manera: ¿hay “liberalismo” que pueda señalarse como causa, como se argumenta, o más bien el liberalismo que pueda haber forma parte de un fenómeno más amplio, multidimensional, uno de cuyos componentes sí puede señalarse como causa de la hipotética desintegración?
Primera cuestión: descripción y observación. Es difícil delimitar qué es desintegración social y sentimental y qué no lo es. Frecuentemente se asocia a términos como: pérdida de vínculos duraderos y/o incondicionales, desaparición de proyectos comunes y consenso, pérdida de identidad fija o de pertenencia a grupos fijos y específicos, fragmentación, incertidumbre, anomia, relativismo moral…
Y aún más difícil es detectar inequívocamente de manera empírica la plasmación concreta de este fenómeno en los individuos, ya que nos topamos, de nuevo, con el problema de interpretar la posible causalidad.
Por ejemplo: el aumento de los divorcios ¿es negativo, porque indica ruptura e inestabilidad, o es positivo, porque indica autonomía, evolución y capacidad responsable de canalizar conflictos y cambios? El aumento de la soltería, ¿es negativo, porque indica soledad y fragmentación, o es positivo, porque indica que las personas tienen expectativas más altas y están dispuestas a renunciar a compañías insatisfactorias por cumplirlas? El aumento de la industria de la auto-ayuda o ayuda psicológica y psicoterapeuta, ¿es negativa, porque significa que ahora hay más problemas, traumas y frustraciones que tratar, o es positiva, porque significa que las personas toman las riendas de su identidad y se responsabilizan de su bienestar? Es difícil decirlo. Posiblemente son dos caras de la misma moneda, como veremos.
Uno de los indicadores más comunes (aunque, evidentemente, hay que complementarlo con otros) es el de la confianza interpersonal (“¿Confía usted en la gente?”), la cual (aunque tenemos datos desde hace sólo dos-tres décadas para el caso español) no parece ser muy alta (menos del 40%); sin embargo, la cuestión de si ha aumentado no puede abordarse empíricamente, sólo teóricamente, y en este sentido no hay una respuesta unívoca pues chocan dos tendencias de signo contrario. Por una parte, el hecho de que hayan aumentado los contactos “en ausencia” (la interdependencia de millones de individuos anónimos, que no vemos ni tocamos pero cuyo lugar en la división mundial del trabajo nos afecta profundamente), por aquello de “la compulsión de la proximidad” de Boden y Molotch, tendría una incidencia negativa en la confianza interpersonal. Pero por otra parte, desde como mínimo principios del s.XXI y posiblemente desde la misma consolidación de los Estados de Bienestar, somos socializados de manera tal que se nos inculta la confianza en la ciencia, la técnica y la burocracia. No podríamos soportar tanto anonimato si no experimentáramos relativamente pocos fallos y si, además, no sintiéramos que las regulaciones del Estado del Bienestar, mal que bien, nos amparan.
En definitiva: si ya es una tarea compleja teorizar la desintegración social y sentimental, todavía lo es más tener que falsarla. Y sucede algo curioso y de mucho interés para el análisis sociológico: uno de los indicadores que cabría considerar como imprescindibles de la desintegración/fragmentación sería el de la conflictividad social. No obstante, ésta es mínima en los Estados de Bienestar: primero, por condiciones materiales objetivas como son el aumento de la riqueza y de las clases medias; segundo, por condiciones políticas/jurídicas como son los colchones estatales de subsidios y subvenciones; tercero, porque se da en los bordes, esto es, en el llamado “tercer vagón” (que es precisamente el que estaría marginado del Estado del Bienestar y por lo tanto del hipotético liberalismo/modernidad que se señala como causa de la desintegración/fragmentación).
El fenómeno curioso es que el conflicto se desplaza, por lo tanto, de lo material/grupal a lo postmaterial/individual (como ya explicó en su día Inglehart), que, insisto, no sabemos bien cómo medir; aunque el discurso de la soledad y de la sociedad del riesgo y la inseguridad ontológica (Giddens) y el imperio de lo efímero y la sociedad del vacío (Lipovetsky) sí ha calado notablemente en nuestro imaginario y en nuestra manera de interpretar la velocidad y la intensidad de los cambios. De hecho, desintegración, fragmentación e inseguridad ontológica bien pueden ser considerados conceptos, para esta problemática, prácticamente sinónimos.
En el próximo artículo analizaré la segunda cuestión: la causalidad. ¿El fenómeno de la desintegración/fragmentación/inseguridad ontológica es inequívocamente negativo y tiene un claro culpable, “el individualismo en auge”? ¿O más bien tiene dos caras y es provocado mayoritariamente por la consolidación de otro tipo de corrientes filosóficas? Con Giddens, Inglehart y Maslow, parece mucho más plausible esta segunda opción.
Opinión de los lectores
La única causa del desmembramiento social, de los estilos de vida alternativo, multiculturales y anticulturales, del hedonismo individualista, de la ruptura de las relaciones intergeneracionales, de las familias monoparentales, del celibato y de la alta criminalidad es el estatismo y la socialdemocracia.
El único error del libertarismo en este ámbito fue su alianza con la Nueva Izquierda.
Esperando a que nos remitas el siguiente capítulo, algo que me suele dejar un poco bastante frustrado, lo que me parece evidente es que quien habla de desintegración social habla de la desintegración social de una forma de ver la sociedad.
Si se viera la sociedad como lo que es se aceptaría uno de sus principales rasgos como es su continua evolución. La evolución de la sociedad fruto de las infinitas interacciones de individuos, reguladas o no de manera imperativa desde el poder, lo que caracterizaría las diferentes sociedades que se han dado y se dan en el mundo.
Por ello, quizás lo que más preocupa al crítico con la situación social actual, su desintegración, es la falta de autoridad suficiente para eliminar el dinamismo. ¿Estará reclamando un mayor control por parte del Estado para imponer un modelo social que no se desintegre, es decir, se busca imponer un modelo social y no otro?
De ésta manera llego a lo llamativo del título de este tu artículo, ¿liberalismo y desintegración social? No, nunca. El liberalismo lo que ahonda es en la libertad individual y por tanto sume el dinamismo y evolución, basado en las relaciones libremente elegidas por los miembros de una sociedad. Como los liberales bien sabemos, esto no se ha dado prácticamente en ninguna sociedad caracterizada por el control del poder político o religioso sobre sus individuos, y acusar ahora mismo al liberalismo de tal cosa cuando el control social se extiende a pasos agigantados gracias al Estado de Bienestar igualmente me podría parecer un tanto sospechoso de tratar de acusar a otros de lo que uno mismo está haciendo.
Si hay algo que destruye la familia, las sociedades de ayuda mutua, es precisamente el Estado al facilitar, mejor “facilitar”, garantías de ayudas establecidas de arriba abajo, despersonalizándolas y eliminando el factor de reciprocidad que se ve la familia y demás acciones comunales que garantizan no una cohesión social sino una sociedad vivida como interacción responsable y respetuosa con el otro.
El pretender que uno tiene derecho a que le libren de los nefastos resultados de sus malas acciones tiene mucho más que ver con una desintegración social que el que los individuos sean libres pero que tengan que asumir el coste, como sus beneficios, de las acciones que realizan para con ellos y con los demás.
El calificativo \"social\" referido al comportamiento de grupos es una manera de no estar de acuerdo con una supuesta situación para que alguien intervenga.
Hayek en \"La fatal arrogancia\": ... (social) se ha convertido en la principal fuente de confusión de nuestro vocabulario moral y político\", y \"... carece de toda utilidad como medio de comunicación\". La confianza es un valor producto de la cooperación y es patente en el mundo empresarial y comercial donde la mayoria de contratos se hacen de palabra. El contrato se hace entre personas o partes, no hay un contrato social si no es un producto creado por el hombre contra el entendimiento y cooperación espontáneos.
Haymor,
En absoluto de acuerdo. Primero, porque he puesto en duda el "desmembramiento social" como fenómeno de signo inequívoco (de signo negativo, concretamente). He puesto cuatro ejemplos -aunque hay muchos más- de concreciones de esa supuesta desintegración social y sentimental que, como vemos, no pueden interpretarse en sólo un sentido. En mi opinión, como expongo en la segunda parte, esa desintegración (inseguridad ontológica o como quiera llamarse) es la otra cara de la moneda de la modernidad/postmodernidad. Segundo, porque si ya niego que esa desintegración deba estar connotada negativamente (la mezcla que planteas, "estilos de vida alternativo, multiculturales y anticulturales, del hedonismo individualista, de la ruptura de las relaciones intergeneracionales, de las familias monoparentales, del celibato y de la alta criminalidad", no puede ser más falaz), naturalmente niego que haya unos "culpables". Aun si aceptaras cambiar el término "culpable" por "causante", sigo sin ver que la causa sea el estatismo. Es un fastidio tener que partir los artículos en dos, pero es que de lo contrario no puedo explicar bien el debate que quiero plantear. Pero en fin, como digo lo que explicaré será que esta diversidad NO tiene nada que ver con el estatismo, antes al contrario, sólo ha podido surgir porque los Estados del Bienestar sí han incorporado al menos un componente del liberalismo clásico: el de la libertad/autonomía personal (con restricciones). Este liberalismo lo deja surgir, pero ¿qué es lo que lo hace surgir, a este fenómeno de la desintegración/inseguridad ontológica? Esa es la cuestión.
Hola Bastiat,
Como ves de mi respuesta a Haymor, estoy de acuerdo contigo. Lo que hay, ha sido elegido. Hasta ahí es evidente. Lo que yo quiero discutir es: ¿por qué? ¿Es "el individualismo exacerbado de la modernidad provoca la desintegración social y sentimental" una tesis sostenible? Una cosa es la legitimidad (todo lo elegido libremente y sin coaccionar al prójimo será probablemente legítimo, según la concepción que compartimos), pero otra cosa, mucho más interesante y mucho menos discutida, es la caracterización y causalidad del fenómeno.
Por lo tanto comparto que efectivamente, "liberalismo y desintegración social, nunca", ya que el liberalismo es el marco de convivencia dentro del cual las personas pueden elegir según sus escalas valorativas, y se entiende que los miembros de la sociedad no buscan su autodestrucción. Liberalismo no implica individualismo (pero sí puede darse), e individualismo no implica desintegración (pero sí puede darse). En otras palabras, trato de resaltar la contingencia del fenómeno.
Pero si cambiamos el término altamente denotado "desintegración", y que ya a priori nos genera un rechazo, por simplemente el relleno, la caracterización que los autores que la señalan han hecho (véase la descripción que he escrito: relativismo moral, fluctuación social y sentimental, flexibilidad y cambio, velocidad...), la cosa cambia. Cambia porque no nos interesa tanto SI se da libremente (y yo entiendo que claramente sí) sino POR QUÉ.
El porqué es extremadamente interesante per se, pero también porque conviene aclarar la gran inexactitud del vínculo liberalismo-individualismo. Insisto: el liberalismo es relativamente poco sustantivo. Por lo menos el menos sustantivo de los regímenes o modos políticos.
Rafael,
Lo siento pero discrepo. De hecho me chirría bastante el aislamiento de las ciencias sociales entre sí, especialmente lo que añade al aislamiento de la ciencia económica. Es cierto que las ciencias sociales caen en muchas ocasiones en fastasmagorías, pero sí hay un modo correcto y riguroso de utilizar el adjetivo "social". Negar eso es perderse maravillosas obras que ahondan en la contingencia y la causalidad, no sólo en la legitimidad (que es el objeto de la filosofía política y, en parte, objeto de la EA).
Muchas gracias a los tres por los comentarios, un saludo.
Yo, Berti, de alguna forma te contesto a la causalidad aunque es un “no sólo”, no sólo es el Estado. Si, en alguna forma, es el liberalismo, la libertad individual. Pero hay un componente que no valoramos como importante, o al menos no sé si alguno de los autores que tu mencionas así lo refiere, como es la creación de riqueza.
La sociedad humana se fundamenta en la ayuda mutua. De hecho, aunque no digo esto con datos en la mano, con pruebas irrefutables, con el consenso científico sobre el particular, la familia, se forma a posteriori al grupo humano, homínido, mas bien. El grupo, la manada es el núcleo donde el hombre se desarrolla y en su interacción van surgiendo los conceptos sociales, el mismo concepto de social, la autoridad, el orden, la justicia, la dependencia, la familia y la pertenencia. De hecho, este último es el más importante puesto que el individuo que no pertenecía a un grupo tenía muy posas posibilidades de sobrevivir dado el poco armamento ofensivo y defensivo del que estamos dotados frente a los numerosos enemigos y competidores por el espacio y el alimento. Nosotros éramos alimento en muchas ocasiones.
Pertenencia pues. Pero la pertenencia con el paso del tiempo y el aumento de la riqueza ha dejado de ser vital en el plano individual y cercano al “pertenecer” a grupos más amplios y metidos, sometidos dirían algunos, a normas y mecanismos que nos han desvinculado de lo cercano y nos han “liberado” de la necesidad de pertenencia grupal para pertenecer al hecho social, la nación, el Estado.
Sin valorar todos estos aspectos, libertad individual, garantía de ayuda impersonal y no inmediatamente recíproca y riqueza, no podremos entender el actual devenir de la sociedad. Por tanto ¿Cuál es la causa? Yo he planteado algunos aspectos, podría quedarme a esperar a la segunda parte de tu comentario, pero de esos tres comentados diría que sí es el Estado de Bienestar el que más ha influido, y por tanto es más causa de esa supuesta “desintegración social” que la libertad e incluso que la riqueza.
La riqueza individual garantiza la supervivencia individual, pero igualmente garantiza la cooperación puesto que sólo se consigue la riqueza gracias a la cooperación de los demás, eso si, dentro de un Estado de derecho donde la piratería, el robo o la extorsión no tengan cabida.
La necesidad del otro, el respeto al otro, la responsabilidad individual no se ve afectada por la libertad individual sino por la dilución de la responsabilidad individual dentro de la sociedad gracias a los mecanismos anónimos de ayuda propuestos por el Estado de Bienestar.
De ahí que yo no pueda igualmente acusar al Liberalismo político (que realmente se ha dado en muy pocas ocasiones) de causante de la desintegración social, sino que la suma de muchos aspectos, en el que la libertad individual está presente, por su puesto, pero no es lo sustantivo porque el liberalismo asume la dinámica social en el momento en el que no la dirige, mientras que quien habla de una determinada desintegración está haciendo un llamamiento hacia una determinada sociedad, hacia una determinada estructura social, que dice añorar que quiere defender queriendo limitar dicho dinamismo.
Hola Berta, ya que no ves que la causa sea el estatismo, elaboraré un poco más mi comentario. Los ejemplos que he puesto son solo manifestaciones de alta preferencia temporal causados por el proceso de descivilización en el que están insertas las democracias occidentales desde la primera guerra mundial. Estas, que se caracterizan por el atentado institucionalizado contra la propiedad, el consumo de capital y un continuo proceso de legislación, provocan de forma inevitable, el desincentivo del ahorro y de la producción, la elminicación de los vínculos patrimoniales, el abandono de las pautas morales, y en definitiva desnaturalizan todas las instituciones propias de un orden natural.
Berta de esta lista tuya (Houellebecq, Don DeLillo, Giddens, Bauman, Sennet, Lyotard, Beck, Lipovetsky, etc.), que porcentaje de la sociedad española los conoce, cuantos llegan a discernir la realidad de lo que el liberalismo implica y para finalizar la desintegración social de esa gente es en relación a que, quien, etc. Con la que está cayendo (por mor del Gran Hermano y sus amigos estatistas) y seguimos hablando de cosas que la mayoría no llegamos ni quieren entender.
¿Podría ser que la desintegración social se diera debido a tanta libertad? Quiero decir: ¿es nuestra sociedad suficientemente madura, en todo momento, como para hacer uso de tanta libertad de la que parece que disponemos? ¿Es cierto ese concepto tan puesto de manifiesto en Economía de que se cumple que todos sabemos hacer un buen uso (racionalidad) de nuestra libertad sin que excedamos nuestros límites para invadir el del prójimo? ¿Es una libertad verdaderamente responsable? Como seres sociales que somos, ¿somos justos cuando decidimos que impere nuestra libertad individual sobre un compromiso social adquirido y, sin embargo, exigimos en otros momentos la reivindicación de tal compromiso por encima de las libertades individuales? ¿No somos un tanto relativistas de la conveniencia del momento? Firmado: un liberal que percibe un alto coste de oportunidad en numerosas ocasiones (injustas).
No entiendo el problema. Todos esos indicadores ya estan sesgados al punto vista de quien los crea, que es el estado, que etiqueta como bueno el estatismo, el colectivismo, el grupo, lo homogeneo y demas zarandajas, lo inmutable y como malo sus contrarios.
Pero que pasa si cambiamos el termino "desintegracion social" por "indice de realizacion individal", el termino "igualdad" por el termino "indicador de diversidad".
Los colectivistas tienen al estado de su lado para crear framework y lavarnos el cerebro con ellos, y los invidualistas no tenemos quien nos represente, por definicion.
Existe algun framework o modelo con indicadores de sociedad individualista? A lo mejor uno de los problemas de tener representacion politica liberal es que mni siquiera sabemos medir los logros de tal sociedad, que podrian ser tan convincentes como los de la colectivista.
Hola a todos, perdonad el retraso pero estaba fuera.
Bastiat, me parece muy pertinente tu observación. Sí, la libertad individual es un componente más, yo diría que una sine qua non. Y en cualquier caso, lo elegido es legítimo y, como tú mismo, dices en la mayoría de las críticas a la desintegración subyace un determinado modelo de sociedad que se dice atacado.
Sin embargo, cuando responsabilizas al Estado del Bienestar de la supuesta (y como he dicho, no necesariamente negativa como fenómeno social, por lo que tal vez habría que encontrar otro término menos connotado) “desintegración social”, veo un problema muy grave (si bien admito que la despersonalización de la ayuda, influye y mucho en la disolución de los vínculos sociales tradiciones; aunque, como digo, precisamente ese aspecto del Estado es el que me parece menos criticable: prefiero criticarlo por el lado de la destrucción de riqueza, etc.). El problema que veo es: ¿es el Estado del Bienestar algo exógeno, algo impuesto, algo ajeno y adherido a la sociedad, o surge de ella? Creo que el apoyo difuso al sistema del Estado del Bienestar es inmenso (así lo demuestran todas las encuestas de cultura política existentes como poco en España), y parece en tu afirmación como si conceptualizaras el Estado del Bienestar como algo impropio de quienes, no sólo lo eligieron en su momento, sino que además siguen confirmándole su apoyo día tras día. Entonces, la cadena sería: admitamos que (1) este fenómeno de la desintegración es negativo, (2) es fruto del Estado del Bienestar y (3) la sociedad civil apoya el Estado del Bienestar, y, en consecuencia, nos hallamos ante el típico ejemplo de ser uno víctima de sus propias trampas. Pero como digo personalmente no estoy de acuerdo con los puntos 1 y 2.
Haymor, no es que no vea que la causa es el estatismo, no es que haya ninguna realidad pura y objetiva ante la cual yo esté ciega torpemente; es que sencillamente no estoy de acuerdo con tu tesis, que es la de Hoppe. En su día hice una primera crítica, más bien moderada (ver http://www.juandemariana.org/comentario/1951/critica/hoppe/ ). Hoy no admito la rigurosidad y la legitimidad de términos como “desnaturalización”, “orden natural”, etc. En mi opinión haríamos bien de utilizarlos mucho menos y mucho mejor.
Eugenio, cito a estos autores porque algunos de ellos (especialmente Giddens, Bauman y Beck) son, digamos, absolutos “dioses” en las facultades de ciencias sociales de España en la actualidad. Unos, en mi opinión, con razón (Giddens), y otros, no (Bauman). Me parece pertinente tratarlos y de hecho me gustaría poder tratarlos por separado: no subestimemos su tremenda influencia en la formación del imaginario científico e ideológico del panorama intelectual. Es cierto que mucha gente no los conoce ni quiere conocerlos. Pero lo mismo cabe decir de la Escuela Austríaca, y bien que merece su divulgación y discusión. Como ya he manifestado en otras ocasiones, lo que yo pretendo con estos artículos es debate entre escuelas o mundos diferentes, no sólo entre liberales. Hay mucho que ganar.
Juan, comparto en parte tu opinión, aunque sin sacar de ello prescripciones. Creo que hay gente –mucha- que es irresponsable e inmadura para lo que aquí nos ocupa: a la hora hacer uso de sus derechos respetando los de los demás. Pero no me parece generalizable, porque, aun si fuera así, es menos que en las épocas y modelos políticos precedentes. Bajo mi punto de vista el problema no está tanto en el miedo a la libertad y al compromiso de respetar la de los demás (que siempre está), como en el contenido que, sin ánimo de generalizar, muchos le están dando, y que en el siguiente artículo explico que tiene que ver con el platonismo. Por ejemplo (no del platonismo, sino de la diferencia entre marco de libertad y contenido de la libertad): puede darse el caso de que un individuo maduro y consciente dedica drogarse, indefinidamente hasta ponerse en peligro. Pues bien, ¿criticamos que es un irresponsable -¡no! pues no le ha cargado el muerto a nadie, él mismo se va a gestionar su rehabilitación- o el contenido de su decisión?
Emigrado, la distinta forma de interpretar los mismos fenómenos (por ejemplo, divorcios como desintegración o como realización individual) es la crítica que hecho al concepto de desintegración. Sin embargo no comparto el conspiracionismo según el cual el Estado (¿quién es el Estado? ¿el aparato legislativo, el ejecutivo, las Administraciones Públicas, la cúpula de los gobiernos, y qué gobiernos? etc.) es el que impone su marco interpretativo. Primero: no hay sólo un marco interpretativo, esta cuestión está en el candelero . Segundo: en concreto, el marco interpretativo que criticas (y yo también) no es obra de cuatro iluminados sino que hay mucho apoyo y auto-identificación detrás. El ejemplo más claro lo veo en el discurso católico de no perder la familia, los valores tradicionales, etc., que es, por supuesto, pura sociedad civil, no Estado.
Muchas gracias por los comentarios.
Berta gracias por tu amable respuesta. Si lo que pretendes es debate entre escuelas o mundos diferentes me parece genial que tu lo hagas así. Pero no es la única, aunque a partir de hoy y conociendo tu meta dejaré de molestarte, pido perdón por ello pero hasta hoy no he entendido tu objetivo.