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Portada - Comentarios - El malestar de marxistas y freudianos

08/11/2010 - Francisco Moreno

El malestar de marxistas y freudianos

Freud escribió poco sobre la teoría marxista. Sin embargo, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, no se dejó embaucar por la misma. En sus escritos sociológicos rechazó que el hombre se hiciera naturalmente bueno en ausencia de la propiedad privada y denunció la vana esperanza en una igualitaria sociedad futura. Llegó a la conclusión de que el comunismo sería una de tantas ilusiones de la humanidad.

A pesar de este afilado análisis sobre una de las ideologías que más muertes y sufrimiento produjo en el siglo XX, no deberíamos inferir que Freud fue un apóstol de la libertad; más bien, fue todo lo contrario. Como convencido determinista, pensaba que el hombre estaba gobernado por su inconsciente. Compartió con el marxismo más cosas de lo que imaginaba.

Para marxistas y freudianos, el hombre moderno es incapaz de sentirse cómodo y arrullado en las sociedades desarrolladas. Ante un mundo industrializado y complejo, sentido como opresivo por Marx, su visión ofrecía una filosofía radical de acción para liberar al proletariado de su esclavitud. Por su parte, Freud creía que la cultura moderna incorporaba tal conjunto de inhibiciones ante las pulsiones humanas que provocaba las consabidas frustraciones por culpa de nuestro vigilante interior, el super-yo. La cultura actual se habría vuelto neurótica y el hombre debería “liberarse” de aquella situación.

La teoría marxista y el psicoanálisis fundaron dos nuevas cosmovisiones con pretensión científica. Funcionaron como infalibles máquinas de desenmascarar la conciencia social (Marx) o individual (Freud). Debido a su respectivo poder de explicación de la realidad, su atractivo fue enorme para muchas personas. Sus acólitos se sentían distintos (y superiores) de los demás. Cada una de sus vulgatas manejaba verdades a toda prueba y no probadas.

Estas ideologías iniciáticas veían ejemplos confirmadores en todas partes: el mundo estaba lleno de verificaciones de su respectiva teoría. Los incrédulos que rehusaban ver la verdad manifiesta era porque iba en contra de su interés de clase o porque se lo impedían sus propias represiones. Debían ser encarcelados (o ejecutados) o, en su caso, someterse a análisis y tratamiento. De hecho, cada fe tuvo su pléyade de disidentes y sectas.

Popper argumentó que una teoría que parece explicarlo todo, en realidad, no explica nada. Marx se las dio de científico social frente a los utópicos que le precedieron; hizo predicciones específicas, pero cuando todos y cada uno de los predichos acontecimientos no se materializaron, sus seguidores respondieron modificando la teoría, de modo que siguiese “explicando” todo lo que sucediese. Menuda ciencia.

Los freudianos, por su parte, nadaron desde el inicio a sus anchas en los mares simbólicos de la mitología (fascinante pero a la postre lesiva, según denunciaba Wittgenstein) y ni siquiera se aventuraron a lanzar una sola conjetura. Sólo funcionó en algunos casos como efecto placebo (cosa que ni siquiera ocurrió con el marxismo).

A diferencia del proceder de la verdadera ciencia, buscadora de evidencias falsadoras que revelen la necesidad de una nueva y mejor explicación de la realidad, la obsesiva y hermética interpretación de ésta por parte del materialismo dialéctico y del psicoanálisis les hace merecedores del calificativo de pseudociencias al blindar y hacer irrefutables sus proposiciones. En una reunión de especialistas con verdadera pretensión científica, la presencia de la duda y el reconocimiento de los límites del conocimiento no sólo son deseables, sino que es lo más normal de encontrar en cualquier congreso científico que se precie. Actitud completamente ausente en los seguidores de Marx y Freud.

Además, y esto fue lo más grave, sendas ideologías supusieron, desde su ámbito respectivo, un ataque frontal a aquellas instituciones exitosas (propiedad, mercado, familia o moral) creadas por el actuar humano no diseñado. Sus adeptos ofrecían una atractiva y atávica coartada para la completa ruptura de las mismas. El sacrificio, la responsabilidad y el respeto por ciertas pautas de conducta en libertad serían sustituidos por una nueva y corrosiva ética del igualitarismo y la permisividad. Cada credo cuestionaba todos los poderes salvo el suyo propio, como ayer nos recordaba K. Kraus y hoy, Th. Szasz.

Marcuse, ya en la posguerra, integró hábilmente las denuncias marxistas y freudianas del mundo moderno. Su descabellada idea de poner freno al desarrollo técnico alcanzado y de dedicar los esfuerzos a la creación del hombre nuevo en una sociedad no represiva no sería más que el ideal de la regresión a un estadio infantil e irresponsable (¿malcriado?).

En contraposición a dichos planteamientos, está la coherente obra de Hayek que, siguiendo la estela de Hume y los ilustrados escoceses, pero también la de Burke, Savigny y de Menger, nos explica que nunca sabemos por qué muchas tradiciones y ciertos códigos morales existen y evolucionaron a lo largo de los siglos, pero su importancia es decisiva para la vida en la sociedad extensa. También Oakeshott acertaba al indicar que muchas víctimas indirectas de la cultura liberal y del individualismo moderno han estado dispuestas a entregarse servilmente a cualquiera que les garantizara una mínima satisfacción. Pronto se postularían “expertos” políticos y psicoanalistas para dirigir sus vidas y traducir la voluntad del Partido o del Inconsciente.

La Sociedad Abierta y la globalización actuales exigen de nosotros un ajuste y el sometimiento a ciertas reglas de conducta que rigen necesariamente nuestro comportamiento en la Gran Sociedad; sólo así se permite la supervivencia y desarrollo de un número cada vez mayor de población y conocimiento humanos sobre la Tierra.

El porvenir de la civilización quedará seriamente amenazado si se imponen teorías desconectadas de la realidad (y no sólo en el terreno económico). Hayek, primo de Wittgenstein, calificó el siglo XX en el epígono de su obra Derecho, Legislación y Libertad como el siglo de la superstición, debiendo dicho epíteto mucho a las doctrinas de marxistas y freudianos. Mucho antes, Karl Jaspers advirtió que eran –junto al racismo– las tinieblas más extendidas que habían caído sobre la humanidad. Pese a que sus orígenes son ya centenarios, hoy perviven con fuerza en el postmodernismo.

 

Opinión de los lectores

Arturo

Pero, ¿Este texto es en serio?
Quiero decir, ¿basado en tesis hayekianas rechaza otras ciencias por ser irrefutables los errores de estas?¿Y además las tilda de pseudociencias, llevadas por la ideología?

Parece como si un matemático se dedicara a corregir a un cartógrafo porque sus mapas le parecieran incoherentes. Si la gente los usa y sigue usando, será porque funcionan, y las matemáticas deberán corregir sus axiomas para acercarse más a la realidad.

Igualmente, la escuela austríaca ha dicho muchas cosas indemostrables. Citar que Hayek pueda llevar la razón frente a Freud o Marx, siendo que casi todos sus axomas sean a priori (partimos de que el hombre actua, y de allí sacamos todo...), me parece algo absurdo. Estos han tenido poder de explicación basado en que sirven para analizar procesos: uno analiza la actividad económica basándose en el sujeto de esta, y el otro supuso una alternativa a las teorías psicológicas basadas en hipótesis contrarias. Y las ciencias se juzgan por lo que sirven para explicar y predecir, así como por su metodología. Lo demás es innecesario. Tomar a broma filósofos, psicólogos, o economistas de signo distinto al tuyo (que no afirmo cual sea), se puede hacer con cualquiera, comunmente para mal.

Este es un tema para una tesis doctoral. Nadie corrige obras teóricas en mil palabras, ni se lee decenas de obras para citar los autores apropiados mezclando tres ciencias en menos de un par de años. Porque igualmente este texto podría "más muertes y sufrimiento producir en el siglo XXI" si fuera tomado igualmente en serio y distorsionado de igual manera.

josé

Me ha gustado mucho tu artículo ; hilar el marxismo con Freud tiene su miga. Hoy hay más de 200 escuelas de psicoanálisis y gracias a Dios, en el mundo occidental el psicoanálisis es marginal, aunque se utiliza sus teorías no demostradas científicamente como simbolo de modernidad por los que se dicen intelectuales, que con sus artículos y sus denominadas obras de arte tartan de perpetuar algo inconsistente y acientifico, que al final daña al individuo. Es en Argentina y Francia ( L donde triunfa el psicoanálisis y ello por el control en la formación de psicólogos que se ejerce desde los cuadros de catedráticos de las universidades, tal y como acontece con los economistas keinesianos. Unos pocos se han adueñado del poder y lo utilizan para perpertuarse. Lamentablemente en España han entrado un aluvión de psicoanalistas argentinos que han pescaco en río revuelto

rawolf

"Igualmente, la escuela austríaca ha dicho muchas cosas indemostrables".

¿Podría poner un ejemplo de lo que quiere decir?.

A mi juicio, lo que ha hecho la escuela austriaca (Mises, en particular) es basar la praxeología en leyes que no se pueden refutar sin caer en contradicción lógica.

Por ejemplo, usted puede valorar mucho negar la validez de la ley que establece que el hombre actúa con el fin de pasar a un estado que subjetivamente valora como mejor para lo que emplea medios que subjetivamente considera útiles para la consecuención de dicho fin.

Usted pone todo su empeño en demostrarlo y (no me pregunte cómo) lo consigue. Pero, entonces, usted habría perseguido un fin, refutar la ley, y habría empleado unos medios para demostrar que es falsa, es decir, la ley, aplicada al caso de su negación, es verdadera...

¿Tienen la "ciencia" del psicoanálisis y el marxismo fundamentos lógicos similares a la praxeología?, ¿se basan en leyes que no puedan refutarse sin caer en contradicción?, ¿o no son más que relatos sin ninguna estructura lógica que les permita distinguir "B sucedió PORQUE sucedió A" de "B sucedió A PESAR de que sucedió A"?.

Fernando Arteaga

Se esta confundiendo aqui las ideas misesianas con las ideas hayekianas. Que aunque los dos son austriacos, no son lo mismo.

De hecho en donde más difieren (aparte de los temas monetarios) es en la metodologia economica. Hayek no era un apriorista! Concive un valor practico al analisis empirico, y su vision resulta cercana a la popperiana.

En lo particular no soy el indicado para explicar la teoria hayekiana en psicologia . Pero Hayek si tenia una importante linea de investigacion respecto al tema (Escribio el libro "The Sensory Order" donde trata de explicar como los humanos tomamos decisiones). So, Hayek si tiene un bagaje academico como para haber criticado feacientemiente a Freud y a otros.

De hecho la maxima de Hayek es que un economista no es buen economista, si solo se dedica a estudiar la economia. =D

Saludos desde Mexico.

antonio

"Si la gente los usa y sigue usando, será porque funcionan" se trata de una bonita falacia. Tambien en algunos países se siguen usando, no se, polvo de cuerno de vaca, pero no, no funciona. De la misma manera, se sigue creyendo en el socialismo, pero no por eso funciona. Nunca lo hizo

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