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Portada - Comentarios - Anti-izquierdismo instintivo

23/01/2006 - Albert Esplugas Boter

Anti-izquierdismo instintivo

Roderick Long denomina anti-izquierdismo instintivo a la actitud, extendida entre los liberales, de rechazar de forma mecánica ciertas posiciones por estar tradicionalmente asociadas a la izquierda, al menos aquellas que no se derivan con facilidad de los principios liberales. En palabras de Long: “La infección del anti-izquierdismo instintivo –la costosa herencia de los liberales tras su prolongada alianza con los conservadores en contra de la genuina amenaza del socialismo de Estado– toma distintas formas en distintos sectores del movimiento liberal: indulgencia con el corporativismo aquí, indulgencia con el militarismo allí, indulgencia con el chauvinismo hombre-blanco-hetero allá”. El influjo del conservadurismo se observa también en la tendencia de algunos liberales de parcelar la libertad y poner el acento en los aspectos económicos relegando a un segundo plano las llamadas “libertades personales”.

La mayoría de liberales, como mínimo en España, son de ascendencia conservadora, y muchos entienden su paso del conservadurismo al liberalismo más como una evolución lógica que como un giro revolucionario. Eso explicaría su inclinación a coaligarse con la derecha y el origen de las secuelas que apuntábamos antes. Si bien no está fuera de lugar que un liberal se considere derechista (si por “derecha” concebimos algo completamente distinto a lo que se conoce hoy por “derecha”), los liberales no deberíamos permitir que un anti-izquierdismo mal entendido, este anti-izquierdismo instintivo al que aludía Long, nos restara autonomía y nos hiciera dependientes de la agenda de otros movimientos ideológicos.

Es peligroso pensar en el liberalismo como un negativo de lo que predica la izquierda y no como una filosofía política que extrae sus conclusiones exclusivamente de sus propios principios. No debemos posicionarnos como reacción a la izquierda porque entonces estaremos interiorizando sus errores y desechando irreflexivamente sus aciertos. No suavicemos la crítica a las grandes corporaciones cuando corresponde sólo porque sean el blanco preferido de la izquierda. El empresariado no es la minoría más perseguida de América, como decía Rand, sino uno de los colectivos más beneficiados por las prebendas estatales. No dejemos de entonar el “no a la guerra” porque lo coree también la izquierda. La guerra es la salud del Estado; la preservación de la libertad interior requiere una política aislacionista y para que avance la libertad en el extranjero es necesario que crucen las fronteras las mercancías y no los soldados. No tildemos de capitalista a Estados Unidos solo porque así lo cataloga la izquierda para atacarlo. A los liberales norteamericanos les asombraría saber que hay quien considera que en su país el mercado apenas está intervenido. No defendamos a Bush porque la izquierda le fustiga sin descanso. Fustiguémosle también, pero por socialista, por ser el presidente más pródigo con el dinero ajeno desde Lyndon Johnson y por seguir los pasos de Lincoln y no de Jefferson. No sacralicemos la nefasta Constitución Española o la unidad de España solo porque el PSOE y sus socios pretendan socavarlas. Tampoco el que la extrema izquierda tachara de ultraliberal la Constitución Europea era una razón para dejar de repudiarla por dirigista, y la secesión siempre ha estado estrechamente vinculada al liberalismo. No nos abstengamos de censurar al Partido Popular porque afirme ser “la oposición”. En este país no hay oposición al intervencionismo.

Es importante desarrollar los principios liberales prescindiendo de dónde vayan a situarnos las conclusiones en el equívoco eje izquierda-derecha. Los liberales no debemos ser un frontón que devuelve inerte las pelotas sino un púgil activo que golpea con todo su cuerpo y aprende de su contrincante, haciendo suyos los movimientos de éste cuando los juzga valiosos.

 

Opinión de los lectores

Santiago Navajas

Si partes, Alberto, de la simpleza ad hominen de Long el resto de la partida estará tergiversado.

La riqueza de planteamientos del los liberalismos (siempre en plural) le viene fundamentalmente de la doble fuente de la que surgen, el clásico o anglosajón, y el constructivista o continental.

Sólo desde un utopismo liberal ingenuo, como es el que practica gran parte del liberalismo iusnaturalista, se pueden plantear cuestiones tan complejas simplemente como una reacción frente a lo que hace la izquierda o la derecha conservadora.

Quizás sea el caso para cierto liberalismo español, desconozco tus circunstancias y quizás estés pensando en dicho grupo, pero no se puede generalizar.

Y, por último, hay un salto lógico desde posiciones que son netamente liberales, de Adam Smith a Mises, como la crítica a los capitalistas que pretenden cortocircuitar el capitalismo y otras cuestiones como la oportunidad y circunstancias que hacen una guerra legítima, que no tienen nada que ver con el liberalismo per se, sino con una visión aislacionista y primitivista del ser humano frente a otra cosmopolita y universal; o la cuestión de la competencia entre Administraciones que sí plantea el liberalismo, lo que no tiene nada que ver con el secesionismo, que es una cuestión que tiene que ver no con la liberad sino con la justicia (me parece muy bien que tú hubieres impulsado una zona de libre comercio con la Alemania nazi, pero desde un posicionamiento del multiculturalismo reaccionario, no desde el liberalismo); o, esto es de nota, la "sacralización" de la CE, que habrá hecho alguien con vínculos en el Vaticano o en la Meca supongo, sino con el respeto a la reglas del juego y al Estado de Derecho que sí es una cuestión netamente liberal, y el tema aparejado de la pluralidad de cosmovisiones que en Cataluña se quiere imponer por parte de una tiranía democrática, cosa que a los liberales no debería impresionarles demasiado.

En definitiva, déjemos que los diversos liberalismos se expresen, se solapen y, sobre todo, se enriquezcan con matices que van más allá del enfrentamiento con la izquierda o la derecha.

Por cierto, cuándo me preguntan si me sitúo a la derecha y la izquierda exijo que previamente se identifique mi interlocutor como de arriba o abajo. Y es que vector decisivo, por lo que respecta a la libertad, es ese, mientras que el que refiere a la izda.-dcha. nos perjudica por centrarse en la igualdad.

Un saludo liberal, espero

Juan Ramón Rallo

Precisamente lo que Albert plantea es que los liberales no deben rechazar una posición por el simple hecho de que la defienda la izquierda. Esto es, debe analizarse la coherencia de cada postura con los planteamientos liberales, con independencia de los demás. No hay que tener miedo a los extraños compañeros de viaje, quien se quiera sumar a las posiciones liberales, bienvenido.

Santiago Navajas

Estoy completamente de acuerdo Juan Ramón con ese parte del planteamiento de Alberto. Ahora bien creo que da un salto al identificar automáticamente ciertos posicionamientos políticos -no a la secesión, sí a la guerra, defensa de la legalidad constitucional- con dicho "anti-izquierdismo instintivo".

Seguro que Alberto conoce mucho mejor que yo determinados ambientes liberales donde se da esa equivalencia, y referido a dichas circunstancias específicas tenga razón.

Únicamente quería subrayar que no tiene que ser así siempre. En mi caso el rechazo al secesionismo catalán y vasco, el sí a la guerra de Irak (por poco) y el apoyo a la legalidad constitucional, con posiblidad de cambios no tortíceros, se dentro de un marco liberal y por razones diferentes a los de la izquierda y la derecha.

Un saludo para ambos y enhorabuena por la iniciativa del Instituto. Os leo siempre aunque esta es la primera vez que participo. En un artículo sobre el presunto no-liberalismo de Ortega estuve a punto de hacerlo, pero se me adelantó Alberto justamente en el sentido que pretendía hacerlo.

Un saludo

Albert Esplugas

Santiago, sin entrar a valorar si tal o cual posición es coherente con los principios liberales (no era ese el objeto de mi artículo, aunque para lo que me proponía explicar era necesario enumerar varias de las posiciones que a mi juicio son liberales y que entiendo que algunos rechazan en buena medida por efecto de ese anti-izquierdismo instintivo), permíteme que te haga una pregunta en relación con tu comentario “creo que da un salto al identificar automáticamente ciertos posicionamientos políticos -no a la secesión, sí a la guerra, defensa de la legalidad constitucional- con dicho 'anti-izquierdismo instintivo'.” ¿Cómo explicas que una proporción amplia o mayoritaria – presunción mía- de los liberales europeos o españoles sean partidarios de la guerra de Irak y simpaticen (relativamente) con Bush o salgan en su defensa con cierta asiduidad y que, por el contrario, una mayoría de los liberales/libertarians estadounidenses (excluyo a autodeclarados neoconservadores del Weekly Standard, FOX News y otros) se opongan a la guerra de Irak y sean furibundos críticos de la Administración Bush? ¿Acaso razonamos distinto los liberales americanos y los liberales europeos/españoles? ¿Partimos de principios distintos? ¿O puede que sea más bien que aquí sufrimos una izquierda sectariamente antiamericana y que como reacción, al menos en parte, haya quien se posicione en favor de la guerra y de Bush? No pretendo generalizar ni poner en duda que haya liberales que se adhieran a estas posturas sin que el discurso de la izquierda les haya influido. Pero creo que es patente que en ocasiones hay liberales que parecen más anti-izquierdistas y anti-PSOE que anti-estatistas y anti-socialistas de todos los partidos, y en mi opinión esto es un error que puede erosionar la causa del liberalismo.

Un saludo

Juan Fernando Carpio

Simplemente brillante, Albert. Das en el clavo. Los liberales debemos leer mucho a Gabriel Kolko, Franz Oppenheimer y a Rothbard, para evitar abrazar (que ya no es siquiera tolerar) el mal menor en el espectro político...

Santiago Navajas

No me resisto a consignar la existencia de un "Anti-derechismo instintivo" en la izquierda, así hoy Savater:

"Modelo en muchas ocasiones de sensatez y buen juicio, a don Quijote se le iba un tanto la pinza cuando salían a relucir princesas y hechiceros. A partir de ese momento, dice Cervantes, el hidalgo "izquierdeaba" (2ª parte, cap. XXVI). Aclara en oportuna nota el profesor Francisco Rico: "Comenzaba a disparatar". A numerosos progresistas de nuestro país les pasa algo parecido: mantienen opiniones políticas y sociales razonables por lo general, pero "izquierdean" en el sentido cervantino del término cuando se trata de reivindicaciones nacionalistas y de la unidad del Estado de Derecho español (también suele pasarles al hablar de América Latina, pero eso lo dejaremos para otra ocasión). La razón de este chocante desvarío es el miedo a contagiarse de opiniones derechistas, reaccionarias, qué digo reaccionarias: neofranquistas y últimamente hasta golpistas. ¡Que no nos tomen el número cambiado! He hablado por ejemplo con intelectuales que no pierden ocasión para maldecir en los medios de comunicación la crispación instrumentada por el PP en lo tocante a la tramitación del Estatuto catalán: en privado consideran ese proyecto megalómano, abusivo, retrógrado y qué sé yo. Cuando entonces les sugiero que dejen oír también esas graves objeciones, responden: "No hay que darle armas a la derecha". ¡Vaya! Las armas de la derecha (que no hay que dar) se parecen mucho a las armas de destrucción masiva de Sadam (que nunca existieron): son el invento de una fe sectaria cuyo empecinamiento legitima mentiras, manipulaciones y atropellos. Y a fin de cuentas, como comprobamos en Irak y constatamos aquí, atraen sobre nuestras cabezas las peores amenazas que pretendían repeler."

Santiago Navajas

Con respecto a las cuestiones que planteas Albert, creo que tiene que ver más con la doble tradición de liberalismo, que expuso Hayek, la anglosajona y la continental, que es más constructivista.

Pero insisto, creo que en el fondo tienes razón acerca de ese anti-izquierdismo en algunos liberales, lo que no quita que se puede ser liberal y mantener las mismas posiciones por cuestión de principios.

Y señalo otros puntos que tú no indicas en los que algunos liberales han metido la pata del anti-izquierdismo instintivo, y aquí sí, creo que no habrá discusión sobre saltos lógicos, ¿no?:

-legalización de los matrimonios de personas del mismo sexo, dentro de la defensa liberal de la no intromisión del estado en asuntos privados

-separación radical del los ámbitos de actuación estatales y eclesiales, según el principio de laicidad.

Ambas banderas en los últimso tiempos han sido agitados de forma más fuerte por parte de la izquierda,, y he notado en algunos que se dicen liberales dicho "anti-izquierdismo instintivo"

Guillermo Rodríguez G.

No acostumbro dejar comentarios, salvo en los casos en que un artículo me parece realmente excelente. Este me lo parece Sr. Esplugas porque describe uno de los problemas críticos, por los que es difícil construir fuerzas políticas liberales de importancia. En principio es una interesante explicación de los origines, limites y deficiencias de una línea de pensamiento que algunos denominarían liberal-conservadora (cosa que no deja de parecerme una contradicción en términos) pero es algo más que eso; pues si bien lo que describe usted lo he constatado en el contexto estadounidense, y supongo que algo parecido ocurre en el contexto español, fenómenos equivalentes ocurren ¡por las mismas razones! en la dirección aparentemente contraria.

En Venezuela, por ejemplo, algunos liberales escoran a la izquierda; y le repito que es exactamente por las mismas razones y en la misma forma en que usted describe como en otras partes escoran hacia ese tipo de derecha que, a fuerza de estatista, parece otra versión de la izquierda. Creo que no se puede ser liberal para unas cosas y servil para otras, o se es liberal o se es servil. Y no es una cuestión de falta de realismo político, pues aún para “negociar” tácticamente posiciones doctrinarias, hay que tener posiciones doctrinarias claras. Caso contrario, lo táctico se torna estratégico, la doctrina desaparece en la incoherencia y la esperanza vana de “influir” sobre empresarios y políticos (grandes beneficiarios del estatismo empobrecedor) comienza a desplazar a la ambición de hacer política.

Le felicito por articulo

Guillermo Rodríguez González

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