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Portada - Comentarios - ¿Tiene algún aspecto positivo la expansión crediticia?

26/04/2012 - Fernando Herrera

¿Tiene algún aspecto positivo la expansión crediticia?

La teoría austriaca del ciclo económico es, hasta el momento, la mejor explicación para la ocurrencia de crisis en el mundo moderno. Básicamente, interpreta que dichas situaciones son la fase depresiva que sucede a la etapa expansiva producida mediante la creación de dinero (entiéndase en sentido amplio) por los Estados.

Como es bien sabido, la creación del nuevo dinero, típicamente debida al privilegio de coeficiente de caja de los bancos que les permite dar en préstamo el dinero depositado por sus clientes, da lugar a un aparente incremento en el ahorro. Por ello, bajan artificialmente los tipos de interés y se da lugar a inversiones que no hubieran tenido lugar en ausencia de dicho incremento, y que posiblemente no sean reflejo de las preferencias de los individuos ni sean por tanto sostenibles. Estamos en el momento del boom, donde fluye el dinero con alegría y cualquier cosa es posible, incluidos aeropuertos en Ciudad Real o coches Audi para todos los españoles.

Sin embargo, el mismo hecho de que no haya ahorro real soportando las nuevas inversiones, pone en marcha los mecanismos correctores del exceso. En algún momento, el dinero de nueva creación alcanza al consumidor final, que no ha cambiado sus preferencias, y se encuentra con más dinero para gastar. Esto hace necesariamente que suban los precios de los bienes más cercanos al consumidor (la mal llamada inflación), y que estas etapas productivas parezcan ser más rentables que las más alejadas del consumo.

En ese momento, los empresarios se dan cuenta de las inversiones más alejadas del consumo eran un error, y tratan de redirigir sus recursos a las etapas productivas cercanas al consumo, interrumpiendo los procesos más largos y que ahora no se llevarán a cabo. Estos procesos interrumpidos han supuesto, pues, un desperdicio de recursos, que ahora no podrán ser recuperados. Los inmuebles a medio hacer que campan por España son una ilustración bastante elocuente de estos efectos.

Se llega así a la fase depresiva del ciclo económico, a la tan temida crisis económica, en que lo que debería pasar es que los recursos se reubicaran a los usos en que realmente son valiosos. Esto conlleva pérdidas para los inversores, y sufrimiento para los trabajadores, mientras están en desempleo hasta encontrar un nuevo puesto de trabajo, en que su experiencia quizá ya no sea tan valiosa.

En todo caso, en ausencia de barreras al movimiento de los factores (algo muy lejano de la realidad de las economías occidentales, por cierto), el ajuste sería relativamente rápido y poco virulento para las vidas de las personas.

Se viene asumiendo, por los teóricos austriacos, que la iniciación de un ciclo económico es negativa para los individuos y la sociedad. Algunas razones son difícilmente discutibles: así, es claro que el ciclo económico redistribuye la riqueza existente a favor de los primeros receptores del dinero (bancos, Gobierno), pues se encuentran precios más bajos que los que van a encontrar los receptores finales (típicamente, asalariados y pensionistas). De hecho, esta era la motivación tradicional para provocar inflación, una especie de impuesto oculto a favor del Estado.

También se suele aceptar que la expansión crediticia destruye riqueza. En efecto, en el boom se inician actividades que luego no van a poder concluirse, dilapidando recursos que no se recuperan. Se destruye, pues, parte de la riqueza de la sociedad, en forma de ahorro mal dirigido. Se podría pensar que el ahorro que se destruye es el que se ha creado de la nada. Sin embargo, no hay forma de diferenciar a priori entre ambos tipos de ahorro, y fluyen tanto ahorro real como ficticio hacia las malas inversiones, atraídos por la falsa señal del tipo de interés. Toda la riqueza que parecía existir desaparece y se esfuma, y el problema es que la explosión también se lleva por delante riqueza realmente existente.

En resumen, para lo sociedad hay un aspecto negativo indiscutible, la redistribución de la riqueza, y otro que parece más ambiguo, el de destrucción de riqueza.

Sin embargo, y aquí es donde podría haber un aspecto positivo en la creación de un ciclo, durante el boom se pueden generar (y, de hecho, se generan) muchas instancias de lo que Rothbard llama "recetas" (recipes). Las recetas son ideas que el actor usa para alcanzar su objetivo; por ejemplo, la "receta" para transformar hierro en acero, o trigo en harina. Para Rothbard, el factor distintivo de la receta es que una vez aprendida, no se tienen que aprender de nuevo, no se tiene que producir de nuevo, y se queda como un factor de producción ilimitado: "se vuelve una condición general del bienestar humano de la misma forma que lo es el aire"[1].

Como bien indica Rothbard, la creación de estas recetas sí consume recursos. La diferencia con otro tipo de riqueza, es que no se destruyen, se vuelven una condición general. Así pues, en la fase depresiva del ciclo estas ideas no se destruirían, al contrario que las malas inversiones, quedando disponibles como condiciones generales para la sociedad, que, en este aspecto, estaría mejor que antes de iniciar el ciclo.

En el balance resultante del ciclo económico (siempre y cuando no hubiera regulación dificultando la reubicación de recursos en la fase depresiva), tendríamos como negativo la redistribución y la destrucción de riqueza, y en el positivo la aparición de nuevas recetas, que estarían disponibles antes en el tiempo. Estas recetas benefician a toda la sociedad, por lo que podrían compensar, no solo la destrucción de riqueza, sino incluso su redistribución.

Si la tesis mantenida fuera correcta, entonces ¿podría ser conveniente para la sociedad la creación de ciclos económicos, esto es, las políticas expansivas de los Estados tan denostadas por los economistas austríacos?

No me atrevo a dar una respuesta contundente, ni siquiera negativa. Lo que está claro es que, aun siendo así, quedarían por determinar las condiciones del ciclo económico. Por ejemplo, ¿quiénes habrían de ser los primeros receptores en este ciclo supuestamente benéfico?

Y no se olvide que una de las condiciones fundamentales para que la fase depresiva no sea muy destructiva es que no haya barreras a la circulación de los factores, o sea, que no haya regulación económica impuesta por los Estados. Por eso, aunque la tesis fuera acertada, nuestros Estados estarían muy lejos de poder aplicarla en la actualidad.

Vamos, que no creo que ningún político o economista del establishment tenga este pensamiento en mente cuando decide o aconseja mantener los tipos de interés bajos.



[1] Rothbard M.N. (1993). Man, Economy, and State. Ludwig von Mises Institute: Auburn, Alabama. Ver p.11. La traducción es propia.

 

Opinión de los lectores

enrique

Me ha parecido muy esclarecedor, gracias.

Quisiera poner algo sobre el tapete :

¿Cuando se habla de riqueza fincticia o ahorros ficticios, no usted, pero muchos que piden ajuestes y recortes, que suelen ser lo que yo llamo liberal-conservadores, poco dados a que estos ajustes se den sobre ellos, olvidan y creo que eso debería dejarse claro, que esa riqueza mayoritariamente, como presupuesto general, aunque han existido supuestos especuladores nace, sea de forma ficticia o no del esfuerzo de pequeños empresarios, trabajadores y seamis justos, muchos funcionarios, que han trabajado duro, para los que ese dinero era tan real como cualquier otro, creo que eso se debería tener en cuenta no?.

Para mi estando como casi siempre muy de acuerdo con usted y dejando la parte técnica a su artículo, se le da mucho mejor que a mi, creo que esto empieza por responsabilizar a quienes han tenido la mayor responsabilidad, no es justo que en una crisis siempre acaben pagando, no solo quienes han ayudado a ella con su voto, en esto tengo claro que es así, pero que ademas pagan muy por encima de su verdadera responsabilidad, son complices de los chorizos pero bueno, en una pequeña medida, sino también los que no han mantenido este sistema corrupto, no compraron piso, o cualquier otra cuestión.

Y sinceramente, o eso se hace asi o aqui se va a liar la gorda...

Saludos, ah si, espero que algunos de los que le leen, rezo para eso y no por mi, a mi edad no me asustaria defender a los mios venido el caso, sino por mi sobrina de 10 años, rezo para que entiendan que una opción, abstenerse, es legitima y no provoca nada peor que lo que ya hay, el miedo no es un buen consejero.

Esto ultimo lo añado aprovechando, si no tiene usted inconveniente, ah si y alguno podría ya de paso, yo lo suelo hacer cuando puedo y con mis limites, proponer formas de eludir legalmente impuestos, que haberlas las hay. Se me ocurre Jorge Valín, jejeje.

Jubal


A la pregunta "¿podría ser conveniente para la sociedad la creación de ciclos económicos, esto es, las políticas expansivas de los Estados tan denostadas por los economistas austríacos?" yo sí me atrevo a dar una respuesta contundente: un rotundo NO.

Lo que sigue no es una tesis, sino una opinión sobre una posibilidad: "En el balance resultante del ciclo económico, tendríamos como negativo la redistribución y la destrucción de riqueza, y en el positivo la aparición de nuevas recetas, que estarían disponibles antes de tiempo. Estas recetas benefician a toda la sociedad, por lo que podrían compensar, no solo la destrucción de riqueza, sino incluso su redistribución." Una opinión más que endeble, por cierto, pues no se ve en qué podría apoyarse.

A continuación podría desarrollar una serie de argumentos "menores", pero suficientes para demostrar que lo razonable es pensar que la generación acelerada de "recetas" es una distorsión tan contraproducente como cualquier otra:

1) Mantener vivo el conocimiento requiere capital. Más "recetas" requieren mayor especialización y, ésta, a su vez, una estructura de capital más compleja.

Las "recetas" solo son indestructibles consideradas en abstracto. No es lo mismo tener anotada una receta de tarta de manzana(heredada de la abuela, por ejemplo) que tenerla anotada y haberla llevado a cabo con éxito varias veces. Unas "recetas" se crean, pero, de hecho, otras, aunque no puedan experimentar una destrucción física, mueren. Es lo que ocurre por ejemplo con viejos oficios artesanales que han desaparecido por resultar obsoletos con la llegada de nuevos procesos industriales. Puede parecer que la muerte de esas "recetas" no constituye una pérdida. Sin embargo, en algunos casos esa obsolescencia puede haber sido declarada prematuramente si la nueva estructura de capital de la que dependen las nuevas técnicas resulta ser insostenible por culpa del falseamiento de las señales del mercado que es inherente al ciclo artificial de expansión y contracción del crédito. ¿De qué nos servirían todos los nuevos programas informáticos diseñados para ordenadores de última generación si, por alguna razón, estos quedaran inutilizados y solo funcionasen ordenadores demasiado viejos para esos programas? En abstracto el software es indestructible, pero no lo es el hardware del que depende que cobre vida.

Una de las manifestaciones del aumento de complejidad de la estructura de capital es la concentración de la población en grandes ciudades. Dicha concentración conlleva una creciente dependencia de un complejo sistema de transporte y abastecimiento, así como de la intensificación de la producción agrícola. La fe en el progreso humano que nació en el siglo XIX e impera hasta nuestros días hace que se dé por supuesta la continuación de esa tendencia. Los defensores de la opinión contraria (survivalists, preppers), que se preparan para un colapso del sistema por considerarlo mucho más vulnerable de lo comúnmente aceptado, llevan unas décadas aparentemente equivocados. Es lo que suele pasarles a los defensores de opiniones contrarias. Hasta que la realidad, con algo de retraso, termina dándoles la razón. Suele hacerlo cuando lo que hace la opinión contraria es cuestionar burbujas.

Un ejercicio de ficción especulativa nada descabellado: el crecimiento exponencial de la deuda lleva a un proceso hiperinflacionario final. Hundimiento del comercio. Desabastecimiento en las ciudades. Comienza un proceso de migración del medio urbano al rural, lo que no es sino una manifestación de la simplificación/reordenación de la estructura del capital de las sociedades occidentales, pero no como corrección de un ciclo menor, sino de todo un "superciclo" y "la madre de todas las burbujas": una "supercorrección", una "superdepresión". Los conocimientos de los urbanitas, de pronto, carecen de valor. Los conocimientos fundamentales para la subsitencia propios de los habitantes del medio rural, de pronto aumentan de valor. Habilidades que se creían obsoletas y, por tanto, olvidadas sin contabilizarlas como pérdida, resultan de nuevo necesarias; pero no queda nadie o casi nadie que pueda recuperarlas para los demás. Supongamos que la corrección del superciclo se prolonga tanto que afecta a varias generaciones. De cada vez es más difícil encontrar personal cualificado que se ocupe del mantenimiento de lo que queda de infraestructuras energéticas y de telecomunicaciones, por ejemplo. La destrucción de capital avanza en sus diversas facetas (material, tecnológico, etc.), alimentándose mutuamente. Se pierden las citadas infraestructuras y los conocimientos asociados a las mismas, aún suponiendo que éstos queden todavía registrados en alguna parte.

En resumen, las "recetas" son la faceta tecnológica del capital. Todas las facetas del capital son interdependientes. Puede que las "recetas", como ideas que son, sean físicamente indestructibles, pero pueden morir si la estructura de capital que hace posible su pervivencia en la mente de los seres humanos (división del trabajo) se deteriora. El desarraigo de las "recetas" de las mentes humanas que las convierten en ideas efectivas (deterioro de la faceta tecnología-especialización) y el deterioro de la faceta material del capital pueden realimentarse mutuamente en un proceso de destrucción del capital.

2) ¿En qué beneficia a la sociedad tener disponibles "recetas" antes de tiempo? Diseños de máquinas de vapor para usos específicos los había en la Antigua Grecia (redistribución violenta de la riqueza mediante esclavitud explícita, que permite a los amos filosofar*, pensar y generar "recetas" antes de tiempo), pero si llegaron a cobrar vida más allá del papel no tuvieron mucha trascendencia. Hasta el siglo XVIII no hubo revolución industrial. El tiempo lo marca la formación de capital. Las ideas prematuras no cuajan. Las ideas que no cuajan no dan fruto. ¿Y tenemos que creer que la generación acelerada de "recetas" es tan valiosa que merece la pena pagar el carísimo precio de la destrucción y redistribución de riqueza inherentes al ciclo artificial del crédito?

3) Aquí podría argumentar que un sistema con ciclo artificial de crédito, pero ausencia de barreras para la reubicación de recursos es una quimera, un sistema inestable. La política no funciona así. Un barco con una vía de agua que no se quiere cerrar, tarde o temprano, más temprano que tarde, se hunde. Pero ya me he extendido mucho con el primer punto y no creo necesario extenderme otro tanto aquí. Mejor paso al cuarto punto.

4) Tal vez sea oportuno traer a colación la falacia del cristal roto denunciada por Frédéric Bastiat. Lo que se ve puede dejar de ser el beneficio que aparenta cuando se tiene en consideración lo que no se ve. Francamente, a la luz de todo lo argumentado (y de lo que podría añadir), me parece más que dudoso el supuesto beneficio de generar una abundancia de "recetas" antes de tiempo a costa de falsear las señales del mercado y distorsionar la estructura de capital, con las consiguientes destrucción y redistribución de riqueza. ¿Es razonable pensar que esta es la forma óptima, o al menos, una forma eficiente, de estimular la generación de "recetas"? ¿Es razonable pensar que merece la pena pagar tan alto precio para favorecer el desarrollo de la faceta tecnológica del capital a costa de las demás? ¿Es razonable pensar que esa distorsión de la estructura del capital es tan excepcional que es beneficiosa, a diferencia de todas las demás distorsiones? ¿No es mucho más razonable pensar que la generación óptima (ni demasiado lenta, ni demasiado rápida) de "recetas" se producirá cuando la estructura de capital no esté sujeta a un proceso de continuas distorsiones, cuando sea la estructura "natural", adecuada a la realidad social? ¿No es mucho más razonable confiar en la creatividad humana en una sociedad libre con un régimen de libre mercado para generar las "recetas" que necesite cuando las necesite que en el Bernanke de turno dándole a las palancas y botones de política monetaria bajo el mandato de acelerar el descubrimiento de alguna tecnología chachi-piruli, para lucimiento de burócratas y políticos en campaña? "Monetize me up, Scotty. There's no intelligent life down here", ordered captain Bernanke.

(sigue)

+++++

Notas:
*Al menos, los amos de esclavos de la Antigua Grecia tenían miras más elevadas que los de la actualidad, que se gastan el botín en cocaína y otros dispendios propios de una vida disoluta y un eudemonismo tan cojo y miope que no llega ni a hedonismo.

Jubal

(sigue)

Con todo, los anteriores argumentos "menores", así como las endebles razones que rebaten o rebatirían si desarrollara con más profundidad, son irrelevantes. El argumento capital (además de más importante es más sencillo, como le gusta a Ockham) es el que expongo a continuación:

Ni los intelectuales de salón, ni los de aula universitaria, ni los de despacho ministerial tienen legitimidad para transgredir el derecho y proteger la creación del ciclo artificial del crédito (o hacer apología de). La destrucción y redistribución de la riqueza inherentes al mismo, además, menoscaban los medios de supervivencia de seres humanos de carne y hueso, quienes, por mucho que incomode a los aprendices de brujo y a los "filántropos" utilitaristas, tienen derechos fundamentales y no son piezas de un mecano.

Con el padecimiento real que estamos viviendo muchos en estos tiempos, creo que ya va siendo hora de abandonar los tics de mengelismo* y aceptar que el argumento moral del liberalismo es de orden superior al argumento de la eficiencia. Toda disquisición que suponga que los seres humanos son piezas de un mecano está fuera de lugar. De hecho, hablando claro: resulta ofensiva.

En los principios de la teoría evolucionista, la dura batalla que Darwin tuvo que librar contra el dogma religioso creacionista imperante, se cobró un elevado precio: la instauración del dogma darwinista de la selección natural regida únicamente por el azar. Poner en cuestión este dogma olía a teleología, y ésta, a religión y creacionismo. Afortunadamente, con el nacimiento de la epigenética, esta superstición está siendo abandonada al descubrirse el papel desempeñado por la expresión de los genes en la influencia de la adaptación a las condiciones ambientales sobre la propia herencia genética. Pero antes de eso, cualquier persona inteligente, independiente de los prejuicios de su tiempo, podía intuir que la inexistencia de mecanismos de influencia del ambiente en la genética no parecía propia de los usos de la madre Naturaleza.

Hoy en día, en la economía, está en boga el mengelismo. El prejuicio de nuestro tiempo es que si hay juicio ético, no hay ciencia. Superstición, casualmente conveniente para los amos que quieren controlar y esquilmar a las masas. Puede que la ética tenga poco que decir sobre la actividad del biólogo que estudia las pautas de reproducción del cangrejo ermitaño o la del astrónomo aficionado que busca nuevos cometas, pero sí sobre la del economista que estudia el impulso humano de mejorar su existencia. Y sobre la del político que se afana en interferir en dicho impulso y parasitarlo, más todavía. En el ámbito de estudio de lo humano, solo hay ciencia dentro del terreno delimitado por lo que es ético. Insisto: Toda disquisición que suponga que los seres humanos son piezas de un mecano está fuera de lugar. Diosecillos del más acá no, gracias.

A tenor de todo lo dicho, mejor que intentar elevar a tesis una mera opinión sobre una improbable posibilidad que resultaría agradable a los oídos de los mengelistas, propondría intentar elevar a tesis una convicción mucho más trascendental, con auténticos visos de realidad: que los comportamientos políticos o supuestamente económicos que sean contrarios a las leyes éticas, también son contrarios a las leyes económicas (son comportamientos antieconómicos). En otras palabras, que las leyes éticas y las económicas están alineadas en la misma dirección. ¿Cómo? ¿Que los eclipses son fenómenos naturales que terminan por sí solos sin que haya que realizar sacrificios humanos para aplacar a Kukulkan? Me temo que eso sí que sería una tesis revolucionaria. Mientras llega el día en que el capital moral de la Humanidad esté lo suficientemente formado** para aceptar una verdad tan radical, aquí seguiremos las famélicas cobayas humanas de los mengelistas de la política y la economía, intentando sobrevivir unas horas más, inmersos en la asfixiante oscuridad moral e intelectual de nuestro tiempo.

+++++

Notas:
*En honor al ínclito doctor Josef Mengele, firme defensor de la estricta separación entre ética y ciencia.
**Optimismo que no falte: "De derrota en derrota, hasta la victoria final." Otra tesis interesante: la redistribución de la riqueza material (inflación) implica destrucción del capital moral (valores fundamentales de convivencia) de una sociedad.

Manuel Álvarez

Muy buena aportación.

Pero ¿qué nos garantiza que dichas "recetas" no hubieran sido creadas sin una explosión crediticia?

Es lógico pensar que a mayores recursos económicos más procesos de ensayo-error nos podemos permitir pero no justificaría el enorme despilfarro de recursos (comparable a una guerra).

La necesidad agudiza el ingenio y el consumo de recursos se optimiza de forma natural al responsabilizar a los ciudadanos de sus errores, y no proporcionarles dinero barato con mínimas exigencias.

Sí uno muere se acaban todos sus problemas, pero eso no hace deseable la muerte.

haymor

Ninguna actuación es justa o injusta en función de que sus consecuencias sean buenas o malas. Eso es un error del utilitarismo y es incapaz de explicar como medir tales juicios totalmente subjetivos. Precisamente Rothbard defiende que la reserva fraccionaria no es mala porque genere el ciclo económico, sino porque es un robo, el cual es injusto, de acuerdo con el derecho natural.

Lodudo

¿Y cuales han sido las “recetas” nuevas que se han producido en la época expansiva de esta crisis?, no creo que construir pisos se pueda considerar una receta nueva, un tipo de conocimiento que anterior a esta crisis la humanidad desconociera. Y por más libertad que hubiera en la circulación de los factores, ¿qué aportaría dicha libertad para utilizar esas recetas y utilizar esos factores de producción ahora que la mayoría de individuos no demanda esas recetas, es decir, pisos?

Loduddo

Totalmente de acuerdo con Jubal
Por último sólo añadir, y esta es sólo una valoración personal, que considero a Rothbard el camino equivocado por donde debe orientarse la Escuela Austriaca con posterioridad a Mises y Hayek, ya hubo una bifurcación significativa anterior entre Böhm-Bawerk y Wieser en los pilares que sostenían a la Escuela Austriaca, y fue precisamente Mises quien supo discernir entre las dos alternativas, hoy en día veo en falta a ese Mises y me sobra el camino tomado por la Escuela Austriaca a través de la vía de Rothbard.

@elPatalan

Parecería que esas recetas solo se dan en momentos de contracción económica. Igual no he entendido bien el concepto pero muchas innovaciones se dan en etapas expansivas de crédito, por ejemplo los modelos de negocio de Internet de los 90, que aunque muy exagerados no dejaban de tener un fondo lógico que ha perdurado. Sé que "el hambre aguza el ingenio" pero no me parece un argumento muy lógico en favor de los ciclos económicos

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