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Portada - Comentarios - El largo plazo por un plato de lentejas

22/08/2011 - Ángel Martín Oro

El largo plazo por un plato de lentejas

A pesar del inevitable y reforzado interés que toma el estudio de las cuestiones coyunturales y financieras debido a la Gran Recesión, conviene no perder la perspectiva del crecimiento a largo plazo.

Al contrario de algunos, que en sus declaraciones parecen seguir la filosofía del ‘a largo plazo todos muertos’, otros economistas adquieren una posición mucho más sensata. Así por ejemplo, el prestigioso economista del MIT Daron Acemoglu afirmaba hace un par de años en EconTalk que el peligro auténtico y más importante al que se enfrentaban las economías en 2009 era el de tomar medidas que, con el objetivo de evitar caídas leves –del 1%- del PIB en un año particular, se sacrificara el crecimiento –en un 1%- de este PIB durante un periodo prolongado de tiempo; lo que en 30 años significaría tener un PIB un 35% inferior.

Para él, ése sería un precio demasiado alto para pagar a cambio de suavizar la parte recesiva del ciclo económico: tras aplicar las medidas necesarias destinadas a tratar de evitar una gran depresión –o lo que desde nuestra perspectiva podríamos denominar como ‘contracción secundaria’-, el énfasis de las políticas económicas debería centrarse acto seguido en asegurar un ambiente propicio para el crecimiento económico a largo plazo.

Las palabras de Acemoglu resultan muy interesantes para analizarlas en estos momentos. Más de dos años después, seguimos inmersos en una situación tremendamente delicada, agravada en algunos importantes aspectos por las políticas presuntamente contracíclicas tomadas desde los gobiernos, en particular en lo que se refiere a 1) los niveles de deuda y 2) la abultada incertidumbre.

Respecto a la deuda, ante la caída de la actividad económica y el empleo, con la caída de la recaudación fiscal que ello implica (y que en el caso de España fue excepcionalmente alta), los gobiernos decidieron aplicar medidas de aumento del gasto público con el objetivo de estimular la economía. Las consecuencias directas más palpables han sido la explosión del déficit y la deuda pública, sin mejoras en el crecimiento significativas –más bien lo contrario-.

En Europa, ello ha sido uno –no el único- de los factores que han contribuido a generar la crisis de deuda soberana a la que las autoridades europeas siguen sin dar una respuesta clara y definitiva. En Estados Unidos, similarmente, ha conducido a una situación de insostenibilidad de la deuda gubernamental que debe corregirse con firmeza para alejarse del ya no tan improbable default.

Difícil panorama al que se enfrentan las principales economías desarrolladas, necesitadas todavía de un doloroso y notable proceso de desapalancamiento, para establecer los fundamentos de un crecimiento sostenido.

Este crecimiento sufre de adicionales obstáculos, como es la elevada incertidumbre institucional fruto del activismo gubernamental y/o la mala gestión política de la crisis. Pensemos en las inciertas medidas que vayan a tomarse en el futuro –subidas de impuestos, regulaciones financieras...-, o las que ya se han tomado pero cuyos resultados concretos todavía están lejos de ser claros –reforma sanitaria de Obama-. O pensemos en cómo se está llevando políticamente la crisis de deuda en Europa y la práctica imposibilidad de predecir las próximas decisiones de las autoridades.

Es esta incertidumbre la que puede explicar, entre otros factores, la anémica inversión privada neta –motor del crecimiento a largo plazo- y la escasa recuperación del empleo en los Estados Unidos, especialmente por el impacto distorsionador que la incertidumbre causa sobre los pequeños y medianos empresarios (o aquellos que piensan crear nuevas empresas) a la hora de llevar a cabo el cálculo económico.

Los factores comentados vienen a confirmar los peores augurios de Acemoglu. Peter Boettke suele decir en los últimos años que las políticas gubernamentales tomadas desde 2008 han convertido lo que podría haber sido una corrección del mercado, profunda pero corta, en una crisis prolongada a lo largo y ancho de la economía.

El sacrificar unos sólidos fundamentos para el crecimiento a largo plazo por disfrutar de un aparentemente suculento plato de lentejas en el corto plazo no suele ser una estrategia óptima. Tampoco lo ha sido esta vez.

 

Opinión de los lectores

enrique

Ese es el gran problema que el estado(al menos mientras exista, por desgracia) en vez de dedicarse a la beneficencia en las recesiones mientras el mercado se ajusta se dedica a dar de comer al rico(que es su labor verdadera) a costa de una masa social aobrregada, despilfarrando, aun que lo hagan aproposito, recursos escasos y necesarios...asi nos va.

jfc

Yo creo que puesto que el éxito de los macroeconomistas del crecimiento ha sido tan malo a lo largo de los años, sus estudios gozan de escasa credibilidad.

Lo primero que tendría que darse cuenta esta gente es que, en recesión, el marco institucional para el crecimiento a largo plazo mejora, mientras que en el boom empeora. Ciertamente las medidas keynesianas impiden que se reestablezcan estas condiciones favorables en la recesión ¿pero entonces por qué no ponen el grito en el cielo durante el boom? Que yo sepa, ni Acemoglu ni ningún otro macroeconomista matemático del largo plazo se preocupan convenientemente de la teoría del capital, las perturbaciones monetarias y el efecto dinámico sobre los precios relativos ¿qué credibilidad pueden dar entonces? Si no son capaces de entender el defecto institucional más visible ¿cómo pueden encontrar otros menos visibles, menos impactantes y más complejos?

Basta con oirles hablar del PIB y llenar todo de complejas ecuaciones con el nivel de producción. El PIB puede bajar por reducir los costes debido al uso de internet y ampliación de actividades (algunas no reflejadas en el PIB ni en índices de niveles de precios, etc.), por mejoras en calidad, por alargar los procesos de producción, por malgastar menos, invertir mejor, ahorrar o por coordinarse mejor... cierto que esto se trata de corregir, pero ¿cómo?
Y lo mismo, el PIB puede crecer por producir de forma loca y descoordinada, dejar la mujer actividades en la casa por otras contabilizables, intangibles por tangibles, porque los faraones de Egipto o dictadores del tercer mundo exploten a la gente, expolien sus recursos naturales o monten una guerra... Eso me hace pensar que ese indicador no tiene sentido y da muchos problemas ¿sería tan malo que el PIB dejase de crecer un 30% en 35 años? (además si es que esto de verdad se cumpliese).

enrique

jfc felicidades me has parecido muy interesante.

enrique

pero con todos los respetos los macroeconomistas liberales o no tienen demasiada fe en la econmia normatica(politicas economicas) por tanto pecan de lo mismo sean keynesianos monetaristas o economistas del crecimiento, no confian en el ser humano y su equilibrio natural y por tanto en la autoregulacion de los mercados, si fuera asi? que necesidad habria de realizar politica economica alguna y por otra perte? a quien encargarian que las realizara, porque si estas se van a basar en modelos matematicos por muy complejos que sean...apaga y vamonos.

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