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Portada - Comentarios - Que sus torpezas no nos afecten

08/03/2006 - Alberto Illán Oviedo

Que sus torpezas no nos afecten

Un político debe ser capaz de predecir lo que va a suceder mañana, el mes próximo y el año que viene, y de explicar después por qué no ocurrió lo que predijo.

Winston S. Churchill

1917 fue un año prolijo en acontecimientos. Corría el tercer año de lo que más tarde se conocería como la Gran Guerra y el frente occidental que se formó durante un frenético mes de agosto de 1914 se había transformado en una estrecha línea de trincheras que partía Europa desde el Canal de la Mancha hasta Suiza y donde los avances más significativos apenas llegaban, en el mejor de los casos, a unos cientos de metros. El frente oriental donde se enfrentaban rusos contra alemanes y austriacos era algo menos estático pero igual de sangriento. Los muertos y heridos en ambos bandos se acumulaban a ritmos insospechados y la desesperación entre los soldados era algo más que un sentimiento reprimido. El pacifismo que durante el principio de la guerra era un movimiento maldito ganaba adeptos en ambos bandos.

El Kaiser Guillermo no era ajeno a este sentimiento y mientras en el frente occidental se producían huelgas en el ejército francés, lo que obligó a los británicos a ofensivas suicidas para ocultar a los alemanes su debilidad, en el oriental se abrió una puerta que a la larga sería letal. El movimiento bolchevique tenía en Lenin uno de sus pilares fundamentales pero Lenin peregrinaba de país en país a la espera de una oportunidad de entrar en Rusia y arrebatar el poder al Zar. La propaganda bolchevique había encontrado entre tanto descontento a eficientes correos que abogaban por el cese del conflicto como paso previo para la Revolución y militantes bolcheviques como Alexander Helphand ya se habían dirigido en 1915 al gobierno alemán en términos de igualdad de objetivos, la salida de Rusia de la guerra. El Kaiser decidió dar un golpe de mano y desde Zurich y a través de territorio alemán para evitar que las fuerzas de la Entente lo pudieran detener, Lenin fue escoltado hasta territorio ruso en la primavera de 1917, llegando a Petrogrado el 16 de abril. El objetivo del Kaiser y de buena parte de su gobierno se había logrado y la máquina revolucionaria se pondría en marcha.

El emperador Carlos de Austria, que había sustituido a su tío Francisco José tras su muerte, se dirigió al Kaiser en términos de preocupación por lo que podría pasar en otras monarquías europeas si la revolución bolchevique tenía éxito. El Kaiser no parece que se inmutara pensando seguramente que tal circunstancia no era posible en su tradicional Alemania. Todo quedó en una anécdota. Sin embargo, el propio Lenin dijo nada más llegar al futuro Leningrado que “No está lejos la hora en que, ante el llamamiento de Karl Liebbknecht, el pueblo alemán vuelva sus armas contra los explotadores capitalistas”.

Lo cierto es que la Revolución bolchevique tuvo éxito y Rusia se retiró de la guerra dejando a los aliados occidentales en una situación preocupante. Lo cierto es que los últimos coletazos de la guerra y durante las conversaciones de París, una docena de ciudades alemanas incluidas Berlín, presentaban levantamientos bolcheviques, Viena sufrió una “revolución roja” y Bela Kun estableció un gobierno comunista en Hungría durante nueve meses con el terror como elemento fundamental de su política.

A esta incapacidad manifiesta de prever el futuro no fue ajena el propio Lenin. La salida de Rusia del teatro de la guerra no iba a ser un mero formalismo y los alemanes exigieron conquistas territoriales y control de hecho de muchos territorios. La negativa de las autoridades bolcheviques paró la retirada de tropas y los alemanes empezaron a conquistar territorios que antes nunca habían podido soñar. El ejército bolchevique apenas podía hacer frente a nada y la firma de la paz de Brest-Litov fue claramente negativas para los intereses comunistas. Aunque la Gran Guerra terminó formalmente el 11 de noviembre a las 11 de la mañana, hora de París, en el este europeo continuó. El pacifismo de los bolcheviques era una excusa para tomar el poder. La mentira es revolucionaria 

El nacionalismo alemán, que dio sus primeros coletazos en la era napoleónica, alentado y promovido por Prusia, con Bismarck como eficiente arquitecto, ayudó a la creación de Alemania y del militarismo alemán y fue padre del nazismo y padrino de la revolución bolchevique. La incapacidad de ver las consecuencias de sus actos a medio y largo plazo y sólo manejar los beneficios instantáneos es una máxima del político iluminado. Ni Bismarck ni Guillermo II ni Lenin ni muchos que luego los sustituyeron estuvieron a la altura.

A pesar de tan sangriento ejemplo, seguimos viendo como desde el Estado se establecen grandes planes. Por lo general, estamos hablando de predicciones económicas como la inflación o el gasto presupuestario, otras veces de políticas sociales más o menos intervencionistas, rara vez planes quinquenales como los de los chinos y afortunadamente en muy pocos casos, guerras y agresiones violentas como la que llevó a Irak a la invasión del pequeño estado de Kuwait. Si como regla general vemos que son idealistas, verdaderos videntes con sueños de grandeza, quitémosles su principal herramienta para que sus sueños, sus ensoñaciones y disparates dañen al menor número de personas. Hagamos más pequeño el Estado, que la gente coja las riendas de sus vidas otra vez. Que sus torpezas no nos afecten, al menos demasiado.

 

Opinión de los lectores

Francisco Moreno

El emperador alemán Guillermo II fue durante su gobierno (1888-1818) un verdadero desastre para Europa en general y para Alemania en especial. Su agresiva política de expansión territorial a contrarreloj para equipararse con otras potencias coloniales europeas que llevaban ya varios siglos poniendo sus peones estratégicos por el mundo, su visión miope de darwinista social, su enfrentamiento con Bismarck por parecerle tibio (fue este último cesado por Guillermo II en 1890), su promoción de la Marina imperial y de la industria bélica alemana tuvo como consecuencia lógica numerosos incidentes diplomáticos que acabaron sin remedio en la 1ª GM (no se me ocurre ningún responsable tan directo de la misma). Digno precursor de Hitler. No es casual que a su muerte, junio de 1941, recibiera honores militares por orden de Hitler en plena 2ª GM.

Sólo me quedaba por descubrir que fue padrino de Lenin (!)
De verdad que las torpezas de los gobernantes se pagan caras.

Francisco Moreno

Quisiera matizar el comentario del otro día sobre la responsabilidad en la 1ª GM: además del emperador Guillermo II, abría que añadir a toda la cúpula del Estado Mayor del Ejército alemán, con mención especial al obstinado Ludendorff, y a la dominante mayoría de la opinión pública alemana de aquel entonces.

A este respecto, en 1964 Sebastian Haffner escribió un muy sugerente libro titulado “Los Siete Pecados Capitales del Imperio Alemán en la 1ª Guerra Mundial”. Podemos decir, resumiéndolos mucho, que éstos son:

1. Querer convertir la mayoría de alemanes su Estado, por derecho propio, en una potencia hegemónica mundial destronando a Inglaterra (no se satisfacían con haberse convertido en una “mera” potencia europea por obra del hábil pactismo de Bismarck).

2. Tras los disparos de Sarajevo, no haber limitado el Estado Mayor del Ejército alemán los ataques al frente oriental (Austria-Alemania contra Serbia-Rusia), sino responder, primero, y contra toda estrategia política, con el Plan Schlieffen de 2 de agosto de 1914: atacando de lleno el frente occidental (Francia y la neutral Bélgica) por lo que Inglaterra se vio irremediablemete forzada a intervenir también en el conflicto.

3. Convertir, desde agosto de 1916, al Jefe del Estado Mayor adjunto, Ludendorff, en dictador de facto de los destinos de Alemania, intensificar los dos frentes militares y despreciar los razonables ofrecimientos de mediación de paz del presidente americano Wilson en noviembre de 1916.

4. Empezar en febrero de 1917 una guerra submarina sin cuartel, incluyendo a barcos americanos, por lo que forzó a los EE UU a entrar de lleno en el conflicto (aportaría unos 150.000 soldados frescos al mes).

5. Llegar en abril de 1917 a un acuerdo secreto con Lenin con el fin de llevarle a Rusia y financiar al partido bolchevique a cambio de que, una vez en el poder, sacara a Rusia del conflicto.

6. Rechazar de nuevo la oferta de paz de Wilson en enero de 1918 (los 14 puntos). Además, pese a firmar con Rusia los acuerdos de Brest-Litovsk (febrero-marzo 1918) dedicarse Alemania con un millón de soldados a una orgiástica conquista oriental a costa de Rusia (impidiendo el refuerzo de los 3 millones que contaba ya en el frente occidental).

7. No retirar en verano de 1918 a sus soldados del muy castigado frente occidental para proteger las propias fronteras alemanas por lo que se produjo una terrible matanza de soldados alemanes y, finalmente, cuando todo estaba ya perdido, y producirse motines internos en suelo alemán, Ludendorff y cía acusaron de traición a los políticos izquierdistas judeo-masónicos (leyenda del apuñalamiento por la espalda a su ejército victorioso).

Creo, de verdad, que la 2ª GM fue una continuación brutal de los errores no asumidos de la 1ª GM.

Francisco Moreno

Gracias, Alberto, por la muy pertinente correción del año de la publicación del libro de Haffner que menciono. Si es posible cambiar también la fecha del fin del reinado del kaiser Guillermo II:1918 (y no 1818 como puse en mi primer comentario). Cordial saludo. Fco Moreno

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