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Portada - Comentarios - Sobre la escuela pública y el laicismo impuesto

20/02/2006 - Albert Esplugas Boter

Sobre la escuela pública y el laicismo impuesto

La bandera del laicismo en la escuela pública ha sido enarbolada recientemente por varios liberales (1, 2, 3, 4) y es en este contexto que cabe reseñar la confusión en la incurren los que pretenden dar un "uso más liberal" a una propiedad pública.

Imponer una enseñanza laica no es más liberal que imponer una enseñanza religiosa. Es la no-imposición de una enseñanza determinada, sea cual sea ésta, lo único que puede considerarse acorde con los derechos individuales. En tanto exista la educación pública, arguyen algunos, desde el liberalismo debe exigirse que sea laica, como si hacerlo supusiera dar a la educación estatal un uso más liberal. Pero el debate en estos términos está mal planteado. No se trata de oponerse al avance gradual de la libertad convirtiendo lo mejor en enemigo de lo bueno. La cuestión es que la propiedad pública no tiene "usos liberales", porque un "uso liberal", un uso conforme con los principios liberales, es aquél que parte de la elección de su legítimo propietario y el Estado simplemente no es el legítimo propietario de la red de escuelas públicas.

En ocasiones hay quien dice: "bien, si la propiedad es privada es el propietario quien decide si se puede fumar o no, pero si es pública, ¿qué es más liberal, que se permita fumar o que se prohíba?" La respuesta es que ninguna de los dos opciones es más liberal que la otra, que cualquier decisión del Estado en este sentido carecerá de legitimidad y la pregunta está mal formulada. En el caso de las carreteras y las calles, por ejemplo, mientras continúen siendo públicas seguirá habiendo conflictos de intereses en relación con su uso e imposición arbitraria de normas. Unos querrán que se corte la avenida principal para poder manifestarse y otros querrán que permanezca abierta para poder circular por ella. Unos desean prostituirse en la calle y otros no desean ver a las prostitutas en las esquinas de sus barrios. Unos anhelan poder correr más en la carretera y otros prefieren que haya límites de velocidad. ¿Acaso alguna de estas reivindicaciones es más legítima que su contraria? Nótese que la pregunta no es si hay reivindicaciones más razonables que otras, sino más legítimas. ¿Es más liberal, por ejemplo, que haya un límite de velocidad en la autopista? Puede que en un hipotética sociedad libre algunas autopistas privadas no instituyeran límites de velocidad, ¿acaso sería antiliberal?

Que una propiedad pública no tenga usos más legítimos que otros desde un punto de vista liberal no significa que no pueda considerarse que un uso concreto sea más razonable o juicioso que otro. Por ejemplo, no es legítimo que el ministerio imponga una asignatura de inglés como tampoco es legítimo que imponga una asignatura de costura, pero podemos aventurar que en un escenario en el que la enseñanza estuviera liberalizada los padres demandarían clases de inglés y no clases de punto. Imaginemos que virtualmente todas las familias españolas fueran muy católicas y quisieran que sus hijos tuvieran una educación religiosa. No sería legítimo que la escuela pública fuera religiosa (por ser pública, no por ser religiosa), pero indudablemente se ajustaría más a las preferencias de la mayoría de los padres, que son los que en una sociedad libre escogerían el tipo de educación que fueran a recibir sus hijos. En este sentido las medidas encaminadas, por ejemplo, a dotar a los padres de un mayor margen para que elijan el tipo de enseñanza pública que tendrán sus hijos (religiosa, laica o lo que fuera) nos acercarían un poco, aun sin ser medidas estrictamente liberales, al resultado que se hubiera producido en el libre mercado, y puede que tengan por ello cierto mérito.

Debe quedar claro, no obstante, que como liberales no podemos decir que una enseñanza pública laica sea más legítima que una enseñanza pública religiosa o viceversa. La escuela pública es ilegítima per se y debe privatizarse, y en tanto exista todo lo que emane de ella constituye, por definición, una imposición del ministerio. Algunos liberales están de acuerdo en que la privatización de la enseñanza es el objetivo último pero en nombre del gradualismo y el pragmatismo dedican esfuerzos a reivindicar que la escuela pública se amolde a sus particulares preferencias. Los que defienden la libertad pero sostienen que en tanto no se alcance debe hacerse tal o cual cosa a menudo corren el peligro de acabar dedicando más energías a la causa de redireccionar la intervención pública que a la causa de extinguirla y alcanzar la libertad.

 

Opinión de los lectores

René Guerra

Entre otras propuestas pseudo-liberales está el cheque escolar y el home-school conservando el estado el control de contenidos. Son preferibles, desde luego, porque el estado tiene menos posibilidades de botar el dinero. Pero no son en modo alguno liberales. El control de los contenidos es un arma sumamente poderosa, y no hay razón alguna para confiar que se usará "por nuestro bien".

zuppi

Efectivamente, la gran tentación estatista es convencer al Estado para que imponga por la fuerza a los demás las cosas que a nosotros nos parecen bien (en vez de tratar de convencer a la gente para que comparta nuestras ideas).

José Carlos Rodríguez

Por un lado se expulsa la religión de la educación pública porque incluirla significaría, dicen, un favoritismo hacia la religión, como si quitarla no significara tomar postura.

El segundo paso es extender la educación pública.

¿Cuál es el resultado de los dos pasos? Pues que se expulsa la religión de la vida civil, y se impone una educación que no es la que la gente querría. Imponer a la gente el laicismo es injusto. Hacerlo en nombre del liberalismo es una burla.

anhelido

Entiendo y veo razonable tu propuesta de "abolición" de la escuela pública, pero aún en el caso de que la escolarización sea obligatoria hasta los 14 ó 16 años por ley, ¿no debería garantizar el estado la escolarización hasta esa edad? Aunque últimamente voy cambiando de opinión y creo que incluso para hacer cumplir esa ley el Estado se puede valer de medios privados...

Albert Esplugas

anhelido,

Entiendo y veo razonable tu propuesta de "abolición" de la escuela pública, pero aún en el caso de que la escolarización sea obligatoria hasta los 14 ó 16 años por ley, ¿no debería garantizar el estado la escolarización hasta esa edad?

En primer lugar la escolarización no debería ser obligatoria. La decisión corresponde a los padres, no al Estado. La mayoría de familias seguiría enviando a sus hijos al colegio tal y como sucedía en Estados Unidos antes de que el gobierno se arrogara la potestad de ejercer de tutor y lo impusiera por la fuerza. Las que no lo hicieran estarían en su derecho, más allá de lo criticable que personalmente pudiera o no parecernos. En tiempos pretéritos a nadie se le ocurrió que la escolarización debiera ser algo obligatorio, y sin embargo sí concebían que uno tuviera derecho a que no le quitaran la vida o le usurparan su propiedad. Esto es sintomático de la naturaleza arbitraria del “derecho” (obligatorio) a recibir una educación en contraste con la condición atemporal y universal del derecho a la vida o el derecho de propiedad. Por otro lado, la educación se presenta como la panacea cuando en realidad hay gente que ni la quiere ni la necesita (véase, por ejemplo, el caso de la educación en los países subdesarrollados)

En segundo lugar, la educación pública es contraria a la libertad porque la financiación pública proviene de exacciones coactivas que restringen la capacidad de los individuos de perseguir sus fines (el Estado nos confisca una fracción de nuestros ingresos y sustituye nuestra elección por la suya con respecto al destino de estos) y porque impone a todos un plan de estudios uniforme ajeno a las preferencias particulares y diversas de los padres, que son los que debieran elegir. Si la enseñanza estuviera absolutamente liberalizada (fuera privada y no estuviera coartada por regulaciones) los centros se ajustarían a las preferencias de los padres y competirían entre sí para atraer a los alumnos, lo cual mejoraría la calidad de la enseñanza y presionaría los precios a la baja. La oferta, en lugar de ser uniforme y mala, sería tan diversa como lo exigiera la demanda, y las escuelas de mala calidad desaparecerían para dejar paso a las que sirvieran mejor a sus usuarios como sucede en el resto de ámbitos donde el test de prueba y error del mercado espolea el progreso.

Un saludo

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