01/04/2011 - José Carlos Herrán
Riesgos y costes de la energía nuclear
La crisis vivida en la central nuclear de Fukushima tras el catastrófico maremoto del pasado 11 de marzo ha puesto de manifiesto la profunda brecha que separa a partidarios y detractores del aprovechamiento energético de la fisión atómica.
Las conquistas científicas y tecnológicas que caracterizan a nuestra era han venido a sustituir en el imaginario colectivo la fascinación por lo extraordinario e inexplicable, dotando de un halo de misterio a los artefactos en los que se traduce todo ese conocimiento y desarrollo. Esto, casi sin poder evitarlo, atrae miedos y superchería. Los nuevos demonios proceden de la técnica. Las maravillas que disfrutamos nos resultan sorprendentes, incluso cuando su explicación racional resulte especialmente sencilla y accesible para cualquiera.
La industria contaminante se desarrolló de la manera en que hizo gracias a la vulneración sistemática de los derechos de propiedad de quienes fueron víctimas directas de la polución generada. Los gobiernos, movidos por su particular interés estratégico unas veces, otras, como mera correa de transmisión de las artimañas de algunos industriales, contribuyeron a que éstos quedaran exentos de muchos costes, gracias al privilegio y la arbitraria concesión del Estado. Instalar una industria altamente contaminante exige indemnizar de algún modo a las personas y propietarios que sufren o padecen dichos efectos perniciosos sobre su salud o sus heredades.
Una central de producción energética a partir de la fisión nuclear genera dos tipos de emisiones: vapor de agua y residuos radiactivos. El primero es inocuo, siempre y cuando no se produzcan fugas, en cuyo caso pasaría a formar parte del segundo tipo de emisión. Los residuos radiactivos se tratan de tal manera que acaban siendo confinados en una piscina, como paso previo a su definitiva clausura en un cementerio nuclear aislado y sellado. Fugas y residuos con un potencial contaminante que, en el peor de los casos, puede comprometer la misma habitabilidad en un amplio territorio en torno a la central. El empresario nuclear, al plantearse la instalación de una planta de esta clase, debe considerar todos y cada uno de los costes que intervienen en su proyecto de inversión (también los eventuales, con la peculiaridad que ello conlleva). Y dado que las consecuencias de un accidente pueden ser terribles, este riesgo concreto debe asumirse, quizá, como el elemento central y más importante dentro de su proyección empresarial.
Cuando nos vemos obligados a asumir cierto riesgo como coste eventual de nuestra actividad productiva, tenemos dos maneras de incorporarlo en nuestro cálculo intelectual: bien a través del coste previsto para ciertas infraestructuras de seguridad, que limiten y acoten dicho riesgo lo máximo posible; o, en todo caso, a través de su transformación en una prima de riesgo. Dado que el riesgo no puede eliminarse por completo en ninguna actividad que emprende el Hombre, incluso siendo adoptadas las medidas de prevención más minuciosas, el empresario nuclear se verá obligado a ajustar su diseño y funcionalidad a los requisitos que le imponga la entidad aseguradora, fijados además como requisito ineludible para darle cobertura en su normal actividad mediante la contratación de una póliza de seguro.
El problema de las centrales nucleares es que, aun demostrando con el día a día su excelente funcionamiento, y a pesar de la eficacia de sus instalaciones de seguridad y contención incluso ante el peor de los escenarios imaginables, siempre estarán sometidas a un riesgo de consecuencias incuantificables. Sin olvidar que este tipo de producción energética exige tener en cuenta la necesidad de gestionar y mantener confinados los residuos radiactivos, muchos de ellos con una vida de miles de años, lo cual también compromete la seguridad incluso en un remoto futuro.
¿Se habría desarrollado como lo ha hecho la tecnología civil nuclear sin la intervención de los Estados o la coordinación internacional lograda por éstos? La respuesta es no. Pero negativa es también la contestación si nos hacemos la misma pregunta sobre cualquier otra industria contaminante. Todas ellas son hoy como son, están donde están, y han tenido el desarrollo que han tenido, gracias al parapeto del Estado, haya servido éste como agente activo e independiente en el diseño y distribución de la industria o, sencillamente, por haber cumplido un papel instrumental gracias al que muchos empresarios se ahorran costes de manera injusta.
Los empresarios de los sectores históricamente más contaminantes, han conseguido eludir la incorporación de unos costes que, en un sistema de Derecho privado, con toda seguridad se les habría exigido tarde o temprano por los individuos afectados.
Toda la vigente legislación dedicada a la protección de la salud de la población, la calidad del aire, el agua o los alimentos, y las restricciones planteadas sobre las emisiones contaminantes de todo tipo de industria o artefacto, tiene un carácter paliativo que es incapaz de sustituir el espontáneo desarrollo de límites jurídicos estrictamente privados. Sus fines últimos podrían asimilarse a los resultados de un orden social basado en un escrupuloso respeto de la propiedad privada, pero, sin embargo, estas políticas, al estar sometidas al ejercicio de la distribución centralizada de costes, adolecen de todos los vicios y contradicciones que le son propias a la legislación organizativa.
No sabemos cómo sería hoy la industria contaminante si los gobiernos nunca hubieran privilegiado a los industriales en sus relaciones con el resto de agentes. Posiblemente, estarían ubicadas en otros lugares o, sencillamente, y con mucha antelación que lo sucedido las últimas décadas, se habría conducido la investigación y la consecuente inversión en el sentido de resolver los problemas contaminantes más lesivos como parte de una estrategia especulativa centrada en disminuir costes futuros gracias a inversiones en calidad y eficiencia técnica. Hoy es el Estado quien distribuye entre los ciudadanos la pesada carga de corregir los efectos de sus anteriores juegos de planificación. Sanear zonas industriales o minimizar el impacto de industrias como la que utiliza el petróleo como fuente principal para la obtención de energía, materia prima que, con toda seguridad, habría sido pronto relegada mucho antes incluso en el ámbito de los vehículos a motor.
Las centrales nucleares acomodan su diseño, garantías y ubicación a los requisitos que imponen los gobiernos y los organismos internacionales en los que se reúnen y coinciden. El empresario nuclear acude a este tipo de inversiones porque conoce perfectamente que podrá librarse de ciertos costes o, en todo caso, recibir ingresos adicionales en forma de subvenciones. Esto no niega a la energía nuclear su evidente superioridad en términos de eficiencia técnica. Sí impide que sepamos exactamente cuál es su coste económico y si éste merece la pena ser asumido a cualquier precio de mercado, o en cualquier circunstancia física, social o política que se nos ocurra.
Mientras tanto, las petroleras mantendrán su dominio a pesar de la propaganda y el sainete de las energías "renovables". Se sigue invirtiendo en nuevas perforaciones y se buscan los yacimientos que garantizarán el suministro de dentro de 20, 40 o 60 años. Tampoco la industria petrolera asume por completo el riesgo que comporta la explotación de pozos, el refinado del crudo o su transporte en barco o a través de conducciones. Sin embargo, su mañana es muy prometedor a la vista de sus esfuerzos por hallar nuevos yacimientos, aprovechar hasta la última gota de los ya explotados o, sencillamente, la manifiesta confianza en el precio futuro del petróleo demostrada por los inversores.
La catástrofe de Fukushima puede servir a dos causas muy distintas: en primer lugar, a la causa de la superchería tecnológica, en los términos comentados al principio, y en un segundo lugar, a la causa de quienes apostamos por ofrecer una crítica liberal de las circunstancias, analizando sus orígenes, identificando a los agentes responsables de las consecuencias más terribles, y proponiendo una reflexión racional sobre el futuro del mercado energético.
Opinión de los lectores
me considero antinuclear y de izquierdas, leer este tipo de reflexiones en esta pagina ,la verdad,me ha sorprendido,muy buen articulo.
Entonces José Carlos... Lo que estas diciendo es que a la hora de hacer cualquier cosa ha de primar el principio de precaución en vez de el que la hace la paga. Es decir, sólo se actúa una vez se han demostrado dañinas las consecuencias de un acto y siempre a iniciativa de parte.
He de recordarte que para que se diera el primer caso, tiene que haber alguien que imponga restricciones a la innovación puesto que lo que se trata es de prevenir. Mientras que en segundo caso, una vez que ha ocurrido un accidente o se ha producido una contaminación lo que se tiene que evaluar, a iniciativa de parte, de los damnificados, son los daños y la responsabilidad y pagar las correspondientes indemnizaciones.
Lo que Fukushima sí nos está enseñando es cuál es la verdadera magnitud de haber cometido errores en el diseño, y errores hay cuando no se es capaz de controlar algo para lo que se exige que esté preparado, o los errores, que también parece que ha habido y muchos, en la actuación de la empresa a la hora de llevar a cabo las actuaciones necesarias para evitar riesgos mayores.
Es decir, ahora SI se pueden cuantificar los daños y evaluar los costes de una actuación incorrecta.
Hasta ese momento no.
Por otro lado, y cualquier abogado podría aducir innumerables eximentes ante la magnitud del fenómeno natural que ha provocado dicho accidente. Si alguien previamente ha estimado correctas las medidas y las precauciones, puesto que se ha permitido conforme a la experiencia habida y bajo el principio de precaución, no medidle como suficiente hasta que se ha probado en condiciones extremas, y ahora sabemos que puede fallar ante situaciones muy extremas, ¿qué responsabilidad tiene en si la empresa si ha actuado conforme a las normas dictadas para limitar la posibilidad de innovación y creación empresarial conforme a normas basadas en dicho principio de precaución?
Por otro lado, el principio de precaución es hacer del miedo el mecanismo de control de la creación empresarial y de la sociedad favorito del Estado. Si dicho principio permite, bajo la vigilancia única y exclusivamente de la figura del Estado, no puede haber otra, la sociedad estaría sometida absolutamente a sus dictados.
Y como digo, una vez hecho de dicho principio la guía de actuación de todos, si por el hecho de usar dicho principio como guía tiene que haber una figura que lo haga real, el Estado, y puesto que quien lo hace real es el Estado ¿no será en última instancia el Estado el responsable de que algo falle puesto que él es el garante de que se cumpla dicho principio?
Y siento vlver pero le leo y no puedo.
bastat lo veas tu o no no tiene que haber una figura que garantize nada sino muchas.
Cada canton suizo tiene normas propias y el gobierno federal solo, te repito, solo las cordina y que yo sepa alli son bastante....ordenados.
Enrique. Si te has cabreao... si
Hasta farfullas....
Perdona... me ha salio asín.
¡¡¡Que estoy criticando lo que dice José Carlos Herrán!!!!!!
No farfullo hombre es el teclado del portatil y tu no me caberas, eres inteligente y eso no abunda, criticas a Jose Carlos si, pero siempre vuelves a lo mismo.
Y como digo, una vez hecho de dicho principio la guía de actuación de todos, si por el hecho de usar dicho principio como guía tiene que haber una figura que lo haga real, el Estado, y puesto que quien lo hace real es el Estado ¿no será en última instancia el Estado el responsable de que algo falle puesto que él es el garante de que se cumpla dicho principio?
El estado no es garante de nada, lo es quien la hace, pero ademas lo que critico tuyo es que tienes demasiada fe en que los estados han sido aprobads por una supuesta mayoria democratica, paranada, es eso en lo que no estoy ni estare de acuerdo para mi han sido imposiciones artificiales, en una sociedad liberal, la precaucion es rentable, y es el poder judicial no el estatal el encargado de hacer justicia.
En el caso de Japon si esa compañia pagara millones de yenes y sus directivos fuera a la carcel junto a los responsables politicos del desconcierto, te aseguro que para otra vez se reveeria mucho mas.
Y eso no es posible gracias a los estados que defendeis algunos, dicho con todos mis respetos y sin farfullar, no confundas un PC viejo con el estres....a mi solo me cabrean los poderosos a los que mantenemos en sus puestos eligiendo esos estados que los protegen y fijate que alguien me ha dicho que por favor modere mi lenguaje cosa que agradezco de corazon porque a veces me voy.
Y porque ademas aqui es mejor venir a debatir y opinar, despotricar contra esos no sirve aqui de nada, porque ellos no leen al IJM.
Asique encantado de f..venir a leer a los autores y a ti Bastiat.
Al menos estemos de acuerdo o no tu y yo coincidimos al igual qe con este instituto en una cosa, lo que hay ahi fuera...apesta.
Lo mismo digo, aunque creo que a la hora de rebatir argumentos te centres en rebatir los argumentos de los otros, no es exponer sin más tus argumentos. Te pierdes la oportunidad maravillosa de razonar para rebatir. Que es diferente a contraponer ideas sin más.
Por lo demás, Tío, que mi crítica es la defensa del principio de precaución porque para que eso sea el fundamento de la acción tiene que haber, necesariamente, un sistema que imponga esas normas. Y, sobre todo, eso viola el principio del que la hace la paga que es lo justo, puesto que condenar actividades sin víctimas.... es injusto.
Por último, no soy amigo de criticar el cómo está escrito un comentario puesto que si algo se me puede reprochar es cierta dificultad en la expresión y, seguro, que alguna que otra falta de ortografía... Pero es que me criticas todo.... leche!!!
Cierto tranquilicemonos pues, pero solo critico que unos, no hablo directamente de ti quizas te uso de chivo expiatorio creen que esos agenes reputados deben ser los estados, otros creemos que asociaciones libres.
No es más, despues esta que tu sabes que como yo nos enerva ver segun que cosas y a veces lo pagamos con quien nos da una posibilidad de hacerlo.
Mis disculpas pues.
Tu no eres anarquista ni yo estatalista y si debatir es sano, por eso debes reconocer que en la mayoria de ocasiones me limito a intentar ofrecerte mi opinion sobre que nunca, al menos para mi forma de interpretar la historia ha habido un estado que haya nacido de forma natural.
En eso a dia de hoy nadie me ha hecho ver lo contrario.
El problema que tienes a la hora de que se te convenza es que tienes un problema en entender qué es lo natural en el hombre y qué no.
En mi forma de verlo todos los estados surgen de forma natural porque de forma natural íbamos en manadas, de forma natural había líderes que las guiaban y de forma natural establecimos normas y creamos instituciones que se fueron madurando, especializando y al crecer la sociedad, el grupo y los distintos grupos y relaciones entre ellos fue aumentando la complejidad.
No es menos estado la existencia de un líder en una manada de la que al salir o ser expulsado se corría grave riesgo de perecer por estar muy malamente preparados para la vida en solitario, somos muy débiles frente a la infinidad de depredadores que hay en la naturaleza, lo natural, que la existencia de una organización que garantiza la autoridad que haga que la ley tenga efecto.
No es menos estado la existencia de un líder en una manada de la que al salir o ser expulsado se corría grave riesgo de perecer por estar muy malamente preparados para la vida en solitario, somos muy débiles frente a la infinidad de depredadores que hay en la naturaleza, lo natural, que la existencia de una organización que garantiza la autoridad que haga que la ley tenga efecto.
Bastiat veo que eres hombre de campo, jejeje.
O sea lo natural es la autoridad y la ley?.
espera que me reviso otra vez los documentales de nacional geografic para ver si es que no los entendi bien cuando hablaban de especializacion, de eleccion del macho fuerte, eleccion por la manada y si se descantilla resulta que la manada lo expulsa porque por muy fuerte que sea no lo es tanto como la manada entera.
Eso es liderazgo, autoridad es esto...no poder fumar en los bares porque si.
Quedate con tus estados naturals, para ti, para mi son creaciones humanas interesadas.
Cuando se extingan como todo lo antinatural, veremos quien tiene razon.
En Japon volviendo al articulo ha habido un cúmulo de desdichas, por parte de la compañia estrategica que es la que financia a los politicos japoneses que la han liado sabiend que podia pasar, creo que no hay que ser muy inteligente para darse cuenta, en otros sitios como Suiza y si no lean algunos la prensa internacional habrian rodado cabezas por algo asi, es la diferencia entre estados autoritarios y democratas y aun asi muchos de los males suizos vienen por esos estados, la ley que casi sale de posesion de armas, para prohibirlas, la ruptura con el patron oro que era impensable cuando existia la libre moneda, etc etc.
la noche y el dia en mi opinion, es la diferencia entre el derecho natural, innato en el ser humano y base del liberalismo y anarcocapitalismo y e positivo, base de los estados totalitarios actuales.
Y termino porque comienza el problema de los problemas y asi no me gusta debatir, entiendo perfectamente que es lo natural y que no lo es:
Lo natural es que yo como ciudadano que paga su sueldo a mi politico tenga la seguridad de que va a buscar mi bienestar.
Lo natural es que me gaste mi dinero donde quiera pues lo genero yo.
Etc etc.
No tengo problemas en entender que es natural y que no, pero veo que muchos paisanos mios si.