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Portada - Comentarios - Diferencias entre guerras "monárquicas" y "democráticas"

21/04/2010 - Manuel Llamas

Diferencias entre guerras "monárquicas" y "democráticas"

Tal y como señala el profesor Hans Hermann Hoppe, “la estructura política que incentivan los monarcas tradicionales, por un lado, y los presidentes modernos, por el otro, es suficientemente diferente como para registrar diferentes formas de guerra”.

En su escrito Monarquía y Guerra, publicado en el Journal of Libertarian Studies, Eric von Kuehnelt-Leddihn desmonta los puntos clave sobre los que se sustenta la estructura política democrática y su superior legitimidad respecto a otras formas de gobierno, como es el caso de la monarquía. Y ello, mediante el análisis de las distintas formas de guerra que se desarrollan bajo ambos modelos.

En su obra Monarquía, Democracia y Orden Natural, Hoppe hace uso del concepto austríaco de preferencia temporal, y que se resume en la preferencia universal que muestra todo individuo por los bienes presentes sobre los futuros.

En este sentido, la monarquía es un sistema político que se basa en la propiedad privada del gobierno. Por esta razón, precisamente, el monarca tiende a manifestar una preferencia temporal más baja respecto al gobernante democrático, ya que el monopolio del poder es de titularidad privada y personal, no pública.

La propiedad privada del gobierno propicia una serie de incentivos al monarca en cuanto al modo en que debe dirigir sus asuntos, ya que en función de su propio interés, innato y natural, tratará de maximizar su riqueza total. Además, la propiedad privada posibilita el cálculo económico y estimula la previsión a largo plazo. Todo ello se traduce, por tanto, en una moderación en cuanto a la explotación de su monopolio gubernativo.

Por otro lado, al ser el gobierno de titularidad privada, tal propiedad pertenece al patrimonio familiar, única y exclusivamente. Tan sólo el rey y su familia participarán de la renta fiscal y del goce de una existencia parasitaria. Ello estimula, sin duda, una conciencia de clase en los gobernados, debido a la restricción en la participación del gobierno y el privilegiado estatuto de la familia real.

Es decir, al existir una clara distinción entre minoría gobernante y mayoría gobernada, se refuerza de un modo intenso y profundo la solidaridad entre los gobernados, pues éstos se reconocen mutuamente como víctimas de las violaciones gubernativas sobre sus particulares derechos de propiedad. Por ello, un especial exceso en el ejercicio del poder pondría en serio peligro la delicada legitimidad del monarca.

Por el contrario, la democracia es un aparato gubernamental de propiedad pública, ya que se encuentra administrado por magistrados elegidos periódicamente que ni poseen ni son percibidos como poseedores del gobierno, sino como fideicomisarios o representantes del pueblo soberano.

Sin embargo, en la práctica, tales representantes actúan mediante el ejercicio del mando personal y propiedad privada del gobierno, sólo que temporalmente. Por ello, tienden a cometer más excesos en el ejercicio del poder. Es decir, cuentan con menos incentivos para aplicar la moderación a nivel político. Y ello se debe, fundamentalmente, a que el gobernante democrático no puede enajenar los recursos del Estado ni transferir tales posesiones a su patrimonio particular.

Además, en democracia desaparece la conciencia de clase de los gobernados, ya que cualquiera puede convertirse en gobernante, al menos en teoría, desapareciendo así la insuperable separación entre gobernantes y gobernados. Si bien con la monarquía el pueblo percibe de forma nítida la opresión del rey sobre sus derechos y bienes, tales excesos no son percibidos de igual forma en el sistema democrático, ya que el gobernante se oculta bajo el velo de la soberanía popular. Es decir, se fusiona, se mimetiza con el pueblo. El Gobierno ya no es privado sino público (de la mayoría).

De ahí, precisamente, que la práctica democrática se haya traducido en más impuestos e intervención pública respecto al Antiguo Régimen. Pero esta menor moderación en el ejercicio del poder político no sólo se manifiesta en el ámbito fiscal o regulatorio sino también en el desarrollo de la guerra.

La Revolución Francesa marca el inicio del fin de antiguo orden y la progresiva instauración de la democracia en los países desarrollados. Ahora bien ¿cómo se manifiesta este cambio en el ámbito de la guerra?

Podemos enumerar varias diferencias clave entre el estilo de guerra que llevan a cabo las monarquías y las democracias en base a las características expuestas anteriormente:

Monarquía: guerra “moderada”

1) Carácter dinástico: las guerras estaban motivadas, fundamentalmente, por disputas dinásticas (es decir, conflictos por herencias), y se caracterizaban por tener objetivos territoriales tangibles, no ideológicos.

2) Carácter privado: las guerras eran consideradas por la población como un asunto o negocio privado del rey. Por ello, se financiaban con el dinero (patrimonio, préstamos) y las fuerzas militares del propio monarca. Además, en muchas ocasiones este tipo de disputas se solucionaban mediante acuerdos privados como, por ejemplo, la cesión de territorios o el arreglo de matrimonios inter-dinásticos.

3) Mercenarios: las tropas estaban formadas normalmente por mercenarios. Eras, pues, ejércitos privados del rey. Durante este período, las levas (reclutamiento forzoso de la población) se nutrían de campesinos, pero solían ser empleados como zapadores, exploradores o leñadores, no como soldados.

4) Objetivos militares: puesto que las guerras eran conflictos privados entre familias, existía una clara distinción entre combatientes y no combatientes. Es decir, la población civil no era el enemigo a combatir. Los objetivos eran exclusivamente militares, lo cual tiene mucha lógica ya que las arcas reales se nutrían de impuestos y, por lo tanto, existía un gran incentivo a no paralizar o destruir la actividad económica.

Así, durante las guerras del siglo XVIII, lo normal era que la economía siguiera funcionando con cierta normalidad pese a la existencia de conflicto armado. El monarca quiere mantener la cotidianidad de la vida civil porque desea preservar la capacidad de pagar impuestos de sus ciudadanos.

Democracia: guerra “total”

En contraste con la guerra limitada del Antiguo Régimen, la era de las guerras democráticas se inician con la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas, continúan durante el s. XIX con la Guerra de Secesión de EEUU y alcanzan su cénit con la I y II Guerra Mundial en el s XX.

1. Carácter nacional: la democracia elimina la estructura vertical del orden anterior. Las guerras, por tanto, pasan a tener una insignia nacional o identitaria. La guerra ya no es una cuestión exclusiva del monarca sino del pueblo. Combate el país como un todo unido.

2. Carácter ideológico: este emblema nacional imprime, lógicamente, un fuerte carácter ideológico e, incluso, étnico a las guerras. Al desdibujarse la distinción entre gobernados y gobernantes (“Gobierno de la mayoría”), la democracia refuerza la identificación del pueblo con la figura del Estado. En lugar de disputas dinásticas por propiedades, las guerras democráticas se convierten en batallas ideológicas, esto es, choque entre civilizaciones, que tan sólo pueden resolverse mediante dominación, subyugación y, en casos extremos, exterminio poblacional, cultural, lingüístico o religioso.

El nacionalismo democrático enseña a odiar al enemigo. El Estado emplea la propaganda y la educación, todos los mecanismos a su alcance, para despojar al enemigo de toda virtud. Son guerras que enfrentan a pueblos enteros, no a gobiernos particulares, lo cual incentiva enormemente el instinto de destrucción y exterminio.

3. Ejércitos de masas: el servicio militar se convierte en obligatorio. Nacen los ejércitos de masas mediante el reclutamiento forzoso de la población civil. Este factor reduce enormemente el coste de los recursos humanos. Ya no es necesario contratar a un ejército privado. La población es obligada a combatir gratis bajo la excusa de un objetivo común (interés general) y bajo la amenaza de “traición”.

4. Objetivos civiles: no sólo se persiguen ya objetivos militares sino también civiles. El adoctrinamiento en el odio y la influencia del espíritu nacional trae como resultado el recrudecimiento de la guerra a todos los niveles, ya que le imparte un profundo sentimiento emocional.

Además, la democracia puede disponer de todos los recursos económicos de la nación para el desarrollo de la guerra. La economía entera se moviliza en beneficio de ese objetivo común. La guerra ya no distingue, pues, entre combatientes y no combatientes. La población civil se convierte también en objetivo militar.

En definitiva, tras la Revolución Francesa y la caída del Antiguo Régimen, las tradicionales guerras “moderadas” de las monarquía son sustituidas por las guerras “totales” de la democracia.

 

Opinión de los lectores

enrique

M;uy interesante y argumentado cosa de agradecer en este pais.

solo un inciso, en las antiguas tribus amerindias de norte america, es probable que alguien me diga que me equivoco, me da igual nadie vivio alli por tanto mi verdad es tan valida como la de otros y la comparten algunos historiadores marginales, bueno, este instituto tambien es marginal en economia no?, existia el lider espiritual y el lider militar y ambos eran elegidos por el pueblo, el lider espiritual a traves de la demanda de sus consejos y servicios(mercado) y el militar a traves de la supremacia del mas fuerte con rituales basados en combates con otros candidatos.

pero manuel, el lider militar solo tenia potestad en la defensa de la tribu, no en la administracion interna de ella, ahi debia hacer muchisimo caso al asesoramiento del lider espiritual, porque?, sencillo, porque este casi siempre habia sido antes un guerrero y por tanto era respetado por todos incluido el jefe de la tribu.

quizas no fuera un sistema perfecto pero funcionó bien, las guerras eran locales y no ponian en peligro el medio normalmente, los conflicots casi siempre se resolvian pacificamente, de hecho a parte de algunas tribus belicosas, la mayoria preferia no ir a la guerra, a diferencia de ahora, los que ahora son los estados unidos no tenian 350 millones de habitantes sino entre 3 y 5 millones y repartidos en muchas tribus, no les interesaba que murieran guerreros que eran escasos y dificiles de entrenar ya que las guerras eran cuerpo a cuerpo.

creo que esta tercera via en mi opinion es todavia mejor que la monarquia impuesta en la que el rey solo tiene que rodearse de un buen ejercito y leal para pasar a un absolutismo al estilo del imperio romano en que simplemente creando la guardia personal del emperador, se aseguraba este su puesto sin contar con un pueblo al que explotar.

o franco con su guardia mora.

quiro decir que el pueblo debería elegir a sus gobernantes, pero deberiamos separar al lider militar del civil, este si deberia demostrar su destreza.

pequeñas reflexiones que no invalidan la democracia aunque si tal y como esta establecida ahora.

y sobre todo estos cambios nos harian ciudadanos libres y no manipulables fuertes y bueno luego es facil que cada cual aguante su vela.

haymor

Me ha encantado el artículo! Impecable.

MILL

Sin embargo la democracia no ha conseguido siempre su objetivo de convertir a las guerras en guerras totales.

El caso más emblemático quizá sea Vietnam. El ejercito de los USA no perdió ni una sola batalla en toda la guerra. Pero la guerra se perdió por la oposición del pueblo yanki, quizás manipulado por los medios, todo hay que decirlo.

No fueron democracias las que empezaron la IGM o la IIGM o la Guerra Fría ni mucho menos la Guerra contra el Terror. Tampoco las guerras arabe-israelies.

La guerra entre Tutsis y Hutus causó un millón de muertos.

Yo creo que una democracia con un gobierno limitado puede llegar a un equilibrio entre la indefension y y la guerra total; defendiendo eficazmente los valores democráticos y liberales.

De todos modos las democracias actuales se van a enfrentar a amenazas nunca antes vistas en la Historia: enemigos fanáticos armados de ADMs.

¿Qué hacer con un Irán nuclear?

¿Ataque preventivo, apoyo a la oposición interior, esperar y ver, estrategia de Destrucción Mutua Asegurada como en la guerra fría?

Muy buen artículo. Saludos.

Amenofis IV

Podría parecer muy forzado suponer que las grandes masacres de los conflictos armados originados desde finales del siglo XVIII y su sistemática deshumanización es fruto del sistema político de un país. Es plausible y razonado pero cogido con pinzas.
Difícilmente puede negarse que las mayores atrocidades bélicas causantes de los peores derramamientos de sangres, con cientos de millones de muertos, (sólo la Segunda Guerra Mundial costó la vida de unos 50 millones de muertos) se han desencadenado en ese momento de la Historia con pone fin al Antiguo Régimen y da inicio a la Edad Contemporánea. Las grandes monarquías europeas comienzan a caer, exceptuando algunas como la Borbónica en España, que a intervalos entre golpes de Estado y levantamientos militares, llega con aliento hasta la II República de 1931.
Empero, en modo alguno me parece la causa con mayor fuerza para explicar la tremenda separación, en lo que a la guerra se refiere, existe entre los conflictos armados de las monarquías ( Tanto de la Edad Media como de la Edad Moderna) con las guerras modernas de las repúblicas y países democráticos. Todos los puntos que aporta el artículos están muy bien explicados y argumentados, sin embargo, en mi humilde opinión, en modo alguno creo que el cambio de sistema político tenga el peso suficiente como para explicar esas causas.
El hecho de que los ejércitos de hallan profesionalizado, los combates sean más deshumanizados y sangrientos, el asesinato de la población civil, el control ideológico y nacional de los ciudadanos, el odio al enemigo etc.… todo eso se daba, en mayor o menor medida, en las guerras medievales y de la Edad Moderna donde las monarquías eran buenos ejemplos de hacer en la tierra lo que se oía decir que pasaba en el infierno. Batalla como las de Azincourt en 1415, Navas de Tolosa en 1212, el exterminio cátaro o templario, la invasión árabe a España, la caza de brujas de Holanda o Alemania, los horrores Inquisición, la masacre que los españoles infundieron a los nativos americanos en el s. XVI… Son cientos y cientos de conflictos y matanzas que, eliminando las trazas de la modernidad y la tecnología aplicada a la guerra, bien podría parecer a cualquier conflicto de la actualidad.
La crueldad, fanatismo y belicosidad son factores inherentes a la humanidad, que sólo valores éticos y morales como base de una sociedad civilizada, pueden limitarse y limar sus aristas. El punto de inflexión entre las guerras monárquicas y los conflictos democráticos no se hallan tanto en su poder político como en los factores estructurales que originó la Revolución Industrial y sus mejoras en todos los materiales y armas bélicas, que llegan a su apogeo en la IIGM; el proletariado industrial y campesino desligado de tierras y explotados que forman parte de los ejércitos como autómatas; el ocaso de los valores morales de una población empobrecida; el comienzo de las dictaduras y los poderes omnipresentes más sedientos de sangre que las antiguas monarquías y, en fin, unos medios de comunicación en boga como instrumentos del poder que sirven de correa de transmisión para extender el miedo y el odio a todo aquello que sea extranjero, diferente y extraño.

ENRIQUE

Me suele hacer gracia, antes no tanta, ver como la sociedad occidental civilizada, esa que mata a los niños no nacidos, esa que alienta a politicos que mantienen a mas de la mitad de la poblacion en la miseria, esa que permite que 1/3 parte del mundo viva a costa de la explotación de 2/3 partes y luego aplaque sus conciencias con el 0,7%, esa que construye grandes rascacielos donde antes habia montañas, se autoproclame a bombo y platillo com la maravilla del siglo, ayudada por medios de comunicacion de los que son dueñas claro.

y me hace gracia porque muestra en todo su apogeo la prepotencia humana.

Hemos progresado economicamente eso no lo dudo, pero espiritualmente no solo nos estancamos sino que hemos bajado de nivel y no hablo de iglesias ni de religiones.

porque no hemos aprendido del pasado, la historia que tantas veces ha demostrado su falsedad nos sigue engañando una y otra vez, la oficial digo.

mi profesor de historia del colegio decia que la invasion arabe solo fue por parte de grupusculos, o que la mayoria de ellos vinieron a expandir su comercio no a guerrear.

mi profesor de historia decia que los chinos fueron asesinados vilmente en la construccion del ferrocarril americano.

o que colon llevo a america enfermedades que los indios no conocian, entre otras cosas porque aqui la gente se lavaba poco.

de los indios norteamericanos ni merece decir mas pues ha quedado clara la mentira a que nos sometio usa durante tantos años tapando la masacre que cometió contra 3 millones de ellos, mujeres y niños incluidos mientras ellos en su mayoria solo practicaban la guerra entre guerreros como muestra el hecho de que muchos blancos raptados por ellos una vez puestos en libertad decidieran quedarse.

en mi opinion las guerras han empezado a ser globales y cobardes porque la propia sociedad se ha vuelto cobarde.

porque ya no se hacen por territorio(por eso se intentaba conservar) sino por dinero.

porque basamos las comparaciones en la edad media, edad oscura gracias a la inquisicion y en la que un rayo era considerado castigo divino mientras china hacia lobotomias.

porque comparamos con el siglo XV supuesto siglo de ilustracion en que 4 señoritos vivian de un pueblo que pasaba hambre.

pero no vamos más atrás, imagino que porque lo que descubrimos cuando lo hacemos podría echar por tierra muchas de nuestras teoias.....civilizadas.

haymor

"La Guerra es la salud del Estado"
Randolph Bourne

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