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Portada - Comentarios - Liberalismo y utopías

30/06/2010 - Berta García Faet

Liberalismo y utopías

“Para ser hombre hay que renunciar a ser dios”, Albert Camus.

 “Toda idea implacable está equivocada”, Rafael del Águila

A estas alturas del siglo XXI, ¿cuál puede ser nuestro veredicto sobre el papel de las utopías? ¿Impulsan o pervierten? ¿Ayudan a construir o destruyen desde el principio?

Las utopías nos generan sentimientos encontrados, por una parte, aún hijos de Platón, no queremos resignarnos a la realidad, siempre imperfecta, y ansiamos una meta ideal que funcione de guía para la acción. Por otra parte, no podemos ignorar que, en la práctica, las utopías desembocan en el totalitarismo: las del siglo XX, nazismo y comunismo, por descontado; pero no nos olvidemos de las tempranas utopías renacentistas, post-renacentistas y de la Reforma Protestante (Moro, Campanella, Savonarola, Calvino...), evidentemente no totalitarias pero sí imbuidas ya del presupuesto implícito y brutal de toda utopía, y semilla misma de su violencia de facto: el espíritu evangelizador que, muy fácilmente, da el salto de la persuasión a la imposición.

Lo importante es no olvidar que este salto se da no gratuitamente (entonces, no hablaríamos de utopía), sino a causa de la interiorización de la supuesta necesidad o urgencia de realizar un ideal. El famoso ideal de la vida buena que cada utópico rellena como quiere. En palabras de Cioran: “Un ser poseído por una creencia y que no buscase comunicársela a otros es un fenómeno extraño a la tierra, donde la obsesión de la salvación vuelve la vida irrespirable. Todos los males de la vida vienen de una concepción de la vida”. La relación entre utopía, pureza y violencia es clara y causal: “Toda fe ejerce una forma de terror, tanto más temible cuanto que los puros son sus agentes”.

La cuestión es: ¿en qué punto exactamente, y por qué, la utopía se funde con su consecuencia práctica, la imposición? Friedrich Hayek acuñó la etiqueta “fatal arrogancia” para referirse exactamente al mismo fenómeno que recoge nuestra acertada expresión “la ignorancia es atrevida”, y es justamente esto lo que liga el ideal utópico y su plasmación práctica totalitaria o, como mínimo, violenta: los planificadores y los ideólogos lo que hacen es extrapolar sus deseos al resto de la población, como si pudieran conocerlos y como si fueran a coincidir, y este salto se hace en nombre del bien de los otros, del prójimo que debe ser salvado e ilustrado (porque el ideal siempre es bueno para todos). De algún modo, la utopía es la exacerbación de la hermandad entre paternalismo y platonismo: el individuo A coacciona o castiga a B, para evitar que B se haga daño o para conseguir que B haga el bien, porque existe el bien objetivo y A lo conoce, porque A sabe lo que le conviene a B, porque B es incompetente.

Podría parecer que el liberalismo está al margen del peligro que supone la utopía. Incluso, podría parecer, como yo sostengo, que el liberalismo es un antídoto contra la utopía. Pero para entender esto hay que matizar las dos acepciones generales de liberalismo a las que nos podemos referir.

Rafael del Águila, en su fantástico ensayo “Crítica de las ideologías. El peligro de los ideales” sostiene que todos los ideales, incluido los liberales, han concluido en violencia. Este autor divide su análisis en tres grupos de ideales: los ideales de la emancipación (socialismo, marxismos y derivados), los ideales de la autenticidad (nacionalismos, indigenismos, fundamentalismos y derivados) y los ideales de la democracia (concretamente, de la democracia liberal). Si los ideales liberal-democráticos han implicado violencia, guerra e incluso exterminio, es por la particular acepción a la que se han adscrito sus practicantes –acepción todavía hoy prestigiada implícitamente, con el omnipresente etnocentrismo y esencialismo identitario occidental: el último ejemplo lo encontramos en el debate sobre la prohibición del burka en los espacios públicos–: la opción de la democracia liberal que quiere civilizar, globalizar y democratizar a pueblos oprimidos.

No obstante, como sabemos, no es la única acepción. El liberalismo puede ser un antídoto contra la utopía en varios y poderosos sentidos. En primer lugar, porque el desarrollo del liberalismo está ligado al desarrollo de la ciencia económica, en concreto a la austríaca, y ésta desenmascara ferozmente a la utopía en tanto que demuestra la insostenibilidad e ineficiencia de la imposición. Aunque los estudios austríacos se han centrado en el terreno económico, esto es, en demostrar la imposibilidad de la centralización económica coactiva, lo cierto es que en el terreno político e institucional las conclusiones son similares: las instituciones, per se, no construyen, ya que si hay contradicción grave entre ellas y la sociedad civil, serán inoperantes.

En segundo lugar, porque las utopías suelen fundamentarse en presupuestos irreales e impracticables (como ejemplos paradigmáticos: la homogeneidad total de los nacionalismos, y la superabundancia final y el igualitarismo extremo del marxismo), que la ciencia económica se cuida muy bien de erradicar, partiendo modestamente de lo posible, del “ser” y no del “deber ser” o del “ojalá ser”.

Y en tercer lugar, porque el hincapié en el individuo, ligado al primer punto, no sólo refuta la falacia de la política voluntarista, según la cual todo depende de la buena voluntad de los poderosos –política, económica o culturalmente- de hacer “lo correcto”, sino que también deslegitima la coacción. Unos insisten en que la coacción queda deslegitimada porque es inmoral; personalmente prefiero referirme a la inmediatez de su inutilidad en última instancia.

En definitiva, el carácter de antídoto contra la utopía del liberalismo radica en dos puntos: en que su programa de lo que es la vida buena es un programa de mínimos, admitiendo así un amplio grado de tolerancia, y en que se ha desarrollado paralelamente a una disciplina, la de la ciencia económica, que trata de lo posible y desprestigia lo ideal y lo top-down.

Pero no nos felicitemos tan pronto, porque hay un peligro: la utopía no sólo es violencia, también es persuasión fanática. Cualquiera con una idea valiosa puede envalentonarse y caer en la evangelización moralista que, no por ser pacífica en lo físico, deja de ser un ejemplo más de fatal arrogancia.

 

Opinión de los lectores

enrique

Decia Pedro Swtarz que la utopia es una mujer con la cabeza en las nubes y los pies en un charco de sangre, otro autor dijo: La utopia es buena, pero no debemos confundirla con la realidad ni disfrazarla de ciencia.

Daniel Toro Restrepo

Me parece muy interesante el artículo. Creo que explica claramente el origen del poder. En todo caso tengo varias preguntas ¿no cree que está haciendo una persuación muy fuerte al liberalismo algo que no le gusta? ¿Cómo logramos entonces el bien común con la máxima libertad posible?

Juan

Querida Berta,

Estás horriblemente confundida y tu pequeña tirada en contra de las 'utopías' y la moral es un perfecto ejemplo de 'fatal arrogancia'.

Te sugiero que consideres lo siguiente : tu intento de ponerte por sobre la moral y los 'fanáticos' es contradictoria y se refuta a si mismo. El escepticismo es la mas arrogante de las posiciones 'filosóficas' - el escéptico está fanáticamente convencido de que todas las posiciones son falsas excepto la suya.

Por otro lado, la posición política de Hayek implica asesinar a cualquier persona que se niegue a pagar impuestos u obedecer otras ordenes del estado. Lo cual no es extraño porque Hayek era otro amoralista-utilitarista sin principios morales

Berta García Faet

Muy buena la cita de Schwatz, Hay una camisetade los de Bureaucrash que muestra una caricatura de Marx sobre un montoncito de calaveras, y dice Marx Sorry guys, it was just a theory!

Respecto a tu pregunta, Daniel, en mi opinión se trata de deshacernos por fin el concepto de bien común. No hay tal cosa. Sí hay bienes públicos que benefician a muchos individuoss, no a todos, por ejemplo la ley, la justicia y, en mucha menor medida, la defensa. Lo que yo digo es que entiendo que, si uno tiene una idea vcaliosa, intente convencer a todos los demás de que es la correcta, pero ya me parece el principioo de la arrogancia. Preferiría no persuadir a quien no está abierto, sino al que está aquí para debatir e intercambiar ideas. Por ejemplo, cuando los testigos de Jehová tocan a las casas, aunque no utilizan la violencia y toda la charla es pacífica, esta evangelización es, admitamos, arrogante y entrometida, porque nadie los ha llamado y nadie ha concertado una cita con ellos porque verdadera y voluntariamente quiere someterse a su persuasión.
No sé si me explico. Creo que hay matices en lo que son la persuasión y el proselitismo, etc. pues son diferentes grados de lo mismo. Aunque no haya coacción, sí hay intromisión y arrogancia.
Otra cosa diferente es la divulgación, que se entiende que parte de un debate y de un razonamiento y, sobre todo, en general, de la voluntariedad de quien es su consumidor.

enrique

Querido Juan:

Un señor caminaba con un burro y su nieto a venderlo al mercado, decidieron no montarlo para que no se cansara, unos viandantes dijeron, serán tontos, ir a pie llevando un burro, el abuelo le pregunto al nieto que que le parecía, que si montaba él en el burro, sabes Juan que dijeron ellos, será maleducado el niño, dejar ir andando al abuelo.

Y así hicieron todas las variables posibles del burro, para no aburrir, hasta que al final el abuelo le pregunto al nieto, que opinas tu?.

Que te quiero decir con esto Juan, que los principios morales son tan variados como las religiones o los colores de la piel, lo que para tí es ético para mi no tiene porque serlo y en principio desde un punto de vista liberal, mientras se respete la propiedad privada, la libertad individual y el principio de no agresión, ninguno de los dos estaremos haciendo nada que pueda ser considerado malo.

Esos viandantes no tenían derecho por ejemplo a imponer(como ocurre en las democracias modernas con las supuestas mayorias) sus criterios morales al abuelo o al nieto, el burro es suyo y lo llevan como les parece(siempre que el animal no sea maltratado, ya que entonces incumplimos el principio de no agresión, incluso con un animal).

Pero Juan, una cosa es opinar y debatir sobre como se debe llevar un burro y otra muy distinta es imponerme a mi como hacerlo, desde una supuesta superioridad moral, que no entiendo muy bién de donde viene, crei que la superioridad divina estaba reservada a los antiguos reyes.

Los principios morales de que hablas, que tengo bastante claro que son los religiosos, diria hasta que los catolicos, aunque me puedo equivocar, están muy bien, para vosotros, los que practicais la religion católica, que por cierto, en su afan de expandir las supuestas enseñanzas de Jesus(eso si, no las de verdad sino las falsificadas por ellos) han disfrazado de utopía instituciones asesinas como la Inquisicion, asique esos supuestos principios morales superiores son tan peligrosos como cualquier otra Utopía.

Cuidado Juan con tachar de arrogancia una opinion de un Autor, como el caso de Berta y luego añadir sin tapujos que el problema de Hayek era que carecia de principios morales.

Eso es dar una opinión, la tuya, como verdad absoluta, eso si es fatal arrogancia.

Hayek ha contribuido a la libertad economica fuente del progreso economico-social de los paises que la han aplicado y por tanto ha realizado una labor humanitaria a la altura de la de cualquier mmisionero conocido de la iglesia católica, o de personas admiradas por mi como Gandhi.

No creo que esa labor la hubiera llevado a cabo Hayek si no tuviera como ser humano, sus propios(que no los tuyos) principios morales.

Los estatalistas(que es la impresión que me das tu, muy acorde con la de muchos votantes del PP de este pais que intentan imponer su moral en cuestiones que corresponden a la mera libertad del individuo) creen estar en superioridad moral respecto a los liberales, que no neoliberales que eso no existe o neocons, que es otra cosa diferente que solo algun que otro inculto falso progre confunde con liberalismo.

Que va, podemos dar lecciones de moral a muchos, porque creemos en la libertad, en que la naturaleza del ser humano es buena y solo el libre mercado(cubrir tus necesidades basicas) la saca a la luz, creemos en el respeto por los acuerdos firmados(la palabra dada, el honor, etc) y en que ningun tirano aunque sea elegido de una forma democratica(hitler lo fué), tiene derecho a imponernos el hambre, la pobreza o la amargura.

Creemos en la libertad y esta pasa por la tolerancia, del Burka o del Velo catolico, de un tipo de gobierno o de otro(es problema de cada pais y nadie tiene derecho a intervenir dentro, solo a permitir desde fuera que seria lo mas coherente, usted no quiere llevar velo, pues vengase a la republica).

Los musulmanes no quieren que las mujeres se quiten el velo, los catolicos(el PP o Sarkozy en Francia) quieren obligar(Imposicion) a que se lo quiten, eso no es libertad, ayudalas a elgir libremente si se lo quitan o no.

Para terminar decir que mi abuelo tenia un refren que era algo asi:

" Si tu vecino ves prosperar, tu menos problemas tendrás".

Y el liberalismo se basa en el progreso de todos, no en la igualdad de todos, porque yo como empresario, en un mercado libre, terminaré pagando sueldos altos y sabes porqué?, porque pagar bien a mis trabajadores supone que construyan mejores coches, que yo podré vender mas caros.

Por eso los sueldos son mas altos en los paises donde existe más libertad económica.

Enrique A

Interesante articulo Berta, pero me temo que en él hay una abstracción, de no poca importancia en relación a la condición humana que convierte al liberalismo en una utopia más, y por tanto, con similares peligros o riesgos que cualquier otra.
La condición humana tiene dos facetas, la somática o física y la psíquica que en el ámbito de la naturaleza le convierten en el ser distinguido o mas capaz de la fauna, pero esta mayor capacidad, no le libera del todo de los condicionamientos que, el clima y la orografía de un lado y el ambiente en el que desarrolla su intelecto, determinan su carácter.
En este sentido, y por no entrar en otro debate, puedo admitir que el liberalismo es aceptado por unos determinados individuos que ven en él la panacea de la libertad, pero que a la hora de llevarlo a la práctica encontrara serias dificultades de aceptación en otros que no reúnan las condiciones necesarias. Por citar algunas, los seres humanos no son iguales, les diferencia su capacidad para ser emprendedores, su preparación, su ánimo de esfuerzo, capacidad de trabajo, su particular egoísmo, organización, etc.
La experiencia demuestra que el ser humano no puede abstraerse de manera absoluta de cierto grado de sensibilidad y esa sensibilidad es la que crea las utopías ¿Serán entonces las utopías consustanciales con el ser Humano? ¿Tendremos que aprender a vivir con ellas? Mucho me temo querida Berta que es por ahí por donde van los tiros.
Hoy la izquierda y la derecha no son ni por asomo la izquierda y la derecha de principios del siglo pasado, y no lo son porque la sociedad actual no se parece en nada a la de aquella época. Tu liberalismo de hoy, tampoco será el mismo del próximo siglo XXII puesto que esa sociedad tampoco será la de hoy. No hay obra humana imperecedera.
Alain Benoist nos dice que la izquierda y la derecha de hoy comparten desde enfoques enfrentados la misma visión del mundo donde lo esencial no es ni nuestro destino colectivo, ni las ansias de cultura o del espíritu, ni el sentido de la vida o de la muerte. Lo esencial creen tanto unos como otros, se encuentra en las cosas materiales, y es que para los valedores de nuestro mundo, tanto de un signo como de otro, la economía no es un medio: es un fin.
La izquierda se ha corrompido con el poder y la derecha, aliada con el dinero, ha contribuido tanto o más que la izquierda a destruir los valores que pretendía conservar. España es un claro ejemplo, gobierna la izquierda pero el principal partido de la oposición niega la derecha, se autodefine centro, ese vago concepto que representa un fin en si mismo, un neocentrismo representativo solo de intereses. ¡Así nos va!
Ese liberalismo que pretendes libre de utopías, a mi juicio, no existe… Al menos inventado y llevado a la práctica por humanos de este planeta.

enrique

No estoy de acuerdo enrique A en absoluto, soy liberal y me he movido siempre entre dos de las corrientes la social(a corto y medio plazo) y el ancop alargo plazo pues estoy convencido que es hacia donde tenderian la mayoria de las sociedades si implantaran voluntariamente(es uno de los pocos sistemas tan maturales que se llevarian a cabo voluntariamente)principios liberales.

Solo hay que mirar alrededor, todos dicen ser estatalistas(O una mayoria segun algunas encuestas del CIS, manipuladas por otra parte) pero la realodad y los hechos dicen otra cosa, dicen que todos queremos casa en propiedad(propiedad privada) dice que todos mayoritariamente queremos vivir en paz(principio de no agresion) y dicen que todos mayoritariamente queremos que se respete la palabra dada(contratos individuales y acuerdos voluntarios.

es decir, que es el sistema natural e innato al ser humano, aunque por eso precisamente ha sido marginado y tergiversado por quienes no quieren soltar el poder que les hace vivir comodamente y sobre todo por quienes les financian que no piensan desistir en su afan(que no es el dinero aunque se les haya hecho creer eso, pues no son más que meros siervos) por dominar el planeta.

el liberalismo funciona donde se ha aplicado.....los demás sistemas no....eso es un hecho y en la ciencia los hechos son verdades.

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