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Portada - Comentarios - Contra Blumen y en defensa de Fekete

21/10/2010 - Juan Ramón Rallo

Contra Blumen y en defensa de Fekete

Robert Blumen lleva varios años criticando la teoría más conocida de Antal Fekete –la doctrina de las letras reales (o Real Bills Doctrine)– y esta semana pasada sintetizó sus argumentos en un artículo en el Mises Institute.

Básicamente, el profesor Fekete sostiene que las promesas de pago giradas contra bienes de consumo presentes altamente líquidos (lo que él llama "capital circulante social") pueden emplearse como medios de pago complementarios al oro sin consecuencias inflacionistas y sin que se genere ciclo económico alguno. Basta con que esas promesas de pago se compensen entre sí para que el valor del dinero no se reduzca y para que no se produzcan rebajas artificiales de los tipos de interés a largo plazo. Por ejemplo, si un minorista emite una promesa de pago de 100 onzas de oro respaldada por el género que ya se está vendiendo y la utiliza para comprar las mercancías de otro minorista que a su vez ha emitido una promesa sobre su propio género por importe de 100 onzas de oro, ambas promesas terminarán llegando a la cámara de compensación y saldándose entre sí sin necesidad de movilizar efectivo; a efectos prácticos, es como si ambos minoristas hubiesen trocado sus bienes de consumo sin mediación del oro.

Fekete sostiene que sin ese sistema de letras de cambio con pagos por compensación –esto es, con un patrón oro donde todos los pagos se efectuaran con oro o con certificados de depósito respaldados 100% en oro– la economía sería incapaz de sostener un volumen creciente de pagos y la consecuencia sería una merma en nuestra capacidad para producir bienes y servicios.

Para Blumen, éste es el gran error de Fekete: "suponer que los pagos por compensación permiten realizar más transacciones y producir más bienes finales que un sistema de pagos en efectivo". Blumen, siguiendo a Rothbard, argumenta que el único efecto de los pagos por compensación (y de las letras de cambio) es reducir el dinero que los agentes necesitan tener atesorado (la demanda de dinero) para realizar sus operaciones y un menor atesoramiento sólo implica un "mayor nivel general de precios" (y viceversa). Un incremento de la demanda de dinero equivale a una reducción de la oferta y una reducción de la demanda de dinero a un incremento de la misma. Por tanto, concluye, un sistema de pagos en efectivo puede realizar exactamente las mismas transacciones que uno con pagos por compensación pero ajustando los precios a la baja hasta que sean compatibles con la cantidad de oro disponible: "Si todos tuviéramos 10 veces más dinero que ahora (...) sólo tendríamos que añadir un cero a todas nuestras transacciones (...) y si la oferta monetaria fuera una décima parte de la actual, produciríamos los mismos bienes, pero con un cero menos al final de cada operación".

Si bien Blumen admite que existen efectos de transición en los cambios en la demanda de dinero, sostiene que, una vez restablecido el equilibrio, el nivel de producción será el mismo con independencia de la demanda de dinero (es decir, se adscribe a la muy antiaustriaca hipótesis de la "neutralidad del dinero"); la única manera de incrementar nuestro nivel de producción es con un mayor volumen de ahorros reales, esto es, difiriendo nuestro consumo. Por consiguiente, la tesis de Fekete de que las letras de cambio son necesarias para sustentar un volumen creciente de transacciones y que para no ver reducida nuestra producción presente es simplemente falsa.

En abstracto –en la economía de giro uniforme, a la que el propio Blumen restringe su análisis– la crítica a Fekete puede tener cierto sentido: es verdad que ajustando los precios de los productos a la cantidad de dinero disponible puede efectuarse cualquier volumen de transacción y que nuestra producción futura depende sólo del ahorro presente y no de la cantidad de dinero disponible. Sin embargo, el primer error de Blumen reside en despreciar los efectos de transición, esto es, qué sucede ante un cambio en la demanda de dinero desde que pasamos de una posición de equilibrio a otra posición de equilibrio.

La postura de Blumen –y la de muchos rothbardianos– es que cuando aumenta la demanda de dinero –o cuando la oferta monetaria crece menos que la producción en un sistema de pagos en efectivo– los precios tienden a caer hasta restablecer el equilibrio pasado, sin ocasionar cambio alguno en la estructura productiva. Pero la respuesta es muy insatisfactoria por dos motivos, ambos interrelacionados: el primero es que ese ajuste a la baja de los precios puede no ser tan automático e instantáneo como se supone, pues pueden existir rigideces en algunos precios; el segundo es pensar –a las muy keynesiana y cuantitativista maneras– que la demanda de dinero es una demanda estéril, sin traslación alguna en la oferta de bienes reales.

Sendos errores se encuentran sintetizados en un fenómeno muy propio de un mercado monetario libre que, a tenor del automatismo propuesto por Blumen, quedaría sin explicación: las variaciones en la producción privada de oro. ¿Por qué en un mercado libre los empresarios contratan factores productivos para extraer oro de las minas? Pues porque es rentable, es decir, porque existe un señoriaje –un margen de ganancia– entre el poder adquisitivo del oro y su coste de producción (en términos de oro). Las caídas en el precio del resto de los bienes elevan el poder adquisitivo del oro sin que concomitantemente aumenten sus costes, de modo que unos mismos beneficios nominales implican unos beneficios reales mucho mayores. Si, como sostienen muchos rothbardianos, las variaciones en la demanda de oro se trasladan inmediatamente al nivel general de precios sin que se generen variaciones en los precios relativos entre industrias, los costes de producir oro deberían aumentar para que su rentabilidad fuera la misma con independencia de la magnitud de la demanda de oro y no se produjeran cambios en la estructura productiva (por fortuna, algunos rothbardianos ya han empezado a considerar que un incremento de la demanda de dinero tiene siempre los mismos efectos reales sobre la estructura productiva).

Y, sin embargo, el sentido común nos dicta que cuando aumenta la demanda de dinero, lo consecuente es que se incremente la producción minera de oro y que cuando se reduce la demanda de dinero, acaezca lo contrario. La razón es que demandar dinero (incrementar nuestros atesoramientos de oro) sí supone demandar algo del resto del sistema productivo; en concreto, desde un punto de vista individual supone demandar saldos de caja en oro para mantenerse líquido, algo que desde un punto de vista agregado se consigue trasladando factores productivos hacia las minas de oro (y no condenándolos al desempleo como temía Keynes).

Si, como dice Blumen, los cambios en la demanda de dinero carecieran de efectos reales, la forma exacta de la estructura productiva sería independiente de la composición concreta de los ahorros de los agentes (como dice Blumen, "todo lo que los pagos por compensación hacen es permitir que se produzca el mismo conjunto de bienes a un nivel de precios mayor"); a saber, daría igual si los agentes ahorran a muy corto, a corto, a medio, a largo o a muy largo plazo (esto es, el perfil temporal de nuestras inversiones sería independiente del perfil temporal del ahorro). La única manera de escapar de esta conclusión sería afirmando que los saldos de caja de cada agente –por los que está retrasando su consumo durante un cierto período de tiempo– no forman parte de su ahorro o del ahorro del conjunto de la economía, cosa que Blumen, siguiendo a Rothbard, sí se atreve a hacer: "Los saldos de caja acumulados no son ahorro (...) el acto de ahorrar supone la decisión de destinar algunos bienes finales para sufragar la producción de nuevos bienes de capital". Nuevamente, la conclusión es una: la estructura productiva es independiente de la demanda de dinero.

En este caso, el error de Blumen –y de Rothbard– es creer que como un mayor volumen de saldos de caja no implica necesariamente un mayor volumen de ahorros (pues puede ser simple inflacionismo), los saldos de caja no tienen nada que ver con el ahorro. En realidad, acumular saldos de caja es una forma de diferir el consumo de bienes presentes y, por tanto, de ahorrar. Claro que es una forma de ahorro extremadamente líquida, capaz de proporcionar control inmediato sobre los bienes económicos en cuanto se decida desatesorar ese dinero; objetivo que se malograría si todos los precios de la economía se modificaran tan pronto como un agente ampliara su atesoramiento para que nada cambiara dentro de la estructura productiva. Es sólo gracias a que no todos los precios se modifican ipso facto –en particular, porque el coste de producir oro no aumenta tanto como lo hace el poder adquisitivo del oro– por lo que la estructura productiva se reajusta ante aumentos del atesoramiento –el señoriaje del oro se incrementa y los factores se trasladan a producirlo– y por lo que todos los agentes pueden ganar un mayor control sobre bienes presentes cuando lo requieran (en concreto, sobre los factores empleados en líneas de producción tan prescindibles para la coordinación del resto de planes empresariales como puede ser la extracción de oro).

Ahora bien, ¿qué sucede cuando el precio de los bienes económicos es relativamente rígido (o cuando los costes de producir oro suben) y, por tanto, el señoriaje del oro no aumenta ante incrementos en su demanda (es decir, cuando ni los beneficios nominales ni los reales de las minas de oro se modifican)? En ese caso, los consumidores se abstendrán de gastar (ahorrarán) pero los factores productivos no se trasladarán a la industria minera; según Keynes, permanecerán ociosos porque la rentabilidad de las industrias que vean minorado su gasto se erosionará. Según Blumen –aunque no lo afirma explícitamente– los recursos también deberían permanecer ociosos hasta que los precios relativos se reajustaran a las nuevas disponibilidades monetarias (sus despreciables "efectos de transición"), comprando de este modo la averiada mercancía keynesiana.

Es justamente aquí donde entra la doctrina de las letras reales de Fekete. Si bien los precios de los bienes económicos suelen ser bastante rígidos ante cambios súbitos y de corta duración en la demanda de dinero, hay un precio que sí es muy flexible: el tipo de descuento. El tipo de descuento es el precio de la prima de la liquidez del oro sobre la liquidez de los bienes de consumo altamente demandados y queda determinado por la oferta de oro y por la demanda de oro (oferta de letras de cambio para ser descontadas) en los mercados monetarios. A mayor oferta de oro, menor tipo de descuento, a mayor demanda de oro (mayor número de letras que desean ser descontadas), mayor tipo de descuento.

Si los agentes incrementan su atesoramiento sin que se reduzcan los precios del resto de bienes económicos, lo que a buen seguro sí sucederá será que el tipo de descuento caerá y al hacerlo se ensancharán los márgenes de beneficio de los comerciantes minoristas (pues el tipo de descuento supone un coste para ellos en la medida en que tienen que adelantarle al mayorista el importe de unas mercancías que todavía no han vendido). Merced al menor tipo de descuento, el minorista podrá incrementar sus compras al mayorista –y éste a sus productores– ante la expectativa de unas mayores ventas que ocurrirán sin necesidad de reducir sus precios (pues aunque la demanda de oro ha aumentado, la oferta de complementos monetarios en forma de letras de cambio giradas contra la nueva mercancía también lo ha hecho). En definitiva, los factores que se habían liberado como consecuencia del menor gasto de aquellos individuos que han aumentado su demanda de dinero se trasladarán a producir bienes de consumo que antes eran submarginales (líneas de producción que también son bastante prescindibles para cuando los atesoradores quieran hacer uso inmediato de su dinero captando los factores productivos allí empleados).

En otras palabras, lo que sin letras de cambio se hubiese traducido en un desempleo de factores productivos hasta que la transición hacia un nuevo equilibrio se consumara, con letras de cambio se plasma en un incremento de la producción marginal de bienes de consumo.

Si ahora nos trasladamos a un escenario en el que los cambios en la demanda de dinero –pese a las hipótesis cuantitativistas sobre s estabilidad– son muy frecuentes y donde además la producción de oro no siempre es capaz de seguir el ritmo de la producción de bienes presentes, entenderemos que Fekete sostenga, con razón, que sin letras de cambio padeceríamos un estancamiento deflacionario (siempre nos encontraríamos en un período de transición hacia un nuevo equilibrio monetario y conviviríamos con importantes recursos ociosos) y que con letras de cambio nuestra producción se incrementa aun cuando no lo haga el volumen de ahorros reales (porque el atesoramiento es una forma de ahorro que no tiene por qué materializarse en forma de producción a menos que los precios o el tipo de descuento se ajusten en correspondencia).

La tesis de Blumen (y en parte de Rothbard) quiebra por cuanto en su marco teórico no tienen cabida de manera consistente las siguientes proposiciones: a) el atesoramiento como una forma de ahorro, b) la coordinación entre el vencimiento de las inversiones y los plazos de los ahorros, c) la existencia de efectos apreciables de transición ante cambios en el atesoramiento y, por tanto, en el plazo de los ahorros, d) la respuesta que ofrece el sistema económico ante los continuos cambios de demanda de dinero dependiendo de si algunos precios se ajustan a la baja (producir oro) o de si todos o ninguno de los precios relativos cambian (producir bienes de consumo submarginales), e) la existencia de recursos ociosos en un mundo donde no se pudieran monetizar letras de cambio, aumentara la demanda de dinero y el señoriaje de las minas no se incrementara.

En definitiva, quiebra al estudiar los desequilibrios monetarios generados por los cambios en la demanda de dinero, que es precisamente el fenómeno más importante cuando analizamos los cambios siempre desequilibrantes en la demanda de dinero.

 

Opinión de los lectores

Eugenio Martín Velázquez

Juan Ramón cuatro citas que recuerdo sobre este asunto.
1.- “The root of the free bankers' fallacies is that they maintain that the holding of money constitutes savings”.
2.- “Hans-Hermann Hoppe has given another expression to this view in claiming that time-preference and the utility of money are "two distinct and praxeologically unrelated factors”.

3.- “The stock of a medium of exchange is never indeterminate in any relevant manner. Money and its substitutes are no exception”.

4.- “There is no difference between a money substitute issued to give a real-bill credit and a money substitute issued to give transfer credit”.
Y me sigo preguntando where is superior kind of knowledge for us?????

Juan Ramón Rallo

1. Ahorrar es diferir el consumo, quien atesora retrasa su consumo.
2. Si para atesorar saldos de caja hay que retrasar el consumo, el atesoramiento y la preferencia temporal algo tendrán que ver. Quien tiene una preferencia temporal absoluta, no ahorra nada y no mantiene saldos de caja.
3. No le veo ninguna relación con el asunto.
4. Sí la hay, las reals bills se giran contra bienes de consumo presentes; el transfer credit se concede contra bienes futuros. Si hay una diferencia entre un bien de consumo presente y bienes de consumo futuros, entonces no es irrelevante sí se concede crédito de una forma o de otra.

Eugenio Martín Velázquez

Yo creo que no utilizar un bien durante algún tiempo no es ahorrar…….
Atesorar bienes o dinero no es ahorro el no consumo de esos bienes o dinero es ahorro
No hay diferencia pues son sustitutos monetarios creados de la nada no certificados monetarios…..

Juan Ramón Rallo

Dices que el no consumo es ahorro. Quien atesora no consume, pues se guarda el dinero que hubiese podido emplear para consumir. Por tanto según tu propia definición es ahorro. Otra cosa es que sea un ahorro a muy corto plazo (¿o es que todo el ahorro o no consumo es al mismo plazo?) y por tanto sólo deba poder utilizarse para adelantar el pago de bienes de consumo presentes muy líquidos.

Y, por otro lado, me parece muy bien que opines que un bien de consumo presente no es nada, pero ese juicio sí que no tiene nada que ver ni con la teoría económica ni con la realidad.

jfc

En la línea de Rothbard veo los saldos de caja como un bien presente, o si acaso un ahorro a muy corto plazo como coste de operativa, ya que si de verdad el capitalista quisiera ahorrar, alejaría este dinero del alcance del responsable de gestionar la caja y luego ya vería qué hacer con ello, pues el cajero lo va a gastar esa misma semana en algo que él juzgue necesario dentro del corto plazo de la operativa diaria, y habrá que reponer la caja continuamente. Y no lo hace porque ese fondo de caja es un bien de capital más dentro de la empresa, como una silla, una mesa o una franquicia de un seguro.. a no ser que lo mezcle con ahorro si decida ampliar estos saldos para cubrir otras eventualidades más a medio plazo, como guardar un extra para de vez en cuando pagar una cena para ganarse a un cliente, en ese caso ya tendría más de ahorro... e igual de caja. Si la empresa aumenta su volumen y necesita más caja para las eventualidades del día a día, no será porque esté aumentando el ahorro sino porque una caja mayor es el bien de capital que el empresario estima necesario para el funcionamiento del negocio y no atascarse ante un pago urgente que no pueden resolver inmediatemante, entorpeciendo el negocio... por eso estoy de acuerdo con Rothbard en que no tiene nada que ver el ahorro con los saldos de caja.

Y eso de la "prima de liquidez" no lo entiendo ¿no estaremos hablando, ahora sí, de un interés? Porque poco tendrá que ver que el tipo de descuento de las letras suba o baje con que haya más o menos tesorería, ya que los saldos de caja dependerán de las necesidades operativas de la empresa, o del consumidor, no del ahorro. En un entorno más libre sin rigideces a la baja en los precios y con deflación sí que las necesidades de tesorería bajarían, ceteris paribus, pero precisamente para eso: porque si no bajasen, aumentaría el ahorro y no habría razón para ello si con menos saldos se van satisfaciendo los pagos a los proveedores.

Me pierdo...mañana lo leeré con más calma a ver si me entero.. Interesante artículo!

Eugenio Martín Velázquez

No lo dire con las palabras exactas pero Holding = a temporary way of dealing with a situation until a new and better way can be introduced NO TIENE QUE SER AHORRAR. En mis palabras bien es un bien que equivale a dinero o el dinero. Es decir yo pensaba que ahorrar era una acción humana no la acumulación automática de saldos en la cuenta corriente.
Solo digo que crear dinero de la nada (otra acción humana) es un privilegio que solo disfrutan algunos en perjuicio de otros, y eso son los sustitutos monetarios.
Un bien de consumo presente es eso un bien de consumo presente pero no es lo que tú quieres que sea…..No hablo de TU teoría económica ni mucho menos de la realidad que TU únicamente ves hablo de otras teorías y otras realidades que otros tienen derecho a defender incluido Blumen y muchos más. Por último la solución a la crisis actual no será por los sustitutos monetarios sino por dinero (Fekete lo llama oro).
Gracias por tu comprensión y dedicación en responderme.

Eugenio Martín Velázquez

Se me olvidaba funcionarían tus teorías con panes, podríamos crear pan fiduciario, podríamos descontar efectos de certificados de pan, aumentarían los panes físicos porque digo en un papel que vale por un millón de panes, etc….
Solo uno pudo hacer eso sacar de unos panes muchos panes pero dicen que era un milagro y no utilizo sustitutos paniles sin pan físico, aunque seguro que es mentira porque no hay teoría ni realidad de eso…..gracias por intentar comprenderme…..

enrique

Tener diferentes criterios está bién, pero hegar la ciencia es un derecho democrático y también un error por culpa del cual en este país los debates no llegan ni llegarán a ningún sitio y seguira habiendo 1 millón de personas pasando hambre.

Podemos ser Keynesianos, Monetaristas, Marginaistas, Austriacos, Marxistas, pero 2+2 siempre serán 4 nos guste o no.

Si yo gano 2.000 auros al mes, lo que esta claro es que una parte la consumiré y la otra la voy a ahorrar, me da lo mismo que sea en un banco o debajo del colchon, pero casi nadie(salvo algunos con complejo de Diogenes) lo guardarán en casa si no les va a dar ninguna rentabilidad si el banco(si los tipos fueran libres y por tanto en la situación actual de escaso ahorro subieran) les da una decente, es decir, ahorraran sobre todo oficialmente.

Si el dinero fuera un medio de cambio, que hoy con el fiducitario no lo es, el ahorro consistiría en esa parte de la renta que el ciudadano decide no usar para consumo, es decir que decide ahorrar....que es como decir invertir.

Es decir que el crecimiento económico sostenible es aquel que se basa en ese ahorro real, es decir,la parte de la renta del ciudadano que este, voluntariamente decide invertir y no consumir, en un mercado libre al igual que los precios nos dirían que negocios son productivos y cuales no, los tipos de interés nos dirían que inversiones merecen la pena(aquellas en que el diferencial entre ahorro e inversión sea más alto) porque serán las que probablemente nos den mayores ingresos por Cash Flow futuros, es decir las que es más probable que sean más demandadas por el consumidor, si acertamos nos forramos sino, perderemos dinero, pero lo perderá el empresario que se equivocó, el banco que se desmadró y en menor medida(siempre que haya transparencia informativa) el inversor que esperndo una alta rentabilidad se aventuró en una inversión arriesgada.

No perderemos los de siempre.

Vendemos normas de calidad en mi empresa, subvencionadas que gracias al apaño de siempre salen casi gratis, sus precios debido a esto nunca se han ajustado en el mercado, siendo altísimos, en relacción a su valor real(los beneficios que producen en la empresa).

En 2012 se acaban los FEDER para eso, que haremos? iremos al paro?....al desastre?, a la quiebra?.

NO, el estado nunca será mejor adminisytrador de nuestro dinero que nosotros mismos, y unos BC politizados menos.

Los sutitutos monetarios fiducitarios si que son crerados de la nada, el dinero respaldado por oro es un bien de intercambio, muy muy real, nos dice exactamente que riqueza poseemos, como sabes Eugenio en un balance el PN es el activo menos el pasivo, el dinero lo que nos dice en todas sus formas es que riqueza real poseemos porque los vienen son valorables monetariamente y las deudas también.

enrique

Dos erratas, bueno una y mis repeticiones de es decir, quise decir al final bienes no vienen, disculpas.

Eugenio Martín Velázquez

Y finalmente cuanto deben estar ahorrando los bancos pues mantienen saldos formidables en estos momentos jajajajaja

Juan Ramón Rallo

1. Relee bien lo que he escrito: “el error de Blumen –y de Rothbard– es creer que como un mayor volumen de saldos de caja no implica necesariamente un mayor volumen de ahorros (pues puede ser simple inflacionismo), los saldos de caja no tienen nada que ver con el ahorro”. Que no toda acumulación de saldos de caja sea ahorro no significa que ninguna lo sea. Cuando los saldos de caja se acumulan porque se han creado contra bienes futuros, es evidente que no son ahorro porque nadie se abstiene de consumir bienes presentes. Pero cuando los saldos de caja se acumulan porque el vendedor de bienes presentes se abstiene durante un tiempo de demandar con ese oro otros bienes presentes, obviamente sí son ahorro. ¿O es que si mantiene un saldo de caja no son ahorro pero cuando los presta a un mes al banco o a una empresa sí pasan a serlo?
2. No se puede crear pan fiduciario, es decir, promesas a entregar de inmediato pan sobre un pan que no existe, pero sí pueden crearse promesas a entregar pan sobre un pan que ya existe (bienes de consumo presente). Y eso son precisamente las letras de cambio: promesas a entregar un valor monetario que ya existe en el mercado. Tú error es no entender que no todos los valores monetarios se entregan en oro físico; la inmensa mayoría de los valores monetarios se entregan hoy (y en el añorado s. XIX del patrón oro) mediante compensación: si yo adquiero tu televisor por 10 onzas y tu adquieres mi ciclomotor por 10 onzas, la manera en que te entregaré tu valor monetario de 10 onzas no es dándote 10 onzas de oro físico, sino cancelando la deuda que tengo contigo con la que tú tienes conmigo. ¿Dónde está ahí el inflacionismo?

Eugenio Martín Velázquez

1 y 2.- Menos mal que he conseguido que digas: “Que no toda acumulación de saldos de caja sea ahorro” para mí es formidable. Insisto saldo de caja autogenerado de la nada no es igual a ahorro. O todos tenemos derecho a crear dinero de la nada o ninguno tiene derecho a crear dinero de la nada. El dinero libera la relación respecto a una persona específica, la famosa obligación genérica de Hayek que tiene que tener el dinero. Etc.

Juan Ramón Rallo

1) No lo has conseguido, estaba en el artículo desde un comienzo.
2) Las letras son derechos a recibir oro contra la venta de una mercancía ya existente y con un precio tremendamente estable (líquido). No creo que eso sea nada. ¿Tú sí?

Eugenio Martín Velázquez

Yo vendo algo y recibo algo como pago me parece bien. Yo vendo algo y recibo un pago aplazado como pago, es una decision libre y me sigue pareciendo bien. Si se endosa ese documento aplazado me parece tambien bien. El crear dinero de la nada eso me parece mal sea con efectos comerciales o con depositos o con lo que ideen en cada momento.

Juan Ramón Rallo

Ni tú ni yo tenemos dinero, pero tenemos bienes de consumo. Tú me vendes tus bienes a mí a cambio de un pagaré mío a un mes de 100 um; yo te vendo mi mercancía a cambio de un pagaré tuyo de 100 um. Yo te debo 100 um, tú me debes 100 um. Las llevamos a la cámara de compensación y las cancelamos mutamente. ¿Te parece mal? Y si en lugar de ser un intercambio a dos partes lo elevamos a toda una sociedad multiplicando exponencialmente las oportunidades de compensación, ¿te parece mal? Y si las letras de cambio están actuando como medio de cambio, gracias a la base real sobre la que se han girado, ¿por qué les niegas la calidad de medio de cambio? ¿Y por qué se la das sin embargo a unos certificados girados contra oro?

Eugenio Martín Velázquez

Hemos intercambiado tus bienes por los míos y generado dos pagarés que se compensan mutuamente, pero lo real es que hemos intercambiado tus bienes por los míos. Nos debíamos los bienes pero hemos generado por contrato dos documentos de aplazamiento de pago que hemos compensado para seguir la lógica de tu argumentación. Me parece bien y real. Si esto lo hicieran mil millones de individuos sería lo mismo multiplicado por mil millones. Me parece real y por lo tanto bien.
Las letras de cambio son promesas de pago y siguiendo la lógica de la acción hemos asumido los riesgos tú y yo de aplazar el pago. Estos documentos pueden pasar por la magia de los que hacen que se conviertan en dinero contante y sonante permitiendo a los agraciados con esa magia a seguir mágicamente actuando y para ello se crearon……había necesidad de dinero contante y sonante.
Incluso además de los magos, posibilitó que tú y yo emitiéramos más pagarés que bienes y proceder a realizar la magia de actuar hasta que nos pillen o quiebren los magos que nos han ayudado por un poquito de nuestra tarta pero sin tener que incrementar el capital de sus bancocentrosmagicos, buscar fondos al plazo que descuento,etc.
Pillados en la época de Adam Smith los banqueromasmagos limitaron a 91 días el plazo máximo de descuento para estos efectos….¿Qué raro no te parece, medio de cambio de 91 días exactos? ¿Cómo acabo todo esto cuando todo esto estalló? Aparecieron los sustitutos monetarios o querían oro, y esos medios de cambio por qué no se cambiaban como antes. Etc. Y esto último me parece mal, se hace hoy más sofisticadamente pero me sigue pareciendo mal. Unos juegan con mi dinero mientras yo no puedo jugar como ellos.

Juan Ramón Rallo

Criticar la doctrina de las letras reales porque se puedan crear letras no respaldadas por bienes presentes líquidos es como criticar la reserva 100% porque los bancos puedan saltársela. No tiene mucho sentido. La doctina de las letras reales sostiene que la creación de medios de pago contra producción presente no sólo no es inflacionista sino muy conveniente económciamente. El resto obviamente sí es inflacionista y generador del ciclo; no otra cosa es el descalce de plazos.

Y lo de 91 días era por la duración de las estaciones: los productos que no podían venderse en 91 días dejaban de ser aptos para esa estación (como la ropa) y por tanto permanecían invendidos (salvo reducciones muy grandes en sus precios vía rebajas). No eran, pues, productos líquidos que pudieran monetizarse.

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