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Portada - Comentarios - George Orwell en la empresa familiar

21/02/2006 - Antonio Nogueira

George Orwell en la empresa familiar

Después del Código del Buen Gobierno, ahora le toca el turno a la empresa familiar. El intervencionismo en los negocios no descansa. El proyecto de Decreto Regulador de la Publicidad de los Protocolos Familiares exigirá la exposición pública en el Registro Mercantil de la información confidencial recogida en el protocolo, documento privado de carácter voluntario. De nuevo, otra amenaza a la libertad empresarial.

Las estadísticas sobre la continuidad de empresas familiares en España suelen ser muy preocupantes y hablan por sí mismas: de cada cien empresas constituidas en la primera generación, sobreviven treinta de ellas en la segunda, y en la tercera generación el número de emprendimientos queda reducido a quince. Para evitar esa difícil situación originada por múltiples causas (desidia, corrupción, conflictos) y asegurar la prosperidad de un tipo de negocios que representan al 80 % del tejido empresarial español, surgió el protocolo familiar, útil instrumento de estabilidad en los negocios familiares durante el paso del tiempo, al igual que otras medidas; por ejemplo, los planes de sucesión que orientan la carrera profesional de los mejores candidatos hacia el futuro liderazgo empresarial familiar.

El protocolo familiar es la carta magna de los derechos y deberes para la supervivencia de la familia empresaria. El protocolo recoge los siguientes aspectos, entre otros: ámbito de aplicación, valores familiares, órganos de gobierno, acceso, permanencia y salida de la empresa, compensación salarial, papel del socio y papel del empleado, venta, transmisión y administración de acciones, reparto de beneficios, ayudas a la familia y revisiones periódicas del protocolo. Se trata, por tanto, de un conjunto de disposiciones que aseguran la conservación de la actividad emprendedora. Hay familias empresarias que prefieren que su protocolo permanezca –tras la colaboración de un experto– estrictamente en la intimidad del negocio, como también las hay que eligen que parte de ese acuerdo sea tenido en cuenta por la fe notarial a través de escritura pública para preservar una mayor seguridad jurídica.

Precisamente esta segunda opción (con escritura pública) recuerda los artificios del Código del Buen Gobierno, cuando el citado proyecto gubernamental formula al principio un falso espejismo de voluntariedad para luego exigir nada menos que la publicidad mercantil de los secretos de cualquier empresa: estrategias, reorganización, valoración de acciones en el momento de herencia o donación así como los pactos acordados sobre condiciones para acudir a posibles laudos arbitrales. La confidencialidad queda al descubierto frente a terceros en aspectos claramente sensibles.

Si el decreto prospera, los protocolos acordados sin notario tampoco escaparán a la vigilancia estatal. No deben obviarse situaciones de riesgo moral o de relación de agencia entre los partícipes de un protocolo, sin cuyo consentimiento dicho documento no podrá seguir adelante y que prefieran por motivos poco claros la publicidad registral que el decreto impone. Habrá familias que envenenarán su futuro por causa de la anunciada obligación.

En definitiva, se ha producido un efecto perverso ante la existencia de un pacto privado inspirado en la libertad y basado en el afán legítimo de perfección de negocios que generan prosperidad para muchos durante mucho tiempo. Lo que empezó siendo pura espontaneidad deviene en el enésimo instrumento de intromisión estatal.

¡Quien lo diría! Winston Smith no es sólo aquel funcionario atribulado y perseguido por su disidencia, que George Orwell noveló en "1984", sino también cualquier experimentado empresario que estará –junto a sus descendientes– en el punto de mira de este Big Brother nacido para la ocasión que cada día acorrala un poco más las decisiones empresariales. El Gran Ojo del Estado someterá a consideración administrativa los acuerdos generacionales para provecho propio y de la competencia."La guerra es la paz, la mentira es la verdad", escribía el gran escritor británico. Con el nuevo ucase aparecerá el newspeak en los protocolos familiares: la intimidad es la delación, la confianza es la ingratitud.

 

Opinión de los lectores

Francisco Moreno

Qué preocupante, Antonio, esto de la publicidad de los protocolos familiares en el ámbito empresarial. Desconocía este proyecto legislativo. ¿Cuándo se preguntará, con verdadera honestidad, algún gobernante español el porqué la abrumadora mayoría de nuestras empresas son pymes? ¿No tendrá esto que ver con el tipo 30-35% del Impuesto de Sociedades, uno de los más altos en Europa? Ahora con esta genialidad de inmiscuirse en lo más privado de un proyecto empresarial familiar no hace sino traducir lo que los legisladores españoles todos piensan de las empresas: para ellos, las empresas son meros centros de defraudadores fiscales a los que graciosamente se les permite tener actividad en vez de considerarlas como verdaderas generadoras de riqueza.

Con relación al mentado George Orwell quisiera hacer una confesión: lo tenía francamente idealizado por haber escrito, Animal farm, la mejor sátira contra el poder comunista en forma de cuento ingeniosísimo. Vengo ahora de leer el genial libro de Vargas Llosa, La verdad de las mentiras, que consiste en lúcidas reflexiones en forma de artículos sobre la obra de 35 escritores fundamentales de este siglo XX, y en el capítulo dedicado a Orwell se dan una serie de datos muy interesantes sobre su obra y su tendencia política. Pese a haber detectado como pocos los engaños y las cínicas justificaciones de los marxistas en el poder, era el británico un convencido socialista (hoy diríamos un social-demócrata), defensor de las bondades del intervencionismo estatal (democrático) para el bien de los desfavorecidos.

Pese a ser Orwell consciente de la decepcionante clase política inglesa (eso sí, democrática) que dirigía el poder y que le tocó sufrir en su momento (¿es que alguien alguna vez ha tenido de verdad una sensación diferente?) dejó escrito que “England is a family with the wrong members in control” y que bastaría, por tanto, remover esa clase dirigente para colocar a los mejores y se aplicara de verdad la solidaridad. Asunto resuelto, cosa de niños.

¡Dios mío, qué jarrón de agua fría sobre mi imagen idealiza de este escritor británico! Me temo, Antonio, que Orwell hubiera visto con buenos ojos este proyecto social-demócrata español de la publicidad de los protocolos familiares en el ámbito empresarial.

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