05/01/2011 - Joaquín Santiago Rubio
Los incentivos del parásito
Hubo, o habrá, cierta vez un mundo compuesto por iso-individuos agrupados en iso-unidades autogobernadas. Lo de "iso" no quiere decir que fueran esencialmente iguales, sino sólo formalmente. Eran esos individuos y unidades diferentes aunque autónomos por igual e igualmente productivos. Su modo de sobrevivir se basaba, o se basará, en asociarse libremente y, aprovechando sus capacidades desiguales, intercambiar libremente el fruto de éstas en beneficio mutuo. Por una mutación evolutiva sólo existía o existirá un modo de sobrevivir, que no es otro que la división del trabajo productivo y el libre intercambio de los productos resultantes de él.
Pero en el proceso de división de los conocimientos, de los incentivos y, por ende, del trabajo, un individuo o grupo descubre un oficio rentable aún no aplicado. Un descubrimiento empresarial puro en el que alguien ofrece a otro mejorar su ventaja en el intercambio amenazando violentamente a la otra parte de éste. O, mejor, en el que ese empresario se convierte también en capitalista y, armado, extorsiona y roba viviendo mejor a expensas de ese robo.
Los robados, al comprobar lo sistemático de su sufrimiento, se dividen en dos ramas con diferentes estrategias. La primera opta por invertir en armas para defenderse –en principio–, en una carrera de fuerzas con los parásitos que perturba las otrora transacciones libres e introduce parasitismos recíprocos y multidireccionales, bien violentos, bien pactados.
La segunda opta, en lugar de invertir en armas, hacerlo en aumentar la productividad y los beneficios y tener, así, un colchón de éstos que permita subsidiar a los parásitos extorsionadores.
Ambas estrategias intentan mejorar su posición frente a los parásitos, pero la colusión de los intereses de éstos con algunos productores y el empeño de la estrategia parásita en saltarse las barreras que se les ponen acaban configurando un escenario harto conocido.
La primera división del trabajo fue celular, sexual. Los isogametos, sin diferenciación sexual, se reproducían por fusión. El incentivo de los que aleatoriamente eran de menor tamaño estribaba en aparearse con los de mayor tamaño. Dicho de otro modo, los que invertían menos energía se apareaban con los que invertían más con un margen muy alto de beneficio.
El incentivo de este descubrimiento empresarial se generalizó y muchos gametos redujeron su tamaño mientras que otros lo mantuvieron oponiendo barreras o, para compensar, lo engrosaron. Los ataques reproductivos resultaron tan exitosos que la división por tamaño acabó en diferenciación sexual.
Debemos indagar en cómo esa carrera sin fin en contra del parasitismo estatal puede ser contrarrestada, pero aún no ha llegado el día en que descubramos cómo hacerlo definitivamente, cómo lograr que la estrategia socialmente estable sea solamente la de la libertad productiva.
Opinión de los lectores
La sexual es una de las divisiones del trabajo pero no es la primera. La división del trabajo se da ya en los primeros sistemas autocatalíticos, en las primeras células con subsistemas especializados y en las células eucariotas (colectivos unificados de procariotas especializados) no sexuales.
Es un error mezclar parasitismo y dimorfismo sexual. El espermatozoide no vive a costa del óvulo, y la inmensa mayoría de los espermatozoides fracasan al no fusionarse con ningún óvulo. En realidad se trata de dos estrategias de inversión opuestas y complementarias: muchas pequeñas inversiones de alto riesgo (los espermatozoides poco exigentes) o una gran inversión muy segura (el óvulo selectivo).
A Capella
La similitud entre parasitismo y diversidad de las estrategias sexuales se basa, como bien dices, en que en ésta la relación inversión/ganancia es desigual, lo mismo que en el primer caso.
El trasfondo problemático de mi artículo, al margen de las limitaciones que impone la brevedad (no en términos de rigor, pero sí en los de justificación suficiente) es que, revisando críticamente algunos presupuestos defendidos por mí, la estrategia de intercambio suma-cero o desigual, coacción mediante, no deja de caer dentro del ámbito de la empresarialidad pura tal y como es definida por algunos austriacos. Bien es cierto que éstos acotan esa empresarialidad diciendo que sólo es tal si no existe coacción por lo que se presenta un argumento arbitrario (no por eso menos importante, pero en otro plano). En términos de incentivos solamente es tan empresarial el timador o el violento como el honesto y el no violento. La acotación ética es eso, ética y, por ende supra-praxeológica.
Más a Capella:
Centrado el asunto, no podemos negar que la definición de parásito, descargada de valores morales (inmorales, habría que decir) tiene una estructura de incentivos muy similar a la de las células reproductoras que llamamos masculinas, es decir, aquellas que arriesgan mucho, invierten poco y tienen una posibilidad de altos beneficios. Eso es lo que importa.
Además, en la sociedad, que es el tema, sucede que el político parásito actúa con grado de incertidumbre muy alto, con una expectativa de beneficio muy alta y con alto riesgo de ser defenestrado. En eso no es diferente de un inversor de alto riesgo. Eso hace que la actividad social parásita sea atractiva y, diría yo, inerradicable.
Pero hay algo más que complica las cosas y es el hecho de que el parásito social no se presenta en su forma pura de parásito, sino que, la mayoría de las veces, utiliza los bienes ajenos sustraídos coactivamente para generar una riqueza.
Esta riqueza, si se la sometiera al análisis de ventajas comparativas, sería menor que si la hubiera obtenido de otro modo, muy probablemente. Pero lo cierto es que el político hace cosas, esas cosas se ven y, como el hijo que uno tiene, es el que es y con él tiramos.
Estos relatos ficticios que evocan un estado de naturaleza etico y laborioso, son simplificaciones que casi siempre conllevan a un error.
El comercio, la violencia, los saqueos y los aduladores parasitarios son coetaneos. Viven juntos, se cruzan, mestizan y desarrollan.
Lo siento, pero creo que Francisco Capella tiene razón y me temo que intentar reducir la esencia del parásito, en lo praxeológico, a una determinada estructura de incentivos (es decir, a cierto rango de proporciones entre los factores de una ecuación rentabilidad/riesgo) es un error. Lo que importa, dicho en términos que se usarían en Física, es si se produce una ruptura de la simetría o no. Lo que define al parásito es una ruptura de la simetría en la interacción con otros elementos. Esto no es irse más allá de la praxeología o hacer una acotación supra-praxeológica, sino una cuestión de la geometría del sistema estudiado praxeológicamente.
Cuando una interacción entre los individuos A y B es voluntaria, se está produciendo un acuerdo en el precio y un desacuerdo en el valor (por simplicidad, supongamos que nos limitamos a hablar de transacciones económicas). Este es el objeto de estudio de la rama de la praxeología que llamamos catalaxia. Cuando los elementos de un sistema (sociedad, mercado) actúan exclusivamente mediante este tipo de interacciones, el sistema es simétrico, en el sentido de que, independientemente de cual sea el elemento dentro de cuya piel nos pongamos para observar el sistema, siempre se produce un aumento de satisfacción. Otra forma de ver que el sistema así definido es simétrico es considerar que cada interacción económica entre A y B está compuesta por dos acciones: una acción de A sobre B, en la que A es sujeto y B objeto; y una acción de B sobre A, en la que B es sujeto y A objeto. El sistema es simétrico, puesto que todo elemento del sistema es a la vez sujeto y objeto en toda interacción. Esto no es más que una forma de decir que las interacciones son voluntarias y producen un aumento de satisfacción en todos los participantes. En resumen, respecto a la característica "presencia de un aumento de satisfacción", el sistema es simétrico al cambiar de elemento desde el que lo observamos.
La simetría se rompe cuando introducimos interacciones de carácter parasitario (ya
hablé de esto en un comentario anterior a propósito de la necesidad de distinguir entre evolución histórica sin más, por una parte, y orden espontáneo y autoorganización por otra). No hay consentimiento mutuo e informado por todas las partes y no todos los elementos del sistema ganan en satisfacción como resultado de estas interacciones. Ahora nos encontramos con que algunos elementos son solamente sujetos y otros son, sola o principalmente, objetos (de la acción del parásito). Ya no hay simetría. No es una distinción ética, sino geométrica.
Me parece perfectamente congruente definir la función empresarial como circunscrita al ámbito cataláctico. Que haya similitudes entre las ecuaciones rentabilidad/riesgo de actividades dentro del ámbito cataláctico y el político es una coincidencia que no sería relevante respecto a la esencia de tales actividades.
Jubal: no sientas contradecirme o darle razón a Capella. Él suele tenerla y yo suelo arriesgarme.
Dices:
1. ” Lo que define al parásito es una ruptura de la simetría en la interacción con otros elementos”. Esta definición es aplicable, como defiendo, a:
a. Determinado empresario cuyo fuerte beneficio se obtiene proveyendo de un servicio producido, mediante una idea novedosa de escasa inversión, a empresarios de mayor acumulación de capital. Éste obtiene el servicio con un ahorro de costes que aumenta levemente sus beneficios y el pequeño proveedor lo hace, mientras la competencia no aprende a competir, con grandes beneficios. Asimetría.
b. Determinado político que acuerda proveer a un sector empresarial o a un empresario de un servicio coactivo (una barrera de entra mediante regulación, una inversión complementaria en el contexto inversor -como puede ser la urbanización o los servicios de luz y viales-,…). El beneficio del empresario es menor que el del político, que pasa de la indigencia a la opulencia mediante un proceso selectivo muy duro pero con un beneficio importante. Asimetría.
2. “Cuando una interacción entre los individuos A y B es voluntaria, se está produciendo un acuerdo en el precio y un desacuerdo en el valor (por simplicidad, supongamos que nos limitamos a hablar de transacciones económicas)”. [...] “Otra forma de ver que el sistema así definido es simétrico es considerar que cada interacción económica entre A y B está compuesta por dos acciones: una acción de A sobre B, en la que A es sujeto y B objeto; y una acción de B sobre A, en la que B es sujeto y A objeto. El sistema es simétrico, puesto que todo elemento del sistema es a la vez sujeto y objeto en toda interacción. Esto no es más que una forma de decir que las interacciones son voluntarias y producen un aumento de satisfacción en todos los participantes. En resumen, respecto a la característica ‘presencia de un aumento de satisfacción’, el sistema es simétrico al cambiar de elemento desde el que lo observamos”. La voluntariedad de las acciones no elimina las restricciones del contexto natural, social y económico. Tan condiciones dadas son:
a. La escasez natural de un recurso (es una barrera de entrada para empresarios tecnológicamente incapaces de superar esa escasez)… Quienes obtienen ese recurso tienen una tasa de beneficio sobre la inversión realizada muy superior que la obtenida por todos sus proveedores de recursos y todos sus clientes. Asimetría.
b. Como la escasez contextual de inversiones estatales (barrera de entrada para empresarios que no cuentan con políticos que, a costa de los demás contribuyentes, son incapaces de succionar recursos generales para invertir en condiciones contextuales beneficiosas directamente para otros empresarios). Asimetría.
La voluntariedad no significa omnipotencia de elección de condiciones en las que se celebran los intercambios. Todo actor en el mercado ha de adaptarse a las condiciones dadas, sean o no estatales, políticas, parásitas. De hecho hay un componente parasitario inerradicable en las transacciones en las que la relación inversión/beneficio sea desigual entra las partes. Aunque DADAS LAS CONDICIONES sea la transacción aceptada como la mejor.
Por último:
¿Puede una acción parasitaria como el de un político aportar un servicio del que otros empresarios acaben dependiendo irreversiblemente porque su acción empresarial se vincule a la acción política, que, en suma, es empresarial?
Lo que define a un parasito es que sin aportar nada a cambio vive de un huesped si o no?
Que mania con enrrevesarlo todo jejeje
Pues los politicos los banquero y sus lobbies afines son parasitos.
Porque? pues porque a cambio de sua altos sueldos y rebendas la sociedad española tiene 5 millones de parados una amplia poblacion que gana 1000 euros, el tejido empresarial mas pobre de europa y unas carreteras que dan pena.
Podemos discutir de fisica todo lo que se quiera es un ejercicio mental interesante, o de biologia, pero son parasitos lo queramos ver o no y eso lo extrapolo al mundo mundial.
Y los parasitos se exterminan solo de una forma.....matandolos.
Uy si me leen en publico seguro que dicen que soy el culpable de la matanza de Texas digode Arizona.
Que asco por dios. Pero no porque opinene sino porque como buenos parasitos su periodico uno de los menos leidos del pais se mantiene de nuestros impuestos. Eso es ser parasito, como yo a mis 41 lo estoy sendo de mis padres gracias a la crisis y a mi mala cabeza, pero hay que ser coherente y al menos ayudar en lo que se pueda y ellos los papis estados deberian aprender a educar mejor a sus hijos en la.... libertad, pero eso seria pedir peras al olmo
como bien explicó Mises en economia n un mercado libre los intercambios no son de resultado cero sino de resutado positivo, con el marco juridico adecuado, como bien nos enseñaro los fenicios, este resultado positivo lo es para ambas partes.
Que diferencia una simbiosis en que ambos ganan, el cangrejo ermtaño(es sin h?) de el parasitismo, que en el segundo caso(mosquito por ejemplo) no solo te chupa la sangre, sino que ademas te provoca una inchazon, tu beneficio no es ninguno.
Cuando donas sangre voluntariamente ambas partes ganais.
Creo que como decia mi profesor de contabilidad nacional a veces nos enrrevesamos en tecnicismos paa explicar lo sencillo.
Los liberales creemos que si tu me pagas 40 euros por comer mozzarella(un queso muy barato) en mi restaurante ambos hemos ganado.
Si yo pago obligado al estado 250 euros de autonomos para tener que esperar toda la mañana para que me atienda el medico de cabecera y ya no hablemos de las listas de espera....eso es parasitismo economico.
Creo que esta bastante claro no?
Perdón por la tardanza en contestar. He estado muy ocupado estos días, con un viaje de trabajo por diversos países norteafricanos (esto último es broma, lo aclaro por si lo lee algún crédulo... )
Enrique,
pues sí, tienes razón. Por la parte que me toca, reconozco que caigo demasiado fácilmente en la tentación de enrevesar las cosas más de lo necesario. Intentaré corregirme, pero ahora tengo que terminar lo que he empezado, espero que para mayor claridad...
Joaquín,
por favor, no me hagas lo que el socialdemócrata le hace al liberal, que cuando éste habla de igualdad se refiere a igualdad ante la ley, pero el socialdemócrata la convierte en igualdad de resultados (que, dicho sea de paso, implica ingeniería social y la legalización de la desigualdad ante la ley). Estaba hablando de simetría en un nivel muy abstracto, casi matemático. Que haga abstracción de las condiciones en que se desarrollan las interacciones concretas no significa que esté dando por supuesta una omnipotencia sobre la elección de esas condiciones, ni que dé por eliminadas las restricciones del contexto natural, social y económico. Sólo significa que observo la estructura del sistema en un nivel abstracto. Nada más.
Veamos si pasando de las matemáticas al fútbol me explico mejor. Si dos equipos juegan al fútbol, respetando las reglas del fútbol, esas personas están practicando un deporte. Simetría, aunque uno de los equipos esté formado por artistas del balón y el otro por artistas del cerrojazo. La estructura de la ecuación de rentabilidad de uno y otro equipo pueden ser muy distintas (lo que tú llamas asimetría en tu respuesta), y puede ganar el que menos invierte y arriesga (ejemplo: Brasil e Italia en el mundial de 1982), pero ambos equipos se enfrentan dentro de los límites de lo que consideramos deporte. Si cambiamos "un poco" las cosas y ponemos un equipo de fútbol a un lado y, al otro, un equipo de cortadores de cabezas, armados con machetes, creo que es fácil ver que no vamos a asistir a un encuentro deportivo. El equipo de cortadores de cabezas se desentiende del balón y prefiere utilizar las cabezas de los artistas del balón como balones. El resultado es que la cantidad de artistas del balón mengua, el de balones aumenta (rompiendo la regla de que solo se puede jugar son un balón) y la cantidad de deporte que presenciamos es, desde el principio, cero zapatero. Asimetría. En ambos ejemplos gana el que utiliza una estrategia ventajista, pero en el primer caso estaba dentro de los límites deportivos, mientras que en el segundo no (seguramente los cortadores de cabezas no estarán de acuerdo con esta distinción, pues ellos afirman practicar un deporte tradicional). Lo que distingue al deportista ventajista del ventajista cortador de cabezas no es la estrategia, sino la esencia de lo que es deporte y lo que no. Esa distinción pertenece a un ámbito más abstracto que el ámbito de las estrategias y las ecuaciones de rentabilidad, lo cual no significa que éstas carezcan de importancia, ni mucho menos.
La afirmación "de hecho hay un componente parasitario inerradicable en las transacciones en las que la relación inversión/beneficio sea desigual entre las partes, aunque dadas las condiciones sea la transacción [voluntaria, libremente] aceptada como la mejor" me parece problemática. ¿Significa que tendríamos una teoría del valor objetivo, determinado por la relación inversión/beneficio? Me temo que sí, puesto que de otra manera no podríamos determinar que alguien es parásito (obtiene más de lo que le corresponde, respecto a un "valor justo") en una transacción libre. Al leer estas cosas, me pregunto quién estará descansando más pacíficamente en la otra vida: ¿Karl Marx o Ludwig von Mises?
Al traer a colación el término parásito podemos estar invitando inadvertidamente algunas confusiones. En la Naturaleza, entre seres vivos animales o vegetales a los que no atribuimos inteligencia ni conciencia moral, distinguimos entre simbiosis y parasitismo según haya o no un "intercambio justo". Al tomar prestados conceptos de la ecología natural para usarlos en la "ecología humana", debemos tener cuidado de adaptarlos convenientemente a las peculiaridades de ese ecosistema. Los animales y plantas actúan de acuerdo con sus instintos y naturaleza. Los seres humanos podemos elegir tomar por la fuerza o no lo que queremos de otros seres humanos. En la ecología humana hay un factor nuevo: la voluntad. En la ecología humana, el parásito es un agresor, siendo la voluntad de tomar algo por la fuerza condición necesaria para que exista agresión.
Si nos proponemos desarrollar una teoría política austríaca, tal vez debamos plantearnos algunas cuestiones sobre el punto de partida. Para Mises, en el ámbito cataláctico, estudiando transacciones libres, el hombre actúa. De lo que hay en la mente de ese hombre, solamente lo que se traduce en decisiones observables es objeto de estudio. Pero al pasar del ámbito económico al político, pasamos de intentar maximizar la satisfacción (económica) a intentar minimizar el conflicto. Desde el punto de vista del conflicto, la interacción económica mutuamente satisfactoria no genera repercusión alguna. "El hombre actúa" significa que A y B interactúan y se dan la mano y siguen con sus vidas. Cuando hay conflicto, en general, es porque ha habido ejercicio de la fuerza (en un sentido amplio) por alguna de las partes. Y esta se ejerce para suprimir la reacción de la víctima. A actúa sobre B y ¿B reacciona? Tal vez, o tal vez no. El conflicto puede estar latente, no manifestado. Incluso puede ser inconsciente (aquí entraría la cuestión de la amplitud en que entendemos el concepto de fuerza, pero eso es otro tema). Puesto que la simetría de la voluntariedad entre A y B se rompe y A y B ya no son indistinguibles en la visión abstracta del sistema social, cabe preguntarse si tenemos suficiente con un simple axioma de partida del tipo "el hombre actúa". ¿Necesitamos dos axiomas? 1) A puede decidir actuar sobre B por la fuerza y 2) B reacciona contra la agresión de A o no... pero su inacción/sumisión no significa que no se sienta agraviado o que no se haya utilizado una fuerza ilegítima contra él. ¿Podemos desarrollar esa teoría como un estudio de acciones observables? ¿O debemos admitir que lo no directamente observable también forma parte de nuestro objeto de estudio y que en ausencia de un sistema eficaz y justo de resolución de conflictos la inacción carece de valor legitimador? Lo sé, me estoy desviando mucho de la cuestión o eso parece; pero esta digresión creo que ilustra que la línea marcada por la condición de voluntariedad en ese nivel abstracto del sistema social es clave. La relación riesgo/rentabilidad puede ser importante para estudiar si el parasitismo político es inevitable, pero no es lo que constituye su esencia. Seguramente lo caracteriza, pero no lo define.